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24 CORAZONES  286

Caballero Azul (6)



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[Tu compañero 〈Lime Di Tritan〉 ha muerto]



Poco después de que Asmodeus desapareciera tras liberarse del sello, ese mensaje apareció frente a sus ojos y Judah se quedó petrificado. No tenía sentido; ¿por qué diablos Lyme, que se suponía estaba a salvo, moriría así de la nada? La falta de información sobre la causa de su muerte lo desesperaba. Tras quedarse un momento parado como un zonzo con la boca abierta, Judah reaccionó: no era momento para quedarse estático, y empezó a correr.

Regresó por donde vino en un santiamén. Como las llamas negras se habían apagado al liberarse Asmodeus, todo estaba en tinieblas. Corrió a toda máquina en medio de esa oscuridad total, guiándose solo por su 〈Mapa〉 y la piedra mágica que brillaba en su mano.

Casi se saca el ancho un par de veces, pero no se detuvo. Subir del cuarto piso al primero fue rápido, el verdadero problema era el laberinto del primer piso. Por más que corriera como loco, ese laberinto que les tomó días cruzar iba a demorarlo bastante. Siguió corriendo sin parar, hasta que sintió que el corazón se le salía por la boca.

Pero en ese momento, apareció otro mensaje increíble.



[Tu compañera 〈Arhil〉 ha muerto]



Judah, que estaba por cerrar el mensaje holográfico casi sin mirarlo, se detuvo en seco.

'¿Arhil ha muerto?'

Primero Lime, ahora ella también. Se supone que Iris estaba a su lado, entonces ¿quién diablos los mató y por qué? Por un instante intentó negar lo que decía el sistema. Quería creer que era una alucinación por el esfuerzo de correr a tope, pero su corazón empezó a latir con una fuerza demencial.


—¡Ja!


Judah soltó una risa sarcástica mientras jadeaba. ¿Arhil muerta? ¿Por qué? ¿Quién se la bajó? ¿A santo de qué? ¿Y qué michi estaba haciendo Iris?

Inhalaba y exhalaba con violencia mientras sus ojos se encendían de una rabia incontenible. No pudo más y, de la impotencia, le metió un puñetazo a la pared.



¡Cuáng!



El muro de piedra sólida se hundió por el impacto. No sintió ni un poco de dolor en la mano; estaba demasiado alterado como para notar algo así.


—¡Fuuuuuu...!


Soltó un suspiro largo intentando calmar esa furia que amenazaba con nublarle el juicio, pero fue en vano. Los recuerdos con Arhil se le venían a la mente uno tras otro. Desde que la conoció hasta cada paso que dieron en este viaje; todo pasaba frente a sus ojos como una película.

Parece que le tenía más cariño de lo que pensaba, porque sintió las lágrimas correr por sus mejillas. Le dio un miedo horrible pensar que nunca más la volvería a ver.

'No, aguanta. Cálmate. Tengo que calmarme'

¿Por qué se ponía tan trágico? ¿Que no la vería más? Mentira, sí podía. Retiró el puño de la pared y empezó a murmurar para sí mismo.

'Hay una forma'

Solo tenía que morir. Ya sea suicidándose o dejando que alguien lo matara. Si moría, regresaría al último punto de guardado: justo cuando obtuvo el fragmento de Ludmillan. En ese momento Lime y Arhil seguían vivos, así que si lograba salir del laberinto volando, podría evitar que murieran.

¿Debería matarse aquí mismo? El problema era la autoridad de Bel-Terza; por su culpa resucitaría automáticamente, así que para volver al punto de guardado tendría que suicidarse dos veces. Matarse no era tan difícil: bastaba con invocar a Artemia y clavársela en el corazón o cortarse el cuello. Pero antes de hacer esa locura, necesitaba saber por qué murieron y quién fue el desgraciado que lo hizo.

'Primero tengo que ver cómo está la cosa afuera'

Lime, Arhil e Iris estaban arriba, en la superficie. Según el 〈Mapa〉, la posición de Iris marcaba que estaba justo encima de él. Mientras atravesaba el laberinto, se dio cuenta de que a este paso iba a demorar una eternidad y necesitaba otra estrategia.

'Si vuelvo al punto de guardado y subo de nuevo por aquí, Arhil va a morir otra vez'

Por suerte, ellos murieron después de que él consiguiera el fragmento y se activara el guardado automático. Si lograba salir del laberinto de un solo porrazo, podría salvar a Arhil y también a Lyme. ¿Había alguna forma? En el juego existía la magia de retorno, pero ahora Judah no tenía ningún objeto mágico ni pergamino que le permitiera hacer eso.

Se detuvo frente a la pared que acababa de abollar y se quedó mirando el hueco. Luego, levantó la cabeza y miró el techo.


—Lysen Ardahan.


Tras ordenar sus ideas, Judah invocó el octavo fragmento, Lysen Ardahan. El techo estaba alto, pero el pasadizo era demasiado estrecho. En ese espacio reducido, la realidad se rajó y un puño gigantesco brotó de la grieta para meterle un viaje brutal a la pared de al lado.



¡Kua-ang!



Las paredes cayeron como fichas de dominó y, al toque, el otro brazo surgió del espacio desgarrado para reventar el muro opuesto. Qué alivio.


—¡Destruye el techo!


Mil veces más rápido que recorrer el laberinto durante días era abrirse paso hacia arriba y salir a la superficie. Ya tenía el fragmento, así que el laberinto me importaba un bledo; que se caiga a pedazos si quiere.



¡Gooooooooo!



Lysen Ardahan, que apenas podía asomar la cabeza tras empujar las paredes en ese espacio tan estrecho, soltó un rugido respondiendo a mi orden y metió un puñetazo brutal hacia el techo.



¡Kuáng!



Parte del techo se vino abajo y los pedruscos empezaron a llover, pero a mí me dio igual. Cada vez que ese puño de piedra golpeaba hacia arriba, se enterraba en la roca y, al salir, traía consigo una avalancha de tierra y escombros.

Lysen Ardahan me protegía con la mano izquierda como si fuera un paraguas mientras seguía demoliendo el techo con la otra. Tras unos cinco golpes, se escuchó un estruendo masivo y una cantidad absurda de tierra cayó sobre la mano que me cubría. Esperé un toque hasta que retiró el brazo.

A través del tremendo hueco, por fin vi el cielo. Reforcé mi cuerpo con maná, salté apoyándome en el dorso de la mano de Lysen Ardahan y salí a la superficie. Una vez afuera, fruncí el ceño al ver lo que tenía en frente.


—¿Qué es esto?


Los Caballeros de la Lanza Azul tenían rodeado todo el laberinto. Y no estaban solos. También vi a la Orden de Caballeros Divinos de Krahaks y al cuerpo de obispos, gente que normalmente solo ves en el Imperio Sagrado del segundo continente.

'¿Qué hacen estos tipos acá?'

Para ser franco, ni siquiera entendía qué hacían los de la Lanza Azul aquí. Miré hacia la entrada del laberinto y vi a Iris, jadeando con su guadaña entre el polvo; a Morgan, que se había escapado antes; y a un caballero de la Lanza Azul. Por el escudo en su brazo izquierdo, supe al toque que era Calicteser.

Se quedaron fríos al verme brotar de la tierra y pararon la pelea para mirarme.

Busqué con la mirada por los alrededores. La zona era un desastre total, con la tierra levantada por todos lados después de una pelea entre tres usuarios de fragmentos. Entre tanto caos, ni siquiera se veía el cuerpo de Arhil.


—¡Ja...!


Solté una risa seca. No necesitaba que nadie me explicara nada, ya me imaginaba la jugada. Sé que tendré que matarme para regresar en el tiempo y salvar a Arhil y a Lime, pero antes de eso, necesito descargar toda esta rabia contra estos desgraciados.


—Lysen Ardahan.


Apenas grité su nombre, el cuerpo gigantesco y macizo de Lysen Ardahan terminó de salir por el hueco, mostrándose por completo sobre la tierra.


—¡Arrasa con todo!


¡Pisotéalos a todos! ¡A los de la Lanza Azul, a los Caballeros Divinos y a los obispos! Que no quede ni uno. Que sientan el verdadero terror.

Lysen Ardahan sintió mi odio y empezó a convocar a los Akhan al instante. Mi maná se drenaba rápidamente al invocar a esos 24 pequeños gigantes, pero no me importó. Con el fragmento Valentine, podía recuperar todo mi maná hasta cinco veces.

Sentí cómo mi energía se llenaba de golpe y empecé a activar mis habilidades una por una:

1ra Forma de Magia de Sombras: Despliegue de Sombras

2da Forma de Magia de Sombras: Apertura del Ojo Maligno

1ra Forma de Esgrima de Sombras: Liberación de Potencial

10ma Forma de Esgrima de Sombras: Refuerzo de Esgrima y Magia

Con todo activado, invoqué a Artemia en mi mano izquierda con agarre invertido y saqué a Yakal de mi 〈Bolsa〉 con la derecha. Como siempre, Yakal intentó devorar mi conciencia, pero esta vez no puse resistencia. Al contrario, quería que sintiera mi furia y me diera todo su poder. Como si hubiera captado mi deseo, apareció un mensaje del sistema:



[¡La 13ra Espada, Yakal, la Bestia de la Furia, ha reconocido a su dueño como su usuario legítimo!]



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