24 CORAZONES 253
MAZMORRA (2)
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'Labega', la capital del Imperio Byron. Su nombre viene del latín y significa "Estrella del Norte". Dicen que le pusieron así con la esperanza de que el imperio brille siempre con la misma fuerza que esa estrella, que nunca se mueve de su lugar a pesar del paso de los siglos. Dicen que los nombres tienen poder, y viendo cómo ha prosperado el imperio desde su fundación, parece que el nombre le quedó preciso. Labega, como el corazón del imperio, ha tenido un desarrollo alucinante.
La ciudad creció tanto que tuvieron que levantar murallas dobles, triples y hasta cuádruples alrededor del muro original. A estas alturas, los edificios ya desbordaron las murallas y las pistas de ladrillo parecen no tener fin. Por eso mucha gente dice: "En el momento en que pisas el ladrillo, ya estás en Labega". Era una capital llena de edificios de ladrillo majestuosos y elegantes, como si la ciudad misma gritara que este es el poder de un imperio y no de un simple reino. Con un río inmenso que nunca se seca bordeando sus costados, Labega paraba repleta de gente y comerciantes que llegaban de todos los rincones del continente.
—Ni siquiera hemos entrado al centro y no pensé que habría tanto tráfico.
Ya habían llegado a la capital, pero todavía no lograban entrar del todo. Desde que empezaron a andar por las pistas de ladrillo el carruaje avanzaba más suave, pero como varias rutas se juntaban en una sola, se armó un cuello de botella terrible. Un "rush hour" de carruajes en un mundo de juego donde no existen los carros... qué gracioso. Pero bueno, era la prueba de que el movimiento de gente y mercadería en el imperio estaba a tope.
Después de esperar un buen rato y pasar el control, por fin pudimos entrar a la capital. Labega era una ciudad increíble. Las pistas estaban divididas por zonas para la gente, los caballos y los carruajes, así que no había peligro de accidentes. Y aunque había una mancha de gente caminando por todos lados, las calles eran tan anchas que no se sentía apretado para nada.
Los letreros de las tiendas tampoco eran un loquerío. Todos tenían el mismo tamaño y estaban hechos del mismo material, lo que le daba un toque bien ordenado y limpio. ¿Y eso es todo? Para nada. Mientras avanzábamos en el carruaje, las estatuas que se veían en medio de las avenidas o en puntos clave eran impresionantes. Eran monumentos para honrar a los héroes que ayudaron al desarrollo del imperio, que lo salvaron de alguna crisis o que hicieron algo legendario. Eran una maravilla; parecían que iban a cobrar vida en cualquier momento. Las espadas, las armaduras, la ropa, los libros... hasta los gestos y las caras estaban tallados con un dinamismo que te hacía dudar si no eran personas reales puestas ahí.
—Impresionante. Con razón dicen que todos los caminos llevan a la Estrella del Norte.
dijo Lime, que al igual que Judah, no despegaba el ojo de la ventana.
Al escuchar eso, me vino un recuerdo de hace tiempo. Me tapé los ojos con la mano porque sentí que se me subían los colores a la cara. Es que el Imperio Byron lo diseñamos basándonos en Roma. Y lo que acaba de decir Lime era literalmente el diálogo de un NPC; una referencia al famoso "todos los caminos llevan a Roma". Lo puse ahí sin pensar mucho, pero ahora me daba roche. Igual, ninguno de mis compañeros se dio cuenta de mi reacción; Iris y Arhil estaban demasiado concentrados mirando el paisaje afuera.
—La gente siempre dice que las ciudades que uno tiene que conocer sí o sí son Labega y Jungcheon. Si Labega es así de imponente, ¿cómo será Jungcheon?
Yo he estado en Jungcheon. Tienes que ir algún día, no te vas a arrepentir.
Ante la pregunta de Arhil, Iris, que estaba sentada a su lado, escribió en su libreta y se la mostró. Jungcheon es la capital de Baekje. Al saber que ella ya conocía el lugar, Arhil se emocionó.
—¿Y cómo es? ¿También es así de grande y majestuosa?
Labega está hecha de ladrillo, pero Jungcheon está construida toda de madera. La gente siempre se pelea diciendo que Labega es más imponente o que Jungcheon es más hermosa, pero los que hemos estado en las dos sabemos que compararlas es por las puras. A ninguna de las dos le queda grande el título de ser la mejor ciudad del mundo.
—¿En serio? Guau... de solo escucharte ya me dieron unas ganas locas de ir.
Arhil miró a Judah, que estaba sentado al frente. Cuando cruzaron miradas, ella le regaló una sonrisa de oreja a oreja.
—De verdad, qué buena decisión fue seguir a Judah.
Después de decir eso, siguió conversando con Iris. En las casi dos semanas que pasaron viajando en el carruaje, parece que las dos se hicieron bien patas; se les veía conversando a cada rato. El único que seguía medio cortante con Iris era Lime.
'¿Tanto le pesará que sea una asesina del Reino de las Sombras?'
Casi ni los veía hablar, salvo cuando era hora de comer. Y no es que no se dijeran nada, pero parecía que habían marcado una línea. Sus conversaciones eran básicamente:
Provecho.
Gracias, igual para ti.
Estuvo rico, gracias.
De nada.
Me gustó mucho la comida.
Qué bueno.
Y ya, fin. Para que un aplauso suene se necesitan las dos manos; si solo una se mueve, no pasa de ser un mimo tratando de hacer reír a la gente. Mientras pensaba en cuándo se llevarían mejor, el carruaje entró a un edificio y se detuvo. Bajamos y le di unas monedas de plata al cochero por toda la chamba, para que se tome algo y descanse bien. Me hizo una reverencia agradecido y yo salí a la calle.
'Qué alucinante'
No pude evitar pensarlo al ver el panorama. El sitio era realmente hermoso. Al principio pensé en pasar de largo Labega e ir directo al laberinto, pero si lo hacía, me hubiera arrepentido toda mi vida. Llevé a los chicos a recorrer las calles. Se veía de todo: aventureros y mercenarios con armaduras que brillaban de lo lindo, y un montón de nobles con ropas de telas finísimas. Sobre todo las nobles, que usaban unos vestidos con unos escotes que... bueno, me alegraron la vista. Yo iba adelante caminando con la mirada fija, pero moviendo los ojos de aquí para allá para chequear todo bien, más feliz que perro con dos colas.
Fuimos hacia la zona comercial, compré un mapa en una tienda de artículos generales y luego les dije a Arhil, Iris y Lime que compraran lo que necesitaran, que yo invitaba. Como andaba forrado en plata, no había por qué tacañear. En otro momento quizás hubiera regateado o lo hubiera pensado dos veces por los precios altos, pero tenía miles de monedas de oro que me gané apostando en Urun. Después de caminar un buen rato, llegamos a una calle donde solo había tiendas para la alta alcurnia.
'Para el Ser Supremo'
Para ser el nombre de un hospedaje, sonaba bien pretencioso. En cuanto lo vi, no pude evitar soltar una carcajada. ¿Habrá una coincidencia más loca que esta? Ese era exactamente el nombre de la posada donde se queda el jugador en el juego. Me vinieron a la mente todos los recuerdos de cuando estaba diseñando el mundo. Como me reí así de la nada en plena calle, Arhil me preguntó qué me pasaba. No le podía dar una explicación detallada, así que le metí un floro cualquiera y le propuse que nos quedáramos en esa posada llamada "Para el Ser Supremo".
Nadie se opuso. Una vez que separamos las habitaciones, nos empezó a picar el bagre. Parece que en el primer piso también funcionaba un restaurante, pero ya que estábamos en la capital del imperio, quería llenarme el tanque con algo especial, así que salimos de nuevo. Como era una zona para la alta alcurnia, abundaban los restaurantes con fachadas bien elegantes. De todos, apunté al que se veía más ficho.
A leguas se notaba que era de esos sitios donde un mercenario o aventurero común ni se atrevería a asomar la nariz. El edificio también era de ladrillo, pero la majestuosidad y los acabados eran de otro nivel. A través de los cristales transparentes se veía el interior con una iluminación tenue y una decoración tan lujosa que parecía gritar: "aquí no entra cualquiera".
—Un ratito... ¿de verdad vamos a entrar ahí?
preguntó Arhil, plantándose en seco. Miraba el restaurante con una cara de preocupación, seguro pensando que nos iban a arrancar la cabeza con la cuenta.
—Ya que estamos aquí, hay que conocer, ¿no?
—Mmm... pero igual...
"Va a estar recontra caro", decía su cara. Al verla así, casi me dan ganas de vaciar mi <Bolsa> y enseñarle todo el oro que cargaba para que se tranquilice. Es cierto que desde que empezamos a aventurarnos nunca habíamos cobrado una recompensa decente por una misión formal; bueno, hicimos un par al inicio pero el pago fue una miseria, así que era normal que estuviera palteada.
Puede que sea con reserva... Mejor vamos nosotros dos primero a ver si hay sitio —escribió Iris en su libreta, siguiéndome con una calma total.
"Con reserva, eh..." Podría ser, así que asentí. Les dije a los demás que esperaran un toque y me acerqué a la entrada con Iris. Un mozo vestido impecable nos recibió con una reverencia bien elegante, poniéndose la mano en el hombro.
—Bienvenidos. ¿Tienen reserva?
—No, no tenemos. ¿Habrá alguna mesa libre?
El mozo nos escaneó rápido la ropa. Se notaba que era el tipo de prendas que usan los aventureros o mercenarios. Pero aun así, sentía que emanábamos un aire distinto. El tipo tenía años en el oficio y había tratado con cuanto noble se le cruzara, incluso con muchos que no tenían ni una pizca de clase. Según su experiencia, nosotros no éramos unos simples "vagamundos". Éramos pintones y hasta en nuestra forma de caminar se sentía un poder medio misterioso. Y los que esperaban atrás tampoco se veían del montón.
"¿Qué hago?", habrá pensado. El local no prohibía la entrada a los que no fueran nobles. Si tenías la plata y sabías comportarte con educación, eras bienvenido.
"Mmm". Se quedó pensando si consultar con el administrador. Pensó rápido y decidió que no perdía nada recibiéndonos. Después de todo, a veces también caían aventureros o mercenarios con placa de oro.
—Pasen, por favor.
El mozo puso su mejor sonrisa y nos abrió la puerta. Desde ahí llamé a Arhil y a Lime. Al entrar, nos llevaron directo al segundo piso. Los nobles que estaban comiendo en el primero nos echaron una mirada de reojo. A Arhil se le notaba incómoda con tanta atención, pero Iris y Lime caminaban como si nada, bien empoderados.
Recién cuando nos sentamos en la mesa que nos asignaron en el segundo piso, Arhil soltó un suspiro de alivio.
—¿De verdad a nadie le da roche estar aquí?
Iris, que ya estaba chequeando la carta, ladeó la cabeza y sacó su libreta. Mientras tanto, Lime le respondió primero:
—Bueno, por mi chamba en la Torre Mágica, a veces me invitan a sitios así, así que ya estoy acostumbrado...
-Es solo un restaurante. Vamos a pagar igual que los que están abajo, ¿por qué tendríamos que hacernos paltas?
"¿Será? ¿O soy yo la única exagerada?", habrá pensado Arhil. Como era su primera vez en un sitio tan ficho, sentía que tenía que seguir un protocolo riguroso. Le preocupaba si comer con un solo tenedor y cuchillo como siempre sería una falta de respeto. Al verla así, le puse la carta en frente, pero tapé con mi mano la columna de los precios.
—?
—No mires cuánto cuesta. Pídete lo que se te antoje. Si quieres dos o tres platos, dale nomás.
Arhil miró la carta y sintió que le daba vueltas la cabeza. Estaba llena de nombres de platos que no había escuchado en su vida. Se quedó ahí, dudando sin saber qué elegir, y se veía bien tierna. Era de esas personas que se complican la vida cuando les dices "pide lo que sea".
—Es que... yo...
—Si está muy difícil, pidamos el menú de degustación para todos. Total, ya escuchaste que el líder de la party invita, así que no te hagas bolas.
dijo Lime riendo, Iris asintió desde un costado.
Me pareció lo más práctico, así que pedí el menú de pasos para los cuatro. Con las cuatro cenas completas y una botella de vino, la cuenta voló hasta costar una moneda de oro en un abrir y cerrar de ojos. Me dio curiosidad saber qué cara pondría Arhil si le decía el precio, pero mejor me quedé callado.
—Uff... es paja conocer estos sitios, pero qué agotador se siente.
comentó Arhil mirando a los nobles de las otras mesas. Los tipos cortaban sus cortes de carne con una elegancia única y tomaban el vino como si estuvieran en un comercial. No era algo totalmente nuevo para ella, ya que con Judah se habían quedado en la casa del Conde January en Urun, que es un pez gordo. No me acuerdo el nombre de la condesa, pero ella le había enseñado varias cosas a Arhil, así que me sorprendía que estuviera tan nerviosa.
Al toque el mozo trajo el vino y el agua, y empezaron a llegar los platos uno por uno.
—.......
A ver, no es que el sabor me hiciera ver visiones, pero sí estaba recontra rico y todo se sentía bien fresco. Aunque, para ser honesto, creo que la comida que servía Iris en "El Velo de Luz" en Itram era más sabrosa. Era más barata, venía más cantidad y el sabor y la frescura de los ingredientes eran insuperables.
'Bueno, era el refugio de la Reina de las Sombras, fijo tenía a los mejores cocineros del mundo ahí metidos'
Igual, como estaba bueno, comimos sin quejarnos. Arhil, al ver que todos le entrábamos con ganas y sin paltas, por fin se relajó y se concentró en su plato.
—¡Está riquísimo! ¿Verdad, Iris? ¿Judah? ...¿Lime?
—¿Ah, yo soy el último de la cola?
bromeó Lime.
—Ejeje, perdón.
Lime soltó un suspiro de broma y Arhil se rió medio avergonzada. Iris dejó sus cubiertos un rato y escribió:
No está nada mal. Está rico.
Prueba esto poniéndole un poco de esta salsa. Vas a ver que sabe mejor.
—¿En serio
? A ver...
Arhil probó el consejo de Iris y se quedó maravillada. De verdad sabía mucho mejor que antes. Verla comer con esa cara de felicidad me llenaba el bobo. Estábamos en pleno plato fuerte cuando, de pronto, empezó a escucharse un chongo que venía desde el primer piso.
—?
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