24 CORAZONES 279
LUJURIA (14)
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—¿Eeeh...?
Judah retrocedió atontado, con una cara de tonto que no podía con ella. Como si fuera una espada sagrada sellada en una roca, su miembro se deslizó hacia afuera de la intimidad de Asmodeus con un sonido húmedo. La carne rosadita se estiró un poco tras él antes de soltarse y volver a su sitio.
—Mierda, cuánto me vine...
Mientras el pene salía, los restos de semen blanco y espeso empezaron a rebalsar por el huequito que había quedado abierto. Al ver eso, Judah arrugó la cara, como si le diera un poco de asco.
Quizás fue por esa energía mágica de ella que flotaba en el ambiente, pero de verdad había tenido sexo como si hubiera perdido la razón. Meter, dar, sacar y venirse... ya ni se acordaba de cuántas veces lo habían hecho exactamente.
Se quedó mirando fijamente cómo el semen seguía brotando. No podía quitarle la vista de encima. De verdad, hasta dudaba de si él mismo era capaz de haber disparado tanta cantidad.
—Es-estoy... satis-se-satisfe-chaaa... satisfe-cha...
Incluso ella, la que gobierna la lujuria, terminó destrozada por el placer. Repetía esa frase como una maquinita. Judah sintió un orgullo de conquistador, pero por otro lado, le entró la duda de si estaba bien dejarla así.
'Bueno, no creo que tenga que preocuparme por un demonio'
Apenas se rompa el sello, recuperará su poder y despertará sola. Como estar parado sobre el altar era un poco incómodo, Judah retrocedió y bajó de un salto. Pero en el momento en que sus pies tocaron el suelo y quiso equilibrarse, las piernas le temblaron y se tambaleó.
—¿Eh?
Por suerte no se fue de cara; hizo fuerza con las piernas y recuperó el equilibrio. Por un pelito casi termina sentado en el suelo de la forma más ridícula.
Se sentía raro intentar descansar sobre el altar, por eso bajó, pero las piernas le bailaban como gelatina. Casi hace un papelón cayéndose de la nada.
Si Asmodeus lo hubiera visto, fijo que se burlaba de él. Menos mal que ella seguía ahí, ida, colgada de las cadenas y sin reaccionar.
—Mmm.
Qué loco, pero al verla ahí toda lacia, su "asunto" —que parecía no cansarse nunca— volvió a dar un salto y se puso firme otra vez. Pero como ya había disfrutado lo suficiente, le dio la espalda sin remordimientos.
Quiso ponerse el pantalón, pero estaba hecho un asco. Antes de sacar ropa nueva, sacó agua de su 〈Inventario〉 y se lavó el miembro, que estaba embarrado de flujo y semen. Después de venirse tantas veces, la punta estaba tan sensible que apenas el agua fría la tocó, el cuerpo le dio un salto y terminó encogido.
La situación le pareció tan graciosa que soltó una risita: ¡je, je!. Se secó el cuerpo como pudo con una toalla mojada.
Guardó bien la ropa sucia en el 〈Inventario〉 y sacó el terno de lujo que Conde January le había regalado en Urun por pura cortesía.
Aunque se puso ropa limpia, como no se había bañado bien, la sensación de estar pegajoso seguía ahí. Judah soltó un suspiro y decidió que ya era hora de romper el sello de Asmodeus y recuperar el fragmento.
'A ver, si mal no recuerdo.......'
Intentó recordar cómo se deshacía el sello mientras caminaba, pero a los pocos pasos volvió a tambalearse.
—Mierda.
Se estaba quedando sin fuerzas. Bueno, después de haberle dado con una furia que hasta pudo haberle roto la cintura, era lo más normal del mundo. Sintió que no se iba a recuperar así nomás, así que por un momento pensó en tirarse al suelo a dormir un rato y luego romper el sello, pero si iba a descansar, mejor hacerlo en un lugar decente.
'Primero tengo que encontrarme con mis compañeros que fueron teletransportados fuera de la mazmorra'
Venciendo la flojera, Judah se fue hacia la parte de atrás del altar. Las cadenas que sujetaban el cuello, las muñecas, los tobillos, las alas y la cola de Asmodeus parecían salir de la pared, pero en realidad, el núcleo que servía como punto de inicio estaba escondido bajo el suelo.
'En el juego, estaba a unos diez pasos detrás del altar, ¿no?'
Sacó su espada del 〈Inventario〉 y, tras caminar exactamente diez pasos, la clavó despacio en el suelo. Sintió que la punta chocaba con algo y la espada rebotó.
Suerte la mía.
Lo encontró a la primera. Con cuidado, cortó los ladrillos de alrededor y apareció una esfera dorada del tamaño del puño de un boxeador de peso pesado.
De la esfera salían ocho cadenas que se estiraban por debajo del suelo hacia alguna parte. No hacía falta ni comprobarlo: este era el vigésimo segundo fragmento que sellaba a Asmodeus, el "Ludmilan".
Era un fragmento con el poder de controlar la longitud y el tamaño de unas cadenas de oro —no infinitas, claro— según la cantidad de maná del usuario. Tenía la propiedad de bajarle las estadísticas a cualquiera que no fuera su dueño y que las tocara o fuera atrapado por ellas, terminando por dispersar su energía mágica a la fuerza.
Dependiendo de la situación, podía sellar hasta a un demonio de alto rango como Asmodeus, pero eso fue porque se dieron varias variables a su favor. En realidad, no es que ella se dejara sellar así de fácil, y además, para mantener el balance del juego, le puse condiciones de uso bien pesadas, como al Carpe Diem, así que será difícil de usar.
'Si hubiera sabido esto, no me habría preocupado por el balance ni nada en los fragmentos que son fáciles de conseguir'
¿Quién iba a imaginar que terminaría metido dentro del mundo del juego? Como creador, quería fregar un poco a los jugadores para que no se pasaran el juego tan rápido y sintieran ese vacío de haberlo acabado todo.
Claro que, más adelante, cuando herede el poder de Pernen, todas estas condiciones y restricciones desaparecerán, pero eso todavía es hablar de un futuro bien lejano.
Estiró la mano para tocar la esfera, pero de pronto apareció un círculo mágico encima y le rechazó la mano con fuerza, igual que antes con la espada.
—¿Ah?
Judah miró la esfera dorada con sorpresa, pero al toque asintió con la cabeza.
'Ah verdad, también le puse un hechizo de sellado'
Se acordaba de una cosa pero se olvidaba de la otra. Se nota que estaba bien cansado. Sacudió la cabeza un par de veces y soltó un suspiro mientras revisaba sus 〈Notas〉.
'Tomando el altar como centro, las piedras mágicas en dirección de la 1, 5, 6, 7... y las 11'
Tenía que empezar rompiendo las piedras mágicas que estaban incrustadas en el techo y que brillaban como si fueran focos. Caminé de regreso al altar y convoqué a Artemia. Tras ubicar bien las piedras, lancé a Artemia con fuerza.
Parece que tenían un círculo mágico de defensa, porque apareció un escudo intentando protegerlas, pero no fue suficiente para detener a Artemia cargada con mi maná. El hechizo de defensa se hizo trizas al toque y se escuchó un sonido seco, ¡crack, crack!, uno tras otro. Las cinco piedras mágicas se hicieron polvo y cayeron al suelo.
Luego, me moví siguiendo exactamente lo que había anotado en mis 〈Notas〉. Los sellos instalados en la habitación fueron neutralizados rápido y, al instante, sentí el cuerpo mucho más ligero.
Caminé de vuelta a donde estaba el Ludmilan, me puse de rodillas y puse la mano sobre la esfera. Como ya había desactivado todos los hechizos de defensa de la sala, el círculo mágico que antes no me dejaba acercarme, obviamente, ya no apareció.
Ahora solo faltaba romper el sello del propio Ludmilan. Para eso existían dos formas:
La primera, inyectar en el fragmento una cantidad de maná mayor a la que se usó para el sello. La segunda, si eres el dueño del vigésimo cuarto fragmento, el Carpe Diem, puedes reclamar la propiedad del Ludmilan a la fuerza.
Como casi todos los sellos se pueden romper con la primera forma, Asmodeus estaba como loca intentando quitarle el 〈Valentine〉 a Conde January en Urun. La verdad es que la segunda forma es algo que nadie sabría a menos que fuera Pernen, el dueño original de los fragmentos, así que ella ni por asomo habría pensado en buscar el Carpe Diem.
Apenas puse la mano sobre la esfera, la reacción fue inmediata. ¡Uuuuu-un! La esfera dorada y el Carpe Diem que llevaba puesto empezaron a resonar.
'Ya había pasado esto antes'
Cuando le di la mano a Conde January, los fragmentos también resonaron así.
'¿Será que el Carpe Diem tiene algo especial que los otros fragmentos no tienen y que yo no sé?'
No podía estar seguro con solo dos reacciones. Era muy probable que hubiera algo que el sistema no me estaba mostrando. Este fragmento me lo dio Cyan, el hecho de que pueda recibir ayuda del sistema también es gracias a ella; así que ocultar parte de la descripción de los ítems sería pan comido para ella.
Bueno, como sea, lo que importaba era que ya tenía el fragmento 〈Ludmilan〉 en mi poder.
El núcleo del Ludmilan soltó un brillo intenso y, con un sonido de cadenas arrastrándose —char-char-char—, empezó a succionarlas hacia adentro. Sentí que la habitación temblaba y, al mismo tiempo, escuché un ¡paf! detrás de mí, como si alguien se hubiera desplomado.
Me di la vuelta del susto y vi a Asmodeus, ya libre del sello, tirada en el altar de la forma más ridícula posible. Mientras la miraba ahí desparramada como una borracha, los mensajes del sistema aparecieron frente a mis ojos.
[Has obtenido el vigésimo segundo fragmento: Ludmilan de la Restricción]
[Por las características del fragmento, el núcleo de Ludmilan se vinculará a tu corazón]
'¿Eh? Espera. ¿Al corazón?'
Me quedé rascándome la cabeza mientras leía el mensaje. No entendía eso de "vincularse al corazón". En el juego, recuerdo que solo decía que se vinculaba al cuerpo del dueño, pero nunca mencionaron nada de clavarlo directo en el bobo.
Pero antes de que pudiera seguir dudando, el núcleo del Ludmilan se transformó en pura luz y fue absorbido por las puntas de mis dedos. Como si me estuviera pasando corriente, esa luz viajó por mis dedos, muñeca, brazo y hombro, directo hacia mi pecho.
Y antes de que pudiera procesar nada, sentí un hincón fuerte en el corazón.
—¡Kju-uj!
Me quedé sin aire y sentí un corrientazo, como si alguien me hubiera apretado el corazón con un puño de acero. El dolor era tan fuerte que no podía ni describirlo; abrí los ojos de par en par, me agarré el lado izquierdo del pecho con la mano derecha y me doblé por la mitad. Pegué la frente al suelo y apreté los dientes, aguantando la respiración.
'......!'
He conseguido varios fragmentos hasta ahora, pero nunca ninguno me había venido con este dolor, así que me agarró frío. Por suerte, el dolor se pasó rápido. Solté el aire que tenía atrapado y empecé a jadear para recuperarme.
Entonces, un montón de mensajes empezaron a desfilar frente a mí.
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