Hombres del Harén 926
SS11: Tasir y el Mundo de Romance (4)
Como Tasir, que había estado bromeando de lo más normal, de pronto frunció el ceño, Princesa Latil se puso inquieta y preguntó:
—¡¿P-por qué?! ¿Qué pasa?
Estaba acorralada ahora mismo. Este hombre, que parecía un tipo de dudosa reputación, al parecer la había salvado, pero ella aún no se convencía de confiar en él. Aun así, no podía mostrar lo que pensaba abiertamente; no hasta saber más de él.
Tasir suavizó su expresión al toque y puso una sonrisa brillante.
—Oh, no es nada. Solo me sorprendió un poco escuchar a alguien de su posición hablar con tanta vulnerabilidad.
Su cambio de expresión fue increíblemente rápido. Pero a Princesa Latil no le sorprendió eso. En cambio, empezó a estudiar la cara de Tasir con fijeza. Tanto así que Tasir se vio desconcertado ante semejante escrutinio.
—¿Por qué me mira así?
—He estado pensando en algo.
—¿En qué? No me diga que... ¿en mí?
—Sí.
—Vaya, vaya. ¿Acaso ya nos volvimos tan cercanos que Su Alteza para pensando en mí?
preguntó Tasir con una sonrisa juguetona, Latil sintió un inesperado chispazo de cariño. Ese era el tipo de comportamiento que él solía mostrar cuando recién se había convertido en su consorte.
Pero Princesa Latil, que no conocía ese lado de él, de pronto dejó su expresión seria y gritó incrédula, como si hubiera escuchado un disparate:
—¡Ya quisieras!
—¡Ay... mi corazón!
Tasir abrió los ojos de par en par y murmuró dramáticamente, para luego llevarse la venda al pecho.
—Creo que mejor debería usar esto aquí.
Incluso para Latil, Princesa Latil se veía genuinamente horrorizada.
Pero al parecer no estaba herido de verdad, pues Tasir pronto soltó una carcajada y, mientras envolvía con cuidado la venda alrededor del tobillo de ella, preguntó:
—Es broma. Entonces, Su Alteza, ¿qué es eso que ha estado pensando sobre mí?
Princesa Latil respondió de inmediato:
—No creo que te caiga muy bien.
Latil se dio cuenta de que Princesa Latil había dado en el clavo. Tasir solo levantó ligeramente una ceja, pero ella pudo reconocer la expresión fugaz que cruzó por su rostro.
—Vaya, vaya.
Tasir suspiró pero no lo negó. Simplemente continuó vendándola con esmero. Cuando finalmente terminó, sostuvo el extremo de la venda por un momento, dudando, y luego le hizo un lazo con una cinta.
—Listo. Con esto, mi deuda queda oficialmente pagada.
Habló con un tono extrañamente renovado.
En el momento en que escuchó esas palabras, Princesa Latil se dio cuenta: Tasir no la había traído aquí para engañarla; realmente la había traído para saldar su deuda. Y con ese último acto de vendarle la pierna, había quedado a mano.
Aunque la deuda estaba saldada, Tasir igual ayudó a Princesa Latil a volver a salvo con su grupo. Había sido difícil movilizarse con una princesa inconsciente mientras evitaba a los enemigos enmascarados, pero una vez que ella pudo caminar, Tasir no tuvo problemas en guiarla de regreso gracias a sus habilidades.
—¡Su Alteza!
Apenas apareció, la gente —que había estado en un estado de pánico total— corrió hacia ella en mancha.
El oficial, al ver la herida en su mejilla y la venda en su pierna, casi se pone a llorar.
—¡Su Alteza! ¿Está bien? ¿Le duele algo? ¡¿Pero qué diablos ha pasado?!
—Hubo una emboscada.
dijo Princesa Latil fríamente, y luego miró de reojo a Tasir.
—Él me salvó.
Mientras todos los ojos se posaban en él, Tasir lanzó un beso al aire. Su actitud ligera se ganó un montón de caras largas. Pero entre ellos, al menos una persona debió haber fruncido el ceño por una razón distinta: probablemente insultándolo por dentro por haberles arruinado los planes.
Princesa Latil se burlaba internamente mientras observaba las expresiones preocupadas de su comitiva, sabiendo que al menos cinco de los presentes eran enemigos. Hasta que ocurrió este incidente, nunca se imaginó que podría haber espías infiltrados en el grupo organizado personalmente por su padre, el Emperador.
—¡Los atacantes! ¿Dónde están los atacantes, Su Alteza?
preguntó el oficial con urgencia, mirando hacia los guardias. A su señal, los guardias dieron un paso al frente, listos para salir disparados y acabar con los agresores en cualquier momento.
Princesa Latil vaciló, sin estar segura de si debía revelar que había enemigos entre ellos.
—No lo sé muy bien. Tenían la cara tapada. Y luego me desmayé, así que no sé qué pasó después.
Al final, prefirió ocultar el hecho de que había espías en el grupo. Todavía no sabía quiénes eran. Había escuchado las voces de dos de ellos, pero no había logrado identificarlos. Si ese era el caso, era mejor no mostrar sus cartas primero. Como ella no sabía quiénes eran los enemigos, ellos tampoco debían saber todo lo que ella sabía.
Sin cuestionar sus palabras, el oficial se dirigió directamente a Tasir esta vez.
—¿Qué pasó con los atacantes?
Tasir puso una leve y curiosa sonrisa y miró de reojo a la princesa —pero solo por un instante—. Luego, en un tono ligero, respondió:
—¡Me encargué de todos ellos, limpiecito!
Su tono demasiado alegre hizo que la historia no sonara nada convincente. El oficial frunció el ceño y volvió a preguntar:
—Entonces, ¿dónde están los cuerpos?
—Todos se escaparon.
La respuesta de Tasir hizo que los guardias hicieran una mueca. El oficial tampoco se veía muy contento. Estaba claro que ninguno de ellos creía que él realmente hubiera ahuyentado a los atacantes; lo más probable es que pensaran que simplemente tuvo suerte y se las arregló para cargar a la princesa inconsciente de regreso.
—Él fue quien me salvó.
Solo después de que Princesa Latil habló con tono de advertencia, la gente dejó de mirar feo a Tasir. Aun así, Tasir siguió sonriendo, sin mostrar ni un poquito de ofensa.
Dejando de lado a Tasir, el oficial le hizo una sugerencia a Princesa Latil:
—Su Alteza, debemos enviar soldados para encontrar a los atacantes.
Normalmente, ella habría aceptado sin dudarlo. Pero ahora Princesa Latil estaba en alerta máxima.
[No, eso no va a funcionar. Si los soldados se dispersan, ¿quién sabe cuál de los que se quedan es un traidor?]
—Me duele horriblemente la pierna. Ahora mismo solo quiero salir de aquí. Como tenemos bastantes guardias, lo más probable es que los enemigos no vuelvan a atacar.
Usando su pierna como excusa, se negó a seguir con la investigación. Cuando empezó a caminar hacia su carruaje, el oficial no tuvo más remedio que ceder. Tal como le había dicho a Tasir, la última palabra aquí la tenía la princesa.
El oficial organizó rápido la partida y, en poco tiempo, el grupo pudo avanzar nuevamente a través del bosque.
Princesa Latil, apoyando la cabeza contra la ventana del carruaje, se concentró en las voces de afuera.
[Necesito identificar con seguridad a los dos enemigos cuyas voces reconocí. Una vez que empiece a vigilarlos, podré darme cuenta de quiénes son los demás también.]
Siempre he sido inteligente.
Latil estaba satisfecha al ver cómo Princesa Latil usaba toda su concentración para reducir los sospechosos a solo dos, guiándose únicamente por la voz.
Identificar a una de las criadas por su voz había sido relativamente fácil debido a que eran pocas. Pero distinguir una voz masculina entre los tantos soldados y sirvientes, sin estar cerca de ellos, era mucho más difícil. Aun así, Princesa Latil se las había ingeniado para aislar a un culpable. Una vez que descubrió quién era el enemigo, el resto se hizo más fácil. Solo con observar sus movimientos, podía garantizarse cierto nivel de seguridad.
[Si tan solo Sir Sonnaught estuviera aquí. Podría haberle pedido que vigile a los sospechosos y descubra quiénes son los otros también]
Sin embargo, como no había nadie a quien pudiera considerar un aliado de confianza, le resultaba difícil tomar más medidas contra los enemigos. Los dos sospechosos que había identificado se llevaban bien con todo el mundo, así que la pura familiaridad no revelaría quiénes eran los traidores. Y tampoco era como si pudiera ir a pedirle ayuda a Tasir.
[Me ayudó, sí, pero definitivamente hay algo sospechoso en él. Para empezar, cómo me encontró. Y el hecho de que trajera implementos médicos y me curara sin que nadie se diera cuenta. Sin mencionar que dijo que vio a los atacantes quitarse las máscaras pero no me dijo nada. Eso significa que no quiere involucrarse más.]
Mientras la princesa y los enemigos ocultos se mantenían en guardia con recelo durante el viaje, el carruaje finalmente salió del bosque y entró en un pueblo de tamaño mediano.
Mientras los acompañantes iban a reservar una posada y buscar un médico, Princesa Latil esperaba dentro del carruaje a que todo se arreglara. Observó a los dos culpables charlando alegremente con los demás, y luego miró hacia donde estaba Tasir, que estaba junto al carro de equipaje, contando sus pertenencias mientras los sirvientes las descargaban.
[Aquí es donde debo separarme de él]
Pensando en eso, Princesa Latil se miró la pierna. El lazo que Tasir había atado sobre las vendas ya no estaba. Una extraña inquietud surgió en ella. No le había dirigido la palabra ni una sola vez desde el día en que la ayudó, pero ahora que era momento de decir adiós, de pronto se sintió arrepentida por haber sido tan fría. Sospechoso o no, él la había ayudado.
En el momento en que sintió ese arrepentimiento, Princesa Latil le ordenó al oficial que llamara a Tasir:
—Tráelo.
Aún en medio del ajetreo de ordenar su equipaje, Tasir se acercó con cara de no entender nada. Tras dudar un momento, Princesa Latil le hizo un gesto hacia el asiento frente a ella.
—Sube.
Tasir, viéndose aún más confundido, entró al carruaje. Una vez que se sentó frente a ella, Princesa Latil cerró la puerta. Eso lo sobresaltó y, por instinto, se alejó de ella pegándose al asiento.
—¿Su Alteza? ¿No es un poco... incómodo que estemos los dos solos aquí encerrados?
—¿De qué tienes tanto miedo? Tú eres el que se enfrentó a los atacantes y me salvó.
Su tono desconcertado hizo que Tasir respondiera mientras se aplastaba contra la pared del carruaje.
—Pensé que tal vez Su Alteza planeaba 'silenciarme' para siempre.
Su respuesta dejó a Princesa Latil sin palabras.
—Me salvaste, ¿por qué haría algo así? ¿Qué clase de persona crees que soy?
—Desde que la rescaté, Su Alteza me ha estado evitando. Me imaginé que era porque se vio vulnerable, cometió un error y además le parezco sospechoso... así que estaba guardando su distancia.
Esa explicación le cayó a Princesa Latil como un baldazo de agua fría.
—Las dos primeras razones son tonterías.
—¿Y la última?
—...Es verdad que te evité porque me parecías sospechoso.
Cuando Princesa Latil lo admitió con honestidad, a Tasir le tembló una ceja. Aun así, se despegó un poco de la pared. Latil notó una expresión ambigua cruzar por su rostro antes de que desapareciera rápido.
—Recién me doy cuenta de que eso estuvo mal. Por eso quería agradecerte de nuevo y pedirte disculpas.
Princesa Latil sacó una pequeña insignia de su manga y se la entregó a Tasir. Él la tomó, y su expresión se puso rígida un segundo antes de relajarse otra vez.
—¿Qué es esto?
—Soy Latrasil, princesa de Tarium. No estaría bien seguir ocultándoselo a la persona que me salvó la vida.
Tasir hizo rodar la insignia entre sus dedos por un momento y luego se la devolvió a Princesa Latil.
—Su Alteza me salvó primero. Yo simplemente le devolví el favor.
Latil se dio cuenta de que Tasir estaba marcando su distancia, no quería involucrarse más con ella. Aunque estaba sonriendo, ella podía ver un rastro de cansancio en sus ojos.
Él debe saber que mi padre sospecha de mí. Tal vez por eso no quiere que nos vinculen. O tal vez... se me acercó por órdenes de mi padre con alguna otra intención, y ahora que recibió un favor a cambio, no sabe qué hacer con eso.
Pero la ignorancia te hace valiente. Sin saber que Tasir era el líder de los asesinos, Princesa Latil le puso la insignia firmemente de vuelta en la mano.
—No soy tonta. Sé que yo también te ayudé. Pero yo no te salvé la vida como tú lo hiciste conmigo. Eso significa que todavía estoy en deuda.
A Tasir le dio un tic en el ojo.
—De verdad, no tiene por qué. Y no lo digo por cortesía; lo digo en serio. No quiero enredarme más con alguien de su posición.
—Vamos. ¿Quién no querría enredarse conmigo?
Tasir se le quedó mirando sin palabras, como si no pudiera creer lo que ella decía. Sin embargo, la princesa continuó:
—Pero sé que ahorita estoy cumpliendo un encargo de mi padre y no estoy exactamente en una buena situación. Ya te diste cuenta de eso, estoy segura. Así que te doy esto. Llévalo al palacio en Tarium. Ellos te guiarán hasta mí. Entonces, te pagaré la deuda como se debe.
En ese momento, Tasir murmuró entre dientes como si ya no pudiera aguantar más.
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