LEDC 14





La esposa del casero: Pasión ardiente 14

La torpeza de ser virgen y el placer de ser adorado


Traducción: Asure


9:15 pm.

Shen Yuzhi estaba calentando leche en la cocina cuando escuchó una voz vacilante a sus espaldas:


—Hermana Yuzhi.......


Ella se dio la vuelta y vio a Lin Shuyi de pie en la sombra del pasillo. Aquel chico de ciencias que siempre pasaba la cabeza enterrada frente a la computadora tenía las manos apretadas con fuerza, con los nudillos blancos y finas gotas de sudor en la frente.


—¿Shuyi? ¿Por qué sigues despierto?

—Yo.......


Abrió la boca, con la voz ronca.


—Tengo algo que decirte.


Shen Yuzhi apagó el fuego y se apoyó en el borde de la encimera:


—Dime.


Lin Shuyi no se movió. Su nuez se movió hacia arriba y hacia abajo, como si estuviera tragándose una valentía descomunal.


—Sé...... sé que tú y Chen Lie...... y los demás.......


Su voz se fue haciendo cada vez más pequeña, pero de repente levantó la cabeza con una resolución en la mirada que parecía la de alguien dispuesto a jugárselo todo a una sola carta.


—¡Pero no me importa!


Shen Yuzhi se quedó estupefacta.


—Desde el primer día que me mudé....... me gustaste.


dijo muy rápido, como si temiera arrepentirse.


—Cuando me preparabas un bocadillo a altas horas de la noche, cuando me cosías los botones....... No sabes cuánto pensaba en ti todas las noches......


Tenía la cara completamente roja, pero no se detuvo:


—Sé que no soy tan fuerte como Chen Lie ni tan apuesto como Zhou Ye, yo....... solo soy un gordo que solo sabe escribir código...... pero tú...... ¿podrías mirarme también a mí?


La cocina se sumió en el silencio.

Shen Yuzhi lo miró: ese chico que siempre bajaba la cabeza, tartamudeaba al hablar y se ponía tan nervioso frente a ella que se le caía el vaso de agua. En ese momento estaba de pie frente a ella, como una cría de bestia que reunía todo su valor para declararse, temblando pero con firmeza.

Debería haberlo rechazado.

Ya tenía a Chen Lie, había tenido a Su Manqing, había tenido a Lin Xiaoman... Debería haber dicho:


—Lo siento, no puedo.


Pero al mirar ese anhelo puro y sin impurezas en los ojos de Lin Shuyi, sintió que un interruptor dentro de su cuerpo se accionaba.

Ya era incapaz de rechazar a cualquiera que la deseara.


—Tu habitación, llévame.


Los ojos de Lin Shuyi se abrieron de par en par al instante, como si no pudiera creer lo que oían:


—Tú... ¿qué dijiste?

—Dije.


Shen Yuzhi caminó hacia él y le acarició suavemente la mejilla con los dedos.


—Llévame a tu habitación.


La respiración de Lin Shuyi se aceleró y su cuerpo se puso tan rígido como un trozo de madera. Sin embargo, asintió y se giró para guiar el camino.

La habitación del segundo piso era pequeña y desordenada. El escritorio estaba lleno de libros de programación y componentes electrónicos, sobre la cama había tendida una camiseta blanca desgastada por los lavados, en el aire flotaba un tenue aroma masculino: sudor, champú y esa fragancia limpia propia de un joven que vivía solo.

Shen Yuzhi cerró la puerta y se volvió para mirar a Lin Shuyi. Él estaba de pie junto a la cama, sin saber muy bien dónde poner manos y pies, con la cara tan roja que parecía que le iba a gotear sangre.


—¿Es tu primera vez?


La cara de Lin Shuyi se puso aún más roja, pero asintió:


—Sí...... lo siento.......

—¿Por qué te disculpas?

—Porque...... porque no sé hacer nada.......


su voz era tan baja como el zumbido de un mosquito,


—Tengo miedo de decepcionarte........


Shen Yuzhi se acercó a él y le desabotonó el primer botón de la camisa:


—Entonces te enseñaré yo.


Sus movimientos eran lentos, dándole tiempo para adaptarse. Con cada botón que desabotonaba, quedaba al descubierto más piel pálida: Lin Shuyi no era gordo, solo parecía algo delgado debido a que pasaba demasiado tiempo sentado, tenía un vello fino y escaso en el pecho.


—¿Nervioso?

—Muy... muy nervioso.


admitió él con franqueza, con la voz temblorosa.

Shen Yuzhi sonrió, una sonrisa que llevaba impregnada una ternura recién descubierta, propia de alguien que ostenta el poder. Le bajó la camisa para dejarle el torso desnudo y luego le tomó la mano para colocarla sobre su propia cintura.


—Tócame, como lo has estado imaginando.


La mano de Lin Shuyi temblaba mientras le acariciaba la cintura con sumo cuidado. Su palma era seca y cálida, impregnada de una cautela devota, como si estuviera tocando una frágil estatua divina.


—¿Puedo... puedo subir un poco más?


preguntó con una súplica en la voz.

Shen Yuzhi asintió.

Su mano ascendió lentamente hasta rozar la curva de sus pechos a través de la tela. Su respiración se volvió agitada y sus dedos se cerraron ligeramente, como si quisiera comprobar que aquello era real.


—Qué suave........


murmuró para sí mismo, con la mirada perdidísima.

Shen Yuzhi dejó que la explorara mientras observaba sus reacciones: esa mezcla de asombro puro y deseo le provocaba un extraño calor recorriéndole el cuerpo. Le gustaba eso; le gustaba que la contemplaran así, con esa fascinación, que la trataran con tanto cuidado.


—Túmbate. Deja que yo me encargue.


Lin Shuyi obedeció y se acostó en la cama, pegando los brazos a los costados del cuerpo como un soldado esperando inspección. Shen Yuzhi se quitó la prenda superior, dejando al descubierto sus pechos sostenidos por el brasier, luego se inclinó para empezar a desabrocharle la correa.


—Hermana Yuzhi.......


dijo él con la voz temblorosa.


—Dime por mi nombre. Cuando estemos a solas.

—Yuzhi.......


Le bajó el pantalón y, a través del calzoncillo, vio su deseo erguido por completo. Lin Shuyi soltó un gemido de vergüenza e intentó cubrirse con las manos, pero ella las apartó con delicadeza.


—Es muy bonito.


Era, en efecto, un cuerpo joven: limpio, firme, con esa tensión y urgencia características de un primerizo. Ella lo acarició suavemente por encima del trusa, sintiendo sus palpitaciones en la palma de la mano.


—¡Ah!


Lin Shuyi arqueó la espalda de golpe.


—Se siente...... se siente muy raro......

—¿Se siente bien?

—Sí...... pero......, tengo miedo de... de venirme muy rápido.......


Shen Yuzhi dejó escapar una ligera sonrisa, le bajó el calzoncillo y dejó al descubierto esa calidez expuesta al aire. Se inclinó y rozó suavemente la punta con sus labios.


—¡Ah! No.......


exclamó Lin Shuyi, poniéndose rígido al instante,


—Me vengo... va a salir.......


Shen Yuzhi levantó la cabeza y miró su rostro angustiado:


—No pasa nada, la primera vez es normal que sea rápido.

—Pero......

—Confía en mí.


le dijo, rodeándolo suavemente con los dedos.


—Voy a hacer que te sientas muy bien.


Comenzó a acariciarlo despacio, observando sus reacciones: él tenía el ceño fruncido, la boca entreabierta y soltaba jadeos contenidos. Esa torpeza y esa falta de control le generaban a ella una extraña satisfacción.


—Yuzhi.......


murmuraba su nombre como si fuera un mantra.


—Creo....... creo que me voy a.......

—Relájate. Déjalo salir.


El cuerpo de Lin Shuyi se arqueó bruscamente mientras dejaba escapar un gemido que sonaba casi a un sollozo; de pronto, el líquido blanco brotó con fuerza, salpicándole el abdomen e incluso un poco en las manos de ella.

Él quedó tendido en la cama, completamente exhausto, con el pecho agitándose a ritmo acelerado y la mirada ida y desorientada:


—Lo...... lo siento...... Fui demasiado rápido.......


Shen Yuzhi no dijo nada. Tomó papel higiénico del velador y le limpió despacio el abdomen, con la misma ternura con la que cuidaría a un niño.


—No importa. La próxima irá mejor.


Lin Shuyi la miró con los ojos empañados en lágrimas:


—¿Tú... tú no estás decepcionada?


Shen Yuzhi se inclinó y le secó las lágrimas del borde del ojo con un beso:


—¿Cómo crees? Eres muy tierno.


Se quitó el pantalón y se puso a horcajadas sobre él, haciendo que su propia humedad rozara la firmeza de él, que aún no terminaba de bajar del todo:


—Además... esto recién empieza.


A Lin Shuyi se le abrieron los ojos de par en par al instante:


—¿To... todavía se puede?

—Claro.


dijo ella, sujetándolo para guiarlo despacio hacia su entrada.


—Esta vez... dentro de mí.


Se fue sentando lentamente, sintiendo cómo esa tibieza le abría paso en su interior. Lin Shuyi dejó escapar un gemido prolongado mientras se agarraba con fuerza de las sábanas.


—Está bien apretado.......Quema.......


Shen Yuzhi empezó a moverse despacio, apoyando las manos en el pecho de él y sintiendo cómo ingresaba hasta lo más profundo. La mirada de Lin Shuyi reflejaba una mezcla de trance y concentración total; la observaba sin pestañear: veía cómo se le movían los pechos con cada vaivén, cómo fruncía el ceño y cómo entreabría los labios.


—¿Se siente bien?

—Sí.......


respondió él con la voz temblorosa.


—Yuzhi... eres hermosa.......


Ella aceleró el ritmo, sintiendo la dureza de él dentro suyo; aunque era su segunda vez, seguía teniendo una sensibilidad asombrosa, cada contracción le sacaba gemidos ahogados.


—¿Puedo... puedo moverme yo?


preguntó con tono de súplica.


—Pruébalo.


le dijo ella, inclinándose para apoyar los brazos a ambos lados de su cabeza.


—Desde abajo.


Lin Shuyi empezó a mover la cadera torpemente, con ímpetu pero sin mucha experiencia. Su ritmo era irregular: por momentos iba tan profundo que le sacaba a ella un jadeo de sorpresa, por momentos se quedaba muy corto sin lograr saciarse. Sin embargo, su mirada tan seria —ese esfuerzo desgarrador por hacer que ella lo disfrutara— hizo que a Shen Yuzhi se le encogiera el corazón.


—¿Así... así está bien?

—Sí.


le respondió ella con voz dulce.


—Un poco más profundo...... eso es, justo ahí.......


Ella lo fue guiando, enseñándole cómo encontrar el ángulo y cómo controlar el ritmo. Lin Shuyi aprendía rápido, o quizás era su propio cuerpo que, por puro instinto, sabía cómo complacerla. Sus movimientos de cadera se volvieron cada vez más precisos, embistiendo una y otra vez contra la pared sensible de su interior.


—¡Ah!


soltó Shen Yuzhi un jadeo de sorpresa, sin imaginarse que él progresaría tan rápido.


—¿Es aquí?


preguntó él con los ojos brillantes.


—¿Te gusta aquí?

—Sí........ sigue... no pares........


Como si hubiera recibido la mayor motivación del mundo, Lin Shuyi empezó a moverse con aún más fuerza. Le tomó la cintura con ambas manos para ayudarla a mantener el ritmo, haciendo gala de la sorprendente resistencia de su joven cuerpo.


—Yuzhi....... creo...... creo que me voy a venir otra vez........

—Juntos.......


le dijo ella, sintiendo cómo esa corriente de calor se iba acumulando en su interior.


—Esta vez.....juntos.......


Él se adentró de golpe hasta lo más profundo, al mismo tiempo que Shen Yuzhi sentía una intensa contracción estallar desde su interior:


—¡Ah!—


El cuerpo de Lin Shuyi se puso rígido y su semen ardiente brotó a borbotones, llenándola hasta el fondo. Shen Yuzhi lo abrazó con fuerza, sintiendo sus violentos temblores y los latidos acelerados de su corazón.

Se quedaron abrazados jadeando, con el sudor de ambos mezclándose en la piel.


—Yo.......


la voz de Lin Shuyi sonó ahogada contra su hombro,


—¿Esto es... hacer el amor?


Shen Yuzhi dejó escapar una sonrisa tenue y le acarició el cabello:


—Esto es solo el comienzo.


Se levantó, fue al baño a traer una toalla húmeda y empezó a limpiarle el cuerpo. Lin Shuyi, tímido, intentó hacerlo él mismo, pero ella le apartó la mano con delicadeza.


—Deja que yo te cuide. Esto también forma parte de todo.


Le limpió con cuidado el abdomen, los muslos y aquella parte que ya se había ablandado. Lin Shuyi la contemplaba con una devoción que rozaba la devoción pura.


—Yuzhi ¿puedo... puedo aprender más?


Shen Yuzhi levantó la mirada hacia él y sonrió:


—Claro que sí. Te enseñaré... todo lo que quieras saber.


Le acomodó la frazada y se inclinó para darle un beso en la frente:


—Buenas noches, Shuyi.

—Buenas noches... profesora.


Shen Yuzhi se quedó un segundo desconcertada y luego su sonrisa se volvió aún más profunda. Apagó la luz y salió de la habitación con pasos ligeros.

Caminando por el pasillo, aún sentía el calor de él guardado en su interior. Esa sensación de ser admirada, de ser contemplada con fascinación y de ser vista como su única guía hacía que sus pasos se sintieran livianos.

Había cambiado por completo.

Ya no era la esposa solitaria que esperaba la llamada del marido, ni la Shen Yuzhi pasiva que se dejaba llevar: era alguien necesitada, deseada, una mujer con un mar de posibilidades por delante.

Y esto apenas comenzaba.

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