24 CORAZONES 275
LUJURIA (10)
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Al abrazarla, sus pechos exuberantes se aplastaron contra el pecho de Judah, dándole una sensación de suavidad extrema. Se deformaban como globos de agua con cada roce, y la sensibilidad de Asmodeus era tal que, con solo ese contacto, estuvo a punto de soltar un grito.
—Huuu...!
Pero como sus labios estaban sellados por los de Judah, el sonido se quedó atrapado en su garganta. En sus brazos, ella temblaba como una hoja; sus ojos estaban nublados, como si estuviera encadenando un orgasmo tras otro solo por la cercanía.
'Esto es increíble'.
Ni en la mejor película para adultos había visto una reacción así. Judah bajó la mirada, fascinado por cómo respondía a cada uno de sus movimientos. Era como un juguete vivo; cada acción provocaba una reacción desmedida. Sintió un impulso extraño, una chispa de sadismo que nunca supo que tenía: quería ver hasta dónde podía quebrarla.
De pronto, la mirada de Asmodeus recuperó un brillo peligroso y ella tomó el control del beso.
Tsuup, chyuuuu
Judah no tuvo tiempo ni de respirar. Él había iniciado el beso para silenciarla, pero ella, con una técnica y una ferocidad de otro mundo, empezó a dominarlo. Sus lenguas se entrelazaron en un baile voraz.
—Fuaaa... ahh...
Incluso durante el beso, se escuchaban sus pequeños suspiros. Judah sentía que se derretía. Había besado a mujeres hermosas antes, pero lo de Asmodeus era distinto.
Era codicia pura. No era solo que ella liderara; es que lo inducía a responder, guiándolo como en un vals desenfrenado.
'Su lengua... parece que tuviera vida propia'.
Asombrado, Judah tragó la saliva que ella le pasaba. No solo olía a durazno, sabía a jugo de durazno dulce, casi adictivo. Terminó cediendo, empujando su propia lengua en la boca de ella, luchando en un intercambio de fluidos que le quitaba el aire.
—!
De repente, Judah se atragantó con su propia saliva y tuvo que apartarse tosiendo. Ella intentó seguirlo, pero las cadenas de su cuello la frenaron en seco.
Cof, cof..... Haa, haa.....
En el silencio de la sala solo se oían sus respiraciones agitadas. Judah se limpió el rastro de saliva de la boca con el dorso de la mano. Asmodeus lo miraba con ojos hambrientos, pasándose la lengua por sus propios labios para no desperdiciar ni una gota. Intentó limpiarse frotando su cara contra su hombro, pero no podía por las cadenas.
Judah, recuperado, estiró la mano y le limpió la comisura de los labios con delicadeza.
—Ah...
Asmodeus abrió mucho los ojos ante ese gesto inesperado y soltó una risita suave.
—Gracias. Eres extrañamente amable.
—Es la primera y última vez.
No estaba para romanticismos. El humo de la sala y la respuesta física de ella habían cargado a Judah con un deseo explosivo. Sentía que podía eyacular una cantidad absurda de veces sin cansarse.
—¿Ah...? ¿A dónde vas?
Asmodeus estiró el cuello esperando más besos, pero Judah caminó hacia su espalda, saliendo de su campo de visión. Sellada como estaba, ella no podía predecir sus movimientos.
—Voy a jugar contigo. Hasta que admitas tu derrota.
—¿Qué? Ja, ¿derrota? ¿Qué clase de tonterí... ohhh-hoooo-oooot?!
¡Pshhhhhh!
Asmodeus soltó un chorro de fluido que salpicó el altar. No pudo terminar la frase porque Judah le apretó con fuerza la zona donde la cola se une a las nalgas, mientras que con la otra mano rodeaba su torso por debajo de la axila para estrujarle el pecho derecho con tal fuerza que sus dedos quedaron marcados en su piel blanca.
—Ja, jaja... ¿Qu-qué estás haci-endoooo...?
Como regente de la Lujuria, intentaba recuperar la compostura, pero su cuerpo la traicionaba. Tenía la lengua tan floja por el placer que ni siquiera podía pronunciar bien las palabras.
—Dime que perdiste. Pídeme perdón por dudar de mí y suplica que te la meta. Solo entonces te daré lo que tanto has estado esperando.
Sin quitarse la ropa, Judah pegó su cadera contra las nalgas firmes de ella, frotando su bulto, que ahora tenía un tamaño amenazante, contra su retaguardia.
—¡Hrut!
Al sentir ese peso masivo y caliente golpeando contra ella, el corazón de Asmodeus dio un vuelco. Era una presencia imponente. Incluso sin verlo, por puro tacto, sabía que era grande. Ella giró la cabeza hacia atrás, mirándolo de reojo con una sonrisa retorcida y desafiante.
—Pero mira quién habla... tú estás con el bulto que te va a explotar, ¿qué te las das de digno?
Asmodeus soltó una risa ronca, recuperando un poco de terreno
—Si quieres, me puedes dar ahora mismo, pero veo que quieres jugar con mi orgullo. Mala idea, chiquillo. Te metiste con la demonio equivocada. Al final, no vas a aguantar y vas a terminar enterrándola en mi agujero mientras lloras como un cerdo en celo.
Ella aprovechó que su cintura era la parte más libre de su cuerpo y empezó a sacudir las nalgas de izquierda a derecha, restregándose contra la entrepierna de Judah. El estímulo visual de sus glúteos hundiéndose contra su pantalón era brutal. Podía ver su rosada intimidad asomando tímidamente entre los pliegues, y el líquido pegajoso ya estaba empapando la tela de su ropa.
Se oía un sonido húmedo, un chub-chub constante, pero la característica de 〈Jugador〉 mantenía la mente de Judah en su sitio. No iba a perder los papeles todavía.
—Haa... Qué pena me das.
Judah soltó un pequeño suspiro y, conteniendo el temblor de su propio cuerpo, empezó a masajear suavemente la base de la cola de Asmodeus con su mano izquierda. La reacción fue instantánea.
—¡Hy-kyaaaaaa! ¡Es-esperaaaa...!
El gemido fue desgarrador y su cuerpo se arqueó violentamente. A Judah le gustaba esto. Empezó a usar los dedos meñique, anular y medio para sujetar la base, mientras el pulgar y el índice subían y bajaban frotando con presión. La línea de su espalda se curvó de forma deliciosa y sus dedos de los pies se encogieron con fuerza.
Judah la abrazó por la espalda, estrujando sus pechos y rodando sus pezones entre sus dedos, mientras le susurraba al oído:
—Entonces, hagamos la apuesta. Veamos qué pasa primero: que yo pierda el control y te penetre, o que tú te pongas a llorar como una perra suplicando que pare de torturarte.
—¿H-ha...? ¡Jajaja! ¡Ya, ya vas a veeer! ¡Acepto! Vamos a ver quién, ¡hruuuk!, aguanta má... ¡Oye, espera! ¡Estoy hablandoooo! ¡No te muevas tan... ¡uugh!! ¡Quédate quie... h-haa! ¡Eso, así! ¡Peleemos de una veeez-oooh-ooooh!
Mientras ella aceptaba el reto con una risa burlona, Judah le clavó los dientes en el cuello. Empezó a agitar su cola arriba y abajo como si la estuviera masturbando, aplicando una presión tan fuerte que, al parecer, dio justo en el clavo.
—¡¿Hru-gu-gu-gu-guk?! ¡Hy-kyaaa! ¡Espera! ¡No me agarres la cola tan fuerteeee! ¡No, nooo! ¡¿Por qué soy tan sensible ahíiiiii?! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!
Era increíble. Por la fuerza con la que la había sujetado, ella se desplomó contra las cadenas, jadeando sin aliento. Su abdomen se contraía y expandía rápidamente, y al verla así, Judah sintió un dolor punzante en su propia entrepierna por la acumulación de sangre.
Daban ganas de mandarlo todo al diablo, bajarse el pantalón y darle lo suyo. Con esa sensibilidad, no necesitaba técnica; bastaba con entrar y salir para volverla loca. Pero decidió guardar ese placer para después.
—¿Qué pasa? ¿De verdad vas a aguantar? ¿Te vas a venir así de fácil con cada cosita que te haga?
Asmodeus, sostenida apenas por las cadenas, jadeaba mirando al frente.
—M-me estoy... acostumbrando... No te preocupes... Pero, pero esto... ¡haa! ¡¿No es muy... injusto?!
Se acababa de dar cuenta: Judah podía tocarla donde quisiera, pero ella estaba amarrada y solo podía intentar tentarlo con la mirada o con palabras.
—Tú aceptaste el trato sin pensarlo. ¿Por qué no pruebas seduciéndome con palabras?
Ella apretó los dientes. Por puro orgullo había aceptado, pero ahora no tenía manos para tocarlo ni boca para hacérsela. Incluso su cola, que podría haber usado para algo, estaba siendo torturada por él.
'Qué estúpida soy'
—Uuuu...
Sentía sus pechos siendo amasados como si fueran masa de pan. Su mente procesaba: '¿Tengo que rogarle?'. Si le pedía que la penetrara, perdía la apuesta. Pero la sensación de vacío en su vientre era insoportable. Su útero ya había descendido, listo para recibirlo; sus paredes vaginales suplicaban por algo caliente y duro.
—Estás desesperada, ¿no?
Asmodeus asintió sin poder ocultarlo.
—Voy a hacer que te desesperes más.
La mano de Judah soltó su cola y empezó a reptar como una serpiente por su cadera hacia su vientre bajo. Ella sintió que se le erizaba hasta el último vello del cuerpo por la expectativa. La mano empezó a presionar rítmicamente la zona donde se encontraba su útero.
—¡¿Hrut?!
La presión sobre su útero vacío le dio una sensación de plenitud momentánea que casi la hace llorar. Mientras tanto, Judah seguía succionando su cuello como un vampiro. Asmodeus tragó saliva, sintiéndose completamente impotente, pero muriéndose por saber a dónde iría esa mano a continuación.
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