La esposa del casero: Pasión ardiente 16
El repaso antes del amanecer y el despertar del placer
Traducción: Asure
5:47 am.
Aún no amanecía, pero la oscuridad fuera de la ventana empezaba a palidecer, como un lienzo de tinta desteñido por el agua que dejaba ver un gris azulado muy tenue.
Lin Xiaoman despertó entre la bruma del sueño, sintiendo un cuerpo cálido pegado a su espalda. El brazo de Lin Shuyi rodeaba su cintura y su respiración soplaba de manera uniforme contra la nuca de ella, con esa tibieza característica de un muchacho joven.
Ambos estaban desnudos.
Darse cuenta de esto hizo que el rostro de Lin Xiaoman se pusiera rojo al instante. Recordó lo sucedido unas horas atrás: el dolor del inicio, la torpe exploración y el temblor del momento final. Sin embargo, ahora el recuerdo de su cuerpo se reducía a un calor tenue, a una molestia leve y a una extraña sensación de anhelo.
Se movió ligeramente y sintió que el cuerpo de Lin Shuyi detrás de ella también despertaba.
—.......¿Xiaoman?
su voz denotaba un sueño profundo, sonando ronca y perezosa.
—Sí.
respondió ella en voz baja, sin voltear.
El brazo de Lin Shuyi la apretó un poco más, acurrucándola contra su pecho. Ella sentía el torso de él pegado a su espalda, la piel de sus muslos rozando la suya, también sentía...
—Tú.......
la voz de Lin Xiaoman tembló.
—Otra vez.......
—Lo siento........
dijo Lin Shuyi con un tono de vergüenza, aunque no se alejó.
—No puedo controlarlo....... por las mañanas pasa........
Lin Xiaoman guardó silencio. Sentía esa tibieza presionando entre sus glúteos, con palpitaciones constantes, como si tuviera vida propia.
—¿Todavía te duele?
preguntó Lin Shuyi, pegando los labios a su oreja.
—Lo de anoche....
—Un poco.......
dijo Lin Xiaoman, con la voz más ronca de lo que esperaba.
—Pero......
No terminó la frase. ¿Pero qué? ¿Pero quería más? ¿Pero quería intentarlo de nuevo? Decir esas palabras le daba demasiada vergüenza.
Sin embargo, Lin Shuyi pareció entender.
Su mano fue bajando despacio, deslizándose desde la cintura hasta el vientre y luego —por encima de la delgada sábana— tocó el espacio entre sus piernas.
—Está húmedo.......
murmuró él con sorpresa en la voz.
Lin Xiaoman se hundió en la almohada, sintiendo que se moría de vergüenza. Pero su cuerpo reaccionó: cuando los dedos de él apartaron suavemente la zona, sintió una tibieza brotar, humedeciendo las yemas de sus dedos.
—¿Nosotros....... probamos otra vez?
—¿De nuevo?
dijo Lin Xiaoman, con la voz ahogada en la almohada.
—Sí.
él sonrió, en esa sonrisa había una confianza recién adquirida.
—Esta vez... seré más delicado.
Le dio la vuelta para que quedara frente a él. En medio de la penumbra, sus rostros estaban a escasos centímetros y sus respiraciones se entrecruzaban. Lin Xiaoman lo miró a los ojos: ya no había el pánico de la noche anterior, sino una atención concentrada, llena de curiosidad y delicadeza.
—¿Puedo?
Lin Xiaoman asintió y tomó la iniciativa para besarlo en los labios.
Este beso fue más profundo que cualquiera de los de la noche anterior. Sus lenguas se entretejieron, mezclando la saliva y dejando escuchar un leve sonido húmedo. Las manos de Lin Shuyi recorrieron el cuerpo de ella, desde los hombros hasta la cintura y luego hacia los muslos. Esta vez sus movimientos no eran torpes, sino que llevaban el ritmo de lo aprendido.
—Abre.......
dijo él en tono bajo y voz ronca.
Lin Xiaoman obedeció y separó las piernas, permitiéndole colocarse entre ellas. Los dedos de él buscaron la entrada y se introdujeron despacio; esta vez no hubo resistencia ni dolor por la tensión, solo una cobertura húmeda y fluida.
—Ah.......
Lin Xiaoman dejó escapar un gemido prolongado mientras arqueaba ligeramente el cuerpo.
—¿Se siente bien?
preguntó él, moviendo los dedos lentamente para sentir las contracciones internas de ella.
—Sí........
asintió ella, sujetándose con fuerza de los hombros de él.
—Mucho mejor....... que anoche.......
Lin Shuyi sonrió, esa sonrisa lució brillante en la penumbra. Se inclinó, tomó la punta de su pecho con los labios y al mismo tiempo aceleró el ritmo con los dedos.
—¡Ah! Ahí.......
exclamó Lin Xiaoman, sintiendo una corriente recorrerle desde el pecho hasta la parte baja del vientre.
Había aprendido. Había aprendido a estimular dos puntos al mismo tiempo, a hacerla temblar. Sus dedos se curvaban en su interior, buscando ese lugar específico...
—¡Ah!
el cuerpo de Lin Xiaoman se arqueó bruscamente.
—Ahí... ahí se siente bien raro....
—¿Aquí?
presionó él con delicadeza, sintiendo el temblor interno.
—Sí.......
sus gemidos se volvieron más seguidos.
—Shuyi... te... te quiero dentro........
Él no la hizo esperar mucho. Se acomodó, encontró la entrada con precisión esta vez y comenzó a adentrarse despacio.
—Ah........
ambos dejaron escapar un gemido al mismo tiempo.
Sin los obstáculos de la noche anterior y sin la resistencia de aquella membrana, el ingreso resultó fluido y profundo. Lin Xiaoman sintió cómo esa calidez llenaba sus paredes internas, una sensación de plenitud —esta vez sin dolor— le sacó un largo suspiro.
—Qué profundo........
murmuró ella, rodeándole la cintura con las piernas de manera instintiva.
—¿Te duele?
preguntó él, apoyando su frente contra la de ella.
—No........
negó ella con la cabeza, con tono de sorpresa en la voz,
—Esta vez........ no duele.......
Él empezó a moverse: despacio y bien adentro, llegando hasta lo más profundo en cada embestida y sacándole gemidos ahogados. Pero ya no eran los sonidos de dolor de la noche anterior; eran expresiones de placer, de anhelo, de querer más.
—Shuyi...... un poco más rápido........
Él aceleró el ritmo. El espaldar de la cama empezó a emitir un leve crujido, pero esta vez a ninguno de los dos le importó. Lin Shuyi se apoyó con una mano en la cama y con la otra le sujetó la cadera para que cada impacto fuera aún más preciso.
—¿Así... está bien?
—Sí........
los gemidos de Lin Xiaoman se volvieron continuos.
—Ahí mismo... un poquito más de fuerza........
Él le hizo caso. Sus movimientos de cadera se volvieron firmes y constantes, dando una y otra vez contra ese punto interno que la hacía temblar. Lin Xiaoman sentía cómo esa corriente de calor se iba acumulando: ya no era la explosión repentina de anoche, sino una ola que crecía despacio, volviéndose cada vez más intensa.
—Siento... siento mucho calor....... por dentro....... me quema por dentro.......
—Yo también....... Xiaoman... aprietas bien fuerte.........
Sus respiraciones se entrelazaban y el sudor resbalaba por la piel, produciendo un leve sonido húmedo al rozarse. Lin Xiaoman sentía que su mente se nublaba mientras todos sus sentidos se concentraban en el punto donde sus cuerpos se unían: esa plenitud al sentirse llena, esa cosquilla provocada por la fricción y esa tensión que la acercaba cada vez más a la cima.
—Ya voy a llegar.......Shuyi... ya me voy a venir........
—Juntos.......
dijo él, mientras sus movimientos se volvían desenfrenados.
—Los dos juntos........
Sus embestidas alcanzaron la máxima velocidad y el espaldar de la cama retumbó a un ritmo constante, entrelazándose con sus gemidos en una especie de melodía primitiva. Lin Xiaoman sintió que la ola finalmente alcanzaba su cúspide:
—¡Ah!
Su orgasmo fue prolongado e intenso; sus paredes internas se contrajeron rítmicamente, aprisionándolo. Al sentir esa estrechez irresistible, Lin Shuyi dejó escapar un gemido prolongado:
El semen caliente brotó a borbotones, mezclándose con la humedad de ella.
Sin embargo, esta vez no se separaron de inmediato. Lin Shuyi permaneció dentro de ella, sintiendo sus últimos temblores, las piernas que le rodeaban la cintura y los jadeos cerquita de su oído.
—Esto es.......
murmuró Lin Xiaoman, con una voz que reflejaba una nueva comprensión.
—Esto es lo que se siente hacer el amor........
—Sí.
Lin Shuyi le besó suavemente la frente.
—Esto es... hacer el amor de verdad.
Permanecieron abrazados en medio de la penumbra previa al amanecer, sintiendo el calor corporal y los latidos del corazón del otro. Sin el susto ni el dolor de la noche anterior, esta vez habían experimentado verdaderamente ese placer: esa intimidad que trasciende las palabras y donde dos personas se vuelven una sola.
A través de la ventana, el día comenzaba a clarear.
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