24 CORAZONES 285
Caballero Azul (5)
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La mirada gélida de Iris se clavó en Morgan. Sus ojos, que brillaban como obsidiana, eran tan hermosos que cualquiera se quedaría embobado, pero la forma en que la miraba —como decidiendo por dónde empezar a despedazarla— era lo suficientemente aterradora como para que a cualquiera se le pusiera la piel de gallina.
Daba la impresión de que, en cualquier momento, Iris aparecería a sus espaldas para rebanarle el cuello con esa guadaña. A Morgan hasta le empezó a picar la nuca de los nervios; sentía esa necesidad fastidiosa de tocarse para confirmar que su cabeza seguía en su sitio. Sin embargo, su oponente se mantenía firme en su lugar, sin intenciones de atacar primero como lo había hecho antes.
La razón era obvia: solo quería proteger a la Santa. Pero como Iris la miraba con ojos de "si das un paso más, te mueres", nadie se atrevía a acercarse. El tenso cara a cara se prolongó por unos segundos, y aunque esa postura impecable hacía que fuera difícil atacarla, Morgan sabía que, mientras Iris tuviera algo que proteger, los huecos aparecerían tarde o temprano.
—…….
Morgan esbozó una sonrisita y convocó a Bulgasari, la lanza que había lanzado hace un rato y que estaba clavada a lo lejos.
¡Clac!
Atrapó en el aire la lanza que caía con su mano acorazada. El peso contundente del arma aplastó el miedo y la tensión en su pecho, devolviéndole la calma.
¡Fiuuu!
Levantó la pesada lanza y dio un tajo potente en diagonal hacia el suelo. El viento sopló con fuerza, levantando las cenizas que cubrían el piso. Luego, Morgan miró de reojo a Calicteser, que estaba a su lado.
—Nuestra prioridad será bajarnos a la Santa.
—Me parece bien.
Tras ese breve intercambio, ella se lanzó primero contra Iris. Al toque, Calicteser y Conrad, el caballero de la lanza azul que quedaba vivo, se unieron al ataque. Al ver a los tres enemigos viniendo desde distintas direcciones, Iris frunció el ceño y miró a Arhil, que estaba detrás de ella.
'Me estorba'
Era lo que sentía, la firme. Si fuera un uno contra uno tres veces seguidas, otra sería la historia, pero si los tres se le venían encima a la vez, no iba a poder proteger a Arhil. Si la diferencia de nivel fuera abismal, quizás la hacía, pero a diferencia de los dos que mató primero, Calicteser y Morgan se veían bien bravos. No solo por el aura que emanaban, sino porque las armas y escudos que cargaban eran, casi con seguridad, fragmentos de Ferlern, iguales a su vigésimo fragmento, Ginnungagap.
...No, no era una suposición, estaba segura.
Iris se corrigió a sí misma. Ya se había cruzado con Calicteser antes, así que sabía perfectamente que era el comandante general de los Caballeros de la Lanza Azul del Imperio. Su decimonoveno fragmento, Moonlight, era bien conocido; ella sabía que ese cubo que encerraba el área era una de sus habilidades.
Y aunque no sabía exactamente qué era, esa lanza cónica con grabados elegantes también tenía que ser un fragmento. Recordaba clarito que la mujer había dicho: "Este es el poder de mi fragmento, Bulgasari".
Dos usuarios de fragmentos. Proteger a Arhil contra esos dos no iba a ser nada fácil, por más fuerte que ella fuera. Y no solo Arhil corría peligro de muerte; ella misma se la estaba jugando.
'¿Y si mejor me quito?'
Podría escapar tranquila si estuviera sola. Como reina del Reino de las Sombras, no podía morir en un lugar así como así. Sin embargo, tenía una corazonada que la hacía dudar, como si algo le dijera que no podía irse. No sabía por qué exactamente, pero sentía que si abandonaba a Arhil ahora, se iba a arrepentir toda su vida.
Si lo pensaba con la cabeza fría, lo lógico era dejar a Arhil y salvarse. Sí, se habían agarrado un poco de cariño, pero no era como para confiarle su vida ni sentía que Arhil valiera tanto como para morir por ella. Entonces, ¿por qué sentía que le iba a quedar ese clavo si se iba? ¿Acaso si se quedaba y la protegía a como diera lugar se quitaría esa sensación fastidiosa?
¿Por qué? ¿A santo de qué?
Se hizo la pregunta y, al toque, se le vino Judah a la mente. Ese pata que decía tener el poder de la profecía y que fue hasta el Velo de Luz —el palacio del Reino de las Sombras en Aetram— solo para buscar su "vínculo". No sabía si era un cuentero o si decía la verdad, pero lo que vio de él en el poco tiempo que estuvieron juntos le dio curiosidad y por eso lo siguió hasta acá.
Judah era, básicamente, su tipo ideal. Tenía el defecto de ser medio chibolo, pero eso no era un problemón. Todo lo demás le encantaba. Sobre todo, cuando ella fingía que no podía hablar y escribía en su libreta, él le seguía la corriente y le contestaba por escrito para conversar. Eso de verdad le llegó al cora.
¿Volvería a encontrarse con un hombre así? Iris pensó mil cosas en un segundo. Pero decidió al toque. Lo último que hablaron ella y Judah fue que él le encargaba a Arhil.
...No quedaba de otra que intentar hasta donde llegaran sus fuerzas. Sintiéndose una tonta, Iris abrió la
boca y habló por fin.
—Corra.
—¿Ah?
—No importa lo que pase a su alrededor, no se distraiga por nada del mundo y corra.
—¿P-pero a dónde?
—A la entrada del laberinto.
Era la única forma de que Arhil saliera viva. Si lograba entrar y ella se quedaba tapando la entrada, estarían a salvo de las jabalinas y ella podría frenar los ataques. Pero como se habían quedado lejos esperando a Judah por miedo a que salieran monstruos del laberinto, la distancia era considerable. A toda máquina, le tomaría unos 20 o 30 segundos llegar.
Arhil asintió. Sabía perfectamente que, si se quedaba, solo estorbaría; con lo poco que sabía de defensa personal, no le duraba nada a un usuario de espada espiritual. Así que arrancó con todo. Sin mirar atrás, Iris se fijó en la sombra de Morgan, que venía corriendo con su lanza larga arrastrándola por el suelo, y se transportó directo detrás de ella.
¡Sss!
Se desvaneció como si se derritiera dentro de la sombra.
—!
Morgan vio que Iris desaparecía frente a sus ojos en un parpadeo y, al toque, se agachó tirando el cuerpo hacia adelante.
¡Shaaaac!
Un sonido afilado le pasó raspando por encima. Apenas bajó la cabeza, la guadaña cruzó el espacio donde había estado su cuello.
—¡Lo sabía!
Se esperaba que apareciera por la espalda. Si hubiera sido un ataque sorpresa total quizás caía, pero como ya se la olía, pudo reaccionar. Morgan plantó con fuerza el pie izquierdo para no irse de cara, giró sobre su propio eje y lanzó un tajo brutal con su lanza.
¡Cang!
El mango de la guadaña y la lanza chocaron con un sonido seco y clarito. Ese mango que parecía hecho de neblina ni se inmutó con el golpe. Iris retrocedió por el impacto, dio una vuelta en el aire y aterrizó con elegancia. Su cola de caballo se sacudió con violencia por el movimiento.
—¡Ja!
Con un grito de guerra, Calicteser le lanzó una estocada por la espalda. Iris desvió la lanza con el mango de su guadaña, pero Calicteser no le dio respiro y empezó a lanzarle estocadas desde otros ángulos, obligándola a defenderse sin poder retroceder.
¡Ka-ka-kang!
Fue una lucha tan brava que saltaban chispas en cada choque. Morgan se metió de lleno a la pelea contra Iris, mientras tanto, Conrad —el Caballero de la Lanza Azul que se había quedado mirando de lejos— supo al toque qué hacer: lanzó su lanza directo hacia Arhil, que corría desesperada hacia la entrada del laberinto.
—…….
Iris, aunque tenía a Calicteser y a Morgan encima, no le quitó el ojo a la jugada. Con una agilidad de locos, esquivó las estocadas que le venían de ambos lados y terminó de invocar por completo su vigésimo fragmento: Ginnungagap. La guadaña, que antes parecía una mancha borrosa entre neblina negra, mostró por fin su verdadera y aterradora forma.
Al toque, una oscuridad densa envolvió todo y unas puntas afiladas brotaron como rayos negros, zigzagueando hacia sus atacantes. Calicteser bloqueó el ataque con su escudo, haciendo que la oscuridad se deshiciera, mientras que Morgan desvió los golpes con sus guantes imbuidos en poder divino. En ese huelgo, Iris lanzó un tajo brutal. Morgan lo paró con su lanza y Calicteser con el escudo, pero el impacto fue tan seco que los dos salieron volando hacia atrás. Iris aprovechó ese segundo para fundirse en las sombras y reaparecer detrás de Arhil.
Calicteser no se quedó atrás y arrancó de nuevo hacia ellas. Morgan, en cambio, se quedó parada un momento mirando la lanza gigante que había quedado partida en el suelo. Levantó su fragmento, Bulgasari, y los miles de pedazos de metal que formaban la gran lanza empezaron a desarmarse a la velocidad de la luz, volando como un enjambre de abejas hacia su arma.
La Bulgasari "se tragó" los restos de hierro con una ambición voraz. Mientras más metal absorbía, más pesada se ponía; hasta el brazo de Morgan empezó a temblar por el esfuerzo. En apenas un par de segundos, con todo ese peso extra en la mano, Morgan salió disparada tras los pasos de Calicteser.
Iris, que ya estaba a la espalda de Arhil, sintió que los otros ya le pisaban los talones.
—¡No voltee, siga corriendo!
Tras decir eso, desvió una lanza que venía por el aire y se plantó frente a sus perseguidores. Venían demasiado rápido, mucho más de lo que Arhil podía correr. Pero Iris pensó que, en ese poquito tiempo, le sobraba para bajarse a Conrad. Se derritió en las sombras y apareció detrás del caballero.
Ese fue su gran error. Debió quedarse pegada a Arhil, cuidándola hasta que entrara al laberinto. Querer despachar a Conrad para que la pelea fuera más fácil terminó pasándole la factura.
Calicteser, al verla aparecer detrás de su subordinado, clavó su lanza en el suelo con toda su alma, liberando su maná. No fue un poder de fragmento, sino su propia técnica: 〈Impacto Terrestre〉. La energía rajó la tierra como la aleta de un tiburón cortando el mar. Iris, que apenas salía de la sombra para cortarle el cuello a Conrad, se pegó un susto y tuvo que retroceder de un salto.
En ese momento, los demás caballeros, siguiendo las órdenes del suboficial, lanzaron una lluvia de lanzas sobre la entrada. Arhil estaba a nada de llegar, pero se quedó congelada.
¡Pa-pa-pa-pac!
Las lanzas cayeron como un aguacero justo frente a la puerta, formando una pared de metal que le cerró el paso. Arhil se detuvo en seco, asustada, y ahí fue cuando Morgan se le fue encima. Arhil volteó aterrada y vio a la mujer lanzarle una estocada fatal. Pensó que ya era su fin, pero justo ahí, Iris saltó desde su sombra una vez más para interponerse.
¡Cang!
'¿Por qué pesa tanto?'
Iris logró desviar el golpe, pero se quedó fría al sentir que la fuerza de esa lanza no era la misma de antes. Morgan falló el tiro, pero ni se inmutó; al contrario, puso una sonrisa de esas que dan asco.
—Qué pena, ¿no?
Aunque el casco tapaba su cara, se sentía su burla. Iris vio venir el siguiente tajo y puso el mango de la guadaña para cubrirse, pero la fuerza del impacto fue demasiado. La mandó a volar por los aires como si fuera de papel.
—!
Iris fue azotada contra el suelo y rodó un par de veces por la tierra llena de ceniza. Para cuando logró levantarse, toda empolvada, Morgan ya le había metido la lanza a Arhil, que se había quedado estática del miedo.
¡Puc!
El cuerpo delgadito de Arhil fue atravesado de lado a lado y levantado por los aires con la misma lanza.
—¡Ah...!
Arhil vio venir la punta, pero no pudo hacer nada. Un dolor insoportable le reventó en la barriga y soltó un quejido bajito. Sus ojos azules empezaron a perder el brillo.
Acto seguido, Morgan sacudió la lanza y tiró el cuerpo de Arhil al suelo como si fuera basura. La sangre y restos se esparcieron por la tierra negra. La conciencia se le escapaba a Arhil por segundos. Quiso hablar, pero la voz no le salía. Intentó girar la cabeza para ver la entrada del laberinto, pero la pared de lanzas no la dejaba ver nada.
'Judah...'
Sus labios se movieron sin emitir sonido, sus ojos se llenaron de lágrimas y, un instante después, su mirada se quedó perdida, sin vida.
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