La Elección de Afrodita 62
Lo que significas para mÃ
"¿Tu abuelo?" preguntó ella.
"SÃ, era despiadado y malvado. Intentó matar a Hera y a todos sus hermanos, los olÃmpicos. Confinó a sus hijos por su codicia y su deseo de poder, con el temor de que le quitaran el trono. Al final, sus temores se hicieron realidad, ya que Zeus lo derrocó y tomó el trono para sà mismo. La dama Hera no podÃa soportar que su hijo se pareciera a su tiránico padre"
Ninguno de los otros hijos, incluso los que fueron engendrados por Zeus con otras mujeres, se parecÃan a Cronos ni siquiera remotamente. Hera habÃa sentido vergüenza y rabia hacia sà misma por haber dado a luz a un hijo que se parecÃa a su malvado padre, asà que volcó todo su odio en el pobre joven Hefesto.
"¿Esa es la única razón?", preguntó Afrodita, incrédula.
"Parece ser una muy fuerte para ella, no creo que hubiera querido culparse a sà misma. No encaja con su personalidad. Asà que me convertà en su saco de boxeo"
"Esa es la cosa más estúpida que he oÃdo nunca. Apenas es tu culpa, ¿no? No puedes cambiar tu apariencia más de lo que ella puede usar su poder para parecerse a ti. ¿Por qué no agita su varita mágica y te hace parecerte a ella misma entonces, como Ares?"
Afrodita estaba furiosa.
"Pero si te parecieras a ella o a Ares, nunca me habrÃas gustado en primer lugar"
"¿Es as�" dijo él, con una sonrisa de satisfacción.
"Absolutamente. Te imaginas que cada vez que te mirara, verÃa a Hera, o peor, a Ares. SerÃas su niño mimado, y habrÃas sido tan mimado y arrogante como Ares"
Hefesto sonrió suavemente. HacÃa tanto tiempo que habÃa aceptado su destino que no guardaba rencor hacia nadie. Afrodita frunció el ceño. Se sentÃa molesta por la forma en que lo trataban. Sin embargo, sonrió. Ella les pagarÃa por ello, a cada uno de ellos. TenÃa toda la eternidad a su disposición.
"Pero aun asà habrÃa preferido una apariencia llamativa, si eso significaba que podÃa captar tus ojos de inmediato"
"¿Y por qué dices eso?" dijo ella, confundida.
"Me siento avergonzado" dijo él, mirándola "nunca he superado mis inseguridades con respecto a mi apariencia. Y tú, eres tan hermosa"
Afrodita se sintió conmovida. También se sintió enfadada con todas las personas que le habÃan avergonzado alguna vez. Ella harÃa que se arrepintieran.
"Me sentÃa tan inseguro, que acudà a Lord Zeus, en cuanto se habló deL matrimonio"
"¿Qué?", preguntó ella.
"Le pedà que me designara como tu esposo" dijo él con culpa.
"¿Le pediste a Zeus?", dijo ella, con las cejas alzadas.
"No podÃa saber si ya habÃa encontrado a alguien mucho mejor para ti"
Dijo él con cautela, sabiendo que ella tenÃa derecho a enfadarse con él.
"Le ofrecà una propuesta a cambio de algo que él querÃa"
Ella levantó la cabeza para mirarle. Todo encajaba como las piezas de un rompecabezas
"Entonces, el dÃa de la boda..."
Él evitó su mirada, avergonzado.
"SÃ"
Dijo él, todavÃa sin mirarla.
"DeberÃas haber dicho algo"
Dijo ella, y recordó que él habÃa dicho que respetarÃa sus deseos si querÃa romper el matrimonio.
"Bueno, sà dijiste algo, pero no toda la verdad"
"Lo siento mucho. No voy a justificar mis acciones. TenÃa miedo de perderte, pero no deberÃa haber convertido esto en un trato. Te lo digo ahora y acataré tus deseos, sean los que sean"
"¿CreÃas que harÃa las maletas y me irÃa si me lo hubieras dicho?", preguntó ella.
Él permaneció en silencio, incapaz de mirarla a los ojos.
"Oh, vamos", instó ella, "yo, al menos, merezco una respuesta"
"SÃ, aunque no es una justificación, me aterraba la idea de perderte de nuevo"
"Bueno, ahora sabes que estoy aquÃ, y que nunca me iré. Asà que no vuelvas a mentirme en nada, ¿vale?"
"De acuerdo"
Dijo él, aliviado. Ella lo empujó y se sentó encima de él. Apoyó su rodilla en su entrepierna.
"No importa cuántas veces lo diga, no me creerás. Aunque yo también tengo parte de culpa, por mi propia actitud hacia ti"
Él sacudió sus muertos.
"Nada de esto es tu culpa en lo más mÃnimo"
Iba a compensar el daño que, sin saberlo, le habÃa causado por no ser capaz de reconocerlo.
"Lo sabes, Hefesto" imploró ella.
"¿S�" dijo él, siempre obediente.
"Aunque tengas más que decir" dijo ella seductoramente "¿podemos hacer una pausa? No estoy de humor para seguir hablando"
Ella recorrió con sus manos su pecho, su vientre y su virilidad. El más leve toque de sus dedos lo hizo temblar, el formidable hombre reducido a un lÃo tembloroso en sus manos.
"Creo que tengo que enseñarte con más firmeza", dijo ella con severidad, "Es la única manera de que lo entiendas"
"¿Entender qué?", dijo él con voz ronca, baja y áspera.
Ella sonrió. Se levantó un poco, abrió las piernas y bajó lentamente sobre su dura hombrÃa, acogiéndolo. Ahora estaba encima de él, meciéndose suavemente. Él jadeó.
"Lo que significas para mÃ", murmuró ella, "Lo satisfecha que estoy contigo, por supuesto"
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