Hombres del Harén 930
SS11: Tasir y el Mundo de Romance (8)
Sin embargo, Tasir habló como si no tuviera nada que ver con el cochero.
—No sé por qué me dices traidor. ¿Acaso formamos un vínculo inquebrantable cuando me rompiste el brazo?
[¿Qué es esto? ¿Qué relación tienen?]
Princesa Latil se confundió aún más. Si el cochero estaba tratando de meter cizaña, no tenía sentido; solo estaban Tasir y él en ese lugar. Y no parecía que supieran que ella estaba ahí.
El cochero se burló con frialdad.
—No somos un equipo. Pero nuestros objetivos son parecidos, ¿no? Tú también vas tras la princesa...
En ese instante, Latil sintió un instinto asesino a sus espaldas. Giró el cuerpo hacia un lado y, usando la daga que había tenido en la mano todo el tiempo, se la clavó directo en el corazón al asaltante.
Los ojos del atacante se abrieron de par en par y escupió sangre. La miró con odio mientras se desplomaba. Antes de que le cayera encima, ella lo empujó con todas sus fuerzas. El tipo cayó con un golpe seco a un costado. Incluso en el suelo su cuerpo convulsionó, pero ya estaba en las últimas.
[Me descubrieron.]
Princesa Latil soltó un suspiro. La conversación entre Tasir y el cochero se había cortado. Ya que se le había arruinado el escondite, sacó la daga del corazón del hombre. Sacó un pañuelo, limpió la sangre de la hoja y salió de entre los arbustos.
—Vaya, me debo haber demorado mucho. Su Alteza ha venido hasta aquí.
dijo Tasir con tono de arrepentimiento al verla. El cochero que lo había llamado 'traidor' ya estaba muerto, apoyado contra un árbol.
—¿Me estaba buscando?
preguntó con una sonrisa de zorro, sin que le importara ni un rábano el cadáver detrás de él ni la sangre en la ropa y la cara de la princesa.
Tirando el pañuelo sucio al suelo, Princesa Latil preguntó:
—¡¿De qué diablos estaban hablando hace un rato?!
—¿A qué parte se refiere? Él solito se puso a hablar puras tonterías.
se rió Tasir, señalando al cochero muerto con la mirada. No parecía para nada un comerciante cualquiera. ¿Qué clase de comerciante se ríe con un muerto a sus espaldas?
—Tú. ¿Quién eres realmente?
Princesa Latil guardó su daga y puso la mano en la empuñadura de su espada larga mientras preguntaba.
Haciéndose el ofendido, Tasir se llevó la mano sana al pecho.
—Ya se lo dije: soy un comerciante. ¿Acaso Su Alteza no me escuchó bien?
—No, lo recuerdo perfectamente. Pero ese tipo te llamó traidor.
Princesa Latil señaló al cochero muerto con la barbilla.
—Solo te llama traidor alguien que alguna vez estuvo de tu lado.
—No siempre.
lo negó Tasir al instante.
Princesa Latil frunció el ceño. Él ya había dicho lo mismo antes de que ella se mostrara. Pero el cochero realmente parecía resentido con Tasir.
—Dímelo clarito. ¿Eres un comerciante o un traidor?
—Soy un comerciante.
—Es difícil de creer; eres demasiado astuto para eso. Ese tipo era el cochero que chocó contra tu carreta, ¿verdad? ¿Planearon el accidente a propósito? ¿Trabajaban juntos? ¿Te uniste a mi grupo queriendo?
Mientras hablaba, a Princesa Latil le empezaba a doler el pecho. Siempre había sospechado, siempre fue precavida... y aun así, de alguna forma, había terminado confiando en este supuesto comerciante. Quizás fue porque la había ayudado varias veces y, sin darse cuenta, empezó a depender de él.
—Vaya, Su Alteza. Confió en mí todo este tiempo, ¿y ahora prefiere creerle a él?
Mientras ella hervía por el dolor de la traición, Tasir mantenía ese tono ligero y superficial, incluso en esta situación. Si un actor usara ese tono en una escena así, el público gritaría: '¡Ese tipo actúa hasta las patas!'. Así de desencajadas estaban su expresión y su voz.
—Fuiste sospechoso desde el arranque. Pero me seguiste ayudando. Así que intenté confiar en ti a pesar de lo turbio que parecías. En mi situación actual, no me puedo dar el lujo de cuestionar a alguien solo porque sea sospechoso.
Princesa Latil miró inexpresiva al cochero, quien siempre la había saludado con una sonrisa amable.
Tasir, que había estado hablando con ligereza, siguió la mirada de Latil.
Con un suspiro, la princesa volvió a mirarlo.
—Él dijo que no eran un equipo pero que tenían un objetivo similar. Ese objetivo debo ser yo.
Desenvainó su espada con rapidez y se la puso a Tasir en el cuello.
—Responde. ¿Tú también viniste a matarme?
—Si yo estuviera aquí para matar a Su Alteza, no la habría cargado todo este tiempo con este brazo.
respondió Tasir con una sonrisa gentil, negándolo todo. Aunque la espada casi le rozaba el cuello, se veía de lo más tranquilo.
Princesa Latil guardó su espada.
—Cierto. Supongo que por eso terminé confiando en ti también.
—¿De verdad confió en este humilde Tasir?
preguntó él, fingiendo estar conmovido. A la Latil real le dieron unas ganas súbitas de meterle un cachetón en la boca al Tasir de este futuro falso.
—Sí.
respondió la princesa con honestidad y apretó el puño. Forzó la mirada para no mostrar ni un rastro de dolor por la decepción.
—Incluso si te preguntara quién me tiene en la mira, alguien como tú no soltaría prenda, ¿verdad?
—Realmente astuta, Su Alteza. ¿No le da curiosidad saber por qué me le acerqué en primer lugar?
—No debe haber sido por nada bueno. Si un asesino te llama traidor, eso ya lo dice todo.
—De verdad que es bien pilas.
—De verdad que tengo unas ganas de gomearte.
Tasir retrocedió medio paso al toque.
Princesa Latil se mofó.
—No tienes que correr. Estoy decepcionada de ti. Pero igual es verdad que te arriesgaste para ayudarme todo este tiempo. No te voy a atacar.
Se mordió el labio y se quedó mirando la cara sonriente de Tasir. ¿Acaso hasta las escenas donde peleaba con los soldados habían sido puro teatro? ¿La ayudó solo para ganarse su confianza? O tal vez...
[No. Qué importa ya.]
Princesa Latil le dio la espalda.
—Pero de aquí en adelante, cada uno por su lado.
Caminó directo hacia donde habían pasado la noche. La fogata ya se había consumido por completo. Sin darse cuenta, el cielo se había puesto azul y el resplandor del amanecer pintaba de rojo las nubes.
Miró con tristeza los restos de la fogata que Tasir se había esforzado en armar la noche anterior. Pero fue solo por un segundo. Luego, empezó a caminar sola en la misma dirección en la que habían avanzado ayer.
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En el futuro falso con Tasir, pasaban tantas cosas y peligros que Latil seguía mirando sin adelantar el tiempo. Pero los momentos en que Princesa Latil viajaba sola tras dejar a Tasir fueron difíciles de aguantar incluso para la propia Latil.
Con su pierna herida, el simple hecho de caminar por mucho tiempo era un suplicio. Cuando Tasir la cargaba, avanzaban rápido. Pero ahora que estaba sola, tenía que parar y sentarse por el dolor después de caminar solo un trechito.
Iba a paso de tortuga, encima la comida y el agua eran un problemón. Seguía cojeando sin probar bocado. Más tarde, se le secó tanto la garganta que tuvo que buscar un lago o riachuelo en lo profundo del bosque.
Por suerte, encontró una zanja y logró mojarse la garganta, pero no halló nada de comer. Princesa Latil vació un frasquito de perfume, lo lavó bien y lo llenó de agua. Pero como el frasco era minúsculo, apenas alcanzaba para un par de sorbos.
Al verla sufrir así, Latil adelantó el tiempo. Pero no importaba cuánto saltara, siempre era lo mismo: ella caminando por el bosque. Recién después de un buen tiempo algo cambió, ese cambio fue una emboscada de asesinos.
Los enmascarados parecían reconocer la cara de la princesa. Sin decir ni 'miau', se lanzaron contra ella con las espadas en alto. Aunque estaba agotada, ella se defendió. Pero después de días sin comer, beber ni dormir, la cosa estaba color de hormiga. Su pierna herida había empeorado de tanto caminar, ahora hasta el paso más ligero le mandaba un hincón al pie. Pelear contra tres enemigos así era casi imposible. A las justas logró bajarse a uno, pero perdió el equilibrio y se fue al suelo. Al ver a su compañero caer, los otros dos se pusieron como locos y empezaron a darle con todo.
Pero justo cuando la cosa se puso fea, unas flechas vinieron volando de la nada, atravesando los cuellos de los asesinos uno tras otro. Mientras los enemigos caían, Princesa Latil se apoyó en un árbol y miró hacia donde vinieron las flechas. El que las disparó no dio la cara.
[¿A qué está jugando? Él mismo admitió que se me acercó con malas intenciones. ¿Entonces por qué me ayuda ahora?]
[Alguna jugada debe tener bajo la manga. Pero ya qué importa por qué lo hace.]
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Después de pasar las mil y una, Princesa Latil finalmente llegó a un pueblo grande. Fue directo a la sede de la Orden de la Muerte Negra, les entregó su brazalete y contrató a un mercenario para que la escoltara.
Haciendo honor a su fama de gente seria, la Muerte Negra manejaron el negocio con una precisión milimétrica. Tras aceptar el brazalete que les dio la princesa, incluso llamaron a tres tasadores para ver cuánto valía y le devolvieron el vuelto en efectivo.
Solo hubo un momento en que se quedaron helados.
Ocupación: Princesa.
Cuando Princesa Latil puso 'Princesa' en la parte del contrato donde pedían su ocupación, el mercenario que la atendía casi se atora con su propia saliva y se puso a toser un buen rato.
Como sea, ahora que tenía plata y contaba con el respaldo de la famosa Muerte Negra, finalmente pudo viajar con cierta comodidad en un carruaje. Visitó a un médico, se hizo curar la pierna y salió de la ciudad al toque.
—¿Hacia dónde?
—Al territorio de Fullod.
Latil pensó que Princesa Latil, después de haber sufrido tanto, volvería al palacio. Después de todo, todavía no se daba cuenta de que su propia familia la había traicionado. Pero la princesa siguió firme hacia su destino original.
Dijo que era un encargo de su padre. ¿De verdad el Emperador le recalcó que era algo tan importante?
Latil tenía un mal presentimiento. Era bien sospechoso que la comitiva armada personalmente por su padre hubiera estado llena de infiltrados, que los ataques no pararan ni un segundo.
En el futuro falso con Gesta, él la había rescatado y llevado directo al palacio, pero apenas llegó, la terminaron acusando de algo falso y tuvo que escapar.
Pero sin saber nada de esto, Princesa Latil no dejaba de mirar por la ventana del carruaje, como si esperara que Tasir apareciera de la nada. Viendo pasar los arbustos, a veces soltaba un suspiro y volteaba la cara, pero nunca cerraba la ventana.
Incluso cuando llovía, la mantenía abierta, ojeando siempre hacia afuera. Latil se daba cuenta de que estaba pensando en el brazo herido de Tasir. Esa imagen de su brazo tan hinchado que ni la manga subía la tenía bien inquieta.
[Un comerciante como él debe ser más 'sabido' que yo. Y viajó conmigo todo el tiempo. Si yo entré a la ciudad, él también debe haberlo hecho. No tengo por qué preocuparme. Seguro dejó de seguirme apenas llegué.]
Se repetía eso una y otra vez, pero igual, fuera de día o de noche, no se atrevía a cerrar la ventana.
Y así, unos días después, finalmente llegó al territorio de Fullod, el lugar a donde su padre la había mandado. De inmediato, se dirigió al castillo del señor feudal.
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