La Villana Vive Dos Veces 10
Primer Encuentro (6)
Al llegar a la mansión del Marquesado Rosan, Artizea le entregó la vela de oración que fue bendecida a Kishore y luego entró al interior.
Los empleados del Marquesado Rosan estaban haciendo su trabajo tranquilamente, sin inquietarse por la visita del emperador.
El emperador visitaba ocasionalmente el Marquesado Rosan para sorprender y complacer a Miraila.
"Reparte las bolsas de regalo que han sido preparadas."
“Usarás casi todas las que tienes.”
Alice susurró desconcertada.
Artizea habÃa hecho docenas de pequeñas bolsas de seda que contenÃan unas pocas monedas de oro y las tenÃa guardadas en su caja fuerte personal.
Era para facilitar la entrega de sobornos denominado regalos o propinas.
Antes de volver al pasado, le habÃa enseñado a Alice a gestionar la red de información.
「Cuanto más alto sea el estatus, más personas te servirán. Y si alguien es de la familia imperial, habrá docenas de personas siguiéndolo de habitación en habitación para servirte. El número de personas que limpian, ordenan las habitaciones, preparan y llevan la comida es incontable.」
「Es cierto.」
「Pero la mayorÃa de empleados que trabajan para estos nobles ni siquiera son reconocidos como seres humanos. Por esa razón, pueden obtener mucha información valiosa actuando como espÃas.」
「Bueno, entiendo lo que quiere decir, pero si ellos tienen información valiosa, ¿No suelen venderla? ¿No es mejor pagarles en ese momento?」
Alice dijo inclinando la cabeza.
Muchos empleados sabÃan que podÃan ganar dinero vendiendo información.
Por eso, solÃan recordar todo lo que hablaban y hacÃan las personas a las que servÃan, para vender esa información cuando llegara el momento adecuado o para lograr sus propias ambiciones.
「Si hago esto regularmente, ¿no vendrán a hablar conmigo primero cuando tenga información valiosa?」
「Ah, estás comprando prioridad.」
「Sobre todo la confianza, pensarán que estoy dispuesta a comprar cualquier información valiosa y también que tengo la capacidad de pagar sin importar lo que cueste. Es necesario demostrar eso regularmente.」
Artizea también sobornaba a aquellos en posiciones no importantes.
No podrÃa comprar sus corazones gastando dinero solo cuando le convenÃa.
「Debes saber esto. Si das dinero sin pedir ningún favor, se sentirán en deuda. Esto es muy importante. Cuando das dinero y pides algo a cambio, la relación terminara de inmediato. Pero al no pedir, la relación nunca terminara. Siempre pensarán que tienen que hacer algo por ti.」
Esto no solo aplicaba para los pobres, también para aquellos que ocupaban mejores posiciones.
Con las monedas de oro que Artizea les entregaba, podÃan vivir tranquilamente durantes meses y educar a su hijos.
Entonces, naturalmente se sentÃan agradecidos.
Si hubiera tenido un estatus inferior al de la otra parte, los destinatarios del dinero lo habrÃan visto como un soborno e ignorado.
Pero ella era la Marquesa Rosan.
El dinero que daba era un soborno con vistas al futuro, pero los destinatarios no sentÃan que estaban siendo comprados, sino que estaban siendo favorecidos por parte de su superior.
Y con lealtad, podÃan pagar la gracia de su superior.
「Habla con ellos frecuentemente cada vez que les des dinero. Deben saber que estoy dispuesta a comprar cualquier información, incluso alguna que no vendieron porque pensaban que no era valiosa. A medida que mi reputación general crezca y gane su confianza, gente a la que nunca se le ha dado dinero antes vendrá a vender su información.」
Aunque Artizea podrÃa tener una idea general del panorama, lo más importante era poder obtener mucha información.
Además, la calidad de la información no dependÃa del tamaño del mensaje que contenÃa, sino de que procediera de una fuente fiable.
Sabiendo que Artizea habÃa preparado bolsas de regalo por esta razón, Alice habló ansiosamente.
"Es casi la mitad del presupuesto que usted puede gastar este año."
"Está bien."
De todos modos, si se casa con Cedric, la riqueza del Marquesado Rosan estarÃa en sus manos. En ese momento, ya no tendrÃa que preocuparse por el dinero.
Alice no solÃa ser insistente, asà que no volvió a preguntar. Inclinó la cabeza cortésmente en señal de comprensión, y se apresuró a la habitación de Artizea.
Después de que Alice se fuera, Artizea se dirigió al tocador de Miraila.
Iba a saludar al emperador.
A Miraila no le gustaba que apareciera ante el Emperador.
Pero ahora no tenÃa motivos para tener consideración con Miraila. No podÃa perder la oportunidad de dejar una fuerte impresión en el Emperador.
Los caballeros de la Guardia Imperial y los sirvientes se inclinaron ante ella en silencio.
Artizea también se inclinó y le dijo al sirviente que estaba en la puerta.
"Por favor, hazles saber que la hija de Miraila, Artizea, quiere saludarlos."
Sacó una pequeña bolsa de seda de su bolsillo y se la dio al sirviente.
Era igual a las bolsas que habÃa ordenado a Alice repartir. Artizea siempre llevaba algunas bolsas encima por cualquier cosa.
El sirviente, que ya habÃa recibido varias de estas bolsas en el pasado, asintió con una amable sonrisa. Luego abrió la puerta y entró.
Desde afuera, se podÃa escuchar el sonido de un piano mezclado con la risa de Miraila.
La alegre conversación pareció detenerse por un momento, y luego la puerta se abrió de par en par.
"Entre, Señora Artizea."
"Gracias. Por cierto, si viene algún visitante mientras estoy dentro, ¿PodrÃas avisarme primero? Me gustarÃa ocuparme de ello para que no interfiera con el tiempo que pasan juntos Su Majestad y mi madre."
"Por supuesto."
Artizea entró con pasos cautelosos.
El emperador estaba sentado cómodamente en el sofá.
Miraila estaba vestida solo con una enagua. Las criadas estaban a un lado, arreglando la ropa que ella se iba a poner a un lado.
El Emperador Gregor era un hombre egoÃsta y frÃo.
Estaba más interesado en asegurar su propio poder que en gobernar el paÃs. Era suspicaz, vil y codicioso.
Sin embargo, su amor por Miraila era lo único genuino.
Se involucró con innumerables mujeres, pero Miraila fue la única que mantuvo a su lado durante 25 años.
A pesar de que Miraila habÃa dado a luz a la hija de otro hombre, solo estuvieron separados por un año como mucho.
Era amable con Artizea porque era la hija de Miraila.
Pero ella nunca supo lo que era el verdadero amor. Hubo un tiempo en el que sentÃa curiosidad sobre el amor. Pero ahora no le importaba.
Lo importante era que él amaba a Miraila y nunca la dejarÃa.
Artizea se arrodilló sobre una rodilla y se inclinó ante el emperador.
”Que el sol del imperio descienda sobre todo el paÃs. Artizea, la hija de Miraila, saluda a Su Majestad el Emperador. Larga vida al Emperador."
"Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te vi. Has crecido en un abrir y cerrar de ojos."
Dijo el Emperador.
Sonrió como una serpiente y miró a Artizea de arriba abajo. Era una mirada crÃtica.
"Si te parecieras a tu madre, serÃas mucho más hermosa."
"Sé que soy hermosa."
Dijo Miraila. Luego, se acercó con pasos suaves y se sentó en el muslo del Emperador, refunfuñando.
"¿Qué puedo hacer? Incluso su cara es fea, pero es mi hija, asà que tengo que vivir con ella."
"¿Por qué? Aunque Tia no se parece a ti, tiene los rasgos de una mujer hermosa. Con un poco más de carne y un cuerpo más maduro, se verá bonita en poco tiempo.”
"Ya ha crecido y sigue igual. Si dices esas cosas, realmente podrÃa creérselo, cariño."
Hablando cariñosamente, Miraila acarició su mejilla. El Emperador sonrió.
"No lo dije en broma. ¿También te pareció una broma, Tia?”
Artezia bajó la mirada educadamente.
Cuando era una niña, Miraila la odiaba y la golpeaba porque no se parecÃa a ella.
「Si al menos te parecieras un poco a mÃ, ¿no te habrÃa tratado Su Majestad el Emperador como a su propia hija?」
Artizea creÃa verdaderamente en sus palabras y lloraba. Incluso algunas noches, soñaba que habÃa nacido como la hija del Emperador, y que recibÃa el amor de sus padres, al igual que Lawrence.
Pero ahora que lo pensaba de nuevo, fue una tonterÃa.
Si se hubiera parecido a Miraila, sin duda habrÃa sido arrastrada al dormitorio del emperador tan pronto como cumpliera los dieciséis años.
HabÃa sido bastante afortunada de tener un rostro que no se parecÃa al de su hermosa madre.
"Me alegra escucharlo. Su Majestad ama a mi madre y piensa que soy bonita. ¿Qué podrÃa hacerme sentir más honrada?"
"¿Cuántos años tienes?"
"Recientemente cumplà 18 años."
"Realmente has crecido. Necesito encontrar un esposo adecuado para ti."
"No, ella es sola una niña de 18 años ¿qué clase de matrimonio serÃa ese?"
Miraila dijo bruscamente. El emperador se rió, agarró la muñeca de Miraila y besó su mano cariñosamente.
"Sé que quieres que tu hija esté a tu lado para siempre, pero deberÃa estar comprometida antes de cumplir los 20 años."
"Mm, pero todavÃa..."
"Le conseguiré un esposo adecuado. No se quedará para siempre viviendo con su hermano ¿verdad?"
El Emperador sonrió.
Con esposo adecuado, no se referÃa a un buen matrimonio para Artizea, sino a un matrimonio polÃtico que solo serÃa de ayuda para Lawrence.
Pero Miraila no lo entendió y gruñó con desaprobación. Aunque estaba molesta, todavÃa le parecÃa linda al Emperador.
Artizea se inclinó educadamente.
Miraila se levantó enojada, para colocarse el vestido.
No se habÃa puesto el vestido que habÃa decidido previamente, para mostrar su figura al Emperador.
Un hermoso vestido de satén verde, con escote en su espalda y pecho.
En ese momento, el sirviente entró y dijo cortésmente.
"Un visitante ha venido a verla, Señora Artizea."
Artizea dijo apresuradamente.
"Lo siento. Debo retirarme."
El Emperador le hizo un gesto, dándole permiso para que se retirara y Miraila la miró de reojo.
Artizea se dio la vuelta y salió del tocador. El sirviente la siguió y le dijo en voz baja.
"La Condesa Eunice está ahora en el vestÃbulo haciendo un alboroto. Quiere ver a Su Majestad el Emperador."
"Está bien, me ocuparé de ello."
"¿SabÃas que la Condesa Eunice iba a venir?"
"SÃ, lo supuse."
Artizea no habÃa recopilado esta información de antemano, solo la recordaba.
Sin embargo, el sirviente no lo sabÃa, asà que dijo con admiración.
"Eres increÃble. Muchas Gracias."
"¿Por qué lo dices?"
"Su Majestad está de muy buen humor por primera vez en mucho tiempo. Si la condesa lo hubiera molestado, estoy seguro que todos habrÃamos sido perjudicados."
"Es natural para mà dar la bienvenida a los visitantes. Además, aún no se sabe. Si no consigo apaciguar a la condesa, seguramente hará un gran escándalo."
Dicho esto, Artizea se dirigió al vestÃbulo.
El sonido de los gritos de la Condesa Eunice llegaba hasta el segundo piso.
"¿Quieres decir que Su Majestad ni siquiera me verá a mÃ, que soy su propia hija, por culpa de esa sucia perra?"
El mayordomo estaba nervioso y encorvado.
Artizea bajó las escaleras a paso de caracol.
"Hola, Condesa Eunice. ¿Qué la trae por aquÃ?..."
*Bofetada*
De repente, la Condesa de Eunice levantó su mano y le dio una fuerte bofetada a Artizea en la mejilla.
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