24 CORAZONES 277
LUJURIA (12)
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Se cumplieron las condiciones de uso de "Carpe Diem". Como ella misma declaró su derrota, ahora podía activar la habilidad 〈Hipnosis〉.
'¡Uf, por fin!'
Judah no era el único que estaba llegando al límite de su paciencia; Asmodeus también. Por más que acariciarla, escuchar sus gemidos y ver sus reacciones le hacían sentir como si estuviera tocando un instrumento musical de lujo, la verdad es que el propio Judah no estaba recibiendo ningún estímulo real. Por eso, el estrés se le estaba acumulando. Si ella no se hubiera rendido un poco más rápido, Judah no habría aguantado más y le habría metido de un solo porrazo su miembro, que estaba aterradoramente parado, dentro de esa intimidad que chorreaba de humedad.
—¡Ya te dije...! ¡Que perdí...! Como ya perdí, ¡ya pues, hazlo de una vez...!
Asmodeus agachó la cabeza, roja de la vergüenza. Pero incluso en esas, no se olvidaba de mover el poto para seguir tentando a Judah.
'Ala, de verdad que...'
Al ver eso, él pasó saliva. Ese trasero blanquito y voluptuoso que ella le ofrecía tenía las marcas rojas de sus manos, y su sexo, que sobresalía hinchadito de tanto lamerlo y succionarlo entre toda esa carne firme, se veía tan provocador que hasta daban ganas de comérselo. Y ni qué decir de ese ano rosadito que se asomaba apenas. Le daban unas ganas locas de abrir ese huequito a la fuerza y metérsela hasta el fondo. No hacía falta revisar las estadísticas de Asmodeus para darse cuenta de lo increíble que era su atractivo.
—¿Qué... qué estás haciendo?
Al escucharla preguntar con voz temblorosa mientras miraba hacia atrás, Judah reaccionó y se puso de pie de un salto tras haber estado de cuclillas. Sí, no era momento para quedarse embobado. Se limpió el flujo de la cara con el dorso de la mano y, de inmediato, usó el poder del fragmento 〈Hipnosis〉 en ella.
¡Uuuuu-un!
El "Carpe Diem" que llevaba en el dedo soltó un brillo violeta y, al mismo tiempo, una energía del mismo color empezó a aparecer alrededor de las pupilas de ella. Por un instante, como si el tiempo se hubiera detenido, ella perdió la mirada y ladeó la cabecita hacia un lado.
Listo.
[Debido a que Asmodeus, de los Siete Pecados Capitales, ha declarado su derrota, puedes aplicarle hipnosis por única vez]
[Ahora puedes cambiar su sentido común o inducirla a realizar acciones específicas]
Al ver el mensaje flotando frente a él, Judah soltó un suspiro suave y ordenó sus ideas. Ya tenía bien claro qué le iba a decir.
—Asmodeus.
—Sí.
Al llamarla por su nombre, ella, que hace un momento estaba jadeando hasta quedarse ronca, respondió como si fuera otra persona. Era la prueba de que la hipnosis había agarrado perfectamente.
—De ahora en adelante, cada vez que yo te dé con esto...
Judah señaló su "asunto". Los ojos perdidos de ella siguieron su dedo hacia ese miembro grueso y bien parado. No es que fuera una cosa descomunal, pero tenía el tamaño suficiente para explorar todo el cuerpo de ella.
—...cada vez que te dé una estocada y llegue a tu útero, tu cuerpo se volverá más sensible y el placer se irá acumulando. Al final, con cada entrada vas a sentir un gozo descomunal. Ese placer no lo vas a poder conseguir con nadie más. Solo a través de mí podrás sentirlo y solo conmigo podrás quedar satisfecha. ¿Entendido?
—Sí.
Asmodeus asintió con la cabeza mientras respondía. Con eso bastaba. Las formas de usar la hipnosis eran infinitas y, a decir verdad, podría haberla usado de forma mucho más eficiente, pero Judah, más que pensar en beneficios a largo plazo, terminó de configurar la hipnosis pensando solo en su satisfacción de este momento.
Chasqueó los dedos y la mirada de ella recuperó el brillo. Judah, como quien no quiere la cosa, puso la mano sobre su trasero. La carne se le escapaba entre los dedos.
—¿Ah?
Al recuperar la conciencia tras la hipnosis, Asmodeus pareció sentir algo extraño, pero solo ladeó la cabeza sin reaccionar mucho, aunque él le estuviera agarrando todo el poto.
Al verla así, Judah presionó la punta de su miembro contra la entrada de su vagina. El estrecho huequito se abrió suavemente, como si se estuviera tragando el "asunto" de Judah de un solo bocado.
¡Chic!
El pene entró de golpe, hurgando en ese camino estrecho y abriéndose paso. Los relieves internos, empapados de flujo, le daban un estímulo riquísimo. Como un salvaje en la carretera, si encontraba un obstáculo, empujaba con fuerza hasta que, de un solo golpe, chocó contra el cuello del útero, que estaba bastante abajo.
—¡¿Kju-uj?! ¡Ah, jaaa-ak!
Parece que el impacto fue demasiado, porque de inmediato las paredes de su vagina lo apretaron con todo. Asmodeus tomó aire profundamente, como si de golpe se hubiera quedado sin aliento.
Se puso de puntitas, estiró la espalda y levantó el mentón hacia el cielo. En sus ojos, el placer estalló como si fueran fuegos artificiales. "¡Ah...! ¡E-esto es...!" La saliva empezó a chorrearle entre los labios entreabiertos. Ese miembro, que parecía haberla atravesado de un solo golpe, raspó de arriba abajo las paredes de su vagina —donde antes cientos de gusanos parecían caminar haciéndole cosquillas y desesperándola— y le dio un beso seco al cuello del útero.
Ante ese golpe tan potente, su corazón dio un salto tremendo. Sintió que ese vacío que tenía en el alma por fin se llenaba. Asmodeus sintió los latidos de su pecho como si fuera una chiquilla enamorada.
—¡Juaaaaaaaaaaaa...!
Sin tiempo para cuestionar esos sentimientos, solo pudo soltar un gemido de gloria, como si se estuviera derritiendo. De pronto, el pene que había entrado hasta el fondo empezó a salir como si fuera la marea bajando. Pero cuando estaba a mitad de camino, volvió a empujar con una fuerza brutal.
—¡Kyaj-uuj! ¡Qué rico...! ¡Esto es! ¡Aang! ¡De verdad, de verdaaaa-ad...! ¡Esto, juang! ¡Esto es lo que queríaaaaa! ¡Kyaj-aa! ¡At, at-at! ¡Aaaaang!
Cada vez que sus muslos chocaban contra el trasero de ella con un sonoro ¡Paff!, ella no tenía más remedio que chillar de gozo como una cerdita. Y de verdad que estaba llorando. Las lágrimas le corrían por los bordes de los ojos. Había extrañado demasiado este placer tan intenso que le recorría todo el cuerpo. Sentía que su cuello uterino se movía solo, como si buscara besar la punta del miembro de Judah cada vez que entraba al fondo.
—¡Ju, Juuuuudaaaaah! ¡Judaaaaah!
Asmodeus gritaba su nombre desesperada. ¡Paff, paff!
Esas nalgas tan papas chocaban contra los muslos de él, deformándose y temblando como si fueran ondas en el agua, para luego regresar a su sitio como si fueran un flan. ¡Chic-chic! Esa intimidad tan obscena no paraba de lagrimear flujo mientras se desvivía por recibir el miembro de Judah. Las paredes internas apretaban tanto que, cuando él se retiraba, se quedaban pegadas a ese pilar de fuego, jalándose hacia afuera hasta que finalmente se soltaban y chocaban entre sí sin dejar ni un espacio vacío.
—¡Uuuuu-ung! ¡No quieroooo...!
Cuando la punta apenas quedaba enganchada en la entrada, ella sentía que ese sentimiento de plenitud se le escapaba de golpe. Con esa ansiedad comiéndosela, Asmodeus miró a Judah con los ojos empapados, suplicándole de todo corazón mientras sacudía el trasero.
—¡No me hagas sufrir así, no me gusta...! ¡Ya pues, métemela de una vez en este hueco que está en celo...! ¡Apúrate, que voy a chillar como una loca...!
Judah no se hizo de rogar. Total, después de que ella misma se declaró perdedora, ya no tenía por qué aguantarse. Se puso a mover la cintura a su gusto, disfrutando de toda esa carne interna.
—¡Aj-iiiiii-it!
Vista, tacto, oído, olfato... y si nos ponemos finos, hasta el gusto; ella era una mujer que satisfacía los cinco sentidos. Aunque las alas y la cola encadenadas estorbaban un poquito, verla desde atrás era una belleza. Doblada en forma de "L", entregándole todo el trasero a Judah, ella empujaba el pecho hacia adelante con tanta fuerza que se veía clarito cómo sus pechos se balanceaban dibujando grandes círculos por debajo de sus axilas.
Sumado a eso, las paredes de su vagina, llenas de relieves, envolvían con suavidad ese miembro hinchado y caliente, apretándolo rítmicamente. Parecía que su útero ya estaba abierto y listo para recibirlo todo; cada vez que él llegaba al fondo, sentía como si le dieran un beso succionador en la punta. Y ese aroma a durazno dulce que flotaba en el aire... por más que lo olía, no se cansaba.
—¡Jiii-it...! ¡Ahí, ahíii-it...! ¡Qué ricoooo...! ¡De verdad, uuuu-ung...! ¡Qué ricooooo! ¡Haa, hjaaaa-ak!
Su voz era como música. Caía suave en los oídos como pétalos de flores y se derretía como la nieve. Sin importar si eras hombre o mujer, esa voz te derretía el corazón. Con tanto estímulo para sus sentidos, Judah sintió que se venía con apenas unos cuantos movimientos.
Para aguantar, apretó el ano y mordió los dientes mientras seguía dándole. Lo mejor para no terminar rápido hubiera sido parar un rato y tomar aire, pero la cintura de Judah no se detenía. Para ser exactos, no podía detenerse.
'¡Mierda, esto es de otro mundo!'
Lejos de parar, su cuerpo se movía cada vez más rápido, ignorando lo que dictaba su cabeza. El flujo acumulado adentro empezó a sonar como si estuvieran chapoteando en lodo, saliendo hacia afuera convertido en una espuma blanca. Judah ya no se aguantó más. Soltó toda la carga que sentía acumulada en los testículos directo en el interior de ella.
—¡Ah, aaaaang! ¡Qué rico, qué rico! ¡At, at! ¡Todo, métemelo toooodo! ¡Jua, aaaaaaaa!
Asmodeus quiso decir algo, pero no le salían las palabras; solo atinó a recibir con una alegría inmensa todo lo que él le disparaba adentro. Esos chorros blancos y espesos inundaron su interior, mezclándose con sus propios fluidos. Sin embargo, aunque ya se había venido una vez, el miembro de Judah no perdió ni un poquito de dureza ni de calor. Seguía igual de furioso y, sin pasar por ese momento de relajo que tienen los hombres después de acabar, continuó devorándose su vagina.
—¡Jua, ah, qué increíbleeee! ¡Más! ¡Dáme máaa-as! ¡Híncame más fuerteeee! ¡Kyajaaaaa!
Ya habían pasado horas —quién sabe cuánto tiempo exactamente— y ella seguía jadeando sin parar, pero su voz seguía intacta, soltando unos quejidos hermosos. Si este lugar no hubiera sido un laberinto, sino un sitio donde pasara gente o un cuartito en un barrio movido, de verdad que habrían estado en aprietos.
Al escuchar el sonido de la penetración, ese ¡ploc-ploc! constante, Asmodeus puso una cara de éxtasis total y empezó a sentir un cariño profundo por Judah. "¡Qué loco! Sé que está bajo el efecto de mi poder, ¡pero qué tal resistencia! ¡Es un maestro!"
Ella, que había tenido experiencias hasta con monstruos y demonios de una lujuria voraz, no pudo evitar quedar maravillada con Judah. Tenían una química... una "chispa" en la cama que era de otro nivel. Cada vez que el pene golpeaba su útero dándole ese estímulo, su corazón saltaba. Desde lo más profundo de su pecho, empezaba a florecer un sentimiento que nunca antes había experimentado.
'¡Lo quiero! ¡Lo quiero! ¡Quiero que sea mío!'
Ese estímulo se acumulaba con cada estocada, una, dos, tres, cuatro veces... convirtiéndose en un gozo cada vez más grande. Cuando él terminó adentro, ella estuvo a punto de soltar un grito de triunfo.
—¡Aaaaa, de verdad es increíble...! ¡Eres increíble, Judah! ¡Pero cómo...!
Si no hubiera estado amarrada con cadenas, se habría lanzado a abrazar a Judah para darle un beso bien pegajoso. Le habría rodeado el cuello con los brazos y la cintura con las piernas, y no habría soltado su miembro con ese sexo vulgar que no paraba de lagrimear como si estuviera en celo. Quería susurrarle que lo amaba, que le gustaba. Quería decírselo al oído. Quería frotar sus pechos voluptuosos contra el pecho firme de él.
Me encanta, de verdad me encanta.
—¡Judah, Judah, ¡Judaaaaah!
Asmodeus terminó soltando por la boca lo que estaba pensando. No era más que un nombre, pero en su voz iba todo el sentimiento que ahora cargaba.
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