LASDLHDAHR 91





La actriz secundaria de la historia de amor ha renunciado 91




Traduccion: Asure


Usando los rostros de aquellos dos cultivadores demonio, Nian Chaoxi y su grupo entraron sin el menor problema a la Academia de la Montaña Quya.

Este lugar era bastante diferente a la zona peligrosa que ella se había imaginado.

Parecía una auténtica academia; los discípulos iban y venían en medio de un gran alboroto, estudiando letras y practicando artes marciales, con una atmósfera muy llena de vida.

Sin embargo, a Nian Chaoxi no le sorprendió. Antes de venir, ya les había sacado toda la información posible a los dos demonios sobre lo que ocurría en la Montaña Quya.

Según lo que contaron esos discípulos, para un cultivador demonio común, este lugar era realmente solo una escuela. Incluso, como había varios Grandes Demonios al mando, las montañas demoníacas más poderosas de los alrededores solían enviar a sus jóvenes a Quya para que fueran educados.

A estos cultivadores con poder, contactos y respaldo social, la Montaña Quya no los tocaba; simplemente no podía permitirse ese lujo.

Para ellos, Quya era una academia normal. Podían pasar años ahí hasta graduarse e incluso seguir con sus vidas sin enterarse jamás de lo que se ocultaba detrás de la institución.

Pero para los cultivadores humanos que eran capturados, o para los pequeños demonios de las periferias que últimamente reclutaban con frecuencia, esta academia era una guarida de monstruos de la que era imposible escapar.

Solo los discípulos directos de los Grandes Demonios sabían dónde encerraban a los humanos; no era algo a lo que ellos tuvieran acceso. Sin embargo, de los pequeños demonios de provincias que reclutaban cada año, apenas una quinta parte lograba salir con vida de la academia.

Esos dos demonios cuyos rostros usaban eran precisamente de esos que fueron reclutados tiempo atrás y que, por suerte, habían logrado sobrevivir.

En su grupo habían entrado unos veinte, pero al final solo ellos quedaron vivos por —saber acomodarse a las circunstancias—. Se convirtieron en herramientas útiles para los Grandes Demonios, encargándose de atraer a otros pequeños demonios que tuvieran sus mismos orígenes humildes.

El resto de los cultivadores terminaban igual que los humanos que traían a escondidas a la Montaña Quya: desaparecían sin dejar rastro.

Según contaban, al principio los pequeños demonios reclutados hacían lo mismo que los demás: estudiar y entrenar en la academia, soñando con que sus vidas cambiarían para siempre.

Pero no sabían que, en realidad, solo eran ganado criado por Quya. Cada vez que surgía un problema en —aquel lugar—, uno o dos de estos pequeños demonios —morían— durante alguna misión de la academia. Por lo general, —fallecían— sin que quedaran ni los huesos, o simplemente la academia se encargaba de —recoger los restos—, por lo que nadie volvía a ver el cuerpo.

Aun así, nadie sospechaba de la Montaña Quya. Al fin y al cabo, estaban en el territorio de los demonios, un lugar donde impera la ley del más fuerte más que en cualquier otro sitio. Siendo Quya una montaña famosa, sus misiones tenían que ser peligrosas por naturaleza. Era normal que alguien muriera cada año, y como estos demonios de la periferia tenían un nivel muy bajo, que cayeran en combate no le resultaba raro a nadie.

Esas muertes no detenían la procesión de pequeños demonios que llegaban uno tras otro buscando el éxito rotundo.

Por supuesto, no dejaban que todos murieran. Cada año conservaban a uno o dos que fueran —obedientes— como ellos. Estas personas servían como el ejemplo viviente de que se podía —llegar a la cima—, funcionando como el anzuelo perfecto para atraer a más víctimas.

En esta Montaña Quya, debajo de cada ladrillo se escondía un alma en pena que no pudo ni cerrar los ojos al morir.

Nian Chaoxi observaba la escena tan llena de vida frente a ella, sumida en sus pensamientos.

Pero no tuvo mucho tiempo para reflexionar. Apenas había avanzado unos pasos dentro de la academia cuando una mujer demonio, que parecía haber recibido ya el aviso, se acercó apurada. Al ver a Nian Chaoxi, frunció el ceño y dijo: —Hermana menor, ¿por qué se han demorado tanto esta vez? Los otros nuevos ya se matricularon. El Maestro llegó a pensar que les había pasado algo.

Nian Chaoxi se puso en personaje de inmediato y, con cara de preocupación, respondió:


—Hermana mayor, de verdad que no fue mi culpa. Usted sabe bien a qué clase de lugar fuimos; es un sitio tan alejado que es bien difícil encontrar gente con talento.


La expresión de la mujer se suavizó un poco.

De pronto, su mirada se posó en Huo Cheng. Al verlo tan pálido, como si cargara con una enfermedad grave, cuestionó con desagrado:


—¿O sea que se demoraron tanto solo para traer a este —talento—?


Su tono era de total insatisfacción.

Nian Chaoxi la floreó de inmediato:


—A falta de pan, buenas son las tortas; este es el mejorcito que pudimos conseguir. Tiene buen potencial, solo que le ha dado un mal medio fuerte y se ve débil, pero estamos en la Montaña Quya; no me va a decir que no podemos curar una tontería así.


El fastidio en el rostro de la mujer fue desapareciendo.

Empezó a examinar a Huo Cheng como si fuera mercancía, evaluándolo con la mirada.

Huo Cheng mantuvo la compostura, actuando como si no se diera cuenta de nada.

La —hermana mayor— sonrió satisfecha y dijo: —Está pasable. Entonces, me lo llevo de una vez para registrar su ingreso. Si nos apuramos, mañana mismo ya estará en el salón con los otros alumnos y no se perderá de mucho.

Mientras hablaba, estiró la mano para sujetar a Huo Cheng de la muñeca.

Nian Chaoxi, por puro instinto, le puso una mano en el hombro a Huo Cheng para detenerla.

La cara de la mujer cambió al instante:


—Hermana menor, ¿qué significa esto? ¡¿Acaso tienes miedo de que te robe el crédito?!


Nian Chaoxi se quedó callada por un momento.

A decir verdad, si la otra no abría la boca, ella ni se habría enterado de que tenía intenciones de llevarse los méritos.

Sin embargo, no podía dejar que se lo llevara así nada más.

Aunque según los dos demonios la Montaña Quya no mataba a los recién llegados de inmediato, siempre podía haber imprevistos. Además, Huo Cheng estaba ahora con el cultivo totalmente destruido. Incluso si no podían estar juntos, ella tenía que asegurarse de que él realmente entrara al salón de clases y no que se lo llevaran a otro lado y perdieran el contacto, dejándolos en jaque.

Y eso que el plan original era dividirse: Nian Chaoxi y los demás por un lado, y Huo Cheng por el otro.

Su mente trabajó a mil por hora, pero mantuvo su mano firme sobre el hombro de Huo Cheng y soltó una risa:


—Hermana, qué cosas dice. ¿Cómo voy a dudar de usted? Es solo que las cosas hay que hacerlas bien de principio a fin. Ya hice el noventa y nueve por ciento del trabajo, así que mejor no la molesto con el último pasito que falta.


dijo, fingiendo a la perfección que realmente le importaba que le robaran el crédito.

La mujer, muerta de la cólera, solo atinó a soltar una risa sarcástica.

Nian Chaoxi pensó que la otra le respondería con alguna pesadez o una sarta de insultos; al final de cuentas, todos parecían gente decente, y los adultos educados, por más que se odien, no suelen pasar de las palabras cuando están en público. Eso funcionaba igualito en el mundo de la cultivación: ¿qué persona cuerda se agarra a golpes a la primera de cambios?

Sin embargo, se olvidó de que estos eran demonios con —costumbres más rústicas—, y era obvio que la tal —hermana mayor— no tenía nada de decente.

Al sentirse atacada verbalmente por Nian Chaoxi, su primera reacción no fue responderle con otra frase, ¡sino que de frente levantó la mano para meterle un galletazo!

—!!


Pudo ver clarito cómo, a mitad del movimiento, las uñas de la mujer crecieron un montón. Esa no solo quería darle una bofetada, ¡quería desfigurarle la cara de un tajo!

¡¿Tan salvajes eran los demonios?! ¿Hasta para las discusiones eran así de extremistas?

Pero no se puso nerviosa. Como podía ver perfectamente la trayectoria del golpe, era obvio que podía esquivarlo.

El problema era que, por un segundo, dudó en moverse. Según el papel de mujer demonio que estaba actuando, se suponía que no tenía el nivel para esquivar algo así; Nian Chaoxi estaba craneando cómo hacerse a un lado para que pareciera pura suerte o una casualidad.

Pero Yan Weixing claramente no se hacía tantas bolas. O mejor dicho, desde que esa mujer levantó la mano, él ya estaba planeando en su cabeza cómo iba a arrasar con toda la Montaña Quya.

Y si ya pensaba bajarse todo el lugar, entonces le daba igual si la infiltración funcionaba o no.

Yan Weixing le metió un tabazo directo.

La patada le cayó de lleno en la panza a la hermana mayor, quien salió volando unos veinte metros hasta estrellarse contra un muro, quedando desmayada en el acto.

Al ver eso, Nian Chaoxi se puso alerta y miró a todos lados.

Por suerte, mientras hablaban con la mujer habían caminado hacia una zona medio desierta, así que nadie se dio cuenta del chongo que acababa de pasar.

Corrió a ver cómo estaba la mujer.

Apenas se agachó, soltó un: —¡Asu! —por lo bajo.

Ese patadón había sido bien fuerte; de una sola le había quitado media vida.

Pero Yan Weixing todavía se veía asado. Se acercó con la cara seria, destilando un aura asesina.

Nian Chaoxi no dudaba ni un segundo de que él era capaz de rematar a la mujer ahí mismo.

Lo detuvo al toque:


—No es para tanto, no te pases.


Yan Weixing dijo con voz fría:


—Te quiso pegar.


Nian Chaoxi se rió:


—Menso, Yan Weixing, obvio que podía esquivarla, nunca me hubiera caído el golpe.


Recién ahí a Yan Weixing se le pasó un poco el enojo.

Ya con él calmado, Nian Chaoxi miró preocupada a la mujer que estaba más allá que acá.

¿Ahora qué hacían?

Tanto que les había costado entrar, no quería que se malograra todo por este incidente.

En ese momento, Huo Cheng se acercó y dijo con calma:


—Ahorita solo hay dos opciones: o la desaparecemos para siempre para que no hable —total, aunque descubran que murió, no van a dar con nosotros—, o hacemos que se olvide de lo que pasó hoy y que todo siga como si nada.


Al escuchar eso, a Yan Weixing le brillaron los ojos.

De pronto se agachó y puso una mano sobre la frente de la mujer.

Una energía espiritual media mística empezó a brotar de su palma.

Nian Chaoxi se asustó y susurró:


—¡Lord Yan! ¡¿Qué estás haciendo?!


Yan Weixing no dijo nada. Un momento después, esa energía se disipó. Se puso de pie y dijo lentamente:


—Ya está, Xixi. No te preocupes por limpiar el rastro, ya no es necesario.


Nian Chaoxi se quedó fría y preguntó bajito:


—¿La mataste?


Yan Weixing sonrió:


—No, le borré la memoria y le puse una nueva. Cuando despierte, no se va a acordar de esto; va a pensar que sus heridas son de una bronca que tuvo con alguna enemiga suya por ahí.


Borrar memorias, crear recuerdos nuevos...

Los cultivadores humanos no tenían esos métodos, y si existían, de seguro eran artes prohibidas.

¿Eso era lo que Yan Weixing había aprendido con los demonios?

Lo manejaba con una facilidad increíble.

¿En qué clase de situaciones se habría visto para tener que usar algo así tan seguido?

Nian Chaoxi abrió la boca y preguntó:


—¿Y esto no te va a traer problemas a ti?


Yan Weixing lo pensó un poco:


—No, para nada.


Nian Chaoxi no supo si creerle o no, así que insistió:


—¿Recién te has acordado de cómo hacerlo?


Yan Weixing asintió:


—Recién me acordé.


Yan Weixing... cada vez recordaba más cosas.


Solucionado el problema de la —hermana mayor—, Nian Chaoxi llevó a Huo Cheng a terminar los trámites de ingreso sin esconderse de nadie y luego lo acompañó personalmente hasta el pabellón de los nuevos alumnos.


Quedaron en comunicarse una vez al día usando un método especial. Tenían que asegurar la vida de Huo Cheng, que ahorita no podía ni defenderse solo, y también estar atentos por si lo seleccionaban para algo antes de que ellos encontraran a los humanos cautivos. Así, podrían seguirlo y dar con el lugar donde tenían a los demás.


Tras dejar a Huo Cheng a salvo, Nian Chaoxi jaló a Yan Weixing a un rincón tranquilo y sacó de su anillo de almacenamiento la jaulita donde estaban la serpiente negra y el gorrión.


Los dos animales estaban apretaditos en ese espacio tan chico.


Pero apenas los vieron, se pegaron el uno al otro, temblando de miedo para darse un poco de valor.


Daban penita.


Pero Nian Chaoxi no les tuvo ni un poquito de compasión. Sacudió la jaula con una sonrisa burlona y dijo como quien no quiere la cosa: —¿Hace un rato, cuando hablaba con la hermana mayor, querían escaparse, no?


La serpiente y el gorrión negaron con la cabeza al mismo tiempo.


Nian Chaoxi fingió sorpresa: —¿De verdad? Qué raro. Como los vi golpeando la jaula mientras yo hablaba con ella, pensé que no estaban conformes con su casita... o que no estaban conformes conmigo.


Los dos bichos negaron con más desesperación todavía.


Nian Chaoxi se quedó pensativa: —¿Entonces fue mi imaginación?


La serpiente y el gorrión asintieron apuraditos.


Nian Chaoxi sonrió dulce: —Ah, entonces me quedo tranquila. Ahora, háganme el favor de decirme por dónde queda el lugar donde ustedes viven.


¿Cómo iban a negarse? Los dos se peleaban por señalarles el camino a Nian Chaoxi y su grupo.


Después de dar mil vueltas y rodeos, llegaron a una zona de dormitorios para discípulos que se veía mucho más —ficha— que el lugar donde habían dejado a Huo Cheng.


Nian Chaoxi se quedó mirando los claros letreros de —Hombres— y —Mujeres— a ambos lados de la entrada; entendió que, básicamente, estaba frente a lo que serían los pabellones del internado en este mundo de cultivación.


Así que los dos se dispusieron a entrar cada uno por su lado.


Sin embargo, en ese momento, la serpiente negra que estaba dentro de la jaula habló de forma casi imperceptible.


Dijo tartamudeando: —N-no es aquí...


¿Eh?


¿Acaso esto no eran los dormitorios para hombres y mujeres? Si no era aquí, ¿para qué diablos los había traído esta serpiente?


Nian Chaoxi estaba a punto de pedirle explicaciones cuando, de pronto, alguien apareció caminando hacia ellos. Ella, con reflejos de gato, escondió la jaula en su anillo de almacenamiento al toque.


La que venía era una mujer demonio con una apariencia bastante provocativa.


Apenas vio a Nian Chaoxi, arqueó una ceja. Al ver que estaban parados frente a las puertas de los dormitorios de hombres y mujeres, como queriendo entrar, soltó con naturalidad: —¿Otra vez se han peleado?


Nian Chaoxi reaccionó rápido; puso una expresión de pocos amigos y volteó la cara como si estuviera bien —asada—.


Al ver eso, la mujer demonio confirmó sus sospechas. Miró de reojo a Yan Weixing, que estaba parado frente al pabellón de hombres, y soltó un —ts— de desprecio: —Hermana menor, de verdad te digo, ¿para qué te sirve un hombre así? Su facha no es la gran cosa y, con esa cara de debilucho que se maneja, de seguro que ni es —cumplidor— en la cama. ¿En serio no has pensado en cambiarlo por otro mejor?


Lo dijo sin ninguna vergüenza, claramente para que Yan Weixing la escuchara.


A Yan Weixing le empezó a saltar un nervio en la ceja.


Pero, al final, él no era como esa serpiente negra y no tenía ni una pizca de talento para la actuación; lo único que pudo hacer fue quedarse con cara de palo, mirando a la mujer como si fuera un pez muerto.


Por su parte, Nian Chaoxi casi sufre un —terremoto de pupilas— al escuchar semejante lenguaje tan directo y atrevido.


¿Acaso todas las cultivadoras demonio... tenían ese estilo?


Un momento... ¿entonces la serpiente y el gorrión eran pareja?


Por alguna razón, Nian Chaoxi tuvo un mal presentimiento.


Y al segundo siguiente, sus sospechas se hicieron realidad.


La —hermana mayor—, al ver que ninguno de los dos reaccionaba, hizo un gesto de aburrimiento con la boca y dijo: —Ya, ya, como sea. Estos días hay visitas importantes en la Montaña Quya y los discípulos no pueden andar vagando por donde les dé la gana. Ya no pueden quedarse en los pabellones separados, así que dejen de estar ahí parados como postes y ¡vengan conmigo de una vez!


Luego, los llevó hacia... ¿un dormitorio mixto? O mejor dicho, ¿una de esas famosas habitaciones para parejas?


Era un patio grande donde había hombres y mujeres, todos en pareja y en plan muy cariñoso.


La mujer entró al patio y abrió de golpe una de las habitaciones: —Hace tiempo que no vienen por acá, el cuarto está casi abandonado. ¿Y todavía tienen ganas de estar haciendo berrinches? Si no se ponen a limpiar ahorita mismo, esta noche no van a tener dónde dormir.


Nian Chaoxi se quedó tiesa mirando el lugar.


La habitación era bien amplia y todas las cosas venían en pares. Aunque era un solo ambiente, estaba decorado de forma bastante lujosa; se notaba que la Academia de la Montaña Quya no era nada tacaña con sus discípulos.


La cama también era enorme, entraban dos personas y sobraba espacio.


Pero por más grande que fuera, seguía siendo —una sola cama—. Y la hermana mayor acababa de decir que ese era el cuarto de los dos.


Nian Chaoxi preguntó con voz mecánica: —Hermana mayor... ¿nosotros dos... vamos a dormir aquí?


Sin embargo, para cuando Nian Chaoxi salió de su estado de shock, la mujer ya se había ido.


Después de un silencio que duró una eternidad, la voz pausada de Yan Weixing respondió por ella: —Me temo que sí.


A Nian Chaoxi se le desencajó el rostro. De inmediato sacó la jaulita y les preguntó a los dos animalitos con un tono bien severo: —¡Ustedes dos, ¿qué tipo de relación tienen exactamente?!


Silencio.


Un momento después, el gorrión dijo con lentitud: —Es exactamente el tipo de relación que te estás imaginando.


Nian Chaoxi: —...—


... ¿Acaso a ustedes no les da roche la diferencia de especies?


Ah, verdad, me olvidaba: entre los demonios eso no existe.


¡Qué salada!


Nian Chaoxi volvió a guardar la jaula a la fuerza y miró de reojo a Yan Weixing, queriendo decir algo pero sin saber cómo.


Lo que no se esperaba era que Yan Weixing estuviera de lo más tranquilo.


Pasó por su lado y entró a la habitación diciendo con voz calmada: —Estamos en una situación de emergencia, Xixi. Vas a tener que aguantarte un poquito, no queda de otra.


Nian Chaoxi no le respondió; se quedó clavada mirándolo por la espalda con ojos de águila.


Puede que el —Señor Yan— se viera muy seguro de sí mismo, pero lo que él no sabía era que, de los nervios, estaba caminando todo tieso, moviendo el brazo y la pierna del mismo lado al mismo tiempo.

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