24 CORAZONES 252
MAZMORRA (1)
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Presentar a Iris, la nueva compañera, a Lime y Arhil recién fue posible a la hora de la cena. Cuidándose de las miradas curiosas, los cuatro se reunieron en la sala de descanso que estaba al fondo de la cocina. Lime y Arhil pusieron cara de sorpresa al notar cómo, apenas entraron, el ruido del exterior se cortó por completo; era como si estuvieran en otro mundo. Pero lo que más los dejó con la boca abierta fue la sala en sí.
Era un espacio bastante limpio y se veía preciso para relajarse de lo más tranquilo. Iris caminó hacia la mesa, le hizo una seña a Judah con el dedo para que se sentara al fondo y ella se acomodó a su lado. Arhil y Lime, por inercia, se sentaron al frente. Como era una mesa para cuatro, no se sentía para nada apretado.
—Pero... ¿por qué la señorita empleada está aquí...?
Arhil, por lo que Judah le había contado al volver del templo, ya se lo imaginaba un poco. Pero en el caso de Lime, que se había pasado todo el día metido en la cocina cocinando, no sabía nada del asunto y le entró la curiosidad de por qué la empleada muda estaba sentada con ellos. Iris, sin esperar a que Judah le diera permiso, sacó su libreta y su lápiz y empezó a escribir con un sonido rítmico: shac, shac.
Un gusto conocerlos. Soy Iris de la Luna Llena, Sabueso del Reino de las Sombras. Desde hoy trabajaré con ustedes ^^.
Incluso dibujó una carita feliz al final, bien amigable. Al leer lo que decía la libreta, a Lime y Arhil se le saltaron los ojos. No podían creer lo que veían.
—¿E-en serio? ¿O sea, de verdad eres del Reino de las Sombras?
Lime ni se atrevió a pronunciar la palabra "asesina". Tampoco fue tan igualado de señalarla con el dedo; su cuerpo, por instinto, se puso en modo alerta. Judah, al ver a Lime así, soltó una risita y asintió.
—Es en serio. Si les parece puro floro, pueden ponerla a prueba si quieren. Es una experta desactivando y poniendo trampas, y ni qué decir con las armas ocultas.
Mientras respondía, Judah le dio un vistazo rápido a la mano de ella. Se dio cuenta de que el tatuaje de la corona que tenía en el primer nudillo del índice ahora era un sabueso. Parecía que había usado un poco de magia para camuflar el diseño original.
—No, no, ¿qué prueba? No hay necesidad.
Lime movió las manos asustado, como diciendo "paso", no quería terminar pasando un mal rato por dársela de curioso.
—Mucho gusto, Iris. Yo soy Arhil.
A diferencia de Lime, que estaba medio palteado, Arhil estiró la mano con una sonrisa bien fresca. No parecía importarle ni un poquito que ella fuera del Reino de las Sombras. Lime hasta se estremeció al ver que Arhil le daba la mano así nomás; no entendía por qué no tenía miedo. Después del apretón de manos, Arhil miró a Judah y a Iris por turnos, se tocó los labios y ladeó la cabeza.
—Viéndolos así... de verdad parecen una pareja... no, pareja no. Parecen familia.
Arhil se apuró en corregirse al toque, pensando que la había fregado. ¿Familia, eh? Judah volteó a mirar a Iris. Ella también lo estaba mirando. Es cierto que, aunque tenían distinto color de piel, el color de cabello y de ojos se parecía tanto que cualquiera diría que son hermanos. Aunque por edad real, ella sería la hermana mayor.
'Pensándolo bien, de verdad soy bien chibolo todavía'
Judah recordó de pronto su edad. Apenas hace un año había sido su ceremonia de mayoría de edad. Sentía que desde que llegó a este mundo no había parado ni un segundo, y le resultaba increíble que solo hubiera pasado un año.
—¿Y cuántos años tienes?
—¡Guau! ¿En serio? No parece para nada...
Arhil leyó el número en la libreta con cara de no creerle a nadie. Judah, que estaba al lado, también se quedó frío. Ella se veía bien chiquilla, nunca se imaginó que ya tuviera veinticinco. Por suerte, ella no le preguntó su edad. Después de hablar de varias cosas sin importancia, Judah decidió que ya era hora de ir al grano y sacó el tema del laberinto.
—Ya, bueno, dejemos la charla para mañana o para después. Ahora que Iris es parte del grupo, hablemos de lo que se viene.
—¿El plan es ir al laberinto y después a las Tierras del Calor Ardiente, no?
Respondió Lime, que al igual que Judah se había quedado calladito mientras Arhil e Iris conversaban.
—Sí. Le compré la ubicación del laberinto al Reino de las Sombras.
—¿Compraste la ubicación? Eso quiere decir que todavía no es un lugar conocido por aventureros o mercenarios.
'Como se nota que es Lime'
pensó Judah. Siendo un mago de alto nivel, captó la jugada al toque.
—Exacto. Es un laberinto que está en la frontera entre el Imperio Byron y el Reino de Ahman. Todavía no ha sido descubierto por los aventureros. El Imperio quizás sepa algo, no estoy seguro, pero el hecho de que no haya una mancha de gente yendo para allá ya es algo que se agradece bastante.
—Mmm. Pero si es en la frontera con el Reino de Ahman... ¿no queda lejísimos?
Itram, la ciudad fronteriza donde se encontraban, estaba al noroeste del Imperio Byron. En cambio, la frontera con el Reino de Ahman quedaba al sureste, así que tenían que cruzar prácticamente todo el mapa en diagonal. Para colmo, dentro del Imperio Byron ni siquiera los de la Torre Mágica podían usar teletransportación sin permiso del Emperador (a menos que fueras el Maestro de la Torre), así que no se sabía si el viaje tomaría días o semanas.
—Queda bastante lejos, pero como igual pensábamos ir a las Tierras del Calor Ardiente, no hay problema. ¿No creen?
—Bueno... tiene razón.
Considerando que Lime había sido contratado precisamente para ir a esas tierras, no era un gran inconveniente.
¿También van a las Tierras del Calor Ardiente?
Iris, que escuchaba atenta, escribió rápido en su libreta, se la mostró a Judah y luego le pasó el lápiz.
Sí. Como escuchaste, iremos allá después de conquistar el laberinto. Me da curiosidad porque dicen que ahí quedaba el país de los Dragonian, que en su época era como el imperio de los hombres-bestia.
Casi nadie sabe eso. Qué trome es usted.
Es que donde crecí había una biblioteca. El señor feudal la abría gratis para todos, así que pude aprender varias cosas.
Arhil miraba a Iris y a Judah alternativamente con una expresión complicada y media rara mientras ellos dos asentían como si se entendieran a la perfección.
—¿De qué están hablando?
—Ah, perdón.
Judah, que le estaba devolviendo la libreta a Iris, se disculpó al escuchar la pregunta de Arhil.
—Estábamos hablando del itinerario. Creo que ya se me hizo costumbre y, sin darme cuenta, le respondí por escrito.
Soltó una risita nerviosa. Arhil, con un gesto de fastidio, le preguntó a Iris si ella también podía ver lo que habían escrito. Como no había secretos, Iris le entregó la libreta con una sonrisa. Mientras Arhil leía, Judah continuó:
—Mañana descansaremos todo el día y pasadomañana nos vamos de aquí rumbo al sureste. No estaría mal pasar por la capital del Imperio en el camino. ¿Alguien tiene otra idea?
Pero los tres se miraron las caras y no dijeron nada. Lime ya estaba más que satisfecho con la idea de visitar la capital de Byron antes de ir al laberinto, Iris y Arhil no tenían drama con lo que se decidiera. Hubo un breve silencio.
—... Perfecto. Como no hay más sugerencias, mañana a descansar bien. Lime, sobre todo tú, cuídate mucho.
—Ya sabe. No tiene ni que decirlo, mañana pienso dormir hasta que me salgan raíces.
La respuesta de Lime hizo que todos, incluido Judah, soltaran una risita. Así quedó la cosa. Partieron hacia la capital imperial, "Labega", a la mañana siguiente. Con sus maletas listas, se reunieron frente al local y se dirigieron al lugar donde habían alquilado el carruaje.
Era un carruaje de lujo tirado por cuatro caballos. No te dolía el trasero para nada y por dentro era tan espacioso que podías estirar las piernas sin estorbar a nadie. Con una comodidad que parecía la de un carro moderno, el grupo de Judah puso rumbo al corazón del Imperio.
El camino fue tranquilo. Como es un país donde castigan el crimen con mano dura, no se vio ni la sombra de un ladrón. Eso sí, al cruzar las zonas montañosas, se cruzaron con varios caballeros imperiales. Llevaban armaduras pesadas que se veían recontra sólidas y estaban bañados en sangre. Judah, observándolos por la ventana del carruaje, se puso en guardia.
Sin embargo, el cochero ni se inmutó y no aceleró el paso; los pasó de largo como si fueran parte del paisaje. Los caballeros tampoco les dieron importancia, solo les echaron una mirada rápida y siguieron su camino.
Al preguntarle al cochero, este le explicó que eran caballeros enviados por el mismísimo Emperador para velar por la seguridad del pueblo. Era algo único que no se veía en otros lugares. Aunque en los alrededores de los castillos siempre hay misiones de caza de vez en cuando, le impresionó que patrullaran zonas tan alejadas.
Después de pasar a los caballeros, no hubo mayores novedades. Cuando llegaba el pueblo, pasaban la noche ahí y seguían al día siguiente. El camino a la capital fue bien largo. Pasaron por dos castillos y cinco pueblos, y justo cuando ya estaban empezando a hartarse de tanto viaje, por fin divisaron la capital imperial.
Habían pasado exactamente 13 días desde que salieron de Itram.
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