La esposa del casero: Pasión ardiente 08
La pérdida de la virginidad en la azotea y la vergüenza de la eyaculación interna
Traducción: Asure
6:47 p.m.
La tormenta estalló de repente, como si el cielo se hubiera desgarrado, dejando caer un aguacero torrencial.
Cuando Shen Yuzhi llegó corriendo a la azotea, ya estaba completamente empapada.
Esa bata ligera de estar por casa se le adhería a la piel convertida en una segunda capa semitransparente: el tono de sus pezones, las curvas de sus caderas y hasta las marcas de ese hilo dental negro quedaban expuestos a simple vista.
—¡Te has vuelto loca!
la voz de Chen Lie resonó desde atrás, cargada de ira.
Avanzó a grandes zancadas y la tomó bruscamente de la muñeca.
—¡Qué haces subiendo con este tiempo!
—La ropa... hay que recogerla........
susurró ella temblorosa, mientras las gotas de lluvia resbalaban desde las puntas de su cabello hacia su escote.
—¡A quién le importa la ropa!
La arrastró tirando de ella hacia el estrecho cobertizo en la esquina de la azotea.
El refugio de lámina apenas daba espacio para los dos, obligándolos a apretarse el uno contra el otro: pecho contra pecho, ingle contra ingle, con la ropa empapada emitiendo un sonido húmedo al friccionarse.
Shen Yuzhi lo sintió.
A través de las dos capas de tela mojada, la virilidad de Chen Lie comenzaba a despertar, expandiéndose e hinchándose con firmeza, como una serpiente que recobra vida, presionando lentamente contra su bajo vientre.
Ese tamaño le oprimió la garganta: mucho más grueso que el de su esposo, su longitud presionaba justo debajo de su ombligo aun con la ropa de por medio.
—Estás temblando.
la miró hacia abajo, con el agua goteando desde su barbilla.
—¿Tienes frío?
—Mmh.......
ella no se atrevía a sostenerle la mirada.
—Te secaré.
Su palma se posó sobre la mejilla de ella, con el pulgar acariciando la comisura de sus labios. Ese gesto resultaba demasiado íntimo, demasiado sugerente; su mirada descendió sin control.
Ella estaba empapada por completo, la bata de gasa pegada a su piel se volvía translúcida. El tono de sus pezones, la curvatura de su cintura y caderas, e incluso la marca de la tira del hilo dental negro, eran plenamente visibles. Las gotas de agua resbalaban por las puntas de su cabello, recorriendo su clavícula y su escote hasta perderse en el ajuste de la cintura.
La manzana de Adán de Chen Lie se movió bruscamente.
—Maldita sea.......
maldijo en voz baja, con una voz irreconociblemente rasposa.
De pronto, arremetió.
La empujó con fuerza contra el suelo de concreto húmedo, sujetándole ambas muñecas con una sola mano y aprisionándolas por encima de su cabeza.
Antes de que su grito de sorpresa pudiera salir, sus labios la sellaron: una posesión brutal, rígida y cargada de agresividad.
—¡Mmh...!
Ella forcejeaba moviendo las piernas sin control, pero ese movimiento solo hacía que sus nalgas se friccionaran contra el bajo vientre de él, provocando que esa sensación a través de la ropa lo volviera aún más loco.
—No te muevas.......
.
Jadeaba junto a su oído, expulsando un aliento ardiente contra su cuello.
—Si sigues así... harás que pierda el control.......
Pero sus manos ya se habían descontrolado.
Le rasgó la bata mojada, escuchándose el sonido de la tela rompiéndose en medio de la tormenta.
Una posesión brutal, rígida y llena de agresividad.
Su lengua forzó el paso entre sus dientes, envolviendo la de ella; la saliva se mezclaba produciendo un chasquido húmedo.
Ella intentó apartarlo, apoyando las manos en su pecho, pero solo logró palpar sus pectorales ardientes, firmes e hinchados por la respiración.
—No........
articularon sus labios de forma borrosa, siendo devorados de inmediato por la boca de él.
—Estás mojada.
la palma de él descendió y, a través de la bata empapada, apretó con fuerza su seno.
—Justo aquí.
El pezón se endureció en su palma, rozando contra la tela y provocándole una descarga eléctrica por todo el cuerpo. Shen Yuzhi perdió la fuerza, quedando casi desplomada en el suelo.
—No es la lluvia.
sus dedos continuaron bajando hasta su cintura, enganchando el borde de la prenda.
—Es aquí.
Rasgó la tela empapada.
Con un fuerte chasquido, la gasa blanco marfil se desgarró, dejando al descubierto el hilo dental de encaje negro en su interior.
Las delgadas tiras se hundían en las curvas de sus nalgas, mientras que enfrente, un pequeño triángulo de tela resultaba incapaz de cubrir sus partes íntimas, empapadas y resplandecientes de humedad.
—Conque la Sra. Casera usa de esto.
se burló en voz baja, enganchando con el dedo la correa del hilo dental.
—Negro... muy provocador.
—No mires.......
intentó cubrirse presurosa, protegiéndose el pecho con las manos, lo que solo provocó que la carne de sus senos sobresaliera entre sus dedos, luciendo aún más sensual.
Él no le dio oportunidad.
Con una mano le sujetó ambas muñecas contra el duro concreto, mientras que con la otra le arrancó el hilo dental.
La tira rozó la separación de sus nalgas causando una punzada de dolor, de inmediato quedó completamente desnuda.
Bajo los ecos de la tormenta, su cuerpo quedó expuesto al aire por completo.
Su piel pálida adquirió un matiz rosado; los pezones se erguían en un tono cereza debido al frío y a la excitación, el vello púbico de sus partes íntimas, mojado por la lluvia, permanecía adherido a la parte interna de sus muslos. Los pétalos de su flor, empapados y entreabiertos, relucían con destellos de humedad, esperando ser invadidos.
—Está duro.
le tomó la mano y la presionó contra su entrepierna. A través de los pantalones mojados, aquel tamaño hizo que la palma de ella ardiera.
—¿Lo sientes? Tú lo pusiste así.
Ella intentó retirar la mano, pero él la guió para bajar el cierre de sus pantalones.
La virilidad saltó hacia afuera.
Gigante, grueso, con las venas marcadas a relieve y con la punta ya exudando fluido transparente.
La lluvia caía sobre él, resbalando por el tronco hasta gotear en el dorso de la mano de ella, tan ardiente como si fuera lava.
—Es enorme.......
susurró ella temblando, en una mezcla de temor y deseo,
—Me vas a romper....
—No lo haré.
se burló en voz baja, introduciendo los dedos en sus partes íntimas.
—Aquí dentro eres muy suave, te lo vas a tragar todo.
Sus dedos se adentraron; dos dedos húmedos y resbaladizos entraron y salieron por el estrecho canal, produciendo un chasquido húmedo.
Ella echó la cabeza hacia atrás dejando escapar un largo gemido, apoyando la nuca contra el duro suelo mientras el anillo de bodas en su dedo anular reflejaba los destellos de los relámpagos.
—¡Ah! Aah... no........
—¿No?
sus dedos encontraron su punto de mayor sensibilidad, presionándolo con fuerza.
—¿Aquí tampoco quieres?
—¡Ah!
su cuerpo se arqueó bruscamente mientras los músculos del interior de sus muslos se contraían en espasmos.
—Sí... sí quiero....
—Gime.
aceleró el ritmo de sus dedos, entrando, saliendo, girando y removiendo dentro de ella.
—Deja que te escuche gemir.
—¡Ah! ¡Ah! ¡Aah.......!
El orgasmo llegó de forma precipitada y devastadora.
Sintió cómo sus partes íntimas se contraían, cómo se espasmaban y cómo brotaba una gran cantidad de flujo, corriendo a lo largo de sus dedos hasta la cara interna de sus muslos.
Su visión se volvió borrosa y en sus oídos no quedaba más que el estruendo de la tormenta y el eco de sus propios gemidos desinhibidos.
Pero antes de que pudiera tomar aliento, él ya le había levantado la pierna derecha, apoyándola sobre el pliegue de su brazo.
—Voy a entrar.
dijo él, presionando la punta contra su entrada.
—Mírame.
Ella abrió los ojos y vio su rostro: moldeado por el deseo, ardiente, fatal.
Entonces, él empujó la cadera.
Entró.
El proceso se sintió como ser desgarrada lentamente.
El grosor de la punta fue ensanchando el estrecho canal, invadiéndola pulgada a pulgada, rozando las paredes sensibles de su interior y provocándole oleadas de estragos y temblores.
Podía sentir cómo sus partes íntimas se expandían, cómo se llenaban y eran poseídas; podía sentir cómo la forma de él quedaba grabada en su propio cuerpo.
—Estás tan estrecha........
jadeó él, apoyando su frente contra la de ella.
—Más apretada de lo que imaginaba........
—Duele........
se mordió los labios mientras las lágrimas se mezclaban con las gotas de lluvia al resbalar.
—Es demasiado grueso.......
—Ya va a pasar.
se detuvo un momento esperando a que ella se adaptara, para luego retirarse despacio y volver a embestir con fuerza.
—¿Así mejor?
—¡Ah!
El dolor fue cediendo gradualmente, reemplazado por una inmensa sensación de plenitud.
Cada una de sus estocadas llegaba hasta lo más profundo, chocando contra su cuello uterino y produciendo el chasquido del impacto entre sus cuerpos.
Ella envolvió la cintura de él con sus piernas y le sujetó los hombros con las manos, clavándole las uñas en la piel hasta dejar marcas de sangre.
—Más fuerte.......
le ordenó él acelerando el ritmo.
—Que tu esposo te escuche.
—No........
decía ella, pero su voz se volvía cada vez más alta y desinhibida.
—¡Ah! ¡Ah! ¡Chen Lie... Chen Lie!
—Así me gusta.
sonrió él con ferocidad. Tomó sus nalgas con ambas manos, levantando todo su cuerpo y apoyándola contra la estructura metálica del cobertizo.
—Sigue llamándome.
Comenzó a embestir descontroladamente.
Cada golpe llegaba al fondo, cada golpe le arrancaba a ella un desgarrador gemido.
Sus pechos se sacudían violentamente con los impactos y sus pezones rozaban contra el torso de él, enviándole descargas de placer.
Sus partes íntimas estaban completamente empapadas, produciendo un sonido líquido incesante; los fluidos resbalaban por el miembro de él, goteando sobre el suelo.
—Me voy a venir.......
temblaba ella con un tono ahogado por el llanto.
—Me voy a venir....
—Juntos.
jadeó él con un ritmo aún más rápido y rudo.
—Me voy a venir dentro de ti.
—No... me puedo quedar embarazada....
—Pues quédate embarazada.
le mordió el lóbulo de la oreja con voz rasposa.
—Ten a mi hijo.
Embistió con fuerza hasta lo más profundo.
El semen ardiente brotó a chorros, ola tras ola, llenando su interior y desbordándose por la unión de sus cuerpos, corriendo hacia la parte interna de sus muslos. Aquella temperatura la hizo temblar por entero, llevándola una vez más a la cumbre hasta hacerla colapsar.
Ella rompió a llorar. No por dolor, no por vergüenza, sino por esa inmensa e indescriptible plenitud tras ser colmada. Su cuerpo continuaba sufriendo espasmos y sus partes íntimas seguían contrayéndose, tragándose ávidamente la esencia de él.
Él la abrazó, permitiendo que ella hundiera el rostro en el hueco de su hombro y que sus lágrimas se mezclaran con la lluvia.
Su miembro continuaba enterrado dentro de ella, aún erguido, aún ardiente, continuando con la posesión.
—Ya pasó.
le besó la coronilla con una voz sumamente dulce.
—Ya todo está bien........
Permanecieron abrazados bajo la tormenta mientras sus partes íntimas continuaban rebosando con la esencia de él. En su dedo anular aún llevaba aquel anillo de bodas, pero su corazón y su cuerpo habían sucumbido por completo.
⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅
En el quinto piso del edificio de enfrente, Zhao Dezhu yacía desplomado sobre su silla, con sus pantalones cubiertos de semen.
Lo había presenciado todo a través del telescopio. La vio ser despojada de su ropa, la vio ser invadida, vio sus pechos sacudirse, sus piernas abiertas y cómo era poseída internamente por otro hombre.
La pantalla de su teléfono permanecía encendida, reproduciendo el video que acababa de grabar. En las imágenes, el rostro de Shen Yuzhi mirando hacia arriba, la expresión moldeada por el deseo y los gemidos desinhibidos quedaron registrados. Él se limpió los labios, guardó el archivo y lo nombró: 'La caída de la Sra. Casera'.
—Espera.
murmuró para sí mismo, mientras sus dedos volvían a masajear su deseo ya Flácido por encima de los pantalones.
—Espera a que sea mi turno de tomar el control.......
Si te gusta mi trabajo, puedes apoyarme comprándome un café o una donación. Realmente me motiva. O puedes dejar una votación o un comentario 😁😄
0 Comentarios