Hombres del Harén 999
SS67: Antes de tomar una decisión
Muy complacida con el falso futuro que vio junto a Sonnaught, Latil siguió consolándose durante semanas al contemplar esa vida que se había imaginado a su lado. Las escenas con él no solo eran tiernas, sino que también le traían recuerdos felices de su infancia. Solo pensarlo le ablandaba un pedacito del corazón, como si se le derritiera un caramelo por dentro.
A medida que pasaba el tiempo, su corazón se fue tranquilizando y encontró paz. Ya no le dolía la cabeza ni cuando trabajaba, incluso cuando los estadistas hacían un alboroto en las reuniones, no lo sentía tan pesado.
Gracias a eso, el Sonnaught real salió beneficiado.
Cuando Latil fue a visitarlo de pronto, se echó en su cama y le pidió que le agarrara la mano, Sonnaught le hizo caso mientras le tomaba el pelo suavecito:
—Su Majestad ha estado especialmente buena conmigo estos días.
Latil le meció el brazo de un lado a otro como un columpio mientras le sostenía la mano.
—Vi tu falso futuro. Me gustó.
—¿Qué hice ahí? Cuénteme y lo hago acá también.
—Me elegiste a mí por encima de tu soberano y de tu amigo.
Sonnaught pareció sorprendido por un segundo, pero luego le rascó la palma de la mano jugando y sonrió.
—Eso estaría difícil de hacer acá. Al fin y me cabo, en este mundo Su Majestad es tanto mi amiga como mi soberana.
—También me agarraste la mano así.
Latil le apretó la mano con más fuerza. Era la misma mano del falso futuro, pero en la realidad, la mano de Sonnaught estaba un poquito más fría.
Quizá disfrutando del cariño de Latil, Sonnaught se sentó a su lado y le preguntó:
—¿Hubo algo más?
—Hubo un montón de cosas más.
Latil apoyó la cabeza en su muslo y le fue subiendo despacio la camisa desde abajo.
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No había nada de justicia en el mundo de los concubinos, así que mientras más atención y cariño recibía Sonnaught de Latil, más dejados de lado se sentían los demás.
A medida que aumentaban los días en que Latil iba de lo más feliz a los aposentos de Sonnaught, el ambiente dentro del Harén se empezó a poner tenso poco a poco.
Sonnaught lo notaba, pero para evitar meterse en semejante candela, prefirió hacerse el ciego y el sordo a propósito. Salía bien temprano en la mañana hacia la oficina del capitán de la Guardia Real, se pasaba el día trabajando o entrenando en el campo de prácticas, recién regresaba a sus aposentos bien entrada la noche.
Como la Segunda Princesa ya no se quedaba en el Harén y había retomado sus clases con el viejo duque, ya no había necesidad de que él se quedara en su cuarto cuidando a la niña.
Sin embargo, una tarde de finales de verano, como a las dos, tuvo que regresar a sus aposentos en su día libre por el tema del regalo de cumpleaños de Latil. Se fue a propósito por un camino poco concurrido para no cruzarse con los otros concubinos.
Pero justo a la mitad de ese camino, el príncipe Klein, Gesta y Meradim estaban discutiendo a viva voz entre ellos.
'Qué piña'
Dio la vuelta para evitarlos.
—¡Ah, justo a quien necesitábamos! ¡Sonnaught! ¡Ven acá!
Pero Meradim, que tenía un oído finísimo, no lo iba a dejar pasar. En cuanto lo llamó fuerte, el príncipe Klein, Gesta e incluso sus sirvientes voltearon a verlo.
A Sonnaught no le quedó otra que acercarse.
—¿Qué pasó?
Antes de que alguien pudiera responder, Klein soltó una burla:
—Pero miren a quién tenemos acá. El ilustre capitán de la Guardia, que solo aparece por el Harén para dormir. Me enteré de que andas más ocupado que el mismísimo Esposo Oficial. ¿A qué se debe el honor?
—Imposible que esté más ocupado que el Esposo Oficial.
respondió Sonnaught manteniéndose neutral, pero Klein alzó la voz fastidiado.
—¿Te estás burlando de mí porque ando desocupado ahorita?
Sonnaught decidió que lo mejor era no responder y volvió a dirigirse a Meradim:
—¿Para qué me llamaron?
Meradim le respondió renegando:
—¿Acaso no se viene el cumpleaños de Su Majestad? A alguien se le ocurrió que preparemos un regalo juntos este año. Pero no nos ponemos de acuerdo en nada.
Sonnaught le preguntó con toda la calma:
—¿Y qué opina el Esposo Oficial? ¿Y Girgol?
Los nombró a propósito para desviar la conversación y evitar que lo metieran en el pleito. Pero apenas mencionó al Esposo Oficial, a Gesta se le ensombreció la cara. Y cuando sacó a relucir a Girgol, Meradim se molestó.
—¿Acaso te pedí tu opinión o la de ese infeliz de Girgol? ¡¿Para qué demonios querríamos su opinión?!
Gesta suspiró y murmuró:
—Es porque Sir Meradim se la pasa actuando así... No podemos llegar a ningún acuerdo.
Sonnaught no se comió el cuento de Gesta. Si solo fuera Meradim haciendo berrinche, no habría necesidad de que los tres estuvieran peleando. Revisó su reloj de bolsillo. Solo pensaba demorarse un ratito, pero ya habían pasado veinte minutos.
'Si sigo intentando cabecear esto, nunca vamos a avanzar'
Sin más opción, habló con más firmeza:
—Si todos tenemos opiniones distintas, ¿no sería mejor que cada uno prepare su propio regalo?
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—¿Sir Sonnaught todavía no regresa?
preguntó Latil de pronto a mitad de su trabajo, como si la idea se le hubiera cruzado por la cabeza en ese instante.
El guardia real que estaba parado en diagonal cerca de ella le respondió:
—No, aún no ha regresado. Pero técnicamente este es su tiempo libre, así que no está obligado a venir.
Eso era cierto. Sin embargo, en los últimos días, Sonnaught había estado siguiendo a Latil a todas partes, aparentemente en correspondencia a la atención que ella le brindaba. Incluso hace poco se había ido al Harén diciendo que solo se ausentaría por una hora. Y, aun así, todavía no regresaba.
Cuando Latil revisó la hora, se sorprendió al darse cuenta de que ya habían pasado casi tres horas desde que Sonnaught se fue. Por suerte, acababa de terminar la mayor parte de su trabajo, así que se levantó del escritorio.
Sonnaught no era de decir cosas a la ligera. Si no había regresado, significaba que algo debía haber pasado mientras estaba en el Harén.
Tal como sospechaba, al entrar al Harén se encontró con un grupo de gente amontonada en uno de los pasillos. Parecía que estaban observando algo.
Curiosa, se acercó.
Algunos cortesanos la notaron, pero cuando Latil les hizo una señal para que guardaran silencio, todos se callaron. La mayoría de los espectadores estaban tan concentrados en lo que veían que ni se dieron cuenta de que la Emperatriz había llegado.
Unos pasos más adelante, vio qué era lo que estaban mirando... y se llevó los dedos a la frente.
Sonnaught, Gesta, Klein, Girgol, Meradim, Kallain e incluso Tasir estaban metidos en una pelea a gritos. En circunstancias normales, Latil habría intervenido con un severo:
—¡Ya basta de pelear!
Pero, tal vez porque había pasado los últimos días sumergida en ese futuro falso, pacífico y conmovedor junto a Sonnaught, Latil simplemente miró a sus hermosos esposos uno por uno, sacudió la cabeza y dio media vuelta.
Caminando por el sendero empedrado fuera del Harén, le dio un impulso repentino y decidió visitar la habitación que usaba cuando era princesa. La habitación ahora estaba vacía.
Apoyándose en el alféizar de la ventana, limpio pero sin vida, alternaba entre pensamientos sobre la vida amorosa serena y afectuosa del futuro falso, la ruidosa y caótica del presente.
En el futuro falso no hay rivales, así que no tienen nada por qué pelear. No puedo culparlos por pelear en la realidad. Fui yo quien trajo a múltiples consortes, básicamente provocando este conflicto. Este es el resultado de mis propias decisiones.
Pero incluso sabiendo que ella había preparado el terreno para estas peleas internas, no lo hacía más agradable de ver.
Aun así, si las peleas se mantenían al nivel de discusiones verbales como la de hoy, era tolerable. Esto era algo que Latil podía pasar por alto como una consecuencia de sus propias elecciones.
Sin embargo, las peleas recientes habían ido más allá de eso, ese era el problema. Durante años, los consortes habían discutido solo lo justo para llevar la fiesta en paz, pero ahora estaban peleando demasiado fuerte como para ignorarlo. El solo hecho de pensar en el escándalo de los anticonceptivos y el incidente de Fleura la hacía estremecer.
Pensándolo bien, estaban igual de fieros cuando estábamos decidiendo quién sería el Esposo Oficial. Hasta Tasir terminó yéndose por eso.
Cuando sus pensamientos llegaron a este punto, Latil cayó en la cuenta de algo y dejó salir un suspiro.
Así es. Cada vez que hay algo que votar, los consortes se van a la yugular. Pero si de pronto me enfrento a un enemigo externo fuerte, de alguna manera pelean menos entre ellos.
Pero no era como si pudiera traer a enemigos como Anya Domis o Lean solo para evitar que los consortes pelearan. Eso sería una locura.
No fue tan efectivo como durante la pelea con Anya Domis, pero incluso después de elegir al Esposo Oficial, las peleas se calmaron un poco...
Latil se sobresaltó. ¿Entonces tal vez cuando se elija a un heredero esta vez, las cosas se vuelvan a calmar?
La verdad es que suena bastante plausible.
Parecía una posibilidad real.
Con ese pensamiento, ladeó un poco la cabeza y cambió de postura. Hasta ahora, simplemente había planeado esperar más tiempo porque los niños aún eran pequeños. Pero pensándolo bien, elegir un heredero temprano no estaba del todo fuera de discusión.
Además, escoger un heredero demasiado pronto era un problema, pero hacerlo demasiado tarde también lo era. Sin un heredero, todos los niños recibían la misma educación a medida que crecían. Si todos crecían bajo las mismas condiciones y solo a uno lo nombraban heredero de la nada, los demás podrían sentirse desplazados.
Cuando Lean era el heredero indiscutible, nadie se sintió desplazado. Lean había sido el heredero desde muy pequeño y todos lo aceptaban como algo natural. Pero cuando yo, siendo solo una princesa común y corriente, me convertí en la heredera, la mayoría de mis hermanos lo resintieron.
Sintiéndose un poco conmocionada, revisó detenidamente los registros de crecimiento de los niños durante varios días e intentó pasar más tiempo a solas con cada uno de ellos.
Después de revisar minuciosamente los registros, organizó una cena grupal y sentó a los niños al lado de sus respectivos tutores.
—Tengo cosas en qué pensar, así que siéntanse libres de hablar entre ustedes. Solo no me hablen a mí.
Usando eso como excusa, observó en silencio las interacciones entre los niños y sus padres mientras comían.
Fleura... está más callada de lo habitual hoy. Ni siquiera puede hablar bien con Cleris.
Normalmente, Fleura era la más animada durante las comidas. Solo era cercana a la Segunda Princesa, pero tal vez porque se veía a sí misma como la mayor, se esforzaba por hablar incluso con los hermanos con los que no tenía tanta confianza. Siempre intentaba actuar de forma madura frente a sus hermanos menores. Sin embargo, tal vez la conmoción por haber lastimado a la nodriza sin intención aún persistía; hoy estaba notoriamente más cautelosa.
Ranamoon, como siempre, comía con una expresión fría, echando miradas ocasionales a Latil y a Fleura. Le dedicó una leve sonrisa a Latil, pero frunció el ceño con preocupación al mirar a Fleura. Aun así, no la regañó frente a todos. Si ella no comía, simplemente la dejaba estar.
Fleura no puede convertirse en heredera hasta que aprenda a controlar su poder. También está el problema de su esperanza de vida. Ranamoon también lo sabe.
Aunque le dolía, Latil mantuvo sus pensamientos fríos y se giró para observar a la Segunda Princesa y a Sonnaught.
La Segunda Princesa hablaba principalmente con su padre biológico, Sonnaught, con Fleura, con quien era cercana. De vez en cuando discutía con el Tercer Príncipe, que estaba sentado frente a ella, pero no hasta un punto desagradable. De hecho, las palabras que usaba ya eran bastante maduras y su tono calmado recordaba al Lean de antes.
Sin embargo, había un problema evidente con Cleris: comía notablemente poco en comparación con los otros niños. No tan poco como Kallain, pero definitivamente mucho menos que sus hermanos, quienes estaban en la edad de comer sustanciosamente.
¿Acaso se está distanciando gradualmente de la comida humana?
Sonnaught, aparentemente preocupado por esto, le servía rápidamente una variedad de alimentos diferentes en el plato cada vez que ella miraba hacia otro lado.
Cada vez que la Segunda Princesa se giraba y descubría que había aparecido más comida, ponía cara de confusión y miraba a su alrededor. Pero cuando Sonnaught le preguntaba con calma: — procesando... —¿Por qué no estás comiendo nada?— ella ponía una expresión ligeramente resentida y, a regañadientes, empezaba a dar pequeños bocados a lo que le habían servido.
Cleris es más calmada que Fleura, así que se ve envuelta en accidentes con menos frecuencia. Pero también pierde el control cuando ve sangre.
Luego, la mirada de Latil se desplazó hacia el Tercer Príncipe y Kallain.
El Tercer Príncipe le contaba entusiasmado a Kallain sobre las amistades que había hecho en un banquete; amigos que, a juzgar por sus nombres, eran todas niñas.
Kallain, claramente desinteresado, dejaba que las palabras del niño le entraran por un oído y le salieran por el otro. Aun así, al Tercer Príncipe no parecía importarle y seguía susurrándole al oído a Kallain, diciéndole todo lo que quería decir.
Latil se sintió en un dilema.
Yo me volví una coqueta de mayor, pero no era así de niña... En fin, de seguro ese niño no tiene ningún interés en el trono. Su personalidad es así y Kallain tampoco parece quererlo en el trono.
Su mirada pasó rápidamente por encima del Tercer Príncipe y se posó en el Cuarto Príncipe. Tasir no estaba sentado al lado del Cuarto Príncipe, sino al lado de Latil.
El Cuarto Príncipe, con su contextura pequeña, estaba sentado muy erguido comiendo su sopa. De vez en cuando, miraba con anhelo a Tasir.
Cuando Tasir o Latil cruzaban mirada con él, sonreía con timidez; pero cuando no lograba captar su atención, soltaba un suspirito y le susurraba a la Quinta Princesa.
Meradim le servía el mismo plato una y otra vez tanto al Cuarto Príncipe como a la Quinta Princesa. El Cuarto Príncipe pronto se cansó de eso e hizo que un sirviente le trajera otra cosa. La Quinta Princesa, por otro lado, seguía comiendo lo mismo con deleite, haciendo un gesto de aprobación con el pulgar arriba cada vez, como si fuera su primer bocado.
Dicen que el Cuarto Príncipe también es bastante inteligente. Aun así, se supone que la Segunda Princesa es más lista. Tienen edades distintas, así que es difícil hacer una comparación directa, pero... si la Segunda Princesa es más lista, sería raro saltarse a los tres mayores y nombrar heredero al Cuarto. Y además, todavía es demasiado joven para juzgar qué tan listo es en realidad.
El largo hilo de pensamientos de Latil fue interrumpido por la voz preocupada de Sephisa.
—Te ves muy concentrada en tus pensamientos.
—Solo tengo muchas cosas en la cabeza por estos días.
Latil le dedicó una sonrisa amable, fingió tener hambre, tomó su tenedor e inclinó la cabeza hacia su plato. Pero tras forzarse a pasar un solo bocado, soltó un suspiro, tal como lo había hecho el Cuarto Príncipe hace un momento.
Aún manteniendo la cabeza baja, levantó solo los ojos para mirar de reojo a Gesta, que estaba sentado al extremo de la mesa. Gesta, sereno como siempre, comía en silencio como si estuviera actuando. Pero una mano apoyada sobre la mesa se movía muy levemente, como si llevara el ritmo de un compás, lo cual inquietó a Latil. No había música. ¿Qué ritmo podría estar siguiendo?
A pesar de que dije que puedo leer los pensamientos, Gesta no cambia su comportamiento. ¿Quizás piensa que solo puedo leer mentes cuando los demás están borrachos? En todo caso, ¿qué hará una vez que nazca el sexto bebé?
Si el bebé se parecía a Gesta, estaría lleno de ambición. Probablemente también sería muy capaz. Y si eso pasaba, Gesta y el canciller Rolurd mostrarían su ambición de forma más abierta que el propio Duque Atraxil.
El peor de los casos sería que el niño no tuviera ambición, pero que Gesta y el canciller Rolurd tuvieran suficiente impulso como para tocar el cielo.
Estoy intentando solucionar las cosas eligiendo a un heredero temprano, ¿pero qué tal si eso solo causa más caos?
Tras luchar a solas con sus pensamientos durante un buen rato, Latil finalmente tomó una decisión y dejó la cuchara en la mesa.
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