NUERA LUJURIOSA 15
Corrientes ocultas
Traducción: Asure
Los dos caminaron cogidos de la mano suavemente a lo largo del río por un buen rato, hasta detenerse al lado de una banca semiculta; la banca estaba recostada contra una fila de arbustos bajos y al frente tenía el agua del río discurriendo despacio, con la luz del sol cayendo sobre la superficie y destellando en capas de oro molido.
—¿Quieres descansar un rato?
preguntó Sheng Ge en voz baja.
Shu Qi asintió levemente con la cabeza, sin decir nada.
Shu Qi se sentó con delicadeza y Sheng Ge se acomodó a su lado sin añadir palabras. Una brisa suave sopló y los mechones del cabello de ella le rozaron la nariz a Sheng Ge, causándole un poco de picazón, por lo que entrecerró los ojos y se frotó la nariz de un lado a otro con el dedo índice.
Shu Qi sonrió; fue una sonrisa tan tenue que Sheng Ge ni cuenta se dio.
Ese gesto le pareció extrañamente tierno a Shu Qi, así que soltó la mano que sostenía y se pegó un poco más a él, enganchando suavemente un brazo del de Sheng Ge y apoyando despacio la cabeza sobre su hombro.
Él no se movió, dejando que esa tacto tan suave permaneciera allí.
Con la cabeza recostada en su hombro, ella cerró los ojos, como si al fin hubiera encontrado un respiro momentáneo; una vez liberada la tensión, el agotamiento y la pesadez de no haber pegado un ojo en toda la noche la invadieron por completo.
—... Estás bien cansada, ¿no? Duerme un ratito.
la voz de Sheng Ge fue muy tenue y serena.
—Sí.
respondió con una voz dulce, como si estuviera engreída.
Al poco tiempo, la respiración de Shu Qi se volvió suave y pausada; sus pestañas a veces se movían apenas y su pecho subía y bajaba rítmicamente.
Él inclinó un poco la cabeza y contempló su rostro tranquilo de perfil; su mirada por momentos se tornaba tierna, por momentos compleja, por momentos llena de dolor, guardando infinidad de emociones imposibles de expresar.
Era un momento de silenciosa ternura casi extravagante, en el que parecía que no había pasado nada y, a la vez, que lo había cambiado todo.
Sin darse cuenta, el sol fue subiendo cada vez más alto, filtrándose entre las hojas y cayendo a haces sobre la banca. Shu Qi se movió despacio, como si hubiera sido despertada dulcemente por la luz del sol tras un sueño muy profundo.
Frunció ligeramente el ceño, como no acostumbrada aún a la intensidad de la luz, tras unos segundos abrió los ojos.
Primero se quedó mirando la superficie del río al frente, con los ojos todavía algo nublados, como si no terminara de salir de su sueño; luego se incorporó despacio. Tenía el cabello un poco despeinado, la marca de la ropa impresa en la mejilla y el rostro sonrojado por haber dormido.
Sheng Ge la había estado mirando en silencio desde que sintió que se movía y, al verla así, sonrió con ternura.
—Vamos, hay que regresar a casa.
Ella asintió y, al ponerse de pie, le tomó la mano por iniciativa propia sin soltarla en ningún momento. Ambos caminaron así, uno al lado del lado, de vuelta a casa, con pasos sin prisa, como si no quisieran que ese trayecto terminara tan rápido.
Cuando entraron al pasaje y la silueta de la casa familiar apareció ante sus ojos, Shu Qi se quedó helada un instante.
Una camioneta SUV gris oscuro estaba estacionada tranquilamente en la puerta de la casa.
Era el carro de Shu Wei.
Shu Qi detuvo el paso y apretó la mano de Sheng Ge por instinto; solo tras unos momentos soltó el agarre y dijo suavemente:
—Shu Wei ya regresó del viaje de trabajo.
—Ya regresó, pues.
Sheng Ge echó una mirada a la placa y asintió; su rostro no mostró expresión alguna y su tono fue completamente imparcial.
El sonido de la llave girando en la puerta resonó con claridad en el silencio de la casa. Sheng Ge empujó la puerta y Shu Qi lo siguió por detrás, con movimientos un segundo más lentos de lo habitual.
En ese momento, Shu Wei estaba sentado en el sillón de la sala, vistiendo una camisa cómoda y un short, mirando fijamente la laptop con atención concentrada. Sobre la mesa de centro había una taza de café ya servida, de la que no salía vapor alguno, dando la impresión de llevar un buen rato ahí sentado.
Al oír el ruido, Shu Wei levantó la mirada. Al ver aparecer a los dos juntos, su rostro mostró desconcierto por un breve instante, pero recuperó la compostura de inmediato. Ladeó ligeramente la cabeza hacia Shu Qi y frunció un poco el ceño.
—¿Ah? ¿Papá? ¿Salieron juntos?
En ese instante, Shu Qi le agarró el borde de la camisa a Sheng Ge llena de nerviosismo y, mirando a Shu Wei, dijo:
—Shu Wei, yo.......
Sheng Ge, mientras le daba una palmadita disimulada en la mano a modo de consuelo silencioso, dio un paso al frente para cortar de forma natural la línea de visión entre Shu Qi y Shu Wei.
—El día estaba bonito, así que le pedí a Shu Qi que me llevara a dar una vuelta por los alrededores para conocer la zona. Oye, Shu Wei, tu zona está bien simpática y la casa está muy buena.
el tono de Sheng Ge fue sumamente sereno, sin el menor rastro de tensión; caminó con desenvoltura hacia la sala y se sentó en el otro extremo del sillón.
Shu Wei asintió y sonrió:
—Ah, ya entiendo.
Luego estiró el cuello para mirar en dirección a Shu Qi; frunció el ceño un segundo, barrió con la mirada la mano vacía de ella y luego le miró la cara. Su tono no tuvo grandes altibajos, pero escondía un matiz de reclamo difícil de ignorar:
—¿Y tu celular? Te he estado llamando todo el camino y no entraba la llamada, ¿acaso sales a la calle sin celular?
Ella abrió levemente la boca, pero dudó unos segundos antes de responder en voz baja:
—Yo... me olvidé de sacarlo.
Sheng Ge esbozó entonces una sonrisa tenue y habló con la compostura de siempre:
—Fue culpa mía, nomás. Antes de salir estuve pendiente del clima y pensé en salir temprano para regresar a prepararles el almuerzo, así que no la culpes.
Shu Wei se rió:
—Ay, papá, cómo crees que te vamos a incomodar para que cocines, eso déjaselo a Shu Qi nomás.
Sheng Ge agarró con naturalidad el vaso de agua que estaba al borde de la mesa, con movimientos pausados y holgados, volteó a decirle a Shu Wei:
—Jaja, tú ya sabes que yo no puedo estar tranquilo sin hacer nada, preparar algo de comer no es para tanto. Además, hace tiempo que no comes mi comida, ¿no?
Shu Wei escuchaba a su padre mientras tomaba un sorbo de su café. Luego asintió y dijo:
—Mmm... bueno, en eso tienes razón... pero igual le pides a Shu Qi que te ayude bastante, ¿ya?
Shu Qi caminó despacio por detrás de ellos y dijo con voz suave, como temiendo equivocarse en algo:
—Entonces...... papá, amor, ¿subo a la habitación......?
Shu Wei volvió a fruncir ligeramente el ceño y, sin mirarla siquiera, soltó en tono totalmente llano:
—¿A qué te apuras en subir? Deberías servirle un té a mi papá primero, ¿o también tengo que decírtelo?
Sheng Ge ladeó la cabeza, miró a Shu Qi con ternura y asintió.
—Ya, disculpa, voy a tener más cuidado.......
Shu Qi apenas se dio la vuelta para ir hacia la cocina y no había avanzado ni unos pasos cuando Shu Wei habló en un tono neutro:
—Shu Qi, un momento.
Ella frenó el paso, se dio la vuelta y lo miró.
—Subamos a hablar un rato más tarde, ¿sí?
la voz de Shu Wei no fue fuerte, pero tenía un tono de firmeza serena imposible de rechazar, como una invitación de lo más natural.
Y mientras decía esto, sus ojos ni siquiera se apartaron de la pantalla de la laptop.
Las manos de Shu Qi se encogieron por instinto; en ese instante sentía que le faltaba el aire. Dudó un segundo y, antes de que pudiera abrir la boca, Sheng Ge ya se había puesto de pie, con una naturalidad como si la conversación previa nunca se hubiera interrumpido.
—Me parece que mejor almorzamos primero, ya es casi mediodía.
dijo mientras caminaba hacia la cocina, abriendo la refrigeradora para revisar los ingredientes, sin prisa alguna.
—Voy a preparar algo sencillo; ven, Shu Qi, ayúdame picando algo, de paso papá te enseña un par de trucos.
Sheng Ge agarró rápidamente un par de carnes y verduras, las puso en el lavadero.
Shu Qi miró a Sheng Ge como quien se aferra a una tabla de salvación y lo siguió al instante, incluso con pasos un poco desordenados.
Caminó a paso ligero y, al entrar a la cocina, le pareció sentir aún en la espalda la mirada de Shu Wei clavada en ella.
Sheng Ge lavaba los vegetales frente al lavadero. Cuando Shu Qi se le acercó, él le dio una palmadita suave en la mano y le dijo en un susurro muy tierno:
—No pienses tanto por ahora, vamos despacio, ¿ya?
Shu Qi se mordió el labio, asintió con la cabeza y metió las manos en el tazón con verduras; al sentir el agua fría en las yemas de los dedos, recién logró calmarse un poco.
Muy pronto, la comida estuvo servida en la mesa.
Había varios platillos caseros sobre la mesa, un acogedor menú de tres platos y una sopa. Sheng Ge se sentó de espaldas a la cocina, mientras que Shu Qi se acomodó al lado de Shu Wei.
—Papá, ahora que te has mudado para acá, ¿no va a quedar muy apretada esta barra para los tres? ¿Qué tal si me compro una mesa de comedor mejor?
comentó Shu Wei mientras se servía arroz.
—Ay, para nada, este espacio alcanza sobrado hasta para cuatro personas, no sigas gastando plata en vano.
Sheng Ge se limitó a hacer un gesto con la mano mientras sonreía.
—Ya come nomás, ¿acaso no conoces la sazón de tu viejo?
—... En eso tienes razón.
Shu Wei sonrió de buena gana; su rostro frío y serio al fin mostró un toque de dulzura.
Sheng Ge y Shu Wei almorzaban mientras conversaban. Sheng Ge llevaba las riendas de la plática con intención, girando en torno a trivialidades del día a día y noticias de la coyuntura, de la manera más natural posible.
Evitaba sutilmente temas que pudieran tocar asuntos de la casa, asegurándose de que Shu Qi no terminara metida de golpe en la conversación.
Shu Qi no habló mucho; solo agachaba la cabeza para comer su arroz y tomaba algún sorbo de sopa de vez en cuando. Al principio aún prestaba atención a lo que hablaban padre e hijo, pero después simplemente puso la mente en blanco.
Sheng Ge continuó:
—Ahora que regresaste, ¿ya no te vas de viaje de trabajo de inmediato, no? ¿Cuándo salen tus vacaciones?
Shu Wei tomó una cucharada de sopa, asintió y dijo sonriendo:
—Lo de los viajes nunca se sabe, pero esta vez milagrosamente me van a dar 5 días libres.
Mientras los pensamientos de Shu Qi flotaban a lo lejos, al escuchar de pronto esa frase, sintió un vuelco en el corazón; por un segundo no pudo sostener bien los palitos, se le resbalaron y chocaron con un chasquido contra el borde del tazón.
Sheng Ge y Shu Wei voltearon al mismo tiempo a mirarla.
—... ¿Qué pasó?
Shu Wei frunció ligeramente el ceño, mirando los palitos en su mano, extrañado.
—¿Te quemaste?
Shu Qi apretó los labios, bajó la mirada y dijo suavemente:
—No es nada, se me resbalaron sin querer.
Sheng Ge la miró y acotó en tono desenfadado:
—Comiendo es normal que a veces se resbalen las manos, cuando eras chibolo tú también parabas botando los palitos.
Shu Wei se quedó sin palabras un momento, soltó un par de risas desganadas y volteó a mirar a Shu Qi. Una ligera sombra de duda cruzó por sus ojos, pero al final no insistió y bajó la cabeza para seguir comiendo.
De pronto, sonó el celular de Shu Wei.
Miró la pantalla, levantó una ceja y se puso de pie de inmediato:
—....... Voy a contestar una llamada.
Caminó hacia el recibidor, cerrando la puerta tras de sí. Se acomodó en cuclillas junto a la puerta, sacó la cajetilla del bolsillo y prendió un cigarro.
Dentro de la casa se hizo un silencio repentino.
Sheng Ge volteó hacia Shu Qi y le preguntó con tono suave:
—¿Estás bien?
Shu Qi asintió con la cabeza:
—Sí... disculpa, papá, solo que... todavía tengo un poco de pánico por dentro, no sé cómo encarar a Shu Wei.
Tenía el rostro algo pálido y la voz sumamente tenue; desde que cruzó la puerta, esa tensión inexplicable no la había dejado tranquila.
Sheng Ge estiró la mano y le tomó la suya delicadamente, diciéndole con ternura:
—Yo tampoco sé qué hacer, pues. Así que estamos juntos en esto de no saber, no eres la única, ¿ya?
La palma de su mano era ancha y cálida, funcionando como un consuelo silencioso que serenó la descompuesta mente de Shu Qi.
—Sí.
Shu Qi asintió suavemente, aflojando al fin un poco la voz.
Unos momentos después, sonó la puerta y Sheng Ge retiró la mano despacio.
Shu Wei regresó sin mayor expresión en el rostro; se limitó a dejar el celular a un lado y volvió a acomodarse en la silla. Traía consigo un tufo a cigarro que se dispersaba levemente por el aire con cada uno de sus movimientos.
Sheng Ge frunció el ceño y preguntó con tono sereno:
—¿Estás fumando menos o qué?
Shu Wei se metió un bocado de comida a la boca y murmuró entre dientes mientras masticaba:
—Supongo que sí, ¿no?
Sheng Ge puso los ojos en blanco por dentro; conocía demasiado bien esa respuesta mecedora de manual.
—¿Qué pasó? ¿Cosas de la empresa?
—Sí, nada grave.
Shu Wei asintió y, tras comer un par de bocados más, dejó los palitos sobre la mesa. Agarró un servilleta para limpiarse las comisuras de los labios y dijo tranquilamente:
Cuando estaba a punto de levantarse, Sheng Ge habló de pronto:
—Ah, verdad, ¿escuché que habías comprado tiramisú? Aprovecha el momento para sacarlo y comerlo, pues.
Shu Wei congeló sus movimientos un segundo, frunciendo ligeramente el ceño:
—... ¿Qué tiramisú?
El cuerpo de Shu Qi se rigidizó de forma casi imperceptible por un instante, el rostro de Sheng Ge también se ensombreció un poco.
—Shu Qi dijo que ibas a traerle el tiramisú que tanto le gusta, ¿te olvidaste?
el tono de Sheng Ge seguía siendo sereno y neutral, pero escondía algo tras sus palabras.
—... Me parece que sí había algo de eso... Perdón, mala mía, el trabajo ha estado tan pesado que se me pasó por completo.
En la expresión de Shu Wei no se podía descifrar si de verdad se había acordado o si solo estaba saliendo del paso; ladeó ligeramente la cabeza, echándole una mirada a Shu Qi con un destello de reclamo en los ojos, aunque manteniendo esa fachada de absoluta calma.
—La próxima vez que se dé la oportunidad compro uno para que comas tú también, papá.
—Sigan comiendo nomás, yo voy a avanzar unas cosas del trabajo.
agregó con tono desapegado. Luego caminó hacia la sala, le dio un sorbo al café que ya estaba helado, abrió la laptop y volvió a fijar la mirada en la pantalla, como si nada hubiera pasado.
Shu Qi mantuvo la cabeza agachada, solo cuando desde la sala empezó a escucharse el tecleo intermitente de la laptop, pareció reaccionar como llamada por un sonido invisible, levantando el rostro despacio.
En su rostro no se distinguía altibajo emocional alguno; sus ojos estaban tranquilos como una poza de agua estancada, dejando ver únicamente rastros de cansancio y un vacío sutil. Su mirada estaba desenfocada en algún punto del frente, como si contemplara el mundo a través de una densa neblina.
Sheng Ge sintió una opresión repentina en el corazón; fue como una punzada en el pecho que le dejó un ligero ahogo.
Ella bajó levemente la cabeza mirando la mesa, como si contemplara a una versión de sí misma que no estaba ahí; con una expresión tenue, prácticamente sin emociones a la vista, solo una frase brotó despacio de su garganta, muy suave:
—En el fondo ya lo sabía, él solo lo dijo por decir.
—Shu Qi.
Sheng Ge estiró la mano despacio hasta que las yemas de sus dedos tocaron el dorso de la mano fría de ella, tomándola con delicadeza.
Ella se estremeció levemente.
—Yo sí me acuerdo.
la palma de Sheng Ge le iba transmitiendo calor poco a poco; los dedos de ella se movieron apenas, como regresando al mundo real.
Cuando aquellos ojos volvieron a encontrarse con los de él, ya no estaban vacíos; su mirada se fue enfocando lentamente, fijándose con firmeza en él.
—Si... si yo solo lo mencioné al pasar, ¿cómo es que tú... ?
—Jaja, ¿viste qué tal?
Sheng Ge le guiñó un ojo y, de pronto, levantó la barbilla para rascarse la punta de la nariz con el índice, con cara de orgullo.
Esa expresión era tan exagerada como tierna, calcada a la de un chibolo travieso que logró comerse un caramelo a escondidas y presume su hazaña.
—Pff, jajaja.......
al ver semejante gesto, Shu Qi no pudo contenerse y soltó una risita suave, una risa leve, dulce y real.
—Shu Qi.
Sheng Ge adoptó de pronto una cara seria, señalando con el dedo los tazones y platos de la mesa.
—¿Ah?
Shu Qi se quedó descolocada un segundo, sin reaccionar aún en medio de la risa.
Sheng Ge, con toda la solemnidad del mundo, se puso las palmas a los lados de la boca en forma de bocina y, con el volumen de quien susurra un secreto, soltó el tono más bajito posible:
—Yo~ co~ci~né~ Te~ to~ca~ la~var~
Shu Qi se quedó helada un instante, para luego entrecerrar los ojos con una sonrisa cálida que se expandió por todo su rostro. Copiando el gesto de Sheng Ge, se puso ambas manos junto a la boca y susurró risueña:
—A~ sus~ ór~de~nes~
Shu Qi se levantó a recoger la mesa; sus pasos eran un tanto pausados, como si sus pensamientos continuaran atrapados en la interacción de hace un momento.
El sonido del agua empezó a sonar.
Sheng Ge se quedó mirando su espalda en silencio.
De pronto, sintió que esa cocina tranquila se hacía inmensa, mientras que la silueta de ella se veía especialmente frágil y pequeña.
Se puso de pie, caminó hacia ella y se paró a su lado sin decir palabra; simplemente le quitó con delicadeza la esponja de las manos.
—¿Mmm...?
Shu Qi se quedó confundida.
—Estás de mal genio, así que es una excepción.
soltó Sheng Ge en un tono relajado, pero con una ternura tan grande que resultaba imposible rechazar.
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