La Elección de Afrodita 61
Detrás del desprecio
Afrodita y Hefesto estaban tumbados en la cama de su habitación, abrazados. "He vuelto a Limnos para intentar encontrarte", dijo él.
"¿De verdad?", preguntó ella, mirándole.
"Era demasiado tarde", dijo él con tristeza, "pregunté a los espÃritus de la tierra por ti. Ellos habÃan visto todo lo que te hicieron los Erinyes"
"¿Me vieron?", preguntó ella, sorprendida.
Él asintió.
"Me dijeron que te siguieron porque estabas llorando ... Lo vieron todo, pero estaban asustados. Los Erinyes son mucho más poderosos que ellos, asà que se escondieron"
"Asà lo supiste", recordó ella, "en la boda. SabÃas que me habÃan engañado. Soy un idiota"
"No te culpes" dijo él, acariciando su mano "Los que te engañaron tienen la culpa. Y yo, por ser la razón que me llevó a ello. Me quedé un tiempo en Limnos, esperando que volvieras. Vagué por el mar Egeo, pero no pude encontrarte" Su voz era amarga.
"Puede que nos hayamos perdido", dijo ella.
"Sà ... asà que volvà al Olimpo. SabÃa que eventualmente llegarÃas allÃ, siendo un olÃmpico"
Eso era lo que habÃa sucedido. Afrodita habÃa llegado al Olimpo en su viaje. Pero la espera era dolorosa, porque ninguno sabÃa cuándo podrÃan cruzarse. Afrodita, por su parte, ni siquiera tenÃa sus recuerdos de él.
"DeberÃa haber sido capaz de reconocerte", dijo, decepcionada consigo misma. "¿Por qué has tardado tanto?"
"Porque los Erinyes son astutos", dijo él, "No lo habrÃan hecho tan fácil"
"¿Qué?", preguntó ella.
"Sus condiciones para la apuesta no podÃan cumplirse si te reunÃas conmigo", explicó él, "Tu corazón era la clave"
"¿Mi corazón?", preguntó ella.
"No se trataba sólo de que volvieras a mà fÃsicamente", dijo él, "Tu corazón también tenÃa que volver a mÃ"
Al oÃrlo decir, Afrodita pensó que era cierto. Sus recuerdos la habÃan empujado cada vez que su corazón habÃa vacilado al verlo.
"No tenÃa fe, ni confianza" dijo ella, y enterró su rostro más profundamente en su pecho.
Se sentÃa avergonzada por el hecho. Pero ahora estaba aquÃ, y no iba a volver a marcharse, ni permitirÃa que él se marchara. Esperaba que él ya no se viera tan solo. Pareció sonreÃr un poco mientras le acariciaba el pelo y la calmaba.
"El juicio de Ares terminó ese dÃa, de acuerdo con los deseos de Hera ... Lo que significa que testifiqué en contra de la verdad. No pude liberarme de ella, no hasta que me convertà en un dios adulto de pleno derecho después de unos años"
"¿Te mantuvo cautivo hasta entonces?", dijo Afrodita, arrugando la cara.
"No me ató y encarceló exactamente", dijo él, sonriendo con amargura, "pero sà puso restricciones muy estrictas que no fui capaz de romper"
"Esa mujer es indignante", dijo ella con rabia, "DeberÃan meterla entre rejas". Hefesto se rió.
"Sé que es tu madre ... pero ¿por qué es tan brutal contigo? Por eso Ares es igual. Cree que puede poseer a cualquiera de la manera que quiera". Apretó los dientes con rabia. "Cuanto más lo pienso, más me enfado. Si hubiera tenido mis recuerdos antes, le habrÃa enseñado un par de cosas"
"Bueno", dijo él, riéndose, "he oÃdo que ya le hiciste un buen número a Lady Hera"
"Ni siquiera se acerca a lo que quiero hacerle, por lo que te hizo pasar" enfureció ella.
Él se rió. Su pecho se estremeció con su risa. Afrodita enterró la cabeza más profundamente en su pecho e inhaló. "Mm", murmuró.
"¿Qué haces?", preguntó él, sonriendo.
"Me gusta tu olor" dijo ella, "estoy tratando de olvidar mi ira de esta manera".
Él guardó silencio. Afrodita se preguntó si habÃa cruzado la lÃnea. Sintiéndose un poco avergonzada, se apartó un poco de sus brazos, sólo para ser atraÃda de nuevo. Le oyó reÃrse por encima de su cabeza.
"Me vuelves loco, ¿sabes?", dijo.
"Mmm, ¿por qué?", preguntó ella.
"No hemos terminado de hablar todavÃa ... Guárdate tus pequeñas travesuras para ti por un tiempo, ¿de acuerdo? Me cuesta contenerme"
Ella le sonrió tÃmidamente. Le besó en el pecho. Él jadeó. "Afrodita...", dijo con voz ronca.
"Una vez no es suficiente para mÃ, supongo", dijo ella mientras lo besaba de nuevo. "Soy codiciosa, pero eso ya lo sabes. Bueno, ya puedes hablar. He terminado". Intentó parecer despreocupada. Él dejó escapar un suspiro.
"Puede que se me olvide lo que iba a decir", dijo él, con dificultad.
"Oh, está bien", dijo ella, "me guardaré para mà hasta que termines".
ParecÃa que sus palabras no eran suficientes. Él se sentó y la abrazó con fuerza para que no pudiera moverse. Su barbilla se apoyó en la parte superior de su cabeza.
"Oh, vamos", protestó ella, "¿De verdad tienes que hacer esto?"
"Si no lo hago", dijo él, "volverás a intentar algo que hará que no pueda pensar. Y tengo mucho que decirte, que incluso podrÃa enfadarte"
Afrodita escuchó, atentamente.
"El dÃa que regresé al Olimpo", comenzó, "descubrà la razón del odio de Hera hacia mÃ". La frase hizo que su ira se encendiera. El nombre de Hera era suficiente para hacerla enfadar estos dÃas.
"¿Es as�", preguntó con vehemencia, "¿Por qué te odia entonces?"
"Es porque me parezco a Cronos", dijo él con amargura.
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