24KO 276






24 CORAZONES  276

LUJURIA (11)



⋅-⋅⋅-⋅⊰⋅-⋅⋅-⋅⋅-⋅⋅-⋅∙∘☽༓☾∘∙-⋅⋅⋅-⋅⋅⊰⋅-⋅⋅-⋅⋅-⋅⋅-⋅



—¿Ah sí? ¿No te parece que eres más demonio que yo?

—Por más "diablo" que sea, no le llego ni a los talones a los siete pecados capitales, ¿no crees? Más bien, ¿no te parece que te has vuelto más humana?

—¡Ugh...!


Judah, que había declarado con toda la concha del mundo que la iba a hacer sufrir, empezó a juguetear con su dedo alrededor de su ombligo, dándole vueltas para desesperarla, hasta que intentó meterlo. Asmodeus abrió los ojos de par en par e intentó mirar hacia abajo, pero, como era de esperarse, a menos que echara el cuerpo bien adelante, sus propios pechos le tapaban toda la vista.


—Espera. ¡Ahí no...!


Ese pequeño huequito del ombligo se sintió totalmente invadido con solo un dedo. En toda su vida había devorado a muchísimos humanos y demonios, pero nunca se había cruzado con ni uno solo que le prestara atención al ombligo. La punta del dedo entraba y salía, imitando el ritmo de una masturbación, como si estuviera dándole contra el sexo.


—¡Uuuh...! Espera, de verdad... ¡Ya pues, ya corta con eso! ¿Pero qué... ¡ah!... qué cosa me estás tocando?

—Mira tú, también tienes tu ladito tierno

—¡Ja...! Tú también, quién diría que eras tan... cargosa.


Era una sensación extraña. Menos mal que, a diferencia de lo sensible que estaba su cuerpo, casi no sentía placer. En su lugar, una extraña mezcla de nostalgia y cariño, sentimientos que no conocía, empezaron a hacerle cosquillas en el alma. "¡Qué rayos, esto es en serio...!" Le daban ganas de soltarse a llorar de la nada y acurrucarse en el pecho de alguien. Por suerte, era algo que podía aguantar. Al ver que ella no reaccionaba mucho, Judah parece que se aburrió rápido, sacó el dedo del ombligo y lo bajó poco a poco.


—¡Ha-aj!


Y finalmente, la mano de Judah pasó por ese vello púbico de color violeta, igualito al de su cabello, y tocó su intimidad. Hasta ese momento no se había permitido más contacto que el roce de sus muslos para estimularse, así que, cuando el dedo apenas rozó su sexo, soltó un quejido dulce y se quedó sin fuerzas.


—Ah... qué... ¡qué rico...! ¡De verdad...! ¡Qué rico...!


La mano de Judah acariciaba suavemente sus muslos, bajando hasta el fondo para meterse por dentro y volver a subir. Entonces, su mano caliente cubrió su sexo en lugar de su ropa interior.


—¡Haa-ah!


Con toda la palma cubriendo su zona, el dedo medio se coló apenas entre sus labios hinchados. El líquido transparente que brotaba en abundancia empezó a chorrear como si fuera el jugo de una carne bien jugosa. ¡Chic-chic!


—¡Hjuuuuu-uj!


La punta del dedo empezó a frotar esa carne que sobresalía como un caracolito dentro de su ranura y entró en la vagina.


—¡Ah...! ¡Aaaah! ¡Pshshshshsh! ¡Increíble, increíble, increíble!


Asmodeus sintió un escalofrío por todo el cuerpo con ese placer que le hizo ver chispas. Ese gusto le subió por toda la columna hasta la cabeza, dejándole las piernas de trapo. Y eso que la punta del dedo solo se había asomado apenas un poquito, ni siquiera una falange completa.

Sin embargo, al sentir cómo se abría su entrada y ese dedo caliente empujaba hacia adentro, ante la invasión de ese cuerpo extraño, toda su vagina empezó a convulsionar, soltando todo su gozo. Ni siquiera le importó que su flujo saliera disparado como una pileta. Mientras sentía que el placer bajaba un poco y recuperaba la conciencia, sonrió de oreja a oreja. Esto era lo que quería. Cuánto había extrañado este tipo de placer. Cien años no es poco tiempo, para nada. Aunque pudiera vivir diez veces más que eso, o incluso más, y aunque para ella el tiempo fuera apenas un suspiro por no tener un límite de vida, se pasó esos cien años esperando y ansiando este mismísimo placer.


—¡Ahí, ahí es! ¡Tócame, presiona, dale fuerte! ¡Judah, ya pues! ¿Ya? ¡Apúrate!


Movía la cintura hacia adelante con todas las ganas de que el dedo entrara más profundo, pero, para su mala suerte, la mano de Judah se quedó ahí quieta, cubriéndola sin hacer mucho movimiento.


—¿Qué... qué estás haciendo? ¿Ya? Tócame de una vez. Dale, mete los dedos y raspa adentro. Si quieres mete las uñas, no importa. Está bien, soy un demonio. Aunque me hagas herida, me sano al toque. ¡Dale, métele con todo!


Se lo soltó así, de un solo aliento, con una desesperación total, pero Judah seguía ahí, tibio, presionando apenas con los dedos y acariciándole los muslos.


—...Tú también te estás aguantando, ¿no? No te hagas el difícil y vamos a disfrutar los dos. Te juro que va a ser el mismo cielo. ¿No sientes cómo me late ahí abajo?

—Mmm.


Al escucharlo dudar, Asmodeus siguió hablando con una voz todavía más dulce y cargada de sensualidad.


—¿Ah, no me crees? Si metes el dedo te vas a dar cuenta. Te voy a apretar fuertecito con cada relieve, con cada pliegue. Prueba pues, mete uno.


Al verla tan segura de sí misma, y como no le faltaba curiosidad, Judah metió el dedo un poco más al fondo.


—¡¿Hii...?!


Ella levantó el mentón, gozando. Pero Judah no metió el dedo completo. Solo unas dos falanges. Y con la pura punta, le dio a probar lo que ella tanto quería. Le frotó las paredes.


—¡Juaaaa-ang!


Soltó un grito como si se estuviera derritiendo. Él empezó a girar el dedo.


—¡Hiiii-it!


Se puso de puntitas, levantando el cuerpo y con los muslos temblando. Esa pose que ponía era bien provocadora. Y tal como ella dijo, apenas entró el dedo, las paredes de su vagina envolvieron su mano suavemente, apretándolo. Como apretaba mucho más fuerte de lo que imaginó, Judah, sin darse cuenta, terminó metiendo el dedo hasta el fondo.



¡Splock!




—........!


Asmodeus se mordió los labios con fuerza. El dedo había entrado de golpe, abriéndose paso entre la carne que se retorcía y se acoplaba a él. Tembló enterita por esa sensación tan gloriosa, pero ahí quedó la cosa; Judah no la tocó más. Al contrario, se quedó ahí un buen rato, solo dejándola con las ganas.


—Es-espera. ¿Qué... haces? Por qué... ¡ugh!


'¿Por qué no le das con fuerza?'

Asmodeus cruzaba las piernas, suplicando que metiera la mano, pero él ni le respondía. Lo único que hacía era cubrirle todo el monte de Venus con su palmazo y moverla de arriba abajo.


—¡Hjuuuuu-ung, sí, hjuuu-ut!


Incluso con eso solo, ya sentía el estímulo. El dedo medio, que era grueso, empezaba tocándole el clítoris y luego bajaba de frente hasta darle un toque al ano, que se abría y cerraba desesperado, para luego volver a subir. ¡Chic-chic! El flujo que rebalsaba ya le había empapado toda la palma a Judah. Al principio, con ese simple roce ella ya se había venido varias veces, pero ahora ya no le bastaba. Si él se concentrara en tocarle bien el sexo para estimularla, quizás podría aguantar un poco más, pero como solo la provocaba rodeando la zona y pasaba volando, ella ya estaba que se moría por algo más fuerte.


—¡Tú... de verdad...! ¡Jua, ang!


Intentó juntar aunque sea un poquito de su energía demoníaca para amenazarlo, pero Judah, como si nada, seguía pegando y despegando el dedo medio de su entrada. El sonido del agua, chap-chap, resonaba de forma bien obscena. Y justo cuando ella sentía que ya le venía el gusto, él paraba.

'¡Este...!'

Asmodeus ya no aguantó más el desplante de Judah, así que sacó el poto hacia atrás, poniéndose en posición de "L". Como Judah estaba justo detrás, su trasero quedó pegado contra su pantalón. Parece que al estar sellada sus poderes habían bajado un montón, porque aunque lo empujó de la nada, Judah solo se tambaleó un poquito. No retrocedió ni un paso. Gracias a eso, sus nalgas quedaron bien aplastadas contra el muslo de Judah, la parte dura del pantalón le dio justo en su intimidad.


—¡Juang!


Al sentir esa dureza y ese calor a través de la tela delgada, a Asmodeus se le escapó un gemido sin querer. Y puso una cara de felicidad. Podía sentir todas las ganas acumuladas a través de su sexo. Claro pues, era lo lógico. Si después de tentarlo con ese cuerpazo y dejar que la toque por todos lados él no sentía nada, entonces sería un impotente.


—¡Fuaaaa...! Esto, esto es. Esto es lo que quiero. Judah... ¿ya pues?


Rogaba mientras frotaba su poto contra la entrepierna de él.


—Esa no es la actitud de alguien que pide algo, ¿no? Parece que todavía te falta.


Dijo Judah mientras se ponía de cuclillas para chequear desde atrás el trasero que ella le ofrecía. Ese monte rosadito estaba rojo vivo y brillaba por el flujo. Su ano se abría y cerraba repetidamente como si buscara algo, viéndose de lo más lujurioso. Y sobre todo, el olor a durazno era bien intenso.


—......


Judah se miró la mano izquierda. Estaba empapada de flujo, y ese olor a durazno subía como si fuera un perfume. Entre curiosidad y duda, le pasó la lengua.

'Está dulce, ¿no?'

Se quedó helado y abrió los ojos de par en par. Sabía que ella no era humana, pero ¿en serio un demonio que domina la lujuria puede tener fluidos con un sabor tan dulce?

A estas alturas, Judah también sentía que lo suyo no era normal. La luz tenue, ese humo rojizo que le daba atmósfera a todo, y frente a él, una mujer que era la combinación perfecta entre un cuerpo de infarto, un rostro hermoso y una voz que te seducía el alma. Normalmente no se portaría así, pero frente al demonio de la lujuria, no tenía sentido dárselas de santo. Con la idea de vivir una experiencia que nunca antes había tenido, agarró con ambas manos ese trasero bien papa y, asomando la cabeza, pegó la lengua al sexo de Asmodeus.

Como ese trasero se veía tan bien y el aroma y sabor eran tan dulces, no sintió ni un poquito de asco.

Lami-lami...


—¡Kyaha!


Estaba tibiecito, pero bien dulce. Lami-lami, lami-lami... Mientras le daba con ganas por toda esa zona, a ella le empezaron a temblar las piernas y el flujo chorreaba sin parar.



¡Sluuuuuurp!



—¡Hiiiiii-ij! ¡Oye, oye-eeee...!


Cuando él pegó la boca directo a su entrada y succionó como si tuviera un cañita, Asmodeus, del susto, se puso de puntitas y soltó un quejido largo.


—Jaraa, jaraa...


Él quiso decir que por más que lamía no se acababa nunca, pero lo que salió fue apenas un balbuceo.


—¿Qué, jii-it, qué estáaaas... diciendo? ¡Oye, ah! ¡Jua... no te, no te entiendo naaa-ada! ¡No se te entiende ni mii-er...daaa!


Era obvio que Asmodeus no le entendía ni jota. Judah puso la lengua en punta y la metió en su entrada, luego con ambas manos le abrió los cachetes del poto para lamerle las paredes internas. Incluso le dio sus mordisquitos a los labios mayores que sobresalían.

'No, no puede ser. ¡Es demasiado fuerte...!'

Sintiendo que se derretía y que perdía el conocimiento, Asmodeus sacudía la cabeza de un lado a otro. La estaba tratando con demasiada suavidad. No le gustaba que la hiciera sufrir con la espera, pero la verdad es que, cuando Judah declaró la apuesta, ella pensó que le iba a dar sus nalgadas o que se iba a portar de forma más tosca.

Pero qué va.

Al contrario de lo que esperaba, la estaba acariciando con una ternura increíble. O bueno, ¿será que esto no es ternura sino una forma de crueldad? Ella había tenido sexo con muchísima gente y se había entregado a seres con poderes inimaginables. Pero nunca se había topado con alguien que la acariciara con tanto esmero, casi de forma obsesiva. Y es que, claro, a ella nunca le había gustado que la hicieran esperar; en todo caso, era ella la que hacía sufrir a los demás.


—Tú, túuuu... ¿A quién crees que estás haciendo sufrir, juang, uuu... a quién crees que tienes así, aj-at? ¡Cuando hables no chupes!


Judah despegó la boca un ratito, aprovechando para tomar aire.


—Estoy haciendo llorar a la boca de abajo de uno de los siete pecados capitales. Mira cómo se le caen las lágrimas.

—Si me la metes ahorita... ¡te perdono...! ¡Ahorita mismo, fuaa, estás torturando a uno de los siete pecados...!

—¿Ah sí? ¿Uno de los siete pecados capitales? ¿Ese pecado es el que me está tentando chorreando todo su jugo así?


Judah soltó una risita burlona y estiró la mano para darle un pinchazo al clítoris, que estaba hinchadito y bien a la vista.


—......!



¡Psh-psh!


soltó un sonido bien obsceno mientras disparaba más flujo. Era igualito a un caño abierto. Apenas la tocaban, llegaba al orgasmo y empezaba a gotear. Gracias a eso, por más que él lamía, su intimidad era como un manantial que nunca se secaba.


—Ni una ramera de la calle llega a tanto.


Ante el insulto, Asmodeus se quedó jadeando con la lengua afuera como un perrito.


—¡Qué... qué bronca me daaa...!


'Por culpa de ese bendito sello, miren cómo he terminado'

Judah se pasó como media hora dándole de lametones sin parar. Como no dejaba de tomarse sus fluidos, que eran casi como un afrodisíaco, no se cansaba. A cualquiera ya le hubiera dado un calambre en la cara, pero a él, curiosamente, no le pasaba nada.


—¡Haa...! ¡Haa...!

—Qué terca eres. Te dije que si perdías y me rogabas que te la meta, te daría vuelta de una vez.


dijo Judah mientras se bajaba el cierre del pantalón.

Esa pieza de la que estaba tan orgulloso, que había estado encerrada y tan parada que hasta dolía, por fin salió al aire libre.

Asmodeus, que seguía agachada en forma de "L" ofreciendo el trasero, vio ese tremendo "asunto" de Judah asomándose entre sus propias piernas y pasó saliva ruidosamente. Ahí estaba. Eso era lo que tanto había deseado que le metieran.


—Mée... métela.

—No quiero.

—¿¡Qué... por quéee-et!? ¡Jua, juaaaa-ang! ¡Ya! ¡Ya deja de laméee-er!


Él se negó en seco y volvió a darle con la lengua. Después de fregarla tanto rato, Judah subió de su sexo hacia el poto.


—¡Algún día me las vas a pagar...! ¡Te voy a hacer llorar para que me dejes... ¡¿quéeee-et?!


Asmodeus, que juraba vengarse por el rencor que le tenía, sacudió el poto al sentir el estímulo en el ano, pero él no se despegaba. Al contrario, la agarró firme con las dos manos como diciéndole que no se mueva. Asmodeus, que ya se había venido un montón de veces, estaba aguantándose los quejidos, pero...

'Si me sigues lamiendo así de obsesivo...'


—¡Juang! ¡Ah, at-at! ¡Me voy, me voy otra ve-eeez! ¡Jii-it!


Fue solo un ratito.



¡Chic!



—!!!



De pronto, le metió dos dedos hasta el fondo de su intimidad. Ella abrió los ojos como platos y, antes de que pudiera entender qué pasaba, él empezó a moverlos rápido, hurgando en su carne sin ninguna piedad.


—¡Kyajaaaa-at! ¡Aaaaaaaah!


Siendo torturada por los dos lados al mismo tiempo, por el sexo y el ano, llegó al clímax al toque. Una, dos, tres veces... los orgasmos se le acumulaban uno tras otro.


—......!


En un momento se quedó sin voz y su conciencia se fue a negro por el puro placer. Veía lucesitas y la parte de abajo le convulsionaba mientras soltaba el flujo como si se estuviera orinando.


—¡Ya, ya paraaaaa-ee! ¡Juo, juoo-ot! ¡Me vooo-oy! ¡Jii-it, jiiii-it! ¡Ya pa-ra! ¡Espérate! ¡Espera un ratitooooo-on! ¡Aj-ic! ¡Ic! ¡Kyajaaaa-at!



¡Chic-chic-chic!



Con las puntas de los pies bien estiradas y los talones en el aire, parecía que no iba a bajar nunca a la tierra.

'No puede ser'

No podía ni pensar. Por más que hubiera estado sellada por cien años, ella era un demonio de alto rango. ¡El demonio de alto rango que gobernaba la lujuria entre los siete pecados capitales! Por más que su cuerpo se hubiera debilitado y su resistencia al placer hubiera bajado por culpa del sello, nunca se imaginó que terminaría tan destrozada.

Parece que Judah se tomó un descanso, porque dejó de moverse y de fregarla. Recién ahí Asmodeus pudo bajar los talones. Pero como todavía sentía el placer recorriéndole el cuerpo, se quedó jadeando con los dedos de los pies bien encogidos.


—Jua, jua... ¡jua!


Ya no quería seguir viniéndose con esas cosas. Por más veces que llegara, ese vacío no se llenaba. Al contrario, se sentía más ansiosa y hambrienta.

'Ya... ya no aguanto más'


—Bueno, ya descansaste suficiente, ¿no?


Cuando Judah iba a meterle los dedos otra vez en la entrada, Asmodeus gritó con los ojos bien cerrados:


—¡Espera...! Espera un ratito...

—¿Eh?

—Yo... yo perdí. Perdí. He perdido. Ya no puedo aguantar más... por favor.


Asmodeus abrió los ojos y miró hacia atrás. Con una mirada donde se mezclaba la humillación, la rabia y una desesperación total, miró a Judah y movió el poto.


—Métamela. Ya deje de hacerme sufrir y métamela en este hueco que está en celo y muerto de hambre... ¡Ya perdí, pues...! ¡Ya, de una vez...!


Vaya. Ante sus palabras, Judah bajó la mirada hacia el "Carpe Diem" que llevaba en la mano.



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