HDH 996






Hombres del Harén 996

SS66: Sonnaught y el mundo del romance (1)





La nana llegó a una firme conclusión.


—Entonces, si es a propósito, tendré que negarme.


Gesta lo negó de inmediato, con una expresión de profunda indignación.


—¡Claro que no! Yo... En realidad hago este pedido porque no quiero que la Familia Rolurd tenga ningún poder sobre mi bebé... No quiero una nana que venga de la Familia Rolurd...


Una vez más, las palabras de Gesta fueron inesperadas. La nana arqueó las cejas.


—¿De qué estás hablando?


Gesta ocultó su sonrisa y comenzó a persuadir a Condesa Aiguiness con una voz suave y cortés. Aunque a su voz le faltaba firmeza, lo que decía sonaba bastante razonable y despertó su interés. Además, todo lo que decía para convencerla terminaba con la misma conclusión: era —por el bien de Su Majestad.—

Luego de que Gesta se retiró, Condesa Aiguiness se quedó sumida en sus pensamientos durante un largo rato. Incluso cuando el café se le enfrió por completo, no se movió ni un milímetro.

Gesta tiene razón. Canciller Rolurd es ambicioso y agresivo. La nana que él traiga probablemente sea mucho más peligrosa que la que tenía la segunda princesa. Si eso ocurre, los consortes —e incluso los niños— estarán peleando a cada rato, Su Majestad terminará aún más agotada.

A la condesa se le llenaron los ojos de lágrimas al recordar cómo Latil suspiraba con rostro cansado cada vez que los consortes o los niños discutían.

Pero si dejo de servir como nana de Princesa Fleura y me hago cargo de inmediato del bebé de Gesta, ¿no terminaría eso intensificando el conflicto entre Duque Atraxil y Canciller Rolurd? Claro que todavía quedan unos meses para que nazca el sexto hijo. Para ese entonces, Princesa Fleura ya debería haberse acostumbrado a una nueva nana. Aun así...

Sus pensamientos iban y venían entre el acuerdo y la duda. Reflexionó con todas sus fuerzas, pero incluso cuando sonó la campana desde el exterior, todavía no había tomado una decisión.

¿Debería consultarlo con Su Majestad? No, no debería. Primero tengo que aclararme yo misma. Recién ahí se lo pediré a Su Majestad.

Soltando un suspiro, la condesa finalmente se puso de pie, estiró las piernas que se le habían adormecido y se sobó la espalda baja. Con apenas unos meses por delante, parecía que le tocaba pensar bien las cosas.












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Mientras la condesa estaba perdida en sus cavilaciones, Latil también se encontraba abrumada por las preocupaciones. Estaba agotada e irritada porque los hombres de Estado armaron otro alboroto más por la influencia de Fleura y el asunto de la sucesión. En particular, Canciller Rolurd y su facción alzaban la voz como si quisieran tomar venganza por lo que le había pasado a Gesta. Ese 'dame que te doy' se estaba volviendo ridículo.

Van a seguir peleando así hasta que se defina a un sucesor.

El conflicto en sí no era tan peligroso como los que había enfrentado antes con Anya Domis o Lean. Por más encarnizada que fuera la lucha entre los hombres de Estado, la propia seguridad de Latil estaba bien resguardada. El problema era que sus hijos y sus esposos estaban quedando atrapados en medio de todo ese lío, para ella era difícil quedarse mirando en silencio.

¿Acaso solo estaban quedando atrapados? Algunos consortes provocaban los problemas ellos mismos de forma activa.

Tal vez sería mejor para todos si simplemente tomara una decisión rápido.

¿Pero qué clase de decisión podía tomar cuando los niños ni siquiera tenían diez años y un bebé todavía no había nacido?

Tras una larga y dolorosa deliberación, decidió distanciarse de la situación por un tiempo antes de tomar cualquier medida. Necesitaba despejar la mente.

Así que, en las primeras horas de la madrugada, se puso una túnica roja y se dirigió a la prisión de monstruos por primera vez en mucho tiempo.

Decían que el monstruo que muestra falsos futuros había regresado de su viaje hacía dos días.

A medida que se acercaba a la prisión, los caballeros sagrados la saludaron en silencio. A pesar de que era muy entrada la noche, todavía había bastantes caballeros sagrados desplegados tanto dentro como fuera de la prisión, ya que los monstruos estaban más activos durante la noche. Caminó a paso firme por el largo corredor que resonaba con cada una de sus pisadas, dirigiéndose directo a la celda donde mantenían encerrado al monstruo del falso futuro.

El monstruo del falso futuro estaba despatarrado en el suelo roncando, pero cuando apareció Latil, se acurrucó rápidamente y notó su presencia.


[Lord, cuánto tiempo]

—¿Por qué te haces el pobrecito de la nada si estabas tirado lo más cómodo?

[Porque le tengo miedo, mi Lord]


El monstruo del falso futuro se abrazó las rodillas y observó el estado de ánimo de Latil con cautela, para luego esconder la cabeza como una tortuga.

Latil se acercó pegado a los barrotes y le extendió la mano.


—Muéstrame un falso futuro.

[Hacía tiempo que no me visitaba...]

—Últimamente he tenido demasiados dolores de cabeza.


El monstruo se acercó con dudas. Sin embargo, no le tomó la mano a Latil y en su lugar preguntó:


[¿El futuro de quién le gustaría ver?]


¿El futuro de quién no he visto todavía? ¿Será el de Girgol, Sonnaught y Jaisin?

Latil frunció el ceño. Le daba curiosidad su futuro con Girgol, pero sentía que solo le traería más dolor de cabeza. A fin de cuentas, Girgol era un vampiro incontrolable. Justo cuando ella sentía que podía estar tranquila, él provocaba otro incidente como si hubiera estado esperando el momento exacto. El reciente problema con Fleura era prueba de ello.


—Muéstrame el futuro con Jaisin.

[Como usted ordene]

—No, olvídalo. Muéstrame el futuro con Sonnaught.

[Sí, como usted ordene.]

—Y esta vez, empieza desde un punto en el que las cosas ya hayan avanzado un poco. ¿Sabes cuántas veces me he visto siendo traicionada por mi propia familia?


El monstruo miró a Latil con cara de víctima. Que a la Lord la traicionara su propia familia no era culpa del monstruo.


—No te estaba echando la culpa a ti.


Latil se aclaró la garganta e hizo un ademán con los dedos hacia el monstruo.












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Pronto, la escena frente a ella cambió y apareció Sonnaught. El lugar era un pasillo dentro del palacio de Tarium, un sitio de lo más familiar para Latil. Sonnaught vestía su uniforme de capitán de la Guardia Real y le extendía la mano a Latil.


—Su Alteza. Por aquí.


La versión del futuro falso de Sonnaught hablaba con voz de angustia.


—Su Alteza, rápido.

—Sir, usted......

—Estoy de su lado, Su Alteza. La voy a ayudar. Apúrese.


Al ver hasta ese punto, Latil se quedó pasmada por un instante. ¡Esta es exactamente la misma escena que vi en el futuro falso con Gesta!

En el futuro falso con Gesta, Princesa Latil había ido a hablar con su padre y terminó siendo perseguida por los guardias reales. Sonnaught había aparecido antes que la Máscara de Zorro, extendiéndole la mano y ofreciéndole su ayuda. Este era exactamente ese momento. Pero en aquella versión, Princesa Latil dudo y no se fue con él, ya que él era un siervo leal a su padre y amigo de Lean. Justo después, había aparecido Máscara de Zorro y se había llevado a la princesa.

Sin embargo, como este era un futuro falso centrado en Sonnaught, la decisión de Princesa Latil fue distinta esta vez.

[Puedo... confiar en Sir Sonnaught.]

Princesa Latil le tomó la mano a Sonnaught. De inmediato, Sonnaught la jaló hacia sus brazos y saltó por la ventana.


—¡Ahhh!


Princesa Latil pegó un grito y se agarró con fuerza de Sonnaught. Aunque esa altura no era nada del otro mundo para la Latil del presente, Princesa Latil tomó esa maniobra como un intento de suicidio doble. Pero Sonnaught cayó suavemente de pie en el suelo y superó el muro del palacio al toque. Ni siquiera se detuvo al llegar a las calles de afuera. Recién cuando se metieron a un callejón se detuvo por fin, se quitó la capa y se la puso encima a Princesa Latil.

Aún en shock y con la cabeza metida en el palacio, Princesa Latil balbuceó sin hilar fino:


—¡T-tú acabas de saltar por la ventana......!

—¿No estuvo divertido?

—¿Qué? ¡No!

—Y aun así está tan tranquila. Nuestra princesa sí que es valiente.

—¿Qué? ¡Eso no tiene nada que ver con la valentía!

—Por favor, quédese aquí un ratito.


Aunque Princesa Latil protestó, Sonnaught no le dio espacio para replicar. La empujó hacia un rincón estrecho del callejón y salió corriendo solo. Poco después, regresó sujetando las riendas de un caballo marrón bien robusto.


—Suba.


Habló mientras la cargaba hacia el caballo como si nada. Aunque su cara reflejaba seguridad, era evidente que tenía prisa: sus acciones siempre iban un paso más adelante que sus palabras.


—¿A dónde vamos?


preguntó Princesa Latil, sujetando las riendas con fuerza.

Mientras Sonnaught se montaba detrás de ella, respondió:


—A la propiedad de los Melosi.

—¡Pero si haces eso, tus padres también van a correr peligro!

—Gracias por su preocupación.


Sonnaught dio un jalón a las riendas y el caballo salió al galope. Conforme avanzaba a toda velocidad, la gente en las calles se abría paso asustada.

Al escuchar el ruido de los soldados a lo lejos, Princesa Latil miró hacia atrás llena de angustia. No eran ideas suyas. Los soldados habían salido del palacio y estaban entrando al mercado. Alguien entre ellos reconoció a Sonnaught y a Latil y pegó un grito.


—Nos han visto.


le susurró Princesa Latil con pánico, pero Sonnaught le contestó con una sonrisa.


—Si Su Alteza también los vio, entonces estamos a mano. No hay de qué preocuparse.

—¿Qué?


Princesa Latil quiso reclamarle: '¿Acaso no es algo totalmente distinto?', pero casi se muerde la lengua por el ajetreo del caballo y prefirió quedarse callada.

El caballo galopó a paso firme y por fin cruzó el portón del castillo. Sonnaught le tiró un permiso al guardia sin bajarse de la montura. Recién cuando ya le habían sacado una buena distancia al portón, los soldados salieron alocados tras ellos. Ellos también venían a caballo.

Princesa Latil sujetó las riendas en silencio y con fuerza. No fue sino hasta que llegaron a un lugar donde los soldados ya no se veían, que se dio cuenta de lo pegado que venía Sonnaught contra su espalda.

Ambos cabalgaron hasta que la noche se hizo bien profunda. Una vez que el cielo se puso negro como la boca de un lobo y se adentraron en un bosque tupido de árboles, se volvió difícil ver siquiera a un centímetro de distancia.

Cuando el caballo empezó a tambalearse y ya no podía avanzar bien, Sonnaught lo detuvo y se bajó primero.


—Sujétate de mí para bajarte. El suelo está lleno de barro, te puedes resbalar.


Le extendió la mano mientras evito que Latil bajara sola. Tal como dijo, el suelo estaba resbaladizo por el barro mojado.


—No puedo ver ni un carajo.


le susurró Princesa Latil mientras se sujetaba de él. El canto de los insectos, el ulular de los búhos y el crujido de las hojas con el viento venían de todas direcciones.


—Deberíamos descansar aquí y seguir al amanecer.

—¿Estará bien? Los soldados...

—Seguro están en las mismas.

—Podrían soltar perros de caza.

—Mi olfato es más fino que el de ellos.


Estaba oscuro, pero Princesa Latil pudo notar que él sonreía.

De forma asombrosa, Sonnaught se las arregló para amarrar las riendas del caballo a un árbol grande e incluso trajo un poco de agua. Después de que Latil tomó, él también le dio de tomar al caballo.


—Sir Sonnaught, ¿usted no va a tomar?

—Debes de sentirte más tranquila, ya volviste a hablarme de usted.

—¿Por qué no estás tomando?


preguntó Latil intrigada por el comportamiento de Sonnaught, pero él solo siguió dándole agua al caballo.

Como Latil siguió insistiendo, él fue a regañadientes a conseguir más agua para sí mismo y tomó, aunque a los ojos de ella, parecía más bien que estaba haciendo la finta.

Sonnaught tomó agua sin muchas ganas antes de preguntar:


—No pude encontrar nada de comer. ¿Estarás bien? ¿Cuándo fue la última vez que comiste?


Con esas palabras, a Princesa Latil le dio un hambre feroz de golpe, tanto que casi le dolía. Pero sabía que ni siquiera alguien como Sonnaught podía conseguir comida fácilmente a esas horas en medio de la nada.


—Todavía no cumple un día entero. Voy a estar bien. La propiedad de los Melosi no está tan lejos, ¿verdad?


A medida que sus ojos se acostumbraban a la oscuridad, Princesa Latil empezó a ver poco a poco. Aun así, solo le alcanzaba para distinguir si había algo al frente o no. De todos modos, Sonnaught se movía con maña por su cuenta y de alguna forma logró encontrar tierra seca. Le puso hojas encima y armó una cama improvisada.


—Duerme aquí. Yo me me voy a sentar cerca a vigilar.


Princesa Latil se echó con incomodidad. Pero sin almohada y con el frío colándose desde el suelo, estar echada se sentía aún peor. Aunque el bosque era helado de noche, no podían prender una fogata por miedo a que los soldados los pescaran. Se acurrucó e intentó obligarse a dormir, pero al final no aguantó más y le pidió un favor a Sonnaught.


—Sir Sonnaught... ¿Podrías quedarte cerquita a mi lado?

—¿Cerquita, como en...?

—En las emergencias, la gente se abraza fuerte y comparte el calor del cuerpo, ¿no?


Sonnaught se quedó, obviamente, helado.


—Esto sí se siente como una emergencia. Si tan solo pudieras pegarte a mí y compartir tu calor... ¿Estaría bien?


Cuando él se puso de pie de un brinco, a Princesa Latil le dio vergüenza al instante. No fue capaz de volvérselo a pedir y solo le dio la espalda.

Pero justo después, escuchó un crujido y sintió que alguien se echaba exactamente detrás de ella. Sobresaltada, intentó darse la vuelta, pero Sonnaught la detuvo.


—No lo hagas. Si giras la cabeza ahorita, nuestros labios se van a chocar.


Su voz, hundiéndose directamente en sus oídos, era especialmente grave y tranquila. Princesa Latil regresó la cabeza hacia adelante al toque.


—E-está bien. No hay que dejar que nuestros labios se choquen.


Cuando le pidió al principio que se quedara cerca, fue simplemente porque tenía frío y quería calor. Pero ahora, con Sonnaught tan cerquita a su espalda, sentía como si el corazón se le estrujara de la nada. Lo mismo le pasaba a la Latil real, que ya conocía lo firme que era el abrazo de Sonnaught.

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