Hombres del Harén 1000
SS68: Caballeros, estoy de acuerdo con todos ustedes (FIN)
Como era de esperarse, no voy a nombrar a un heredero tan pronto solo para evitar un caos inmediato. No puedo dejar que las cosas se vuelvan un desastre solo por evitar un conflicto. Lo mejor es nombrar un sucesor ni muy pronto ni muy tarde. Esperaré hasta que el menor cumpla diez años.
Sin embargo, al día siguiente, la nana vino y tambaleó la decisión de Latil en cuestión de un solo día.
—Su Majestad, es bastante vergonzoso retractarme de las palabras que le dije hace unos meses.
—¿Retractarte de tus palabras? Ah. nana, ¿quieres volver a cuidar a Fleura?
Latil pensó que eso era incómodo. Fleura ya tenía una nueva nana. Aunque todavía no se había vuelto tan cercana a la nueva nana como lo era con la condesa Aiguiness, los informes decían que la niña recién había comenzado a abrirse. ¿No confundiría a la niña si la condesa Aiguiness regresaba de repente como su nana?
—Por supuesto que no. No. Eso no estaría bien.
—¿Entonces qué es?
¿Acaso la nana quería irse a su finca? El pensamiento repentino hizo que Latil se sintiera triste. Pero una vez más, su suposición era equivocada.
—Cuando nazca el sexto bebé, quiero convertirme en la nana de ese niño.
—¿Ah?
Latil miró a la nana con confusión.
—Nana, ¿estás... aburrida o algo así?
La nana siempre había estado ocupada cuidando a Latil y a sus hijos. Hubo momentos en que no se la necesitaba mucho —cuando Latil ya había crecido y no tenía hijos—, pero incluso entonces, varios incidentes en el palacio le impedían descansar. Tal vez la nana simplemente se había acostumbrado a una vida ajetreada.
La nanaa se rió y agitó la mano.
—No, en lo absoluto. En realidad, Su Majestad, recibí una petición de Sir Gesta hace unos meses.
—¿Gesta? ¿Gesta te pidió que fueras la nana del sexto hijo?
—Sí.
Latil sintió sospechas al instante. Gesta era más ambicioso de lo que aparentaba: inteligente y lleno de artimañas.
De pronto recordó que antes de que Tasir se convirtiera en el Esposo Oficial, la nana originalmente apoyaba a Gesta. Así como el Gran Chambelán apoyaba a Ranamoon, ¿podría ser que la nana todavía apoyara a Gesta?
—Puedo adivinar lo que Su Majestad está pensando. Le preocupa que Sir Gesta o Canciller Rolurd intenten usarme para cumplir sus ambiciones, ¿verdad?
—Exacto. Es tan repentino. Por supuesto, si es una propuesta que recibiste hace meses, entonces debes haberlo pensado durante bastante tiempo. Pero aun así...
La nana suspiró y colocó suavemente la mano de Latil entre las suyas, palmeando con cariño el dorso de su mano.
—Sí. Lo he estado pensando durante meses. Sir Gesta dijo que quería que yo fuera la nana del sexto hijo para que su familia no pudiera usar al niño para sus propios fines.
A Latil le costó creerlo y su expresión se volvió arisca.
La nana vio su rostro y soltó una carcajada. Conocía a Latil desde que era una niña y podía leer sus sentimientos como un libro abierto.
—Era una razón convincente. Y también es verdad.
—Supongo. Aunque Sir Melosi era mucho menos ambicioso que Duque Rolurd, la nana que envió estaba llena de ambición. Si la familia Rolurd tuviera que elegir a una nana, probablemente recomendarían a alguien extremadamente astuta y firme.
—Exacto. Pero si yo soy la nana, será más fácil vigilar las cosas y evitar que la familia Rolurd imponga sus intereses.
—Pero nana... El mismo hecho de que Gesta quiera ponerte a ti como nana podría ser parte de su ambición. Tú fuiste mi nana. Todos saben que te considero como a una madre. Si te envío a ti, mi nana, de Fleura al sexto hijo, la gente podría tomarlo como una señal política.
Duque Atraxil y Canciller Rolurd, que ya se estaban volviendo cada vez más hostiles por causa de Fleura y Gesta, podrían convertirse en enemigos declarados si incluso la nana fuera reasignada.
—Por eso he estado en conflicto. Pero aun así, sigo creyendo que es lo mejor que yo me convierta en la nana del sexto hijo.
La nana dejó salir un suspiro y dudo, como si no estuviera segura de si debía decir lo que tenía en mente.
¿Qué intenta decir?
Latil no la apresuró y simplemente jugueteó con la mano de la nana mientras esperaba que continuara.
Al fin, la nana pareció armarse de valor y volvió a hablar.
—Sir Ranamoon es el legendario Adversario. Sir Sonnaught es el Capitán de la Guardia Real que siempre ha protegido a Su Majestad. Sir Kallain es el Rey Mercenario, ha enviado a la Orden de la Muerte Negra en ayuda de Su Majestad en múltiples ocasiones.
¿Y? La expresión de Latil parecía preguntar.
—No hay necesidad de mencionar todo lo que Sir Tasir ha hecho por Su Majestad; hay demasiadas cosas como para contarlas. Y él es el Esposo Oficial. Pero Sir Gesta... Sir Gesta también ha hecho muchas cosas por Su Majestad. Ha protegido el palacio y a la gente. Aun así, es un mago negro, con el reciente escándalo de los anticonceptivos, su imagen ha empeorado aún más.
Los ojos de la nana se llenaron de lágrimas mientras miraba el vientre de Latil.
—Princesa Fleura, que tiene como padre al Adversario Ranamoon, ya está siendo blanco de ataques debido a sus habilidades especiales. ¿Entonces cuánto más será atacado el sexto hijo, teniendo como padre a un mago negro como Sir Gesta? ¿Qué clase de prejuicio tendrá la gente hacia ese niño?
Los ojos de Latil se agrandaron.
—Por eso quiero ser la nana del sexto hijo, Su Majestad. Después de todo, todavía tengo influencia en la alta sociedad.
Latil sintió como si las palabras de la nana la hubieran golpeado; era algo que no había considerado. Se había enfocado en las ambiciones de Canciller Rolurd y de Gesta, pero no había pensado en cómo la gente podría mirar al sexto hijo con prejuicios desde el principio.
—Pero al final, la decisión es suya, Su Majestad. Si no lo desea, no insistiré. Incluso si no me convierto en la nana del sexto hijo, siempre estaré a su lado.
agregó la nana con una sonrisa radiante, preocupada de que Latil pudiera sentirse abrumada.
Latil, aún medio atónita, asintió lentamente y luego respondió sin dudar:
—No, tienes razón. Deberías ser la nana del sexto hijo.
—¿Está segura?
Sinceramente, Latil no estaba del todo segura. Pasó los siguientes días en un trance. Entendía la decisión de la nana. Sin embargo, ahora estaba claro que, al concederle su petición, el conflicto por la sucesión solo se volvería más feroz. Su confianza en la decisión de postergar el nombramiento de un sucesor comenzó a tambalearse. ¿Realmente era la elección correcta?
Una vez que la nana se convierta en la cuidadora del sexto hijo, la batalla por la sucesión empeorará, no mejorará. Ella cree que puede anticiparse a las ambiciones de Rolurd y detenerlas, pero... ¿realmente será tan simple?
Y al no tener a Tasir disponible para consultar, se sentía aún más desorientada. Desde que Tasir se convirtió en el Esposo Oficial, Latil siempre recurría a él cuando las decisiones se volvían difíciles. Su mente astuta y su perspicacia siempre la habían ayudado a guiarse. Pero ahora Tasir no solo era el Esposo Oficial, sino también un padre. Latil, como madre de todos los niños, sentía que él podría tener una perspectiva diferente a la de ella, especialmente cuando se trataba de asuntos de sucesión.
Además, esto no se trata solo de los esposos que tienen hijos. Mira a Baekhwa. A pesar de que Jaisin no tiene un hijo, igual atacó a los otros consortes.
Agotada por sus preocupaciones, Latil decidió visitar a Girgol, quien se mantenía al margen de todos estos asuntos.
Girgol estaba en el invernadero, tarareando mientras regaba las flores. Cuando vio a Latil, sonrió de oreja a oreja y le tomó el pelo.
—¿No estabas molesta conmigo? Viniste tú primero.
—De repente te extrañé.
Latil se acuclilló junto a la enorme flor monstruosa que Girgol estaba cuidando.
Girgol siguió tarareando mientras regaba la cabeza de la flor.
Latil apoyó la barbilla en la mano mientras lo observaba y luego murmuró:
—Estás tan tranquilo tú solo.
—¿No será más bien que tu cabeza está haciendo mucho ruido por sí sola?
—No. En este momento, todos están metidos ferozmente en el tema de la sucesión. Desearía que solo estuviera en mi cabeza. Tú eres el único que está en paz.
—Quizá porque no tiene nada que ver conmigo.
respondió Girgol con despreocupación y continuó tarareando.
Latil soltó una pequeña risita de incredulidad ante su actitud despreocupada, pero no le molestó. Aunque él podía ser exasperante e incluso aterrador cuando actuaba impulsivamente o peleaba, todavía encontraba su estilo de vida excéntrico y solitario encantador de vez en cuando.
En ese momento, un pensamiento repentino le cruzó por la mente.
—¡Tienes razón! ¡Eso es! ¡No tienes nada que ver con esto!
Girgol se giró hacia ella con una mirada de confusión.
—¿Qué pasa con lo que dije?
—¡Todo lo que dijiste! ¡Si no tiene nada que ver contigo, entonces no hay necesidad de preocuparse!
—No es algo que escuche a menudo, pero es agradable oírlo.
Girgol sonrió con los ojos, luego cortó la flor monstruosa y se la entregó a Latil.
—Toma. Ya que me halagaste, te daré un regalo.
La flor monstruosa mostró sus dientes feroces y sacudió la cabeza como si estuviera a punto de morder la mano de Latil. En condiciones normales, ella jamás habría aceptado algo así. Pero tomó la flor rápidamente e incluso le dio un beso a Girgol en la mejilla.
—¡Gracias! ¡De verdad me has ayudado esta vez!
—¿Ah? ¿Hablas en serio?
Girgol no entendió a qué se refería, pero Latil ya estaba corriendo fuera del invernadero.
Él volvió a tomar la regadera pero, curioso, la siguió afuera.
El lugar al que Latil corrió tras salir del invernadero fue la sala de reuniones del consejo. Los secretarios que preparaban la reunión programada para dentro de 40 minutos levantaron la mirada sorprendidos ante la llegada anticipada de la Emperatriz.
Uno de los secretarios se acercó a Latil y le preguntó:
—Su Majestad, ¿tiene alguna instrucción específica?
—¡No!
respondió Latil alegremente con una sonrisa radiante.
Aunque la Emperatriz era una presencia imponente por encima de ellos, su belleza era innegable. El secretario se sonrojó involuntariamente y bajó la cabeza.
Pero en el momento en que vio el ramo en la mano de la Emperatriz, sacudiendo salvajemente sus cabezas como una jauría de bestias rabiosas, todo el sonrojo desapareció. Se echó hacia atrás en shock. Luego, para su asombro, vio a Girgol —quien rara vez ponía un pie en la sala de reuniones— entrar lentamente.
Girgol incluso arrastró una silla hasta un lugar junto a una columna, donde podía quedar parcialmente oculto, se sentó con las piernas cruzadas.
Tanto la Emperatriz como Girgol estaban actuando fuera de lo normal. El secretario sintió instintivamente que algo estaba a punto de suceder durante la reunión de hoy.
Cuarenta minutos después, Canciller Rolurd y su facción entraron a la sala, decididos a despojar a Princesa Fleura de sus derechos de sucesión de una vez por todas. Duque Atraxil y su grupo vinieron a defender a la princesa. Los miembros neutrales se reunieron, presionando a la Emperatriz para que considerara seriamente la sucesión y así poner fin a este periodo caótico.
Pero los hombres de Estado se quedaron desconcertados al ver a la Emperatriz ya sentada a la cabeza de la mesa antes que ellos. Sorprendidos, se apresuraron a hacer una reverencia.
Era la primera vez que alguno de ellos veía a la Emperatriz llegar antes que todos los demás. Es más, hoy estaba sonriendo de forma radiante.
Los hombres de Estado, aunque sin saber por qué, sintieron un escalofrío recorrerles la espalda. Habiendo observado a la Emperatriz Latrasil durante años, habían aprendido que cada vez que sonreía de esa manera, seguro le seguía algo fuera de lo común.
Empezaron a susurrar entre ellos.
—¿Acaso habrá pasado algo bueno con Su Majestad?
—Si fuera algo bueno, sería mejor... Temo que sea algo que haya hecho enojar a Su Majestad.
—¿Cree que finalmente se decidirá por un sucesor?
—Imposible. ¿Acaso Su Majestad no quería posponer el tema de la sucesión lo más posible?
Los hombres de Estado se agrupaban con sus aliados o con las personas más cercanas, echando miradas furtivas a la Emperatriz. Pero nadie lograba entender por qué estaba sonriendo.
Justo en ese momento, el Gran Chambelán entró y anunció el inicio de la reunión.
Ansiosos, los hombres de Estado dirigieron la mirada hacia la Emperatriz. Entonces cayeron en la cuenta: esa era exactamente la expresión que ella tenía antes de declarar la creación del Harén. Sus instintos les decían que algo andaba mal y, aunque la reunión había comenzado, nadie se atrevía a hablar. Se habían vuelto más perceptivos con el paso del tiempo.
Mientras permanecían sentados en medio de un tenso silencio, Latil finalmente lo rompió por sí misma.
—Me pregunto por qué nadie saca a relucir el tema de la sucesión o de la princesa Fleura hoy. Estaba esperando que alguno de ustedes tocara el tema.
Todos pensaron exactamente lo mismo al mismo tiempo: Así que al final iba a ser ella quien lo sacara a relucir. Miraron a la Emperatriz con una mezcla de confusión y curiosidad.
Que la Emperador fuera la primera en sacar el tema de la sucesión solo podía significar una cosa: ya había tomado una decisión. Y era cierto que, tras haber postergado el asunto durante meses, ya era hora de llegar a una conclusión.
Duque Atraxil tragó saliva con dificultad por la tensión. Durante todos estos meses, Canciller Rolurd no había dejado de atacar a Fleura. Ahora, viendo que la Emperatriz parecía lista para decidir, el temor empezó a apoderarse de él. Incluso a sus ojos, no parecía que la Emperatriz fuera a nombrar a un heredero inmediatamente. ¿Acaso planeaba simplemente calmar a los hombres de Estado despojando a Fleura como candidata?
Apretó el puño. Si eso sucedía, en el momento en que naciera el nieto de Canciller Rolurd, él pondría todo su peso para bloquear el camino de ese niño, intentaran lo que intentaran.
En medio de la creciente tensión, uno de los partidarios de Canciller Rolurd no pudo contenerse más y se dirigió a la Emperatriz:
—Su Majestad, ¿ha decidido sobre la sucesión?
—¿Tiene la intención de despojar a la princesa Fleura de sus derechos de sucesión?
Pero Latil respondió con firmeza:
—No.
Su negativa fue tan clara y refrescante que Duque Atraxil sintió cómo se le reponía el aire en los pulmones, soltando el aliento que tenía contenido.
Sin embargo, tras sus siguientes palabras, el Duque casi se desmaya del shock.
—Tengo la intención de confiar la crianza del sexto hijo a Gesta, al príncipe Klein y al Gran Sabio... a los tres juntos.
Los ojos de los hombres de Estado se agrandaron. ¿El nieto del Canciller Rolurd y el hijo de un brujo sería criado conjuntamente por Príncipe de Carisssen y el Sumo Sacerdote? ¿No concentraría eso demasiado poder alrededor de ese niño? ¿Acaso Su Majestad pretendía nombrar al sexto hijo como sucesor incluso antes de que naciera?
Los hombres de Estado intercambiaron miradas estupefactas, moviendo los ojos de un lado a otro entre Duque Atraxil y Canciller Rolurd.
Sin embargo, Canciller Rolurd no parecía tan conmocionado como Duque Atraxil, pero tampoco lucía particularmente complacido. Parpadeó de manera ambigua.
Uno de sus allegados le susurró en voz baja:
—Si el Príncipe de Carissen y el Sumo Sacerdote están criando al niño juntos, ¿no crecerá el niño tirado hacia... el medio? El príncipe es una cosa, pero Sir Gesta es un mago negro. Y el Sumo Sacerdote es.....
Canciller Rolurd le lanzó una mirada penetrante en silencio y sacudió la cabeza, indicándole que se callara.
Pero fue precisamente esa sutil duda de su allegado la que reveló la verdadera intención de Latil.
Gesta y Baekhwa eran enemigos naturales: uno era un brujo y el otro un caballero sagrado. Ni Gesta, ni Canciller Rolurd, ni Baekhwa eran del tipo que dejaban de tramar conspiraciones solo porque Latil se los pidiera. Así que había decidido asignar a ambos la tarea de criar al mismo niño. Si el niño era criado entre los dos, no se inclinaría ni hacia la magia negra ni hacia el templo. Y como ambos estarían concentrados en evitar que el niño se inclinara hacia el otro lado, tendrían menos energía para andar tramando otras cosas.
Aún intranquila, decidió incluir a Klein para equilibrar aún más la lucha de poder. Klein no era ni un mago negro ni formaba parte del templo, pero tenía una voz igual de fuerte y convicciones sorprendentemente firmes que lo hacían difícil de manipular.
¿Acaso el niño no crecería con influencias equilibradas entre los tres? Además, con el Sumo Sacerdote involucrado, la gente ya no podría descartar al sexto hijo como simplemente el descendiente de un brujo.
La facción de Duque Atraxil, al darse cuenta tardíamente de las intenciones de la Emperatriz, se sintió ligeramente aliviada. Pero solo un poco. Su intranquilidad aún persistía. Comenzaron a expresar su oposición a la declaración de Latil una vez más.
—Su Majestad, hacer que el Sumo Sacerdote, Sir Gesta y Príncipe Klein críen juntos al sexto hijo... ¿no sería tratarlos de manera demasiado diferente a los demás niños?
—Su Majestad, también están los hijos del Esposo Oficial y otros príncipes y princesas. Si solo el menor, el sexto, está rodeado de figuras tan poderosas, la gente podría malinterpretar las intenciones de Su Majestad.
—Su Majestad, hacer que los tres críen al niño parece demasiado parcializado. ¿No sería mejor nombrar únicamente al Gran Sabio como cotutor?
Esta vez, la facción neutral también se puso de su lado. Estaban preocupados de que darle tanta influencia al descendiente del ambicioso Canciller Rolurd desde su nacimiento fuera peligroso.
Entre los descendientes reales que la facción neutral favorecía estaban la Segunda Princesa, sumamente inteligente y de quien se decía que era tan lista como Leysian, el Cuarto Príncipe, hijo del Esposo Oficial. No querían que el poder se concentrara en exceso en el sexto hijo, nacido de un brujo.
—La razón por la que estoy asignando tres tutores al sexto hijo es porque todos ustedes no dejan de insistir en el hecho de que Gesta es un brujo.
dijo Latil con firmeza, intentando reprimir las protestas de los hombres de Estado.
Pero a pesar de su tono severo, los hombres de Estado continuaron expresando su postura de que este plan no era el adecuado.
Observándolos, Girgol ladeó la cabeza. No creía que Latil hubiera salido corriendo del invernadero con tanta alegría solo para hacer este tipo de anuncio.
Incluso los hombres de Estado, mientras se oponían al plan de la Emperador, encontraron que esta reunión —a pesar de haber comenzado con una sonrisa de mal augurio— era menos impactante de lo que habían temido.
Entonces, de repente.......
—Estoy de acuerdo con todos ustedes.
Los hombres de Estado se quedaron en silencio ante esa frase de la Emperatriz que les traía traumas del pasado. Cuando una sonrisa radiante se dibujó en los labios de Latil, todos lo comprendieron: sus palabras anteriores no eran el punto principal, solo eran el comienzo.
Mientras miraba a su alrededor las expresiones ahora tensas de todos, su sonrisa se hizo aún más amplia.
—No podemos dejar que la gente malinterprete las cosas. Así que déjenme dejar una cosa en claro. No tengo intenciones de convertir al sexto hijo en mi sucesor.
Ante eso, las expresiones de Canciller Rolurd y su facción se contorsionaron. Hace solo unos momentos, no estaban seguros de si sentirse complacidos por la tutoría compartida, pero ahora, claramente les disgustaba la idea.
Por otro lado, la facción de Duque Atraxil y los hombres de Estado neutrales miraron a la Emperatriz con ojos llenos de esperanza.
—Entonces, la intención de Su Majestad es........
—Dejar el asunto de la sucesión sin resolver durante demasiado tiempo hace que tanto los niños como ustedes, los hombres de Estado, se sientan intranquilos. Así que lo diré claramente, aquí y ahora. ¿Acaso las cosas no han estado demasiado ruidosas en estos últimos meses?
Los hombres de Estado tragaron saliva con dificultad.
—Esta Emperatriz no necesita un sucesor.
A unos cuantos de ellos de inmediato se les atoró el aire y se aclararon la garganta sorprendidos. Todos miraron a la Emperatriz en shock.
En contraste, Girgol se cubrió la boca con la mano y soltó una risita.
Me preguntaba por qué estaba tan agradecida de la nada. Así que usó mis palabras de esa manera.
El Gran Chanbelán, que había estado escuchando en silencio a su lado, preguntó desconcertado:
—Su Majestad, ¿qué quiere decir con eso? ¿Que no necesita un sucesor?
—Todos los demás nombran a un sucesor, así que pensé que yo también debía hacerlo. Pero luego se me ocurrió: mi esperanza de vida es extraordinariamente larga. Es probable que viva más tiempo incluso que sus nietos. Por lo tanto, no hay necesidad de designar a un sucesor.
Los ojos y bocas de los hombres de Estado se abrieron de incredulidad. Incluso escuchándolo con sus propios oídos, no podían comprender lo que estaban oyendo.
Latil amablemente profundizó:
—Iba a mantenerlo en confidencialidad porque pensé que todos se sorprenderían si se enteraban de mi esperanza de vida. Pero dado que están desperdiciando tanta energía en un asunto de sucesión innecesario, creí que sería más eficiente hacérselos saber con anticipación.
Sonrió dulcemente.
En realidad, solo era la mitad de la verdad. Ella sabía que su vida sería muy larga, pero no sabía exactamente cuánto. Por eso se había atormentado tanto tiempo con el asunto del sucesor. Pero los hombres de Estado no necesitaban saber tanto detalle. Todo lo que necesitaban hacer, tal como había dicho Girgol, era adoptar la actitud de que «el asunto de la sucesión no tiene nada que ver con nosotros» hasta que la propia Latil tomara una decisión.
—Mientras todos ustedes estén vivos, yo siempre seré la Emperatriz. Siempre estaré en este trono. Incluso si algún día me canso de ser Emperatriz y decido dar un paso al costado, para ese entonces, todos ustedes habrán estado retirados y muertos hace mucho tiempo.
Las flores monstruosas que llevaba en la mano se agitaban salvajemente y mostraban sus dientes como para demostrar que la Emperatriz no era una simple humana. Aunque no era su intención inicial, fue un toque teatral muy efectivo. Los hombres de Estado se quedaron sin palabras; ninguno pudo articular nada.
Después de eso, Latil continuó con calma la reunión sobre los asuntos de Estado.
Pero los hombres de Estado estaban tan aturdidos que ni siquiera podían recordar de qué había tratado la reunión. Tan pronto como terminó, todos salieron apresuradamente.
Duque Atraxil y Canciller Rolurd, quienes habían sido especialmente fervientes en la batalla por la sucesión, tenían la mente completamente en blanco.
Latil los vio irse y luego miró hacia Girgol, que aún seguía sentado en su silla. Cuando sus miradas se cruzaron, Girgol soltó una risita y siguió a los demás fuera de la sala.
Latil se encogió de hombros y se dio la vuelta. Al hacerlo, hizo contacto visual con un escriba. Ella no lo hizo con ninguna mala intención, pero el escriba se puso de pie de un salto de la alarma.
Los escribas se turnaban para asistir a las reuniones y, por pura coincidencia, el escriba de hoy era el mismo que estuvo presente cuando Latil declaró la creación del Harén.
Ese escriba pensó para sus adentros que, como siempre era él quien terminaba registrando estos anuncios bomba, su nombre inevitablemente quedaría ligado a ellos en la historia.
Cuando Latil se acercó, él recordó de pronto un consejo previo de la Emperatriz y dijo rápidamente:
—Emperador Latrasil tuvo un modesto número de 8 consortes y mantuvo una relación devota con el Esposo Oficial. Aunque tuvo muchos esposos e hijos, evitó cualquier disputa por la sucesión y logró una paz doméstica perfecta. Lo registraré de esta manera.
Sintió una leve punzada de culpa, pero se tranquilizó a sí mismo: solo era un pequeño adorno, no una falsedad total. Además, si la esperanza de vida de la Emperatriz era realmente tan larga, ella permanecería en el poder por el resto de la vida de él, así que lo más sensato era mantenerse en sus buenas gracias.
Latil apenas pudo contener la risa, manteniendo la dignidad mientras le daba unas palmaditas en el hombro al escriba y salía de la sala. Al notar que Tasir no la seguía, se giró para encontrarlo dándole tranquilamente un consejo al escriba.
—Tal vez deberías dejar fuera la parte de «devota». Quedaría perfecto sin eso. Tú lo sabrías mejor que nadie, pero como escriba, es importante mantenerse objetivo y no dejar que el poder influya en tus registros......
Estaba a punto de decir algo más, pero cuando cruzó mirada con Latil, esbozó una sonrisa y se apresuró a alcanzarla para entrelazar su brazo con el de ella.
—Su Majestad, ¿estaba esperando a este Tasir? Eso me hace muy feliz.
Ahora el que se quedó en un dilema fue el escriba. Mientras la Emperador y el Esposo Oficial salían de la mano, él miró con desgana sus notas. La línea sobre la «Emperador devota»... ¿debería dejarla, o no?
FIN
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