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24 CORAZONES  289

Caballero Azul (9)



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El brazo de Morgan voló por los aires, dejando una estela de sangre que tiñó el suelo. Ella frunció el ceño, pero más que el dolor físico de la amputación, lo que parecía dolerle era el pinchazo de humillación en su orgullo.


—¿No dijiste que no volvería a tener una oportunidad así?


Podía imaginarme su cara de rabia detrás de la rejilla del casco y eso me puso de un humor excelente. Qué alivio, por fin. En cuanto mi pie derecho tocó tierra, invoqué las cadenas de nuevo. Mi maná bajaba como loco, pero me daba igual; ya lo recuperaría.



¡Char-rar-rark!



El sonido de las cadenas me pareció una melodía hermosa. Los eslabones de oro se enroscaron en el cuello, la cintura, el brazo y los tobillos de Morgan. Justo cuando las cadenas, como serpientes vivas, estaban por inmovilizarla del todo, un mensaje del sistema con bordes rojos parpadeó frente a mis ojos.




[El octavo fragmento, Lysen Ardahan, ha sufrido daños críticos y será desinvocado en 30 segundos]

[Lysen Ardahan entrará en fase de autorreparación inmediata en el espacio subdimensional]

[Invocación parcial disponible en 168 horas. Invocación completa disponible en 338 horas]



'¿Ya?'

No podía creerlo. Aunque le faltaran dos piezas para estar al cien por ciento, seguía siendo un fragmento de alto rango. ¿Cómo diablos lo habían bajado tan rápido? Giré la cabeza por puro instinto. Los dos brazos gigantes del golem habían desaparecido y, en el lugar donde debería estar su cabeza, vi a una figura pequeña y aparentemente frágil: la Santa.

A pesar de la distancia, la vi clarito. Ya no llevaba el velo; su cabello rubio ondeaba salvajemente con el viento. La que yo pensaba que era una "damisela" protegida por paladines, tenía una espada en la mano. Ella misma se había bajado a Lysen Ardahan.

Era una espada negra, rodeada de un aura oscura y con runas carmesí que brillaban con una luz siniestra.

'¿Una espada demoníaca? ¿La Santa?'

En ese instante, las piezas del rompecabezas encajaron en mi cabeza. Y mi sospecha se confirmó cuando vi aparecer detrás de ella a una mujer de cabello negro, hermosa pero con un aura maligna que te ponía los pelos de punta. Esa mujer se reía entre dientes, balanceándose como si fuera humo.

'¡Carvenia!'

No había duda. Era el primer fragmento, una de las espadas demoníacas gemelas: 〈Carvenia〉. ¿Qué hacía esa arma, que debía estar guardada en el templo más recóndito del Imperio Sagrado, aquí en este campo de batalla? Solté una risa amarga.

'Todo se fue al diablo de una manera espectacular'

Vine por un fragmento abandonado y terminé en medio de un caos total. De pronto caí en cuenta de la cantidad de fragmentos que había en este pedazo de tierra negra. Yo tenía seis. Calicteser uno, Morgan otro, la Santa uno más e Iris también... son diez. No, once. Vi a un hombre saltar al lado de la Santa: era Basilisk, el mejor amigo de Calicteser, portador del doceavo fragmento, Gaia.

Once fragmentos en un solo lugar. Si pudiera obtenerlos todos sería increíble, pero siendo realistas, no tenía ni media chance de ganarles a todos juntos.

'Si no hubiera invocado a Bel-Terza en el bosque de los elfos, tal vez...'

Supongo que a esto se le llama arrepentimiento.

Todo esto pasó por mi mente en apenas un par de segundos. Volví a mirar a Morgan y vi que su mano soltaba la Bulgasari, su pesada lanza cónica manchada con mi sangre. La lanza cayó al suelo con un golpe seco, pero antes de que terminara de caer, Morgan lanzó un zarpazo con su guantelete hacia mi cara.



¡Fiuuu!



Eché la cabeza hacia atrás y sentí el viento del puñetazo rozándome la nariz. Pero Morgan fue más rápida: abrió la mano en pleno movimiento y me chapó la cara con fuerza. Mis cadenas empezaron a tirar de ella, pero su reacción fue superior.


—..?!


Quise zafarme, pero los dedos del guantelete se me clavaron en la piel. Entonces vi cómo su rodilla, protegida por metal pesado, subía directo hacia mi frente.



¡Zas!



Antes de que pudiera procesar el dolor, mi cabeza simplemente explotó. Fue una escena asquerosa. Como si hubieran reventado una sandía, restos de cráneo, sangre y masa encefálica salieron disparados. Al sentir que su objetivo estaba muerto, Morgan dejó de resistirse y permitió que las cadenas la arrastraran hacia atrás.

Morgan relajó el rostro, satisfecha. Lo había matado más fácil de lo que pensaba gracias a que él se distrajo mirando hacia atrás. Por más fragmentos que tuviera, seguía siendo humano... e incluso para un demonio, perder la cabeza significa el final.


—¡¡NOOOOOOOO!!


Antes de que mi cuerpo decapitado tocara el suelo, escuché el grito desgarrador de Iris, que se lanzaba al ataque.

Todavía quedaba alguien por enfrentar.

Morgan soltó un suspiro, aguantando el dolor de su brazo cortado, invocó de nuevo a la Bulgasari para terminar el trabajo.


—...?


Algo no cuadraba. Lo normal era que, al morir el dueño, los fragmentos perdieran su poder y quedaran inertes a la espera de un nuevo portador, pero estas cadenas seguían tirando de ella con una fuerza brutal. Morgan sintió un escalofrío de repugnancia y trató de romperlas, pero entonces presenció lo imposible.

Los restos de Judah desparramados por el suelo —la sangre, la masa encefálica, el cráneo destrozado— se convirtieron en un humo negro que se arremolinó frente a ella. En un parpadeo, su cuerpo se reconstruyó por completo.


—¡¿Qué?!


Morgan, con los ojos como platos, intentó golpearlo con la Bulgasari, pero la lanza atravesó el humo negro como si intentara herir a la niebla misma. De entre las sombras emergió Judah, impecable, como si saliera de una cueva oscura.




[Resucitas por la autoridad del Sexto Monarca, Bel-Terza]




—Ah...


Hacía una eternidad que no moría. Creo que la última vez fue contra Quake, el líder de la tribu del Oso Rojo en Rigen. La sensación de resucitar por el poder de Bel-Terza siempre era asquerosa; esa desconexión mental entre el último recuerdo de la muerte y el despertar inmediato te dejaba una sensación de vacío horrible.

Sin darle tiempo a reaccionar, Judah le chapó la cara a Morgan con la mano izquierda, le trabó el talón derecho con el pie y empujó con todo. Ella intentó contraatacar, pero con las cadenas tirando desde atrás, perdió el equilibrio y se fue de espaldas.



¡Pum!



Con ella en el suelo, Judah agarró a Yakal con agarre invertido y se la clavó en el vientre. El poder divino de Morgan intentó repeler la hoja, pero un escudo improvisado no era rival para la furia de la espada demoníaca. Yakal atravesó la armadura y la carne, enterrándose profundamente en la tierra. Un sonido de ahogo salió de las profundidades del casco. Judah sonrió al verla retorcerse como un bicho ensartado.


—Pensé que esto era solo un berrinche inútil, pero al final sirvió para algo.


Descubrir que la Santa tenía el primer fragmento era un datazo. Saber cuántos fragmentos había en este campo de batalla ya era ganancia suficiente. Pero ahora, era momento de ir por Arhil.

Judah invocó dos dagas de Artemia y se las clavó a sí mismo. Frunció el ceño al sentir el frío metal desgarrando su ropa y su piel. Duele, claro que duele. Mientras sentía cómo Artemia bebía su sangre con ansias, invocó otras dos y se las lanzó a Morgan, que seguía clavada en el suelo.


—Nos vemos en un toque.


Con esa frase que Morgan jamás entendería, Judah liberó la autoridad de Artemia. Cerró los ojos, preparándose para el dolor desgarrador que venía.

'Perdón, Iris'

Ni siquiera pudo darle las gracias por cubrirle las espaldas. En ese instante, un dolor indescriptible lo invadió mientras su cuerpo era desmembrado y su conciencia se apagaba.

Las dagas clavadas en ambos emitieron líneas rojas de energía que cortaron a los dos usuarios de fragmentos en mil pedazos. Los restos mutilados se deshicieron en sangre y fueron absorbidos por Artemia. En el campo de batalla solo quedaron los restos de la armadura de Morgan, un jirón de la ropa de Judah y siete fragmentos esparcidos:

5to: Valentine de la Gloria.

10mo: Artemia (Una y Diez).

13ro: Yakal, la Bestia de la Furia.

17mo: Bulgasari de la Avaricia.

22do: Ludmillan de la Restricción.

24to: Carpe Diem de la Subordinación.

Y finalmente, el 8vo fragmento, Lysen Ardahan, fue expulsado del espacio subdimensional en su estado destruido, cayendo con un estruendo que levantó una nube de polvo.


—Ah... ah...


Iris miraba la escena con la boca abierta, totalmente en shock. Al ver que los caballeros y la Santa se acercaban, reaccionó, se metió entre el polvo, recogió los siete fragmentos y huyó a toda prisa. En ese preciso instante, el mundo empezó a teñirse de gris.

Desde lo alto, observando el mundo volverse ceniza, Cyan sonreía con satisfacción. Asintió varias veces, complacido con el desenlace.


—Excelente.


Finalmente, la realidad se volvió completamente gris y Cyan desapareció.



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