HODEHA 945






Hombres del Harén 945

SS23: Klein, haciendo su trabajo





—¿Por qué no puedo ir? ¡No hay ninguna ley que me lo prohíba!


Furioso, Klein se sacudió a Axian de encima y siguió caminando.


—Maldita sea.


Axian no sabía qué hacer. Klein tenía razón. El lugar hacia el que se dirigía ese príncipe indomable era la prisión donde estaban confinados los monstruos, no había ninguna regla que dijera que no podía ir allí. Sin embargo, a menos que estuvieran involucrados en su cuidado, la mayoría de la gente ni se asomaba por esa prisión. ¿Por qué querría alguien visitar un lugar donde los monstruos estaban encerrados y aullando por todos lados?


—Su Alteza, no han pasado ni dos horas desde que empezó el banquete. Todos están reunidos y pasándola bien; usted debería ser parte de eso.


Axian se estaba esforzando más de lo habitual para hablar con amabilidad.

Pero ese tipo de persuasión a medias no funcionaba con un Klein borracho.


—¿Ser parte de eso? ¿Te refieres a que debería unirme a ellos y actuar como un tonto, matándome de la risa y diciendo lo bien que se ven Su Majestad y el Esposo Oficial juntos? Yo no soy un rábano seco y descerebrado que finge ser tierno, que finge no tener celos, abrazando a un panda rojo y actuando como si apoyara sumisamente al Esposo Oficial. Yo... no soy así.


Klein empujó a Axian a un lado y volvió a tambalearse en dirección a la prisión de los monstruos.


—Entonces al menos vaya a su habitación, Su Alteza. ¿Por qué tiene que ir a la prisión de los monstruos?


Axian tomó a Klein del brazo. El peor de los escenarios cruzó por su mente. ¿Acaso este príncipe ebrio estaría planeando liberar a los monstruos?

Mientras vacilaba, sin saber qué hacer, Klein terminó entrando a la prisión.

Tal como él insistía —«No hay ninguna regla que diga que no puedo ir a la prisión de los monstruos»—, los Paladines que custodiaban la entrada no lo detuvieron. Solo intercambiaron miradas que decían: «¿Qué hace el príncipe aquí?».

Al entrar a la prisión, uno de los caballeros sagrados corrió rápidamente por el pasillo interior para informarle a Baekhwa sobre la situación. Ajeno a esto, Klein abrió los brazos de par en par en la gran prisión y gritó tan fuerte que su voz hizo eco:


—¡¿Ves?! ¡Nadie me está deteniendo!

—Está bien, pero baje un poco la voz.


suplicó Axian mientras miraba a su alrededor. No había monstruos cerca de la entrada, pero ya se escuchaban gruñidos animales desde lo más profundo.


—¡No!


volvió a gritar Klein con fuerza, de pronto empezó a correr hacia el fondo.


—¡Su Alteza! ¡Su Alteza!


¡Maldita sea, este príncipe borracho! A Axian no le quedó otra opción que correr tras él.

Al llegar a la zona donde estaban recluidos los monstruos, los aullidos se intensificaron desde todas las direcciones. Como si reconocieran que Axian y Klein no eran caballeros sagrados ni sacerdotes, los monstruos emitían sonidos amenazantes y sacudían sus jaulas como si fueran a romperlas. Pero Klein ni los miró. Axian tenía que admitir que, si algo no le faltaba a Klein, eran agallas. A él mismo se le erizaba la piel del susto, pero los pasos de Klein no dudaron ni una vez. A estas alturas, Axian sentía una genuina curiosidad por saber a dónde demonios se dirigía Klein con tanta prisa.

Por fin, Klein se detuvo frente a una celda grande y solitaria.

Axian miró a su alrededor. A diferencia de las otras celdas de la prisión, esta se encontraba sola, apartada del resto.


—¿Su Alteza? ¿Por qué cornos vino a...


Se detuvo a mitad de la pregunta al ver a la extraña criatura dentro de la celda. Con unos ojos enormes, parecidos a los de una mosca, el monstruo tenía un aspecto grotesco que resultaba perturbador de solo mirar.

Pero Klein caminó hacia él sin dudarlo.


—¡Su Alteza! ¡Dé un paso atrás!


susurró Axian, pero Klein, en cambio, le habló al monstruo.


—Tú eres el monstruo que muestra futuros falsos, ¿verdad?


Axian abrió bien los ojos y miró a Klein.


—¿Su Alteza? No me diga que...


Justo en ese momento, el monstruo, que había estado moviendo sus ojos de mosca de un lado a otro, de pronto se burló y estiró su larga mano para sujetar los barrotes. Al acercar su rostro a la reja, Axian dio un paso atrás. Pero Klein se mantuvo inmóvil.

Intrigado por esa reacción, el monstruo preguntó:


[¿Viniste a ver un futuro falso?]


El único que alguna vez había venido buscando un futuro falso era el Lord. Los demás humanos siempre eran tan firmes en sus creencias que, por más dulcemente que el monstruo los tentara, nunca cedían. Pero ahora, aquí había un humano acercándose por su propia cuenta.


[¿Quieres que te muestre uno de tus futuros alternativos?]


El monstruo intentó no parecer demasiado complacido al preguntar. Pero le resultaba difícil. No se había atrevido a tocar al Amo por temor, pero había estado atrapado en esta prisión por tanto tiempo... aburrido soberanamente.

Pero Klein no cayó ante las palabras del monstruo.


—Así que realmente eres el monstruo que muestra futuros falsos. El rumor de que Su Majestad quedó prendada porque el monstruo tenía forma humana y era simpático es claramente falso.


Al escuchar un insulto de la nada sin haber hecho nada, el monstruo frunció el ceño, recordando una reprimenda del Lord. Cualquier buena voluntad que tuviera hacia este humano que había venido después de tanto tiempo se esfumó de inmediato.


[¿Y quién eres tú para hablar igual que el Lord?]

—Su esposo.


Ante la confiada respuesta de Klein, el monstruo se burló.


[También deberías mencionar qué número de esposo eres]


Cuando Klein abrió bien los ojos, el monstruo finalmente soltó una risita de satisfacción.

'¿De qué se están peleando en serio...?'

pensó Axian para sus adentros con un suspiro. Aun así, ver al monstruo hablando en lugar de atacar alivió un poco su tensión. Mientras guardaba su espada, preguntó:


—Su Alteza. ¿Acaso vino aquí solo para ver si la cara del monstruo era bonita?

—Claro que no.

—Pues de verdad lo parece.


Al escuchar la conversación de los humanos, el monstruo ladeó la cabeza. [¿Mi cara?]


—Dije que no.


respondió Klein con firmeza otra vez, luego estudió de cerca los ojos de mosca del monstruo. De pronto, le hizo una seña a Axian para que retrocediera.


—No puedo hacer eso.


Axian se resistió. Pero como Klein siguió insistiendo, retrocedió a regañadientes unos cuantos pasos.

Una vez que hubo cierta distancia entre ellos, Klein le preguntó al monstruo con una expresión más seria:


—Oye, mosca. Hagamos un trato.


Axian, furioso por la osada propuesta, gritó en protesta:


—Puedo escuchar todo desde aquí, Su Alteza.


Pero Klein mantuvo sus ojos fijos en el monstruo sin parpadear.

El monstruo se quedó desconcertado. Un humano —que no era un sacerdote, ni un Paladín, ni mucho menos un brujo— le estaba proponiendo un trato.

'¿Acaso me veo tan fácil?'

Aun así, su curiosidad se despertó de nuevo.


[¿Qué clase de trato haría yo con un humano como tú? Dices que eres el esposo del Lord, pero hay más de un esposo, tampoco es que tengas un título oficial como esposo del Lord.]

—Pero soy el único de sus esposos que podría darte la libertad.


Ante la audaz afirmación de Klein, tanto a Axian como al monstruo se les abrieron los ojos de par en par al mismo tiempo.


—¡Su Alteza!

[¡¿Libertad?!]


Gritaron al unísono. Klein respondió a las palabras del monstruo.


—Sí, libertad. Si me concedes un deseo, haré lo que sea necesario para darte tu libertad.


Tratando de hacer reaccionar a Klein, Axian levantó la voz deliberadamente y gritó con brusquedad:


—¡Su Alteza! ¡No hable semejantes tonterías!


Pero ni el monstruo ni Klein le prestaron la más mínima atención.

El monstruo acercó sus ojos de mosca aún más a los barrotes y preguntó:


[¿Qué deseo quieres pedir?]

—Si Su Majestad viene a ti y te pide ver un futuro falso, muéstrale uno en el que yo esté en él.

—¡Su Alteza!


El monstruo ladeó la cabeza aún más hacia un lado.


[Si el Lord pide ver un futuro contigo, por supuesto que se lo mostraré. Lo que estás pidiendo ni siquiera cuenta como un favor. Es fácil, de todas formas, así que no me importa]

—No. Lo que quiero decir es que, incluso si el Lord pide ver un futuro con alguien más, muéstrale un futuro conmigo en su lugar.


Klein apretó el puño mientras hablaba. Mientras la emperatriz se divertía con el Esposo Oficial y los demás consortes, aquí estaba él, haciendo tratos turbios a escondidas con un monstruo con ojos de mosca. Su orgullo estaba herido.

Pero tenía que hacer algo. La emperatriz paraba demasiado ocupada. Incluso cuando solo estaban los consortes era difícil verle la cara, después de que nació la niña, se volvió todavía más complicado. Catorce miembros de la familia estaban a la espera de la atención de la emperatriz.


[Mmm. Eso definitivamente está difícil]


murmuró el monstruo con voz atribulada.


[Me estás pidiendo que vaya en contra de la petición directa del Lord... Eso es realmente difícil. el Lord tiene un genio de los demonios. Se va a enojar conmigo]

—Solo di que fue un error. Di que escuchaste mal el nombre o algo así.

[¿Crees que ella se va a creer eso?]

—Tal vez si es solo una vez.

[¿Una vez?]

—Sí. Solo una vez. Con que se lo muestres una vez es suficiente. Ya si ella sigue mirando o lo pasa de largo pensando que fue un error... esa será decisión de Su Majestad.


La voz de Klein se fue apagando gradualmente.

Ver al príncipe, que usualmente era tan seguro de sí mismo, lucir tan lamentable en ese momento hizo que Axian también frunciera el ceño.

El monstruo movió sus enormes ojos de un lado a otro, aparentemente sacando cuentas en su cabeza. ¿Debería arriesgarse a desatar la furia del Lord y desobedecer una vez, o ir a lo seguro y no cerrar el trato?


[Está bien]


Al fin, el monstruo tomó una decisión.


[Una vez no debería hacer daño]

—Ni se te ocurra intentar jugarle sucio. Si pones a prueba a Su Majestad de forma sutil, ella se dará cuenta de inmediato.

[Y ni se te ocurra hacerte el desentendido conmigo después de esto]


Al ver a su príncipe hacer un trato con un monstruo, Axian sintió que le venía un dolor de cabeza. ¿De verdad esto saldría bien? Si alguien se enteraba de este pacto con el monstruo, ¿no traería problemas? Podría pasarse por alto si nadie decía nada. Pero si alguien estuviera buscando armar un escándalo, definitivamente habría motivos para una acusación.

Después de salir de la prisión de los monstruos, Klein se dirigió directamente a sus aposentos dentro del harén. Como le desagradaba el fastuoso banquete que Tasir había organizado, tomó deliberadamente el camino trasero que no tenía decoraciones. Axian lo siguió en silencio, solo cuando estuvieron dentro de la habitación se atrevió a hablar.


—Su Alteza. ¿De verdad esto estará bien? Si alguien con malas intenciones se entera, podría intentar difamarlo.

—Quedó entre nosotros, así que ¿cuál es el problema? Ese monstruo no va a hablar, ¿o sí? ¿Acaso hablaré yo? ¿Hablarás tú?

—Pero algunos de los Paladines nos vieron ir a la prisión.

—Ellos no saben nada sobre el trato.

—Igual me preocupa. Y podría ser un problema incluso si nadie se entera. Además, ¿cómo planea liberar a ese monstruo de todas formas? En el momento en que lo intente, Baekhwa podría tildarlo de villano por coludirse con un monstruo.


Jaisin no haría eso. Pero Baekhwa definitivamente era de los que sí lo harían.


—Aparte, la boca de ese monstruo también es un peligro. Si Su Majestad no va a visitarlo, podría mencionarlo a usted solo por piconería.

—Eso no va a pasar.

—¿Le cree al monstruo?

—No. Pero Su Majestad siempre visita al monstruo cuando tiene algo de tiempo libre. No ha ido últimamente porque ha estado ocupada, pero una vez que terminen las fiestas de fin de año y Año Nuevo, de seguro irá a visitarlo para despejarse. Y por esas fechas, lo más probable es que quiera ver un futuro con Kallain. Está cerca del cumpleaños de Kallain. Kallain y yo tenemos nombres parecidos, así que incluso si el monstruo comete un 'error' una vez, no parecerá demasiado sospechoso.

—Su Alteza... ¿por qué usa ese cerebro tan ingenioso que tiene para este tipo de cosas?


Axian suspiró con un genuino pesar. Sus personalidades eran distintas por naturaleza, así que podía aceptar eso. Pero si Klein tan solo pudiera usar esa mente brillante suya como el Esposo Oficial, ¿cuánto mejor serían las cosas?

Cruzando las piernas y sentándose en el sofá, Klein espetó con irritación:


—¡No soy el Esposo Oficial, así que ¿qué más se supone que haga?! ¡Soy un consorte común! ¡Solo tengo que pensar en cómo ganarme el Lordr de Su Majestad! ¡Si no querían esto, me hubieran nombrado Esposo Oficial! ¡Solo estoy haciendo mi chamba!


Frente al argumento de Klein —imposible de refutar e igualmente difícil de respaldar—, Axian prefirió quedarse callado.

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