La esposa del casero: Pasión ardiente 17
La caja roja y la entrada de la bestia madre
Traducción: Asure
El sol ardiente de la tarde a mitad del verano era tan inclemente que parecía capaz de tostar las escaleras de piedra hasta sacarles aroma a quemado.
En la entrada del pasillo del tercer piso de aquella antigua casa multifamiliar, estaba estacionada una maleta de color rojo intenso —no un producto barato de plástico, sino de cuero genuino, con una pañoleta de seda atada en el asa que resplandecía bajo el sol abrasador como una llama encendida.
Al lado de la maleta se encontraba de pie una pantera recién llegada.
Liu Hong, de 35 años, respiraba con dificultad con las manos en la cintura, mientras su pecho subía y bajaba bruscamente.
A diferencia de la delicadeza de una joven inexperta, su cuerpo estaba envuelto en un vestido entallado de seda tono vino tinto; la tela lucía lujosa pero sumamente ceñida, revelando aún más la temperatura de su piel al quedar levemente humedecida por el sudor.
En su cintura no había exceso de grasa, sino esa curvatura exuberante, suave y tibia característica de una mujer madura, como arcilla moldeada con esmero por los años, donde cada contorno transmitía un atractivo provocador.
Aquel busto prominente realzado por una lencería de alta gama se erguía con altivez —no con la firmeza falsa de la silicona, sino con una redondez genuina y suave que temblaba peligrosamente con cada respiración, trazando bajo la tela de seda la sombra de un escote profundo donde apenas se adivinaba el delicado bordado del encaje.
Sus piernas vestían unas medias finas de seda negra de alta calidad; las rasgaduras intencionales a la altura de las rodillas no denotaban descuido, sino un diseño a la moda que, con su postura de piernas entreabiertas, dejaba entrever la piel blanca, firme pero suave, del muslo superior —junto con ese hilo de color plateado, tan fino como un cabello, que se hundía profundamente entre sus glúteos carnosos, destellando tentadoramente bajo la luz del sol.
Lo más avasallador era el aroma.
Intenso pero sin llegar a ser chocante, combinaba un perfume de nardos de alta gama con el vapor de las feromonas femeninas tras la temperatura corporal de una mujer madura, creando una atmósfera de agitación en medio del aire sofocante.
Era ese dulzor frutal y voluptuoso único de un durazno maduro que no intentaba ocultarse, capaz de acelerar el corazón de cualquiera a cinco metros a la ronda.
—Maldito tercer piso...... sin ascensor.......
murmuró Liu Hong mientras se lamía los labios carmesí, dejando pasar la punta de la lengua por las líneas de su boca con un destello húmedo, igual a una felina que acaba de saciarse.
Se inclinó para jalar la maleta, e inmediatamente el vestido entallado se tensó sobre sus glúteos dibujando una curvatura prominente, cuyo pliegue central se adivinaba tras la seda —allí donde había una zona húmeda, sin saber si era sudor o la humedad natural de una mujer madura provocada por el sofocante clima.
En ese preciso momento, se escucharon pasos en las escaleras.
Lin Shuyi acababa de regresar de comprar su almuerzo para llevar, cargando la bolsa de plástico en la mano, con la camisa blanca pegada a su espalda delgada por el sudor.
Caminaba con la cabeza baja, sumido en sus pensamientos —recordando aquella tarde en su habitación con la casera, un recuerdo que le rondaba la mente—, sin percatarse en absoluto de la sombra ardiente al doblar la esquina del tercer piso.
—Uy, guapo, ¿me das una manito?
Una mano ardiente le sujetó repentinamente la muñeca.
Lin Shuyi se sobresaltó y, al levantar la mirada, se topó directo con unos ojos cautivadores.
Liu Hong se le pegó casi por completo; la firmeza suave de su pecho se presionó directamente contra el brazo del joven, dejándolo congelado en el sitio ante el tacto cálido y blando.
—Señorita...... ¿p-pasa algo?
Lin Shuyi tartamudeó mientras su respiración se llenaba al instante de aquel denso aroma femenino maduro —a diferencia de la suave fragancia a durazno de Shen Yuzhi, este era un dulzor exuberante, dominante y sin reservas.
—No seas tímido.
La voz de Liu Hong sonaba rasposa y carraspera, como si múltiples caricias le rozaran el tímpano.
Sin darle tiempo a reaccionar, le encajó la pesada maleta roja en los brazos, pasando —sin querer— sus dedos por el vientre del joven y rozando suavemente esa zona que ya se notaba algo abultada.
—Acabo de mudarme y siento que la espalda se me rompe...... ayúdame a subirla al tercer piso, ¿sí? ¡Por fis!
Arrastró las últimas palabras extendiendo el tono, rasgando los nervios más sensibles de Lin Shuyi.
Sin darle opción a negarse, él tuvo que apretar los dientes y cargar la maleta al hombro como pudo.
El equipaje pesaba mucho más de lo imaginado y desde el interior llegaba el chasquido metálico de varios objetos —solo más tarde sabría que se trataba de la —colección privada— de Liu Hong, compuesta por diversos accesorios íntimos de alta gama.
—Guapo, ¿en qué piso vives?
Liu Hong caminaba a propósito delante de Lin Shuyi; con cada escalón que subía, sus glúteos ajustados por el vestido se balanceaban frente a sus ojos.
Las medias finas de seda negra reflejaban un brillo atrayente con el movimiento, la piel de la parte alta de sus muslos rozaba al caminar, desprendiendo un aroma a feromonas aún más concentrado.
Incluso se agachó a propósito en el descanso para atarse el pasador de los zapatos; esa postura hizo que la división de sus glúteos se marcara al máximo y el hilo plateado se estirara al punto de hundirse en la separación, dejando ver la sombra de ese trazo junto con la tela de seda ya humedecida.
La escena hizo que la sangre de Lin Shuyi se acelerara al límite.
Al pasar por la puerta del segundo piso, una sombra les bloqueó el paso.
Zhou Ye, el estudiante de educación física, estaba recostado contra el marco de la puerta con los brazos cruzados; su torso desnudo todavía conservaba gotas de sudor del ejercicio y sus pectorales junto con sus abdominales brillaban bajo el sol.
Al ver la caminata penosa de Lin Shuyi cargando el peso, esbozó una sonrisa burlesca disfrutando del espectáculo.
—¡Vaya, qué fuerte! ¡Parece que no necesitas ayuda!
dijo Zhou Ye con indiferencia, sin dirigirle ni una sola mirada a Liu Hong.
A Liu Hong se le iluminaron los ojos e inmediatamente se erguó, proyectando el pecho a propósito para que su busto describiera una curva exagerada frente a Zhou Ye:
—Guapo, esta maleta pesa bastante... ¿por qué no me ayudan entre los dos a llevarla a mi cuarto? Y de paso se quedan a tomar algo.
La insinuación era directa y sin rodeos 'quedarse a tomar algo', todos sabían perfectamente lo que eso significaba.
Zhou Ye finalmente giró la cabeza para mirarla fijamente.
Su mirada recorrió el elegante vestido de seda, las medias de alta gama, el busto prominente y se detuvo en sus labios carmesí.
En sus ojos no había el menor rastro de sorpresa, sino únicamente... la indiferencia de quien reconoce a alguien de su misma especie.
—No me interesa.
Zhou Ye se erguíó y pasó a un lado de ellos apretándose entre los dos.
Su hombro chocó —sin querer— contra el busto de Liu Hong —la sensación fue suave pero bastante elástica, cargada con el calor corporal y el aroma persistente de un perfume de alta gama.
Comparado con aquella figura en su mente que siempre vestía una bata delgada y traslucía un aura elegante, este era un tipo de sensualidad totalmente distinto: dominante y agresivo.
—¿Te gusta que te agarren de cholito?
le murmuró Zhou Ye a Lin Shuyi con tono de burla al pasar, lo suficientemente fuerte como para que Liu Hong también lo escuchara.
—Entonces termina molido, pues; yo no tengo tiempo para atender a un pedazo de carne tan maduro.
Liu Hong se quedó helada.
¿Qué estaba pasando?
Ella, que llevaba más de diez años desenvolviéndose entre hombres, jamás se había topado con algo semejante: ¡que la ignoraran por completo e incluso la humillaran de esa manera!
Miró la espalda de Zhou Ye mientras bajaba las escaleras: los músculos firmes de su espalda se marcaban bajo la bividí y sus glúteos lucían bien tonificados bajo el short deportivo. Una sensación de frustración inédita y un deseo de conquista aún más intenso le inundaron el pecho al mismo tiempo.
—Este chibolo........
entrecerró los ojos y se pasó la lengua por el labio superior, —o le van los hombres, o ya tiene a otra mujer metida entre ceja y ceja—.
No se imaginaba que su intuición, curtida en mil batallas, había acertado a la mitad: Zhou Ye en verdad tenía a alguien en mente, la casera que en ese preciso instante estaba tendiendo la ropa en el piso de arriba.
Lin Shuyi por fin logró meter la maleta al departamento del tercer piso; estaba sin aire por el esfuerzo y su camisa blanca se le pegaba al cuerpo delgado por el sudor, dejando entrever el contorno de su cintura.
—Guapo, mil gracias de verdad........
La voz de Liu Hong se volvió dulce y pegajosa como miel derretida.
Se le pegó como un pulpo sin huesos, rodeándole el cuello con los brazos a Lin Shuyi y sepultándole la cara por completo entre esa masa de carne suave, ardiente y perfumada.
Una sensación de sofocamiento lo invadió al instante.
El rostro entero de Lin Shuyi quedó hundido en la profundidad del escote; la punta de su nariz chocaba contra la piel tibia mientras sentía la presión blanda de ambos lados.
Sus fosas nasales se llenaron por completo del denso aroma femenino maduro: perfume de marca, calor corporal y un dulzor empalagoso que mareaba a cualquiera.
—Mmf.......
Lin Shuyi intentó soltarse, pero sintió que su entrepierna ya estaba tan firme que le dolía.
Al sentir la respiración agitada del muchacho contra su pecho, Liu Hong sonrió satisfecha. Le tomó el rostro con las manos y, al verlo completamente rojo y con un hilo de sangre asomando por la nariz, sintió una descarga de satisfacción por haberlo dominado.
Lo besó sin piedad —no fue un beso tierno o inocente, sino un beso profundo, dominante y con la lengua por delante.
Su lengua forzó la boca de Lin Shuyi para enredarse con la de él y succionarla, mientras su mano derecha bajaba por su cintura hasta agarrar con precisión lo que ya estaba erguido en el pantalón.
—Mmf........
Lin Shuyi soltó un gemido ahogado.
Justo en el momento en que los dedos de Liu Hong iban a bajarle el cierre del pantalón...
—Disculpen... ¿es la nueva inquilina?
Una voz serena y suave resonó desde la entrada, cayéndoles como un balde de agua fría.
Ambos se sobresaltaron y voltearon a mirar.
Bajo la luz del pasillo, Shen Yuzhi pasaba cargando un tazón de ropa recién lavada.
Llevaba puesta esa bata de entrecasa de color marfil tan característica de ella; el escote amplio se abría ligeramente por el esfuerzo de sostener el tazón, dejando entrever la plenitud de su pecho —un par de pechos redondos, naturales y sin retoques, que subían y bajaban despacio con su respiración, mostrando un escote profundo pero natural.
A diferencia del atractivo dominante de Liu Hong, el aura de Shen Yuzhi era recatada y elegante, pero con una seducción involuntaria.
Era como una azucena cubierta de rocío por la mañana, mientras que Liu Hong era una rosa roja abierta a la medianoche.
Las miradas de ambas mujeres se cruzaron en el aire.
En un instante, el ambiente pareció congelarse.
Liu Hong soltó despacio a Lin Shuyi, quien estaba rojo como un tomate, avanzó hacia ella con una sonrisa forzada. Proyectó el pecho a propósito para crear un contraste exagerado entre sus pechos prominentes y la belleza natural de Shen Yuzhi:
—¡Ay, con que usted es la casera!....... Qué bien parecida es. Con esta piel y este cuerpo, ¡con razón a estos chibolos guapos no les dan ganas de mudarse!
La indirecta no ocultaba su veneno.
Shen Yuzhi acomodó la ropa húmeda hacia el otro brazo, detuvo la mirada por un segundo en el pecho firme de Liu Hong y luego recorrió su vestido de seda elegante y sus labios pintados. Finalmente, dibujó una sonrisa educada pero distante:
—Bienvenida. El terma del tercer piso está un poco viejo; si necesita algo, me avisa.
En solo un cruce de miradas, el sexto sentido de ambas mujeres encendió todas las alarmas.
Liu Hong captó, desde lo más profundo de las miradas claras de Shen Yuzhi, un destello fugaz: ese deseo de control absoluto sobre los hombres del lugar y esa cautela ante la invasión de su territorio por parte de una rival.
Por su parte, Shen Yuzhi percibió en Liu Hong la provocación directa de un reto: una contrincante peligrosa que sabía usar su propio cuerpo como arma y a quien no le importaba en absoluto compartir la 'presa'.
—Claro que sí.
Liu Hong se humedeció los labios con una mirada desafiante:
—Estoy... muy interesada en este edificio. Sobre todo... en la vista que hay desde el último piso.
Ambas se sonrieron, pero la calidez de esa sonrisa no llegó a reflejarse en sus ojos.
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Esa misma noche, a las 11:30pm.
De las tuberías de la antigua casa multifamiliar llegaba un leve murmullo de agua corriente, acompañado del aroma a jabón de tocador. Sonaba casi como un llamado sugerente.
Lin Shuyi yacía en la cama individual del tercer piso, dando vueltas sin parar. Tenía la mente saturada por la sensación de sofocamiento de la tarde al verse apretado contra aquella firmeza suave, combinada con el rostro sereno y seductor de Shen Yuzhi.
Dos formas de sensualidad completamente opuestas se entretejían y chocaban en su mente, manteniendo su entrepierna en una constante presión.
No pudo evitar deslizar la mano dentro de su ropa interior, sujetando su deseo ya firme y caliente para comenzar a deslizarla despacio.
—Mmf.......
Cerró los ojos, imaginando la caricia delicada de Shen Yuzhi.
Sin embargo, al segundo siguiente, la imagen cambió repentinamente al beso brusco de Liu Hong, junto con esa sensación de sofocamiento cuando su pecho apretaba su rostro...
—Maldición.......
renegó entre dientes mientras aceleraba el movimiento.
Las hormonas se concentraban en la pequeña habitación, consumiendo por completo su capacidad de razonar.
Su respiración se volvió cada vez más agitada, sus movimientos más acelerados, las siluetas de ambas mujeres comenzaron a superponerse y entrecruzarse en su mente...
Justo en el instante en que estaba por alcanzar el clímax, el cansancio lo venció de golpe.
Y cayó en un sueño.
Fue un sueño extraño y difuso, cubierto por una neblina rosada.
Se vio a sí mismo echado en esa pequeña cama, solo que la cama se había vuelto gigante, como si fuera una nube suave.
A la izquierda, Shen Yuzhi llevaba puesta esa bata de entrecasa de color marfil; a contraluz, los contornos de su cuerpo se traslucían levemente.
Ella subió despacio a la cama como una felina elegante, pasándose suavemente la punta de la lengua por los labios. Luego, se levantó despacio la caída de la prenda, dejando ver la lencería de encaje claro —esa tela ya estaba humedecida, pegada a la zona abultada y marcando una forma atrayente.
—Shuyi....
Su voz sonaba tan dulce como si estuviera arrullando a un niño:
—Deja que te enseñe... cómo hacerte todo un hombre....
Pero al segundo siguiente, a la derecha se escuchó una risita burlona.
Apareció Liu Hong.
Llevaba puesto ese vestido de seda tono vino tinto, sus medias finas de seda negra reflejaban un brillo tentador bajo la luz de la luna.
No era delicada como Shen Yuzhi, sino directa, brusca y dominante.
Le agarró el cabello a Lin Shuyi de un tirón para volver a hundirle el rostro entre esos pechos exuberantes, mientras con la otra mano le bajaba el pantalón sin contemplaciones.
—Guapo, ¿no quieres probar lo que es una mujer de verdad?
Su voz sonaba rasposa y seductora:
—Lo que esa casera tan recatada te puede dar, yo también te lo doy... y encima se siente mucho mejor....
Lo más extraño ocurrió al instante siguiente: ambas mujeres aparecieron al mismo tiempo en el sueño.
Shen Yuzhi lo abrazaba por delante, guiándole la mano con ternura para que tocara su lencería húmeda;
Liu Hong se le pegaba por detrás, frotando su deseo con firmeza mientras le presionaba la cara entre sus pechos prominentes.
Dos sensaciones, aromas y ritmos totalmente opuestos... lo recatado y lo desinhibido, la delicadeza y la brusquedad, lo suave y lo concentrado...
—¡Ah!
Lin Shuyi alcanzó el clímax dentro del sueño.
Se despertó de golpe, dándose cuenta de que realmente había terminado.
Sentía el calzoncillo húmedo y pegajoso tras el derrame caliente, que mojó gran parte de las sábanas e incluso le salpicó el vientre.
En la oscuridad, jadeaba buscando aire mientras su corazón retumbaba como un tambor y su entrepierna aún experimentaba leves espasmos.
En el ambiente parecía quedar el aroma persistente del perfume de alta gama de Liu Hong mezclado con la fragancia suave a durazno de Shen Yuzhi. Ambos aromas entrelazados semejaban el anuncio de una tormenta de pasiones que estaba por desatarse en aquella antigua casa.
En el piso de abajo, la luz del cuarto de Liu Hong seguía encendida.
Estaba sentada al borde de la cama sacando de su maleta roja diversos accesorios:
un consolador eléctrico de diseño elegante, un huevo vibrador de cristal y unas esposas de cuero.
Tomó la pieza más grande y la fue introduciendo lentamente en su zona íntima, que ya estaba bastante húmeda, mientras dibujaba una sonrisa con mucho significado.
—Shen Yuzhi....
Pronunció ese nombre en voz baja al tiempo que presionaba el botón del vibrador; su cuerpo tembló levemente con las pulsaciones:
—Vamos a ver quién manda en este edificio... Y ese chibolo... tarde o temprano va a ser mío....
Mientras tanto, en el último piso, Shen Yuzhi permanecía junto a la ventana contemplando la luz encendida del tercer piso, acariciándose distraídamente la punta del pecho por encima del camisón.
Sabía perfectamente que una batalla acababa de comenzar.
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