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24 CORAZONES  290

Caballero Azul (10)



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Regresó. Al preciso momento en que obtuvo a Ludmilan.

Como era de esperarse, volvió a sentir ese dolor en el pecho que sufrió aquella vez. El dolor de cuando se suicidó con Artemia se desvaneció en un abrir y cerrar de ojos. Forzó a su cuerpo a levantarse mientras respiraba hondo una y otra vez. Judah sintió que su cuerpo se tambaleaba más allá de su voluntad. Frunció el ceño instintivamente. Apretándose el corazón, empezó a caminar.


—¡Ugh…!


Asmodeus, que estaba tendida sobre el altar, soltó un pequeño gemido como si estuviera recuperando el sentido, pero él la ignoró y salió lentamente de la habitación. En cuanto el dolor se calmó por completo, pasó de una caminata lenta a correr. Judah empezó a atravesar el laberinto en penumbras; ya estaba subiendo del cuarto al tercer piso, y del tercero al segundo rumbo al primero, cuando vio aparecer el mensaje:



[El compañero 〈Lime de Tritan〉 ha muerto]



Al final murió. Judah soltó un suspiro mientras corría. Recordando que Arhil murió poco después que Lime, sintió que no tenía ni un segundo que perder suspirando. Apenas llegó al primer piso, invocó a Lysen Ardahan para que atravesara el techo. Observó con ansiedad cómo destrozaba el techo a punta de puñetazos violentos.

'Es demasiado tarde'

Correr era lento y romper el techo también. Una vez que atravesó el techo y salió al exterior, Judah se dio cuenta de que estaba muy lejos de la entrada del laberinto. Pudo ver el cerco de los Caballeros de la Lanza Azul. Al treparse a los hombros de Lysen Ardahan, no solo vio a los caballeros que rodeaban la entrada, sino también a otros que se amontonaban hacia el lugar.

Hizo que Lysen Ardahan corriera. La imagen de Lysen galopando sobre la tierra negra era, por decir lo menos, imponente. Los caballeros que miraban hacia atrás debían sentir que se les venía encima una roca gigante.

Pero, de todos modos, era tarde. A lo lejos, vio cómo Arhil moría atravesada por la estrella de mar de Morgan. Al verla caer al suelo, Judah apretó los dientes con rabia. Reprimiendo la furia que le hervía por dentro, invocó a Artemia ahí mismo, se la clavó en el corazón y se suicidó. Cuando resucitó por el poder de Bel-Terza, volvió a clavársela. Su conciencia se desvaneció rápido.


—…….


Al abrir los ojos, sintió de nuevo el dolor en el pecho. Ese dolor significaba que había regresado. Ya era la tercera vez. Ahora hasta el dolor le resultaba familiar. Soltó un largo suspiro y se quedó pensando.

Aunque volviera a correr para salir del laberinto, este era tan grande que sería difícil llegar antes de que Arhil muriera. Lime moriría sí o sí, pero para salvar a Arhil no quedaba otra que atraer la atención de Morgan antes de que lanzara su lanza. Si lo repetía las veces que fuera necesario, terminaría salvándola.

De pronto, sintió miedo.

Miedo de pensar qué pasaría si se volvía indiferente ante la muerte de Arhil. Si bien era una alegría poder regresar al pasado mediante la muerte para corregir errores, volverse insensible ante la muerte de un compañero no era algo bueno.

Mientras esperaba que el dolor bajara, Judah giró la cabeza al tener una idea repentina. Vio a Asmodeus tirada sobre el altar. Se acercó a ella apretándose el pecho como si quisiera arrancárselo.


—Ugh…


Al ver que su cola y sus alas se movían un poco, parecía que recuperaría la conciencia y se levantaría en cualquier momento. Si la memoria no le fallaba, ella se había marchado del nivel más bajo del laberinto usando un movimiento espacial —no sabía si era magia o un poder divino— porque decía que tenía vergüenza. A diferencia de él, que no sabía usar magia y tenía que correr desesperado por ese laberinto oscuro, ella podría llegar a la entrada con un solo gesto. Si lograba convencerla, podría salir del laberinto antes de que Lime muriera.


—¡Asmodeus!


A pesar de llamarla por su nombre, ella no se levantó de inmediato. Se acercó y la sacudió por el hombro.


—¡Uuuh…!


Estaba totalmente vulnerable. No reaccionó a pesar de que él se acercó y la tocó sin permiso. Ella abrió los ojos lentamente. Al ver a Judah frente a ella, sus ojos se abrieron de par en par y se incorporó de golpe.


—¡¿Judah?!


Sobresaltada, al confirmar que el sello se había roto, lo miró con desconfianza. Como recién acababa de liberarse, todavía estaba débil, así que era natural que estuviera a la defensiva.


—Puedes usar el movimiento espacial para salir del laberinto, ¿verdad?

—… Es posible, pero.

—¡Entonces sácanos de aquí!

—¿Qué? Así de la nada… espera. Déjame recuperar mi maná primero y luego hablamos.


Asmodeus le lanzó una mirada de reojo mientras hablaba. Como todavía quedaba tiempo antes de que Lime muriera, Judah decidió esperar a pesar de su ansiedad. Asintió y retrocedió un paso. Ella extendió sus alas de par en par y empezó a absorber la niebla de los alrededores.



Go-o-o-o



Un viento comenzó a arremolinarse a su alrededor; la niebla se juntaba y se filtraba dentro de su cuerpo. Asmodeus puso una expresión de éxtasis al sentir cómo se llenaba de maná. Esa sensación que no había sentido en tanto tiempo le resultaba algo nuevo.


—Fuuu.


Tras absorber toda la niebla, Asmodeus soltó un ligero suspiro. Luego miró a Judah de reojo y se puso roja. Para Judah, esta situación se había repetido tres veces, pero para Asmodeus, el recuerdo de "hace un momento" era demasiado fuerte.

El hecho de que ella, el demonio de la lujuria, hubiera estado rogando, jadeando y moviendo las caderas ante un simple humano, le resultaba sumamente vergonzoso. Le daba tanta palta que quería que se la tragara la tierra.


—¿Asmodeus?


Judah la llamó y dio un paso hacia ella.


—¡Espera, hasta ahí nomás! No te acerques más. No, retrocede dos pasos más. Sí, ahí está bien.


Sonrojada, extendió la mano para detenerlo. Solo cuando hubo unos dos metros de distancia entre ellos, puso una expresión de satisfacción.


—Entonces, ¿a qué te refieres con eso de que te mueva con el movimiento espacial?


Judah se quedó en blanco por un segundo, pensando en cómo explicarle la situación. La conclusión a la que llegó, en lo que dura un parpadeo, fue que no tenía tiempo para sentarse a dar explicaciones. Dio dos pasos largos y firmes hacia ella, a pesar de que ella le había dicho que no se acercara.


—¡Ah!


Asmodeus, ante el avance repentino de Judah, retrocedió como una virgen tímida que no tiene ni un poquito de resistencia frente a los hombres. Casi se va de espaldas al apoyar mal la mano fuera del altar, pero logró recuperar el equilibrio a las justas.


—Llévame a la entrada del laberinto. Ahora mismo.

—… No quiero. Me voy a ir sola.


Asmodeus pareció pensarlo un momento mientras miraba la actitud de Judah, luego soltó una sonrisita de costado y desapareció. Judah soltó un bufido al verla desvanecerse frente a sus ojos. La rabia le subió de golpe. Justo cuando pensaba que tendría que suicidarse otra vez para convencerla, Asmodeus volvió a aparecer.


—Cambié de opinión. Te llevaré. A la entrada del laberinto. Se está armando un chongo bien interesante allá afuera.


Asmodeus le tendió la mano desde el altar. Por cómo tenía la cara roja, se notaba que estaba avergonzada por algo, pero aun así no parecía tener intenciones de cubrir su cuerpo desnudo. En esa situación, Judah no se excitó al verla, pero era inevitable que sus ojos se desviaran hacia ella por puro instinto. Él le tomó la mano.

Sintió náuseas mientras su visión se invertía. Un instante después, el entorno había cambiado por completo. Estaba afuera, en la entrada del laberinto. Y alrededor, algo caía como si fuera una lluvia torrencial.



¡Kua-ka-ka-ka-kak!



—¿Ju, Judah?

—¡Judah!


Lime lo miraba con cara de desconcierto y Arhil lo llamó con una voz llena de alegría. De pronto, Asmodeus se le acercó de un porrazo. Flotando en el aire, se asomó hacia él y le plantó un beso en la mejilla. Se escuchó el sonido de un "smack", tras alejarse, ella le hizo un adiós con la mano.


—Esto es por el favor. Ya nos vemos. Suerte.


Con una sonrisa pícara, señaló hacia atrás y desapareció en el acto. Lime se quedó con cara de haber visto un fantasma, pero no había tiempo para darle explicaciones. Asmodeus  no habría señalado hacia atrás por las puras. Efectivamente, al voltear, vio algo que se acercaba a toda velocidad dejando un rastro blanco, casi encima de él. Judah sacó a Yakal de su 〈Bolsa〉.



[¡La 〈Decimotercera Espada, Yakal, la Bestia de la Furia〉 ha reconocido a su dueño como usuario!]

[El efecto de las habilidades 〈Frenesí〉 e 〈Intercambio Equivalente〉 aumenta ligeramente (Ver más)]
[Has aprendido la habilidad 〈Esgrima - Técnica Secreta del Demonio de la Espada〉]

[Dicha habilidad pertenece al Mundo Demoníaco...]



Aparecieron los mismos mensajes que ya había visto antes. Sintió un déjà vu, pero la situación de ahora era distinta a la de aquel entonces. No solo podía salvar a Arhil, sino también a Lime. Ese pensamiento le alivió el corazón. Cerró los mensajes que le estorbaban la vista y se puso en guardia, apoyando la mano sobre la hoja ancha de Yakal. Activó sus habilidades en un segundo.



¡Kaa-aaa-ng!



—¡Tsk!


Bloqueó el lanzamiento de la lanza de frente. Su cuerpo fue empujado hacia atrás. El impacto que sintió en los brazos fue tremendo; la potencia era tal que pensó que se le iban a romper los huesos. La forma de la lanza que rebotó contra su espada le resultaba sumamente familiar.

Era una lanza cónica con grabados hermosos: el fragmento que poseía Morgan, la "Estrella de Mar". Antes de que la lanza pudiera clavarse en el suelo tras el rebote, se desvaneció en el aire, fundiéndose con el entorno. De seguro ya había sido invocada de nuevo en la mano de Morgan. Pero antes de que lanzara otra, lo primero era bloquear las innumerables lanzas que caían desde el cielo.


—¡Lysen Ardahan!


Al gritar ese nombre, el espacio se abrió tras su espalda y un brazo que parecía hecho de roca pura emergió, barriendo las lanzas que caían. La palabra exacta sería "estrépito". Las lanzas que caían chocaban contra el brazo de Lysen Ardahan y salían volando como si fueran simples mondadientes.


—¿Ah…?


En ese proceso, la barrera de hielo que Lime había levantado se rompió con una facilidad increíble, deshaciéndose en polvo. Había sido una barrera que le costó mucho trabajo armar, pero el brazo de un gigante apareció de la nada y la destruyó como si nada. Lime sintió un vacío inexplicable por un momento, pero lo que siguió fue una sensación de alivio. Soltó un largo suspiro y miró a Judah.


—De verdad, llegaste en el momento preciso. Qué buen timing.


Le mostró el pulgar arriba. Lime no tenía idea. No sabía que, de no haber aparecido Judah, habría muerto sin remedio. Judah le devolvió una sonrisa ligera, recordando el mensaje de su muerte que ya había visto dos veces.


—Ya ves.



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