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24 CORAZONES  278

LUJURIA (13)



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Asmodeus, jadeando por el esfuerzo, llegaba al clímax una y otra vez sin un segundo de respiro. El flujo que soltaba con ese sonido de psh-psh le corría por los muslos o salpicaba las piernas de Judah cada vez que chocaban con un ¡paff!, terminando por gotear justo debajo de donde sus cuerpos se unían.

Encima del altar ya se había formado casi un charco de tanto flujo. Si fuera una humana común, no solo no podría haber soltado tanto líquido, sino que, tras llegar al orgasmo tantas veces sin parar, su cuerpo y su mente habrían tirado la toalla; se habría vuelto loca o se habría muerto por el exceso de placer.

Pero ella estaba, dentro de todo, bastante entera. Aunque perdiera la conciencia un ratito al llegar al punto máximo, apenas el miembro de Judah llenaba su interior y le daba un golpe seco al útero, ella despertaba de golpe.


—.....!


Esto ya era peligroso. Incluso siendo uno de los Siete Pecados Capitales y la que manda en la lujuria, ahora mismo sentía un miedo real. Que Judah fuera un encanto y le estuviera regalando tanto placer era algo que la hacía feliz, de eso no había duda.

Pero.

La primera descarga, la segunda, la tercera... la cuarta, la quinta... Judah no paraba de torturarla. Ya, siendo sinceros, hasta la octava vez estuvo bien, fue manejable.

Incluso cuando Judah, desde atrás, le metía el miembro hasta el fondo y le empujaba el trasero con sus muslos mientras la agarraba con las dos manos para que no se escape, descargando todo adentro de su útero, ella no pensó que la cosa se pondría tan brava.

Después de que él acabara ocho veces dentro de ella sin sacar el pene ni una sola vez, su vientre bajo se había hinchado un poquito; tenía la barriga llena de tanto semen acumulado. Se sentía un poco "pesada" por dentro. Pero toda esa cantidad le daba una satisfacción inmensa. Asmodeus, con cara de gloria, disfrutaba del rezago del placer mientras intentaba recuperar el aire.


—Jaa, jaa... ¡Estuvo... demasiado bueno, Judah! De verdad... fue increíb... ¡¿jgu-ot?!


Justo cuando iba a decirle que se había lucido, pensando que ya todo había terminado, soltó un quejido medio raro. Sintió que el miembro de Judah, que ella creía que ya se había calmado, empezaba a hincharse con fuerza otra vez.

'Bueno, una vez más... ¿no creo que pase nada, no?'

Estaba pensando que no le importaba darle una vuelta más, bien relajada, pero apenas sintió la punta del miembro empujando la entrada de su útero, cambió de opinión al toque.


—Ah...


Por un momento se le fue la cabeza. Los ojos de Asmodeus perdieron el foco y un hilo de saliva le cayó de la boca. Pero apenas recibió otra estocada en el útero, saltó como si le hubiera caído un rayo y recuperó el sentido.

Lo primero que pensó al despertar fue una sola cosa: Peligro. Esto es peligroso de verdad. Un placer que no tenía nada que ver con lo que había sentido hasta ahora se le vino encima. Sintió que el cerebro se le derretía como gelatina y que se quedaba sin una gota de fuerza en el cuerpo.

Asmodeus, con cara de angustia, miró hacia atrás e intentó frenar a Judah.


—¿Es-espera? ¿Vas a seguir? ¿Judah?

—Obvio. ¿No fuiste tú la que me provocó diciendo que si iba a poder dejarte satisfecha?

—¡Jii-ic! P-pero... con esto ya estoy más que bien, juang, ah, ¡ya estoy satisfecha...! ¡Ya, ya creo que podemos dejarlo ahí...! ¡En serio, ya tuve suficiente! ¡Judah, por favor, ya para...! Ya... ¡jiiii...! ¡Jii-kyajaaa-ang!


A pesar de los ruegos desesperados de Asmodeus, Judah solo soltó una risita y movió la cintura, dándole un golpe seco de abajo hacia arriba. Podía ver clarito en sus ojos que la reacción de ella ya era otra cosa.


—Has estado sellada cien años, ¿crees que con esto vas a quedar satisfecha? ¡Mínimo te faltan tres vueltas más!

—¡¿Jue-et, ah, aj-uuuuu-ut?!


Como si recién hubiera encendido el motor, Judah empezó a darle con todo otra vez. Cuando el pene que tapaba la entrada de su útero salía, el semen acumulado en su vientre intentaba escaparse, pero volvía a ser empujado hacia adentro apenas él entraba de nuevo.


—¡Kju-uj! ¡Es-espera un ratitooooo...! ¡PAFF!

—¡Jjuuuuu-ung! ¡PAFF! ¡PAFF!

—¡Jju-ot, oooo-ot! ¡No, ahí no-o-ot...! ¡Juang...! ¡Es pe-peligrosoooo...! ¡PAFF! ¡PAFF! ¡PAFF!

—¡Jg-uuuu-uj! ¡Kajaaaa! ¡Jiyaaaaa-at!


Asmodeus, que no tenía ni idea de que estaba bajo el efecto de la hipnosis, sentía que se moría con ese placer descomunal cada vez que él le golpeaba el útero. Sentía que se asfixiaba, incluso le daban como ganas de vomitar.

La presión en su vientre bajo aumentó de golpe. El semen que llenaba su útero quería salir disparado, pero no tenía por dónde escapar porque el "asunto" de Judah estaba ahí bloqueando todo.

"¡No, no puede ser...! ¡De verdad, esto es demasiado peligroso!"

Ya no era un tema de química en la cama. Ante ese placer que la hacía perder la conciencia, ya no podía ni controlar su propio cuerpo.


—¡Juo-oo, ooooo-ot! ¡Fua! ¡Fua! ¡Fuaaaaa-ang!


Cada vez que sentía ese empujón en su vientre, se estremecía entera llegando al clímax. El momento exacto en que la punta tocaba su útero y su trasero chocaba con el muslo de Judah con ese ¡PAFF! estruendoso, era el momento exacto de su orgasmo. Si no fuera por las cadenas, se habría desplomado inconsciente, entregándole su cuerpo a Judah como si fuera un simple juguete. Bueno, no es que ahora se viera muy diferente.


—¡Jua, ah. Aaaaa...! ¡Ya, ya paraaaaa...! ¡De verdad que esto ya no es norma-aaaal! ¡Ooooo-ot!


Ya ni la lengua le obedecía. Sintió un miedo real, una crisis. ¿Y si de tanto placer su mente terminaba hecha puré?

Sus muslos temblaban por las convulsiones y su ano se abría y cerraba sin control. En el momento en que Judah le agarró la cola desde la base del trasero y tiró de ella, a Asmodeus se le erizó toda la columna y su espalda se arqueó como un arco.

Las alas, encadenadas y todo, intentaban abrirse de par en par por el instinto del placer, sin que ella pudiera evitarlo, al punto que hasta sentía un dolor punzante. Asmodeus, totalmente ida, suplicaba con la lengua pesada que ya parara de una vez, pero Judah solo soltó una carcajada burlona.


—¿Qué pasa? Hace un rato estabas que gritabas como loca pidiendo que te dé más fuerte. ¿Y ahora me sales con que pare?

—¡Me... me equivoqué-et! ¡De verdad, juang, de verdad esto es pe-peligrosoooo! ¡Me voy! ¡Me sigo yendoooo-ot! ¡Me voy a morir de ricooooo!

—¡Pero si esto era lo que querías! ¡Querías más, ¿no?!



¡PAFF!



—¡Kyaj-uuuuuuuuuuuuu-ung!

—¡Ruégame, pues!



¡PAFF! ¡PAFF!



A estas alturas, a ella ya no le importaba el orgullo ni nada. No tenía tiempo para pensar en su dignidad. Sentía una crisis que no había experimentado en toda su vida; un terror que ni siquiera sintió cuando la sellaron en el fragmento se apoderó de ella. Esa sensación de que iba a perder su propio "yo" la carcomía por dentro, haciéndola llorar de verdad.

Antes, ella había visto a muchísimos humanos volverse locos y llorar de puro placer, y siempre se burlaba de ellos. "Qué flojos", pensaba, "¿cómo pueden tener una voluntad tan débil? Un poco de placer se puede aguantar si uno se concentra, ¿no?". Para ella, los humanos, monstruos o demonios que se desmoronaban ante la lujuria eran simplemente un chiste.

Pero recién ahora se daba cuenta de que estaba totalmente equivocada. No es que ella fuera superior, es que su límite era simplemente más alto; pero ante este nivel de placer tan animal, ella tampoco podía mantener la cordura.

Sentía como si le estuvieran amasando el cerebro con las manos; sentía que el cuerpo se le deshacía. Tenía la lengua de trapo y no veía bien por los chispazos que le estallaban frente a los ojos. Todo su cuerpo convulsionaba y el flujo salía disparado como una pileta.

Era el efecto de la hipnosis, sí, pero también era que el sello le había bajado todas sus defensas y la había dejado demasiado sensible. Si no estuviera sellada, nica que este placer la hubiera quebrado así.


—¡Jyu-jyaaaaaaaaa! ¡No, ah, no, no miii-it! ¡Perdóname-et! ¡Juang, me equivoqué, hice mal, perdónameeee-et! ¡Lo sien...! ¡Lo siento mucho-oooot! ¡Ya, de verdad...! ¡Ya paraaaaa...! ¡Jua, aaaaaaaa!

—¡Ha, ha!


Al ver a Asmodeus pidiendo perdón a gritos, Judah soltó una carcajada. ¡Qué manera de despertar su lado sádico! Con la mano que le jalaba la cola, le metió un nalgazo que sonó seco: ¡Zas!. Se veía tan bien verla así, chillando y gimiendo de esa forma.

Como ella intentaba alejar el trasero, él la agarró firme con las dos manos para fijarla bien y volvió a empujar la cintura. ¡Chic-chic!, el sonido de la penetración era de lo más obsceno y sinvergüenza.

Podía ver su ano rosadito abriéndose y cerrándose. Veía sus pechos rebotando entre sus axilas bien lisitas. Sentía sus muslos temblando por el orgasmo. Las paredes de su vagina lo apretaban como si quisieran exprimirlo.


—....


Parece que finalmente se desmayó, porque su cuerpo quedó lacio y esa voz tan rica dejó de escucharse. Asmodeus perdió el conocimiento y se quedó ahí, colgada de las cadenas.

Pero aunque ella estuviera "en el otro mundo", Judah no dejó de moverse. El cuerpo de ella seguía respondiendo fielmente. Él ya no aguantó más y se vino otra vez.

Quizás por ese humo cargado con el poder de ella, Judah no se sentía cansado a pesar de ser su novena descarga. Su condición de 〈Player〉 evitaba que se volviera loco, pero parece que no podía evitar que se obsesionara con una sola cosa, perdiendo el juicio por un momento.



¡Glup, glup!



Vació todo su semen en el útero de ella, que ya no tenía espacio para nada más. Asmodeus despertó por el calor del líquido entrando en su interior, pero al toque tuvo que volver a jadear como loca por el ritmo de Judah, que no le daba respiro.



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