HDH 998






Hombres del Harén 998

SS66: Sonnaught y el mundo del romance (3)





Sonnaught vino bien temprano en la mañana y dijo:


—Vamos a tener que hacer un pequeño cambio de planes.


Princesa Latil, que estaba comiendo un pan remojado en leche con azúcar, abrió los ojos de par en par.


—¿Plan? ¿Cuál plan? ¿Teníamos un plan?

—Yo tenía uno. Al menos hasta hace dos horas.


Cuando Princesa Latil miró su pan hacia abajo, Sonnaught le hizo un gesto de que podía seguir comiendo. Latil sintió un alivio. Todos los panes del castillo del conde Melosi eran una delicia.


—En un principio, tenía planeado encontrarme aquí con el Rey Mercenario, Kallain.

—¡¿Qué?! ¡Es la primera vez que escucho esto!

—No era un plan confirmado, por eso no se lo mencioné. No quería decepcionarla si las cosas cambiaban. Y bueno, cambiaron.

—Contratar al Rey Mercenario no debe ser nada fácil. Debe ser un hombre ocupado. Escuché que trabaja a nivel mundial.


Para la princesa, la idea de contratar al Rey Mercenario no se sentía del todo real. Por suerte, eso significaba que tampoco estaba tan decepcionada.


—Sí lo contraté.


A Princesa Latil se le abrieron los ojos aún más.


—¿Qué? ¿Cómo? ¿Ya lo habías contratado para otra cosa antes? ¿O le soltaste una oferta altísima de emergencia para cerrar el trato? No veíamos venir esto. Así que, ¿cómo te las arreglaste para contratar al Rey Mercenario en tan poco tiempo?


soltó ella hecha un lío de confusión, sin darse cuenta de que Kallain siempre estuvo de su lado.

Sonnaught dudó por un segundo, con una leve mudanza en la cara. Latil lo notó al instante. Aun así, estaba tan impactada con la noticia del Rey Mercenario que no le dio vueltas a ese breve cambio de gesto.

Sonnaught disimuló al toque y continuó:


—En todo caso, ya está contratado, pero tiene un pedido. Quiere que vayamos nosotros mismos a la propiedad vecina. ¿Estaría bien para usted?

—¡Por supuesto! Si el Rey Mercenario está dispuesto a ayudarnos, es una ventaja enorme. Claro que me parece bien. Con tal de recibir su ayuda, iría hasta la mismísima frontera.


Princesa Latil seguía confundida, pero no iba a dejar pasar la oportunidad. Cuando dio su consentimiento al toque, Sonnaught asintió y salió del cuarto. Ni siquiera le dio tiempo de preguntarle: "¿Ya desayunaste?".

Menos mal decidí seguir a Sir Sonnaught. Sabía que era competente —por algo es el capitán más joven de la Guardia Real—, pero no me esperaba este nivel de cancha. ¿Cómo hace para resolver las cosas tan rápido siempre?












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Después de terminar de desayunar, Princesa Latil se puso un pantalón negro cómodo, una camisa marrón y se echó una capa sobre los hombros antes de salir. Siguiendo las indicaciones del día anterior, se fue directo al jardín trasero del castillo. Ahí ya estaba esperando un carruaje sencillo, los sirvientes estaban subiendo el equipaje.

Miró la escena con un mar de emociones. Mientras se quedaba ahí parada, Sonnaught se le acercó cargando un bolso grande de viaje.


—¿Por qué se queda ahí parada así? Ya puede subir.


Le dijo eso y puso el bolso no en el maletero, sino adentro en la zona de asientos.


—¿De verdad nos vamos a ir sin despedirnos del Conde y Condesa Melosi?


preguntó Princesa Latil sin subir al carruaje. Desde el primer día, se había mantenido al margen del conde y su esposa a propósito para no meterlos en problemas. Pero ahora que tocaba partir, irse así sin un adiós se sentía mal. Ellos se habían jugado el pellejo para ayudarla, ¿iba a dejar las cosas así no más?


—Coordinamos todo con anticipación, así que no hay problema. Mis padres entienden cómo se siente.


respondió Sonnaught como si nada y le hizo una seña para que se apure en subir al carruaje. Latil lo pensó un par de veces más y luego subió a regañadientes.

El carruaje se escurrió por el portón trasero del castillo, mezclándose con los demás. Luego se detuvo a propósito cerca de unas tiendas de abarrotes, antes de dirigirse a un punto de encuentro donde había varios carruajes reunidos. Recién después de esperar ahí casi media hora, el carruaje de Sonnaught y Latil volvió a avanzar, siguiendo a una caravana de comerciantes.

Incluso cuando su carruaje hizo como si fuera parte del grupo y cruzó los muros del castillo, Princesa Latil no podía estar tranquila del todo. Solo después de que se separaron de la caravana de comerciantes, por fin sintió un alivio y pegó la frente contra el marco de la ventana.

En cambio, Sonnaught hojeaba un periódico con toda la calma del mundo. Cuando Latil soltó un largo suspiro, él se rió entre dientes y le hizo una broma:


—¿Qué le picó a Su Alteza el día de hoy? Si usted suele ser bien lanzada.

—Si a ti te traicionaran todos en los que más confías, Sir Sonnaught, estarías exactamente igual que yo. A cada rato me viene a la cabeza que los soldados de mi padre van a aparecer en cualquier segundo.


Ante eso, Sonnaught dobló su periódico y dijo con toda la seguridad del mundo:


—No todos la traicionaron.

—¿Ah?

—Aquí tiene a uno, ¿no? Alguien en quien Su Alteza confió y en quien todavía puede confiar.


Era una afirmación que rozaba la realidad y no pretendía llevar un significado más profundo. Sin embargo, al escucharlo, Princesa Latil sintió un repentino shock y levantó la cabeza del marco de la ventana con el cuello tieso.

Evitó mirar a Sonnaught lo más posible, paseando la mirada de un lado a otro, hasta que puso una sonrisa avergonzada y jaló hacia sí el periódico que Sonnaught había dejado a un lado.


—Yo también lo voy a leer. Pásalo.


Pero apenas vio el periódico, la vergüenza de antes se convirtió en algo peor. Un titular gigante sobre la fuga de Princesa Latil dominaba la página, acompañado de un retrato dibujado de su rostro.

Al ver que la cara de Latil se ensombrecía, Sonnaught le preguntó con preocupación:


—¿Quiere que la consuele?


Cuando ella asintió, Sonnaught lo pensó un momento antes de soltar algo que no sonaba reconfortante para nada.


—El dibujo está bien hecho. Transmite la presencia sana e inteligente de Su Alteza. Cualquiera que lo vea pensará que es una princesa de verdad extraordinaria.


Cuando Latil le lanzó una mirada que decía clarito: "¿A eso le llamas consolar?", Sonnaught admitió con honestidad:


—Pido disculpas. No se me ocurrió nada mejor que decir. Pero Su Alteza, algo que sí le puedo decir con total certeza es que ninguno de sus enemigos la va a poder ver en persona. Yo la voy a proteger.












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El carruaje avanzaba por un camino bien conservado, pero cuando las nubes se pusieron oscuras y los parches de cielo azul empezaron a escasear, se detuvo.

Sonnaught se asomó por la ventana para revisar los alrededores y luego bajó primero. Princesa Latil le dio un puñetazo al periódico después de que él lo dejó olvidado.

Tras unos diez golpes, Sonnaught abrió la puerta del carruaje y dijo:


—Su Alteza. Los caballos están molidos, así que vamos a tener que descansar por aquí un rato.


Princesa Latil escondió la mano rápido a su espalda y se le subieron los colores al rostro. El comentario de Sonnaught sobre descansar le hizo recordar la noche de hace unos días en que durmieron pegaditos. ¿Tendrían que dormir así de nuevo?

Bajó del carruaje mirando a su alrededor y luego señaló un matorral que le llegaba a la cintura.


—¿Vamos a dormir ahí? ¿Como la otra noche?


Pero en el instante en que lo preguntó, le cayó encima un arrepentimiento tremendo.

[¡No debí decir esa última parte!]

Tenía la intención honesta de preguntar por los arreglos para acampar, pero ahora sonaba como si siguiera pensando en esa noche con Sonnaught. Al ver que a Sonnaught le temblaban las comisuras de los labios, Latil le advirtió de inmediato:


—Ni respondas. Si dices una sola palabra, eres un sonso.

—¿Entonces qué hago cuando me hace una pregunta y luego me dice que no responda?

—Yo quería una respuesta, pero tú ibas a burlarte de mí, ¿cierto? Ya llevamos años juntos. ¿Crees que a estas alturas no te conozco la cara?


El cochero que trajeron de la Orden de la Muerte Negra les echó una mirada de reojo a los dos mientras tranquilizaba a los caballos.

Resoplando, Latil soltó un bufido y marchó hacia el matorral. Pero nadie la siguió.

No me digas que de verdad no vamos a dormir ahí. De pronto le entró el pánico. ¡Debí dejar que me responda para después renegar!

Pero habiéndose ido con tanta dignidad, le daba palta dar la vuelta y preguntarle de nuevo a Sonnaught. Atrapada en ese limbo incómodo, finalmente volteó un poquito la cabeza para ver si la estaba siguiendo.


—¡Ah!


Sonnaught estaba parado justo detrás de ella. Cuando Latil pegó un grito y dio un salto hacia atrás, él sonrió y le extendió la mano.


—La cabaña está para el otro lado, Su Alteza.












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En Tarium, había cabañas a lo largo de los caminos que conectaban los pueblos y ciudades, gratis para que los viajeros las usaran al acampar.

Adentro, había seis camas sin mantas. Princesa Latil, Sonnaught y el mercenario de la Orden de la Muerte Negra eligieron cada uno una cama aparte y tendieron sus propias mantas.

Mientras el mercenario fue a traer agua de un pozo cercano, Princesa Latil manoseaba su manta y miraba a Sonnaught de reojo.

[¿Debería decirle que lo que dije antes no significaba nada y que no le dé tantas vueltas?]

Le daba palta el solo hecho de seguir preocupándose por el patinazo que se dio antes. Aunque Sonnaught parecía que le iba a hacer una broma al principio, al final no la hizo. Así que ahí debió quedar todo... ¿por qué le seguía dando vueltas al asunto entonces?

La Latil real empezó a dudar de pronto de su yo del pasado. Mirado de forma objetiva, parecía estar demasiado pendiente y afectada por Sonnaught.

¿Será porque las cosas han cambiado? ¿Porque mientras mi propia familia me traicionaba una tras otra, Sonnaught era el único que se quedaba a mi lado? Debe ser eso. Yo antes no estaba tan al pendiente de Sonnaught... ¿verdad? ...Creo que no. ...¿O sí?

Pero las dudas sobre sí misma se esfumaron cuando cayó la noche y el frío se volvió insoportable.

La cabaña vacía era mejor que dormir a la intemperie, pero no era para nada un hotel hecho para estar cómodo. Sin nada de calefacción, incluso con la puerta cerrada herméticamente, se le ponía la piel de gallina y le salía una tosecita.

En cambio, Sonnaught y el cochero parecían andar de lo más normal.

[¿Por qué siento que soy la única que se está congelando?]

Princesa Latil, sin saber que el mercenario de la Orden de la Muerte Negra era un vampiro, se sintió irracionalmente agraviada al ver a los dos hombres echados bien tiesos en sus camas.

[¿Será que el sitio que elegí es demasiado frío? ¿El viento solo está entrando por acá?]

Pero por más frío que hiciera, no se veía capaz de pedirle a Sonnaught que la dejara dormir a su lado o que le agarrara la mano. No con el mercenario echado en la cama de al frente.

Si el capitán de la Guardia Real, que había traicionado al emperador para huir con la princesa, terminaba durmiendo en la misma cama con ella, el mercenario de seguro sospecharía.

Sin embargo, todos esos pensamientos racionales se evaporaron a medianoche, cuando las manos y los pies le empezaron a temblar sin control.

¿Por qué me tendría que importar lo que piense ese mercenario? De todos modos somos prófugos.

Princesa Latil se envolvió bien apretada en su frazada y se levantó en silencio. Estiró el cuello para fijarse si el mercenario estaba dormido. Estaba de espaldas, así que no se le veía la cara, pero no se movía para nada.

En cuanto lo confirmó, se acercó a la cama de Sonnaught y le dio un toquecito.


—¿Su Alteza? ¿Qué pasa?


Sonnaught abrió los ojos de inmediato, sorprendido.


—Tengo frío. ¿Puedo dormir a tu lado?


le susurró la princesa despacito. En este momento, el frío superaba cualquier vergüenza; solo quería estar cerca de Sonnaught.

Por suerte, Sonnaught no se negó ni se burló de ella. En vez de eso, estiró un brazo y acomodó el cuerpo para hacerle sitio.


—Gracias.


Princesa Latil se acomodó dándole la espalda a Sonnaught y se acurrucó en su abrazo como un pajarito.

Sorprendentemente, el mercenario —a quien creían dormido— se levantó en silencio y se mudó a la cama del fondo, junto a la pared.

A Princesa Latil le dio palta. Pero regresar a su propia cama a estas alturas no servía de nada para guardar las apariencias. Lo que es más, en el instante en que se pegó a Sonnaught, gran parte del frío desapareció. Así que se armó de valor y decidió quedarse así.

¿Cuánto tiempo se quedó así? Con el rato, el sueño la fue rindiendo. El cansancio le cayó encima como una ola y empezó a perder la noción de las cosas.

La conciencia de la Latil real seguía a la princesa, quedándose dormida y regresando apenas cada vez que la princesa se desespabilaba. Pero como la princesa no lograbra dormir de tirón, esa sensación de "cerrar los ojos y que ya sea de mañana" nunca llegó.

Fue en uno de esos momentos entre dormida y despierta que sucedió. Princesa Latil, incómoda por estar echada en la misma postura, se dio la vuelta en medio de su modorra.

La Latil real, bien atenta, pensó: *¡No, no te des la vuelta ahorita!* Pero la princesa ya lo estaba haciendo de forma inconsciente.

En el instante en que se giró, una sensación suave le rozó los labios. Latil pegó un grito por dentro. Asustada, Princesa Latil abrió la boca para soltar un jadeo.

Pero abrir la boca solo empeoró las cosas. Sus labios, que apenas se rozaban, ahora se juntaron por completo. Con los ojos abiertos de par en par, Princesa Latil miró a Sonnaught. Él se lo había advertido días atrás:


—Si te das la vuelta, nuestros labios se van a chocar.


¡Y ahora esa mismísima advertencia se había hecho realidad!

Todo el sueño se le fue al instante.

[¡T-tengo que volverme a dar la vuelta!]

Pero antes de que pudiera cambiar de postura, los párpados de Sonnaught se movieron un poquito y, en vez de alejarse o darse la vuelta, Latil, de forma sonsa, solo cerró los ojos con fuerza. Al parecer, pensó que si sus miradas se cruzaban en ese momento sería demasiado vergonzoso, así que prefirió hacerse la dormida.

¡No, eso lo empeora todo! Solo había sido un accidente mientras dormía, ¡pero ahora parece que lo hizo a propósito! ¡Sonnaught va a malinterpretar las cosas todavía más!

Latil la regañaba desesperada, pero Princesa Latil no escuchaba. Solo se mantenía rígida en su posición.

Frustrada, Latil no dejaba de renegar con su versión del pasado.

Y entonces, tanto Latil como Princesa Latil se dieron cuenta de algo raro. Los párpados de Sonnaught definitivamente se habían movido como si estuviera a punto de despertarse, pero después de eso, no hubo más reacción.

[¿Qué? ¿Acaso solo fue un reflejo por el contacto?]

Si su intención era hacerse la dormida, debió haberse quedado quieta para luego darse la vuelta como si nada con el rato. Pero una vez más, Princesa Latil tomó la peor decisión: abrió los ojos apenas una rendijita.

Cuando una pequeña rendija del mundo oscuro detrás de sus párpados se abrió, los ojos carmesí de Sonnaught se alzaron como dos soles, haciendo que la princesa se quedara helada como una piedra encantada. Un calor abrasador, como si solo le hubieran puesto fuego en la cara, le inundó las mejillas en un segundo.

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