LASDLHDAHR 92





La actriz secundaria de la historia de amor ha renunciado 92




Traduccion: Asure


El primer día de su "convivencia", Nian Chaoxi durmió en la cama y Lord Yan en el piso.

Después, los dos se quedaron en silencio, echados ahí sin decir ni miau por media noche; ninguno de los dos pegó el ojo.

¡Qué chiste! En una situación así, el que pueda dormirse de lo más fresco tiene que ser un santo.

Los dos sabían que el otro estaba despierto, pero por alguna razón ninguno decía nada.

Nian Chaoxi sentía que le picaba todo el cuerpo de la pura ansiedad, mientras que Yan Weixing no podía calmar sus pensamientos.

Al principio, ella pensó que esa sensación de no hallar lugar era por el roche de que, en sus dos vidas y cientos de años, era la primera vez que pasaba la noche en el mismo cuarto con un hombre que no fuera de su familia. Pero apenas se le cruzó esa idea por la cabeza, casi la mata ahí mismo.

Y es que, de la nada, se acordó de aquel cultivador que, hace cientos de años, al enterarse de que su padre le buscaba novio, se presentó ante ella para recomendarse solito.

Ese pata era todo un galán: blanco, de labios rojos y con esa cara de "picaflor" que tanto les gusta a las chicas.

Pero cuando el tipo, todo tímidamente, le confesó su amor, Nian Chaoxi —con su mentalidad de mujer más directa que una flecha— pensó que la estaba retando. Se amargó tanto que llamó a su gente y le dieron una paliza en grupo.

Dicen que el pobre quedó tan traumado que mandó todo al diablo, se volvió un monje sin sentimientos y, para colmo, le terminó yendo súper bien en su camino espiritual.

Fin del recuerdo. Nian Chaoxi se quedó pensando.

"¿De verdad yo tendré algo de vergüenza?". Entró en una crisis existencial profunda.

Descartó la idea de la timidez, pero seguía con los nervios a flor de piel.

Decidió que no podía seguir así; si se quedaban callados un minuto más, no sabía si Yan Weixing estaría pasando roche, pero ella sentía que del puro nivel de incomodidad iba a terminar cavando un hueco en el piso hasta llegar a la Ciudad Yuejian de solo mover los dedos de los pies.

Resulta que Yan Weixing estaba pensando lo mismo.

Así que los dos hablaron a la vez.

Nian Chaoxi, decidida a enfocarse en la "chamba", dijo muy seria:


Lord Yan, ¿qué te parece el socavón donde tenían encerrado a Huo Cheng...?


Yan Weixing, queriendo aprovechar para ponerse romántico, soltó todo tierno:


—Xixi, ¿no te parece que la luz de la luna esta noche...?


Y ahí quedaron los dos, en el momento más "palta" de sus vidas.

Silencio.

Un momento después:


—En verdad creo que...

—En verdad podrías...


Sus voces se cruzaron de nuevo.

Otra vez, el silencio más incómodo del mundo.

Esta vez, en medio de la oscuridad, la silueta de Yan Weixing parecía irradiar una derrota total.

Después de un rato, se escuchó su voz excesivamente calmada:


—Xixi, habla tú primero.


Su tono estaba tan tranquilo que parecía la calma antes de la tormenta.


—...Ya.


Ella intentó ponerse seria:


—Huo Cheng dijo que el lugar donde lo tenían era un socavón, así que... ¡Jajajajaja!


De pronto no pudo aguantar más y soltó la carcajada, rompiendo toda la seriedad del momento.

Yan Weixing se quedó callado un segundo, se tapó la cara con la mano y en su boca apareció una sonrisa de resignación.

Nian Chaoxi, una vez que empezó a reírse, no podía parar; mientras más lo pensaba, más risa le daba lo que acababan de hacer. Al final se tapó la cara y dijo:


—¡¿Qué rayos estábamos haciendo?! ¡Jajajajaja...!


Yan Weixing suspiró:


—Xixi...


Nian Chaoxi casi suelta una risa de esas que parecen graznidos de ganso.

Después de un buen rato, cuando por fin pudo parar, dijo todavía con una sonrisa en la voz:


—Ya fue, igual no vamos a poder dormir. Vamos afuera a dar una vuelta.


Yan Weixing se rió:


—Ya, vamos.


Se levantaron y salieron del pabellón de discípulos.

En la Montaña Quya había toque de queda; al anochecer no dejaban salir a nadie, así que usaron un truco de ilusión para hacerse invisibles.

Luego, empezaron a caminar por la montaña como si estuvieran paseando por el parque.

La Montaña Quya tenía varios picos: ellos estaban en el más alejado, la academia estaba en el centro y los Grandes Demonios vivían en el más alto de todos.

Antes de entrar, Nian Chaoxi ya había usado su percepción espiritual para escanear todo el lugar.

Desde que revivió, su poder mental era superior al de casi todos en este mundo; podía investigar sin que nadie se diera cuenta. Pero a pesar de eso, no encontró ni rastro de ningún socavón, y mucho menos uno lleno de sellos y runas.

Ella sospechaba que esas cuevas donde encerraban a la gente tenían alguna formación que bloqueaba los sentidos.

Ahora que estaba afuera, miraba para todos lados pero seguía sin ver nada que se pareciera a lo que describió Huo Cheng.

En ese entonces, él huyó herido y medio inconsciente; bastante hizo con lograr escapar de la montaña, así que no recordaba más detalles.

Nian Chaoxi lo pensó bien y jaló a Yan Weixing directo al pico más alto, donde vivían los jefes.

Apenas se acercaron, sintió un olorcito a licor mezclado con carne asada.

Al avanzar un poco más, vieron que todo el pico estaba iluminado, lo cual contrastaba fuerte con el resto de montañas que estaban en total oscuridad por el toque de queda.

Nian Chaoxi miró desde arriba, subida en su espada, y vio que en un palacio de lujo había un montón de sirvientas vestidas con sedas de colores yendo de aquí para allá en medio de un jolgorio total.

Se quedó mirando con el ceño fruncido y dudó:


—¿Están... en plena fiesta?


Entonces se acordó de lo que dijo la mujer demonio en la tarde: que hoy Quya recibiría visitas y por eso había toque de queda y no dejaban salir a nadie, para no "chocar" con los invitados importantes.

¿Qué clase de visita sería para que armaran tanto chongo?

Nian Chaoxi tenía curiosidad de entrar a sapear, así que miró a Yan Weixing para preguntarle si su truco de invisibilidad era lo suficientemente potente como para meterse a la fiesta sin que los pesquen.

Sin embargo, cuando ella volteó a verlo, se dio cuenta de que Yan Weixing también estaba mirando fijamente hacia el pico más alto, pero su vista no se detenía en el palacio; parecía que estaba atravesando la montaña con la mirada, observando lo que había en lo más profundo de sus entrañas.

Bajo la oscuridad de la noche, el rostro de Yan Weixing era difícil de descifrar.

Pero como estaban juntos en la espada voladora, aunque antes él había guardado una distancia prudente, ahora casi por instinto la rodeó con el brazo en un gesto protector.

Estaba receloso. Había algo en esa montaña que le causaba una desconfianza total.

Nian Chaoxi dejó de lado su actitud relajada y preguntó en voz baja:


Lord Yan, ¿qué has descubierto?


Yan Weixing se quedó callado un momento y luego dijo lentamente:


—Debajo de esta montaña... hay algo.


¿Debajo de la montaña? Nian Chaoxi frunció el ceño, confundida.

Por inercia, volvió a soltar su percepción espiritual para escanear todo el pico; su búsqueda llegó incluso a varios metros bajo tierra. Sin embargo, lo único que su mente le devolvía era la imagen de tierra y piedras chancadas.

Pero ella no iba a dudar de Yan Weixing; él no era de los que hablaban por hablar.

Se inclinó más por su sospecha inicial: que en la Montaña Quya realmente había algo que bloqueaba su percepción, pero Yan Weixing era mucho más sensible que ella. Él no usaba la percepción espiritual, pero aun así captaba algo.

¿No será que los socavones de los que habló Huo Cheng estaban en realidad debajo de este pico?

Nian Chaoxi bajó aún más la voz y preguntó:


—¿Qué hay ahí abajo?

—Energía vital.


Él se veía algo desconcertado:


—Una cantidad enorme de energía vital, demasiada para que venga de una o dos personas. Pero es como si alguien la hubiera juntado a la fuerza... ¿Qué está pasando?


Incluso no solo había vida; en su visión traslúcida, Yan Weixing también veía una carga inmensa de energía de muerte.

Y esa energía de muerte era distinta a la vital. Lo que él veía como "vida" parecía haber sido arrancado de distintas personas y luego cosido a la fuerza como un solo bloque; se veía poderoso, pero en el fondo eran puros retazos.

En cambio, esa energía de muerte era una sola unidad, tenía el mismo origen y venía de una sola fuente.

En la visión de Yan Weixing, ambas energías compartían el mismo espacio. Parecía que alguien estaba forzando a la energía vital a fusionarse con la de muerte, mientras que esta última —concentrada con la forma de un dragón o una serpiente— despedazaba y devoraba la vida con una ferocidad tremenda.

La energía vital arrancada de miles de personas no podía ganarle a la muerte que emanaba de un solo ser.

Además, esa aura de muerte era inagotable; en un abrir y cerrar de ojos, ya había hecho trizas a la energía vital, dejándola en total desventaja.

Lo que le daba mala espina a Yan Weixing no era la energía vital "parchada", sino precisamente esa muerte.

Bajo la montaña había algún tipo de bestia colosal soltando esa aura oscura, y esa presencia le hacía sentir una amenaza real.

Pero no era una amenaza de esas que te hacen temer por tu vida, sino más bien un rechazo visceral, algo que le nacía de las entrañas. Esa sensación de asco hacía que, por puro instinto, se negara a acercarse a ese lugar.

Sentía repulsión, incluso odio. Su instinto le gritaba que acercarse a esa muerte traería consecuencias que ni quería imaginar. Ese rechazo era tan fuerte que casi lo obligaba a agarrar a Nian Chaoxi y salir corriendo de ahí.

Le daban ganas de mandar al diablo a los cultivadores humanos prisioneros y los socavones; en ese momento, solo quería llevársela bien lejos.

Sin darse cuenta, su brazo rodeó a Nian Chaoxi con más fuerza.

Fue recién cuando ella le metió un manotazo en la mano que Yan Weixing reaccionó de golpe.

Entonces vio que Nian Chaoxi lo miraba con agudeza mientras preguntaba:


—¿Hay algo más debajo de la montaña? ¿Es muy yuca de vencer?


Yan Weixing, por instinto, no quiso mencionarle nada sobre esa energía de muerte. Pero conocía bien el carácter de ella: si no le decía ahora, era fijo que se metería por su cuenta en cuanto él se descuidara.

Se sobó la frente y asintió:


—Sí.


Le describió a grandes rasgos la energía de muerte que había visto.

Nian Chaoxi escuchó con el ceño fruncido y dijo pensativa:


—Dejando de lado qué sea esa muerte, lo de la energía vital... Huo Cheng mencionó que en las cuevas donde lo tenían había sellos que le robaban la vitalidad a la gente. ¿Será que esas cuevas están justo debajo de este pico?... ¡Oye, espera!


De pronto se acordó de algo y, de la nada, sacó un muñeco de su anillo de almacenamiento.

El muñeco se parecía un poco a ella, pero tenía unos ojos sin vida, tiesos y aterradores; si lo mirabas mucho rato, te daba una sensación bien tétrica.

Era precisamente el muñeco de madera con el que Zong Shu había intentado "revivirla".

Se quedó mirando el objeto un momento y preguntó:


—¿Te acuerdas del bicho que usó Huo Cheng para activar este muñeco?


Ese bichito tenía una energía vital muy fuerte; cuando el alma de Nian Chaoxi fue jalada hacia el muñeco, ella podía respirar y moverse como una persona viva gracias a la energía que ese insecto le daba.

En ese entonces, Nian Chaoxi pensó que Zong Shu andaba matando gente para conseguir esa energía, pero Huo Cheng juró y rejuró que él no había asesinado a nadie.

Entonces... ¿de dónde venía la energía vital de ese bicho?

En este preciso instante, Nian Chaoxi sintió que por fin había encontrado la respuesta.

Efectivamente, Yan Weixing miró el muñeco y dijo pausadamente:


—La energía de ese bicho estaba toda mezclada, no venía de una sola fuente; es igualita a la que está escondida bajo esta montaña.


Hizo una pausa y añadió con frialdad:


—Quizás la energía vital que Zong Shu usaba para mover sus muñecos la sacaba de la Montaña Quya.


Zong Shu tenía un trato con este lugar.

Y la Montaña Quya, aprovechándose de la pelea por el "Mapa del Dios de la Guerra", se la pasaba provocando guerras entre los humanos para secuestrar cultivadores. Durante casi cien años, esa bronca giró en torno a Mu Yunzhi, de quien se decía que había conseguido el mapa.

Y después de que ella murió, Zong Shu y Mu Yunzhi se volvieron enemigos a muerte.

Nian Chaoxi no pudo evitar sospechar si, en estos últimos doscientos años de peleas por el mapa, aparte de los demonios, también estuvo metida la mano de Zong Shu.

Si era así... ¿a quién le pertenecía realmente el amuleto que le quitó a la serpiente negra?

Si Zong Shu quería esa energía para revivir a Nian Chaoxi, ¿para qué diablos estaba juntando tanta vida la Montaña Quya?

A Nian Chaoxi le dieron ganas de bajar a chequear el subsuelo, pero sabía que hoy, con tanta gente en Quya, quizás no era el mejor momento.


—Vamos, primero tenemos que bajar a ver.












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En medio del banquete, donde las luces brillaban con fuerza, el aroma del licor se mezclaba con el de la carne. Bajo ese olor tan tentador, todos se servían copas con la única idea de beber hasta quedar inconscientes; sin embargo, entre los presentes, había uno que no probaba ni una gota.

Él permanecía sentado, con una sonrisa ligera, rodeado de cultivadores demoníacos que bailaban como locos. Su sola presencia lograba que ese festín caótico se sintiera, de pronto, como un templo sagrado.

Al verlo así, alguien no pudo evitar reírse y le preguntó:


—Maestro, ¿todavía sigue sin beber?


El maestro, vestido con una túnica de color blanco luna, respondió sonriendo:


—Supongo que ya es costumbre.


Aquella persona no insistió y les ordenó a los demás que le prepararan un té.

El maestro tomó la taza con indiferencia.

Pero justo cuando el borde rozó sus labios, se detuvo de forma casi imperceptible.

En ese instante, un sentido divino, que pasó desapercibido para casi todos, lo recorrió de arriba abajo.

Sin embargo, esa presencia parecía estar buscando algo con mucha prisa, por lo que no reparó en él.

Y en aquel banquete, aparte del maestro, nadie más notó que un sentido divino los había desnudado por completo con la mirada en un solo segundo.

El maestro esbozó una sonrisa sutil, dejó la taza y se retiró de la mesa sin hacer el menor ruido.












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Nian Chaoxi y los suyos no llegaron en el mejor momento; cuando ella logró colarse en el banquete, no había rastro del dichoso invitado de honor por ningún lado.

Tal vez ya se había retirado, o quizás simplemente había salido un momento.

De todos modos, ella no había venido a buscar a ese invitado, así que no se hizo problemas por no verlo. Tiró suavemente de la manga de Yan Weixing y le susurró:


—Al amanecer le contamos a Huo Cheng lo que hemos descubierto; después, hay que terminar con esto rápido. Mañana por la noche, así tengamos que excavar tres metros bajo tierra, vamos a encontrar dónde está ese rastro de vida.


Yan Weixing estaba a punto de asentir cuando, de pronto, su expresión se ensombreció.

Nian Chaoxi presintió que algo andaba mal y le preguntó de inmediato:


—¿Qué pasó?


Yan Weixing dijo con voz profunda:


—Se ha activado el método de contacto especial que le dejé a Huo Cheng.


Pero el acuerdo entre ambos grupos era comunicarse cada mañana a una hora fija para confirmar que todos estuvieran bien.

Y ahora, el contacto se había activado antes de tiempo.

¡A Huo Cheng le había pasado algo!

Ambos se miraron y, al mismo tiempo, salieron disparados del banquete.

Bajo el sólido hechizo de ocultamiento que llevaban, los demás solo sintieron una ráfaga de viento que les pasaba por el lado. Tras un momento de desconcierto, dijeron entre copas:


—¿Qué fue? ¿Acaso empezó a correr viento?


Para ese entonces, Nian Chaoxi y Yan Weixing ya habían llegado a la habitación de los discípulos donde se alojaba Huo Cheng.

El cuarto estaba vacío; no había nadie, y ni siquiera se veían rastros de algún forcejeo o pelea.

Yan Weixing intentó contactar a Huo Cheng usando su método especial.

El vínculo falló.

Huo Cheng había desaparecido frente a sus propias narices.

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