GUANGYIN ZHI WAI 996






MAS ALLÁ DEL TIEMPO 996

Recreando el mito



Solo bastó una palabra, pero en un abrir y cerrar de ojos, como si la ley misma fuera impuesta con decir esa frase, el mar enfurecido se volvió manso de inmediato. Las olas formadas por el tsunami se calmaron por completo y la propia tempestad se apaciguó.

Esos remolinos desaparecieron al instante, aplastados por un poder misterioso.

¡El término «tranquilidad» significó la calma absoluta del mar!

En ese preciso momento, el viento y las olas quedaron estáticos; una calma total reinó en todas las direcciones.

En el buque de guerra mágico, los dos discípulos del Departamento de Homicidios del Séptimo Pico alzaron la cabeza por puro instinto mientras temblaban. Vieron a tres figuras resplandecientes avanzando desde el cielo.

Ya habían visto a Huang Yan antes.

En cuanto a la persona de aspecto común que venía a su lado, les resultaba algo ajena. Les parecía haber visto su retrato en algún lado, pero no guardaban un recuerdo muy claro.

Sin embargo, en el instante en que vieron con nitidez a la figura de violeta que lideraba el grupo, la emoción los embargó de golpe.


—¡Cuarta Alteza!


¡Cuarta Alteza era la forma especial en la que el Séptimo Pico llamaba a Xu Qing!

En el momento en que los dos hablaron con voz entusiasmada, los ojos fríos del joven de cabello negro que estaba frente a ellos brillaron y se hincó de rodillas al instante.


—¿Mudito?


La mirada de Xu Qing se posó sobre el joven de cabello negro mientras hablaba suavemente.

Estas palabras hicieron que las emociones del joven de cabello negro se agitaran con mayor intensidad y levantó la cabeza.


—M-Maestro…


Los rumores sobre él no estaban equivocados. Desde que llegó a Siete Ojos de Sangre, no había sentido un verdadero sentido de pertenencia por la secta. Solo que… con respecto a Xu Qing, tenía una perspectiva totalmente distinta.

Al inicio le tenía miedo a Xu Qing. Tiempo después, fue Xu Qing quien le salvó la vida. Luego, fue Xu Qing quien le indicó el camino a seguir. Y más adelante, fue Xu Qing quien lo apoyó durante su crisis en el Reino Establecimiento de la Fundación.

Xu Qing siempre estuvo adelante, convirtiéndose en su guía.

Siempre había seguido los pasos de Xu Qing y le había entregado su lealtad.

Esto se debía a que se había criado entre perros salvajes desde muy pequeño y su personalidad era muy parecida a la de ellos.


—Tu nivel de cultivo no está nada mal. Veo que te has sacado la mugre entrenando.


Al mirar al mudito, la mirada de Xu Qing se suavizó.

Para el mudito, sus palabras significaban el elogio supremo. Su corazón emocionado de pronto dio un vuelco que le recorrió todo el cuerpo.


—Gracias por ayudarme a dar con el carruaje de los dragones. Espérame aquí no más.


Xu Qing retiró la mirada y se quedó observando el mar. Dio un paso al frente y desapareció sin dejar rastro, fundiéndose con el propio sonido.

Para cuando reapareció, ya se encontraba en lo más profundo del fondo marino.

Justo al frente del inmenso gigante del carruaje de dragones.

El gigante continuaba avanzando con la pesada cadena de hierro bien tensada sobre los hombros. Esta cadena estaba conectada al carruaje de bronce jalado por dragones, el cual se arrastraba por el fondo del mar, dejando profundas marcas en forma de zanjas a su paso.


—Nos volvemos a ver.


Xu Qing murmuró para sus adentros mientras una enorme expectativa brillaba en sus ojos. Sin embargo, no actuó de inmediato.

En vez de eso, prefirió seguirlo y esperar.

Y así permaneció, mientras el día se despedía y la noche hacía su entrada. Después, la oscuridad lo cubrió todo y la noche siguió su curso.

Justo antes del amanecer…


—Llegó la hora.


Xu Qing agitó la mano derecha. De inmediato, la mano cercenada del músico apareció frente a él. Conforme sus dedos se movían en el aire, comenzó a resonar la melodía de «La Voz Celestial le da la Bienvenida a la Luna».

Los pasos del gigante se detuvieron de golpe. Giró la cabeza y sus cuencas vacías parecieron fijar la mirada con atención, como si estuviera intentando escuchar algo.

Sin dudarlo un segundo, Xu Qing se lanzó hacia adelante.

Ya fuera por su experiencia previa o por los cálculos que había hecho, esta vez tenía muchísima fe en su plan.

En ese instante, pasó volando al lado del gigante a toda velocidad.

Nadie lo detuvo.

Aquel gigante dejó que Xu Qing pasara de largo. Toda su atención estaba completamente concentrada en «La Voz Celestial le da la Bienvenida a la Luna».

Por eso, Xu Qing aceleró el paso en dirección al carruaje de bronce de los dragones.

En aquel entonces, apenas pudo quedarse un segundo.

Ahora había vuelto. De un solo impulso, se metió directo al desvencijado carruaje de dragones y se sentó en el sillón de su interior.

En el preciso instante en que se acomodó, el carruaje de dragones se bamboleó. El gigante de adelante también dio un temblor, como si tuviera intenciones de voltear la cabeza.

Al instante siguiente, el Cuervo Dorado se manifestó sobre el cuerpo de Xu Qing y soltó un chillido claro y potente, desplegando un mar de fuego que cubrió todo el carruaje. Al mismo tiempo, Xu Qing desató al máximo la Luz Inmortal del Sol Profundo de su cuerpo para potenciar al Cuervo Dorado.

Esto hizo que la luz emanada por el Cuervo Dorado se volviera muchísimo más resplandeciente.

A lo lejos, quien estaba sentado dentro del carruaje ya no parecía un cultivador, ¡sino un mismísimo sol!

Al mismo tiempo, su sentido divino y su fuente divina brotaron de su cuerpo. Manipuló la mano cercenada del músico, haciendo que la melodía se volviera cada vez más intensa y apasionada.

Todo el cuerpo del gigante temblaba en ese momento. Se sentía atraído por «La Voz Celestial le da la Bienvenida a la Luna» y por puro instinto quería seguir escuchando. Sin embargo, el aura del Cuervo Dorado dentro del carruaje de dragones a sus espaldas hizo que otro instinto, cultivado a lo largo de incontables años, saliera a la superficie.

Ambos instintos colisionaron violentamente en su interior.

Xu Qing estaba concentrado al cien por ciento. En el instante en que notó esta escena, unas llamas brotaron de sus ojos. Había estado esperando exactamente por este momento.

Según los mitos y leyendas, cuando el Cuervo Dorado regresaba al palacio, el músico tocaba «La Voz Celestial le da la Bienvenida a la Luna», provocando el ascenso de la luna. Esta música resonaba durante toda la noche. Al momento de extinguirse, la luna volvía a su palacio y el Cuervo Dorado abordaba el carruaje de dragones para alzarse sobre Wanggu.

En ese instante, entre el frenesí instintivo que atormentaba al gigante y los primeros destellos del alba que se aproximaban en el exterior, la melodía celestial interpretada por la mano cercenada llegó a su final, apagándose en un absoluto silencio justo cuando el nuevo día estaba por despuntar.

La música se esfumó.












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En la superficie del mar, Erniu estaba echado en la cubierta del barco del mudito, tarareando una canción de lo más despreocupado.

Huang Yan permanecía sentado en la proa soltando un bostezo.

Los dos subdirectores del Departamento de Homicidios de Siete Ojos de Sangre aún no salían de su asombro y de rato en rato se los quedaban mirando.

Solo el mudito permanecía en la popa del barco, con la mirada fija en la superficie del mar sin pestañear.

El cielo estaba totalmente a oscuras.

Cuando el alba comenzó a asomar, justo en el instante en que todo el firmamento estaba por iluminarse… la luz brotó primero desde lo más profundo del fondo marino, como si un sinfín de espadas afiladas atravesara la superficie del agua para encender el cielo.

Inmediatamente después, el tarareo de Erniu se detuvo en seco. Los ojos de Huang Yan reflejaron un destello extraño cuando un gigante descomunal rompió la superficie del mar, levantando unas olas monstruosas. Mientras el mar no paraba de retumbar, ¡la inmensa figura del gigante se lanzó directo hacia el firmamento!

Avanzaba a pasos agigantados hacia el cielo.

A sus espaldas arrastraba una pesada cadena de hierro.

Al instante siguiente, unas olas aún más gigantescas se levantaron en la superficie del agua. Bajo el jalón del gigante, un milenario carruaje de bronce de dragones… ¡se elevó por los aires desde las profundidades del mar por primera vez tras decenas de miles de años!

Dentro del carruaje, Xu Qing permanecía sentado erguido. El Cuervo Dorado soltó un chillido desde el exterior de su cuerpo, un fuego sin fin estalló desde su interior, envolviendo todo a su alrededor. Además, una luz inmortal irradiaba hacia afuera, haciendo que el carruaje de dragones se viera increíblemente deslumbrante.


—¡¡Csm!!


Erniu dio un brinco del susto y se le salieron los ojos de las órbitas.

Él no conocía la verdadera intención de Xu Qing, ya que este tampoco se lo había mencionado. Por eso, según sus cálculos, pensaba que Xu Qing solo usaría el carruaje de dragones para entrenar, pero jamás se imaginó que en realidad era… para hacer que el carruaje de dragones volviera a surcar los cielos.


—¿Recreando el mito?


Erniu reaccionó y tomó un respiro profundo.

Huang Yan, que estaba a su lado, era otra historia. Él sí conocía el propósito de Xu Qing. En ese momento, su rostro reflejaba una seriedad absoluta, pues no solo alcanzaba a ver a Xu Qing dentro del carruaje de dragones.

También vio… a una silueta borrosa contemplando el mundo justo delante de Xu Qing.

¡Esa figura era la de un joven, pero imponía el respeto de un dios o de un mismísimo emperador!


—¡El Príncipe Heredero Cuervo Dorado de la Raza Divina Cielo Brillante!


¡En ese preciso instante, todo el cielo sobre Wanggu se iluminó por completo!

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