HODEHA 929






Hombres del Harén 929

SS11: Tasir y el Mundo de Romance (7)





Tasir no podía quitarse la camisa con facilidad. Princesa Latil asumió que estaba avergonzado y se puso de espaldas.


—Ya, está bien. Me quedaré así. ¿Contento? ¡De verdad que eres bien tímido!

—No es que yo sea tímido, Su Alteza; es que usted no lo es.


murmuró Tasir mientras empezaba a desabotonarse la camisa con una sola mano.


—He entrenado con caballeros desde que era niña.


Princesa Latil mantuvo los ojos fijos en el suelo y respondió al toque. Recién después se dio cuenta de que no tenía por qué haber dicho eso.

Pero por más que esperaba, Tasir seguía sin quitarse la prenda.


—¿Ya puedo mirar?


preguntó ella, perdiendo la paciencia.


—Sí.


En el momento en que recibió el permiso, Princesa Latil volteó la cabeza de un porrazo. De inmediato se dio cuenta de por qué Tasir no podía quitarse la camisa. Como tenía el brazo herido y le costaba doblarlo, le resultaba casi imposible desabotonarse usando una sola mano.


—Yo lo hago.


Al verlo batallar con los botones, ella estiró la mano y los soltó con facilidad.


—Ya está.


Después de desabrochar todo, incluso lo ayudó a deslizar la camisa por sus hombros. Estaba tan ansiosa por revisar la herida que ni tiempo tuvo de sentirse avergonzada.


—A ver, veamos.


Cuando bajó la camisa de Tasir, su antebrazo hinchado quedó finalmente al descubierto. Tal como se lo esperaba, se veía mucho peor que cuando lo vio hace unos días.


¡Válgame Dios!, tu brazo... está al doble, no, al triple de su tamaño.


exclamó ella agarrándole el brazo, hablando a mil por la impresión.

Uno no podía disparar un arco bien con un solo brazo. Se sentía culpable, pensando que él se había lastimado más al disparar para salvarla. ¿O tal vez empeoró por cargarla?


—¿Estaba muy pesada?


Sacudió la cabeza, echándose la culpa.


—¡Estaba pesada!


Pero mientras ella se lamentaba sola, una risa resonó sobre su cabeza. Al levantar la vista, vio que los ojos de Tasir se entrecerraban con diversión. Cuando sus miradas se cruzaron, él bromeó:


—¿Qué tanto estás murmurando solita?

—Tu brazo terminó así por mi culpa.

—No, esto pasó cuando se estrelló la carreta. Sé que a Su Alteza le encanta hacerse responsable de todo, pero hay que dejar las cosas claras.

—Pero tu brazo no estaba tan hinchado hace unos días. ¿Acaso no empeoró por cargarme?

—Su Alteza no pesaba nada.


'¿Entonces por qué puso esa cara de alivio cuando me bajó?', pensó Princesa Latil para sus adentros. Pero no lo dijo en voz alta, temerosa de que si seguía culpándose, él se sintiera aún más abrumado. En su lugar, le quitó la venda del brazo y se la volvió a poner de forma más ordenada y firme.


—Su Alteza es muy amable. Se está portando tan bien que este Tasir se va a poner emocional.


murmuró él a su lado, pero ella no respondió. En silencio, le subió la camisa y empezó a abrocharle los botones. Pero cuando su mano rozó accidentalmente su piel, se quedó tiesa.

Se detuvo en seco y contuvo el aliento. Tenía que pedir disculpas y seguir abotonando, pero cuando el abdomen de Tasir se contrajo por su toque, ella tampoco pudo respirar.


—Perdón.


murmuró Princesa Latil tras una pausa y retomó la tarea con cautela. Pero sus manos, que antes se movían con agilidad, ahora dudaban para no tocarle la piel, haciendo que el ambiente se pusiera cada vez más pesado.


Ni siquiera podía levantar la cabeza, manteniendo los ojos clavados en los botones. Entonces se dio cuenta de que el abdomen de Tasir seguía sin moverse ni un poquito, murmuró:


—Respira.

—Si respiro, podría rozarla de nuevo.

—Solo respira. Yo tendré cuidado. ¿Qué pasa si te desmayas por aguantar el aire todo el tiempo que me toma abotonarte la camisa?

—Si Su Alteza me toca, probablemente le dará asco.


Princesa Latil estuvo a punto de decir:


—No me importa.


cuando se dio cuenta de que Tasir había malinterpretado su intención. Parecía que él pensaba que ella movía las manos lento porque no quería rozarle la piel.


—No me da asco.


aclaró rápido. Pero apenas soltó las palabras, sonaron aún más raras.


—Mmm.


Cuando escuchó a Tasir murmurar con ese tono de incomodidad, la cara se le puso roja como un tomate.


—No lo tomes a mal.


añadió apurada.


—Ya, Su Alteza. Si yo ni siquiera he dicho nada.


Cuando Tasir soltó una carcajada, los músculos de su abdomen se contrajeron. Como ella se había quedado mirando justo ahí, Princesa Latil pudo ver el movimiento clarito.

Se sintió sumamente avergonzada. El rostro le ardía tanto que hasta le zumbaban los oídos. Mejor termino con los botones de una vez, pensó, apuró las manos de nuevo.

Una vez que todos los botones quedaron bien puestos, retiró las manos al toque y se lanzó de vuelta al lugar donde había extendido su capa. Al sentarse, miró de reojo a través de la fogata y vio a Tasir balanceando suavemente su brazo vendado. Cuando él volteó hacia ella, le sonrió.


—Gracias, Su Alteza. Siento que ahora puedo moverlo mucho mejor.


Princesa Latil se echó de inmediato sobre su capa dándole la espalda.


—Ya, está bien.












⋅•⋅⋅•⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅∙∘☽༓☾∘∙•⋅⋅⋅•⋅⋅⊰⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅⋅•⋅











Princesa Latil hizo todo lo posible por quedarse despierta. Tasir era mejor que los atacantes, pero seguía sin ser alguien en quien pudiera confiar al 100 %, no podía permitirse dormir en un bosque confiando solo en eso. Sin embargo, estaba demasiado agotada, después de tanto esfuerzo por mantener los ojos abiertos, terminó quedándose dormida.

Cuando se durmió, ese tiempo prácticamente desapareció para ella. Así que cuando se despertó de un salto por la impresión, no tenía idea de cuánto tiempo había pasado.

Solo después de mirar al cielo pudo tener una idea vaga de la hora. Todavía estaba oscuro, pero unos toques de luz rojiza se asomaban entre las nubes; parecía que ya estaba amaneciendo.

Sobándose los ojos, Princesa Latil miró hacia el otro lado de la fogata.


[¿Eh? ¿Dónde está?]


Pero el sitio donde Tasir había estado sentado apoyado en un árbol ahora estaba vacío. Se impulsó rápido con las manos para levantarse. Con el apuro, casi se va de avance al olvidarse de su pierna herida.


[¿A dónde se fue?]


Las brasas del fuego seguían vivas, aunque ya estaban débiles. Princesa Latil echó unos troncos y removió las cenizas con un palo largo para que reviviera. Mientras el fuego empezaba a prender de nuevo, llamó bajito:


—¿Tasir?


No hubo respuesta.


—¿Tasir? ¿Estás por ahí?


llamó otra vez, luego recogió su capa del suelo y se envolvió en ella.


[¿Me habrá dejado tirada? ¿Porque era una carga? O... ¿hubo otro ataque?]


Incluso en medio de su preocupación, Princesa Latil se echó la culpa por haber dormido tan profundo y aguzó el oído para captar cualquier sonido.


[Tal vez solo le dieron ganas de ir al baño y se fue por ahí...]


A pesar de los pensamientos de ansiedad que le apretaban el pecho, decidió quedarse quieta por el momento y se sentó de nuevo en el suelo. Empezó a contar números en su cabeza mientras esperaba que Tasir regresara.


[¿Le habrá pasado algo?]


Pero por más que esperó, Tasir no volvía, el bosque seguía en silencio. Mientras la luz azulada empezaba a atravesar las nubes oscuras, poco a poco, Princesa Latil ya no pudo quedarse tranquila y se puso de pie. Si solo se hubiera alejado para algo rápido, ya habría vuelto hace rato. Tenía que empezar a buscarlo por su cuenta.

Fue hacia donde él había estado echado y examinó el suelo. Al mirar más de cerca, vio el pasto aplastado donde él había descansado y huellas en la tierra.

Todavía estaba oscuro, pero como el sol de la mañana estaba saliendo gradualmente, uno podía distinguir ese tipo de rastros si miraba con cuidado. Princesa Latil se agachó y empezó a seguir las huellas lentamente.

¿Cuánto tiempo habría estado moviéndose así? Justo cuando empezaba a preocuparse por estarse metiendo demasiado al fondo del bosque, finalmente sintió la presencia de alguien. Dejó de caminar y se concentró en los ruidos de alrededor.


[Alguien está peleando]



Muy bajito, podía escuchar el sonido de armas chocando una y otra vez.


[¿Es Tasir? ¿Se está peleando con los atacantes?]


Volteó hacia donde venía el ruido. Pero no apuró el paso. Incluso si Tasir realmente estaba luchando contra los enemigos, ella tenía que llegar sin que la notaran. Con su pierna herida, no podía rendir a su nivel de siempre.

Parecía que había elegido la dirección correcta: el tintineo del metal se escuchaba cada vez más cerca. Cuando por fin llegó a las inmediaciones de la pelea, Princesa Latil se escondió detrás de un árbol.


[¡Es Tasir!]


Como se lo esperaba, Tasir estaba peleando contra cinco hombres enmascarados. Tal vez porque no podía usar un brazo, sus movimientos se veían algo raros. Por suerte, sus piernas eran más rápidas que las de la mayoría, lo que le permitía esquivar todos los ataques de los enemigos.


[Para pelear así de bien con un solo brazo... Eso es impresionante. ¿De verdad es un comerciante? ¿Normalmente los comerciantes son así de buenos para pelear?]


Princesa Latil miraba con asombro cómo Tasir esquivaba espadas por ambos lados y, con movimientos fluidos, les cortaba la espalda y el pecho a sus oponentes.

Aun así, no se quedó ahí parada solo para admirar sus habilidades. Estaba esperando un hueco. Con su pierna así, un mal movimiento podía terminar con ella de rehén.


[Debería ayudar. Pero Tasir está peleando muy bien ahorita. Si me meto así a la loca, capaz que solo estorbo.]


Por fortuna, incluso con un solo brazo, Tasir estaba ganando terreno de forma constante. Los enmascarados, que habían estado recibiendo cortes aquí y allá, empezaron a tambalearse por la pérdida de sangre a medida que las heridas superficiales se acumulaban. Finalmente, los tres que parecían más heridos no aguantaron más y se escaparon. Tasir dejó inconsciente de una patada a uno de los enemigos que quedaban y luego se dirigió al último.


—Las visitas al amanecer de verdad que no tienen modales.


se burló con una sonrisa del único enmascarado que quedaba. Pero su espada estaba subiendo. Estaba claro que Tasir no tenía ninguna intención de dejar ir a este.

Tal vez presintiéndolo, el enmascarado, que había estado recuperando el aliento apoyado en un árbol, se enderezó de repente con todas sus fuerzas. Princesa Latil asumió que Tasir lo remataría. ¿Acaso no le había metido una flecha directo al cuello a un enemigo en la posada?


[Hoy en día, parece que los comerciantes tienen que ser buenos cocinando, inteligentes, tener buena personalidad, pelear bien y encima disparar flechas con precisión]


Pero de forma inesperada, justo cuando Tasir se puso a tiro, el enmascarado escupió sangre y se burló con desprecio.


—Traidor.


¿Traidor? Princesa Latil frunció el ceño ante el comentario repentino.


[¿Qué se supone que significa eso?]


Pero Tasir solo se mofó.


—¿De qué estás hablando?


Luego levantó su espada como si fuera a cortarlo en cualquier momento. Pero en lugar de darle en el cuello, le rajó la máscara.

Princesa Latil se tapó la boca. El rostro que quedó al descubierto pertenecía a uno de los cocheros; uno del carruaje que se había estrellado con Tasir a bordo.


[No puede ser. ¿Ese cochero trabajaba con Tasir? ¿Acaso causó el accidente a propósito para infiltrarlo?]

Si te gusta mi trabajo, puedes apoyarme comprándome un café o una donación. Realmente me motiva. O puedes dejar una votación o un comentario 😁😄

Publicar un comentario

0 Comentarios