24 CORAZONES 254
MAZMORRA (3)
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Judah, que justo acababa de meterse un trozo de carne a la boca, frunció el ceño mientras seguía masticando. A ver, la carne estaba para morirse; mientras más la masticaba, más sentía el jugo y esa textura que te enamora. Pero todo eso se iba al tacho con los vítores y aplausos que venían de abajo. Pasó el bocado con esfuerzo y soltó un suspiro.
'¿Y ahora qué chongo se ha armado?'
En el primer piso estaban los nobles. Me acordé de cómo estaba el ambiente cuando entramos hace menos de una hora: todo era silencio, conversaciones en voz baja, gente con clase comiendo y unos músicos tocando el arpa con una luz tenue que te relajaba. No eran el tipo de gente que se pone a aplaudir como locos así por así.
'¿Acaso alguien pidió la mano?'
Me picó la curiosidad, pero no tanta como para bajar a chequear. Seguí en lo mío, pero mis compañeros ya habían soltado los cubiertos y miraban hacia la escalera. Hasta Lime dejó su pedazo de espárrago a medio comer, cerró los ojos y respiró hondo, como tratando de no perder los papeles por el ruido. Pero los aplausos no paraban.
—Parece que algo importante está pasando. ¿Quiere que averigüe?
Lime me miró pidiendo permiso, listo para usar algún hechizo. No de ataque, sino algo como 'Clarividencia' para ver qué pasaba abajo. La oferta era tentadora, pero al escuchar unos pasos subiendo, negué con la cabeza.
—No hace falta. Parece que el protagonista de tanto escándalo ya está subiendo.
Señalé la escalera con la punta del tenedor, que todavía tenía restos de jugo de carne. El primero en asomar fue el mozo que nos atendió, que venía casi encogido, haciendo gestos de "por aquí, por favor" con una cara de estar ante un Dios. ¿Quién diablos podía ser para que los nobles se pusieran así?
Reconozco que el sitio es ficho y la comida vale lo que cuesta, pero no me parecía un lugar donde caería el Emperador o alguien de la familia real. Y si hubieran sido ellos, en lugar de aplausos, la gente agacharía la cabeza en silencio y el que atendería sería el administrador, no un mozo.
'Un héroe'
Claro. La única forma de que un noble le aplauda a alguien con tantas ganas es que sea un héroe.
Justo cuando llegué a esa conclusión, el tipo apareció al final de la escalera. Tenía el cabello cenizo peinado hacia atrás. Una frente con arrugas que contaban historias, un aire intelectual con un monóculo de cadena que contrastaba con una cicatriz de sable que le cruzaba el ojo. Tenía una mirada afilada, un bigote bien puesto y, la verdad, hasta para un hombre se veía como un anciano recontra pintón y con mucha clase.
Pero decirle "anciano" quedaba corto; con esa espalda bien derecha y el uniforme lleno de medallas, se notaba que debajo de esa tela tenía un cuerpo más macizo que el de muchos jóvenes. Subió el último escalón con una sonrisa llena de confianza.
—¡Ohhh!
Los nobles que estaban sentados en nuestro piso soltaron un grito de asombro y levantaron sus pesados traseros de las sillas. Se escuchó el drrrr de las patas de las sillas arrastrándose, pero a nadie le importó. Todos estaban en la misma.
—¡Es Calicteser!
gritó un noble mientras empezaba a aplaudir como loco. Los demás, al escuchar el nombre, se pusieron eufóricos; parecía que les habían metido un hechizo de hipnosis.
Los únicos sentados éramos nosotros. Y la única que ni se inmutó fue Iris. Hasta Arhil y Lime estaban con los ojos como platos.
'¿Qué hace este pata aquí?'
Yo también me quedé frío. No me acuerdo del nombre de la familia de la mesa de atrás, pero su nombre lo tengo grabado a fuego. Ni necesité que el otro noble lo gritara; apenas le vi la facha, me vino a la mente el diseño y las ilustraciones que hice cuando creé el personaje. Al Conde January no lo saqué al toque, pero a este... a este lo reconocía en una.
Calicteser.
El héroe vivo del imperio, la leyenda andante. Comandante general de los Caballeros de la Lanza Azul y el escudo eterno que siempre estuvo en primera línea frenando los ataques de Baekje y otros reinos. En sus años mozos fue "La Lanza del Imperio", el tipo que se bajó a la Unión de Pequeños Reinos del sur para darle al imperio el tamaño que tiene ahora. Casi todos los jóvenes de Byron lo idolatran y sueñan con entrar a su orden.
Pero lo que lo hace realmente especial es lo que carga. Él tiene uno de los dos fragmentos que existen en todo el imperio: el <Decimonoveno Fragmento: Luz de Luna>
Como los Fragmentos están hechos del corazón de Ferlern, tienen una resistencia mágica alucinante. Pero el que tiene él, "Luz de Luna", el decimonoveno fragmento en forma de escudo, convierte a su dueño prácticamente en un ser invencible. No hay magia común que le haga cosquillas, ni ataque físico que lo pueda romper.
A menos que tengas otro Fragmento o un tesoro del mismo nivel, atravesar ese escudo es misión imposible. Ahora entiendo por qué los nobles se desvivían en aplausos. Tener frente a frente al orgullo y héroe del imperio no es cosa de todos los días.
—... ¿Mmm?
Calicteser, que ya se disponía a subir al tercer piso, clavó la mirada en nuestra mesa. Éramos los únicos que seguíamos sentados mientras todo el mundo estaba de pie, así que obviamente llamamos la atención. Fueron solo dos o tres segundos, pero bastaron para que todos los nobles nos pusieran la puntería al mismo tiempo.
A Calicteser pareció no importarle; quitó la vista con indiferencia y siguió al mozo hacia las escaleras. Pero a los nobles... a ellos sí que les ardió que nos quedáramos ahí sentados como si nada.
Varios se pusieron rojos de la cólera. No eran pocos los que nos lanzaban miradas de "¡párense de una vez, carajo!". Empezaron los murmullos de "por eso no pasan a estos aventureros mediocres" o "estos mercenarios no tienen educación", y yo escuchaba clarito cada palabra. Podría dejar pasar cualquier cosa, pero ese tono de superioridad ya me estaba llegando al chopu.
Sentí lo que es tener un conflicto interno de verdad.
¿Ignoro sus burlas y sigo sentado como si fuera sordo? ¿O me paro y aplaudo para no hacerme paltas?
Cualquiera de las dos opciones ya llegaba tarde. En medio de ese ambiente que se ponía cada vez más espeso, giré la cabeza. Si me quedaba así, fijo que los nobles se quejaban y nos terminaban botando del restaurante.
Vine a este sitio tan ficho para llevarme un buen recuerdo, pero parece que me voy a llevar la peor experiencia de mi vida. Arhil ya estaba agachando la cabeza por la vergüenza y Lime fruncía el ceño, recontra asado. Solo Iris seguía en su mundo, como si no pasara nada.
Si yo fuera un debilucho, me hubiera tragado mi orgullo, me hubiera parado con una sonrisa fingida y me ponía a aplaudir. ¡Pero para mala suerte de estos tipos, yo tengo poder! ¡Un poder que me permite no tener que aguantar humillaciones de nadie!
Me preocupaba un poco Calicteser, que ya iba por el cuarto escalón, pero sentí que en este momento valía más la pena explotar que quedarme callado.
'Seguro que esto sube la confianza de Iris y Lime'
Si les demuestro que no voy a dejar que nadie los basuree, me gano sus puntos de confianza. Si fuera a armar un chongo que no puedo manejar, la confianza caería, pero este no es el caso. Con los insultos todavía zumbándome en el oído, volteé la cara.
—Ja.
Solté una risita burlona mientras miraba fijo al noble que nos estaba rajando por la espalda. Nuestras miradas se cruzaron. Pero los tipos no paraban; es más, me hacían señas con la mano para que me parara de una vez.
Dicen que "a donde fueres, haz lo que vieres", pero yo ni soy ciudadano de este país, y aplaudir es una muestra de respeto, no una obligación por ley. Ese afán de querer obligarnos me dio una náusea total. Justo cuando Calicteser ponía el pie en el siguiente escalón, un noble joven y calentón, con la cara roja de la furia, se nos acercó hecho un basilisco. Eso sí, caminaba sin hacer ruido, se nota que no quería malograrle el humor al héroe de su patria.
—... ¡Hum!
Judah soltó una risita burlona, dejó los cubiertos sobre la mesa y se puso de pie con toda la parsimonia del mundo.
—¡Ju, Judah! ¡No lo hagas!
susurró Arhil, desesperada y con la voz entrecortada.
Pero Judah no tenía la más mínima intención de arrugar. Caminó directo hacia el noble que se acercaba. El tipo, un noble bien alimentado y que seguro le daba duro al gimnasio, tenía un físico imponente. Parecía que en cualquier momento se iban a agarrar a golpes, y eso hizo que los aplausos en el local se cortaran en seco.
Calicteser, que seguía en las escaleras, sintió que el ambiente se ponía espeso. Se detuvo y volteó para ver qué onda. El noble que venía hacia mí, de pronto, sintió un escalofrío, se le borró la cara de malo y terminó poniendo una sonrisa fingida que daba pena.
'Un payaso, eso es lo que es'
Judah soltó su magia. Una energía densa y comprimida empezó a salir de su cuerpo como si fuera gas, y al toque tomó el control de todo el lugar. Los que no tenían nivel sintieron que el aire pesaba toneladas y que una presión invisible los aplastaba contra el suelo.
—¡¿Ah...?!
El noble grandazo no fue la excepción. Se notaba que algo de entrenamiento tenía porque, aunque peló los ojos de la impresión, no se desplomó al instante. Pero seguro pensó: "¡La fregué!".
Judah siguió caminando hacia él mientras liberaba más poder. La magia fluía como un ovillo de lana rodando cerro abajo, haciendo que el oxígeno se sintiera cada vez más pesado. Ante semejante presión, al noble desconocido se le doblaron las piernas y terminó arrodillándose de golpe.
¡PUM!
Y no fue solo él. Los que estaban más lejos la sacaron barata, pero los que estaban cerca terminaron sentados en el piso por el susto; incluso algunas mujeres, muertas de miedo, se orinaron ahí mismo. Un silencio sepulcral invadió todo el restaurante.
Judah se paró frente al noble arrodillado y lo miró desde arriba con desprecio. El tipo intentaba levantar la cabeza con un esfuerzo sobrehumano, sin poder creer lo que estaba pasando. Judah suspiró, decepcionado.
—…….
Daba igual lo que pasara ahora, la cena ya se había ido al diablo. Qué lástima que la primera noche en Labega, la capital de Byron, terminara así de mal. Hace un rato la comida estaba buenaza, pero ahora sentía un sabor amargo en la boca.
Eché un vistazo rápido alrededor. Los nobles que hace cinco minutos me estaban rajando y mirando feo, ahora se hacían los locos y miraban para otro lado mientras se secaban el sudor frío con sus pañuelos.
Calicteser, que había visto toda la escena desde la escalera, empezó a bajar. El mozo, que estaba que se asfixiaba por mi magia, tenía una cara de tragedia total.
"Ya valí", debió ser lo único que pasó por la cabeza del mozo. Pero, contrario a lo que él pensaba, Calicteser mostró una sonrisa tranquila.
—Interesante......
murmuró con esa voz profunda y elegante. Se acomodó el cuello de su uniforme impecable y dio un paso al frente.
En el momento en que su bota tocó el piso, una energía extraña invadió el espacio que yo estaba dominando.
¡CHING!
Un sonido metálico y claro resonó en el aire, aunque no hubiera nada físico chocando. Era choque de magias: la suya contra la mía, anulándose entre sí. Los nobles y los mozos, que sentían que les faltaba el aire, soltaron un suspiro de alivio cuando la presión desapareció.
"Ay, caray".
Volteé y me quedé pensando que quizá se me había pasado la mano. Ahí estaba él: Calicteser, el Comandante General de los Caballeros de la Lanza Azul, mirándome con una sonrisa de oreja a oreja.
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