24 CORAZONES 272
LUJURIA (7)
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Desinvoqué a Artemia y dejé que Yakal colgara de mi mano. Con un kang, la punta chocó contra el suelo y rebotó apenas un milímetro. Miré a mi alrededor. En la penumbra se veían las armas y los miles de pétalos de hierro tirados por todos lados, dando un aspecto asqueroso ahora que habían perdido su control.
Arrastrando a Yakal, caminé unos pasos y recogí uno de esos pétalos. Tenía forma de flor, pero era filoso como el demonio; apenas rozó mi palma, me hizo un tajo y empezó a salir sangre. La herida se cerró al toque. Es increíble que, si no te proteges con maná, el simple contacto te corte la piel. Tras reforzar mi mano con energía, lo apreté con fuerza y lo hice puré.
Lancé el metal abollado a un lado y solté un suspiro.
—¿De verdad se quitó? ¿Organ?
No me la creía. Jamás pensé que ella arrugaría y se mandaría a mudar. Según lo que sabía del juego, ella era el tipo de personaje fanático que caminaría descalza sobre brasas si el Rey Santo se lo pedía; una loca que, aunque perdiera ambos brazos, te seguiría atacando a mordiscos hasta el final.
Si mantenía sus stats del juego, debería haber podido regenerar ese brazo —incluso el hueso— usando su poder divino. Con la bendición del Rey Santo y siendo una apóstol, era casi inmortal.
Por eso, cuando vi ese destello entre la tormenta de pétalos de hierro, juré que estaba curándose para lanzarse de nuevo. Estaba convencido de eso. Nunca se me cruzó por la cabeza que fugaría.
'¿Tan poca energía divina le quedaba...?'
Me dio una risa amarga. Aunque gané, me quedó un sinsabor horrible. Es como cuando vas al baño, juras que te limpiaste bien, pero cuando sales sientes que todavía queda algo ahí abajo... esa clase de incomodidad asquerosa.
—Jm.
Me sobé la barbilla pensando, pero no lograba descifrar qué era lo que me molestaba tanto.
¡Fsssss!
—?
Escuché algo detrás de mí. Al voltear, vi que del agujero en el techo caía algo parecido al polvo. Me acerqué y vi que era ceniza, o quizás arena. La luz que disparó para invocar al Rey Santo debió perforar el techo de forma tan limpia que allá arriba, a lo lejos, se llegaba a ver un poquito del cielo azul.
—.......
Tras mirar el techo un rato, busqué la puerta para bajar al último piso. Tenía un demonio con cuernos tallado en relieve, y la figura se veía clarita gracias a las llamas negras que ardían a los costados. Estiré la mano para abrirla.
—!
Sentí una vibra maligna en la punta de los dedos. Se me puso la piel de gallina y solté la puerta al toque. No es que el sello se hubiera roto, pero al intentar empujarla de nuevo, me di cuenta de que, a diferencia de las anteriores, esta estaba bajo llave. No me quedó de otra: le metí todo el maná que pude a Yakal y activé un skill.
La puerta de hierro, que parecía tan firme como la entrada de una fortaleza, recibió dos tajos sobre el rostro del demonio y se vino abajo sin oponer resistencia.
¡Kukukung!
Retrocedí unos pasos esperando a que el polvo se asentara. Entre la polvareda empezó a salir un humo rojo claro junto a una iluminación tenue. Yo ya sabía qué era esa nota: era el maná de Asmodeus, el pecado de la Lujuria, liberado por Ludmilan. Ese escalofrío de hace un rato fijo era por esto.
'¿Tendrá el mismo efecto que en el juego?'
Aunque este mundo y el juego son distintos, el sistema corre de forma parecida. Por eso, quiera o no, termino comparándolos. Ya sé por experiencia que las cosas no siempre salen igual, pero como es el único conocimiento en el que puedo confiar, lo uso como mi punto de referencia. No hay de otra.
Caminé sobre los restos de la puerta y estiré la mano hacia el humo. Aunque era gas, se me pegó a los dedos de forma pegajosa y se filtró en mi cuerpo. Retrocedí y chequeé cómo me sentía. Sentí un cosquilleo en las yemas que desapareció al poco rato.
—... Parece que estoy bien.
En el juego, este humo te causa el estado de "Lujuria". Si tienes mucha resistencia mágica, solo te recupera el maná sin afectarte mucho, pero si tu resistencia es baja, la cosa se pone color de hormiga.
Claro, como era un juego, el estado de "Lujuria" no hacía que los personajes perdieran el control y se calatearan para tener sexo ahí mismo. Bueno, decían que si instalabas ciertos mods se podía, y no eran pocos los usuarios que lo hacían a escondidas, pero eso no viene al caso.
El punto es que el estado de "Lujuria" funciona parecido al veneno: te va bajando la vida de a pocos pero te sube el maná. El problema es que tus skills empiezan a fallar, y si te quedas mucho tiempo ahí metido, la probabilidad de fallo sube casi al 90%. En el juego, con suficientes pociones y algo de resistencia pasabas piola, pero esto es la vida real (o algo así). Si te pega la "Lujuria", ya te imaginas qué pasa.
'Arhil'
Exacto, me podría pasar lo mismo que a ella cuando se puso "ganosa". Si pierdo el juicio y me entra la loquera... para decirlo en criollo, terminaría tirándome al aire. Pero no me preocupaba tanto; tengo la característica de 〈Jugador〉, así que no me van a dar ataques de pánico ni delirios mentales.
'Además, ya grabé la partida'
No había pasado ni una hora. Por miedo a morir varias veces, usé el "Guardar" a la carrera, pero ahora que Organ había escapado, sentía que había desperdiciado una de mis oportunidades de guardado por las puras.
'Espera, podría suicidarme para regresar al punto anterior'
Ese momento fue antes de que Organ invocara a Metatrón, así que si regresaba, podría darle con todo desde el inicio y evitar que se escapara. Era una opción. Claro que eso significaba pelear contra ella con su barra de energía divina al máximo, eso sí daba miedito. Como sea, crucé la puerta de donde salía ese humo pegajoso.
'Al menos hay luz, así que no se siente tan tétrico'
Seguro la iluminación original no era así. Probablemente era una luz normal para ver el camino, pero con ese humo rojo llenando la habitación, todo se veía con un aire perverso y misterioso. Caminé frunciendo el ceño por la neblina que me tapaba la vista. Cada vez que el humo rozaba mi piel, se sentía tan pegajoso que me daba una sensación rara, como si unas manos suaves me estuvieran acariciando todo el cuerpo.
—…….
No había trampas. Mis buffs seguían activos y usé el Despliegue de Sombra para chequear el terreno. Tras caminar un rato por el sendero que se dibujaba entre el humo, llegué al final de la sala. En ese momento, sentí que algo chocaba con mi sombra y, simultáneamente, apareció un punto rojo en el 〈Mapa〉
¡Charra-rak!
Se escuchó el sonido de cadenas. Si prestaba atención, también se oía un ssshhhhhh, como si estuviera saliendo vapor. Caminé un poco más y vi una silueta densa entre la neblina. Se contoneaba de una forma tan provocativa que parecía que estaba viendo un show de striptease a través de una cortina. Me acerqué un poco más.
—¿Viniste?
Esa voz me puso la piel de gallina. Sobre una especie de altar, había una mujer casi calata apoyando un pie. Tenía la piel al descubierto, pero sus muñecas, tobillos y cuello estaban amarrados por unas cadenas de oro.
—Hola, Judah. Tanto tiempo. ¿Cómo has estado? Jiji.
Intentó asomar la cabeza como saludando, pero como las cadenas estaban bien tensas, terminó moviendo todo el cuerpo de forma involuntaria. Sus pechos, cintura y cadera se sacudieron uno tras otro de lo más sensual. Parecía un movimiento al azar, pero fijo que era algo bien planeado.
La luz tenue, el humo rojo a su alrededor y esa mirada de fuego que te devoraba... era demasiado. Ella mostró sus dientes blancos a través de sus labios carnosos y habló:
—Supongo que había una apóstol cuidando la puerta, ¿cómo hiciste para pasar?
—¿Sabías que había una apóstol?
—Obvio. Ella fue la que derrotó a mi clon y a la nueva copia que hice con tanto esfuerzo. Imposible no saberlo.
Parecía que no le importaba que Judah la hubiera matado antes; me hablaba con una confianza como si fuéramos patas de toda la vida.
—De verdad que tienes talento. Me sorprende que le hayas ganado a la apóstol, pero lo que sí no me esperaba es que Gabriel los ayudara.
Se refería a Arhil, a quien ella había elegido como Santa de la Lujuria pero que terminó siendo la Santa de Gabriel. La verdad es que ni Asmodeus ni yo nos esperábamos esa jugada de Gabriel. Solté una risa amarga y dije su nombre:
—Asmodeus.
—¿Qué pasa?
—¿Esa es tu verdadera forma?
—¿Esto?
Ante mi pregunta de la nada, ella bajó la mirada para verse a sí misma. Como no le había dado el sol en años, su piel era de un blanco pálido, pero por ser la demonio de la Lujuria, tenía un brillo extraño y sedoso.
Su cabello morado le llegaba hasta la cintura y entre las hebras asomaban unos cuernos grandes y hermosos. En la espalda tenía las típicas alas de demonio y entre sus muslos se movía una cola que parecía un látigo. Pero hasta las alas y la cola estaban encadenadas, así que no se veía muy libre que digamos. Sus ojos con iris dorados y pupilas rasgadas como de serpiente se clavaron en mí.
—¿Te parece mi forma real? Lamentablemente, no. Si me vieras en mi forma de bestia mágica, te caerías para atrás del susto.
Asmodeus soltó una risita que te hacía cosquillas en el corazón, pero luego se acordó de algo y me miró con una curiosidad tremenda. Intentó inclinarse hacia adelante, pero las cadenas volvieron a frenarla. Aun así, después de tantos años encerrada, parecía que ya ni le importaba.
—Ah, pero espera. Ahora no importa si esta es mi forma real o no. ¿Por qué me cambias el tema?
—Qué espesa. Es porque es una pregunta que no quiero responder.
Al decirle eso, Asmodeus puso una cara de fingida ofensa, como una niña berrinchuda.
—Ay, qué malo. No seas tacaño. ¿Entonces esto sí me lo puedes decir?
—Quién sabe. No es que seamos tan amigos como para andar chismeando así.
—No seas así de cortante, pues. Total, estoy amarrada y no puedo hacer nada, así que podemos conversar tranquilos. Además, me debes una, ¿no?
—¿Una deuda?
Asmodeus asintió sonriendo.
—Cuando rescataste a los elfos, yo te di una manito en esa mansión, ¿te acuerdas?
Ah... Ya sé a qué se refería. Es verdad que cuando salvé a los elfos en Wurun, ella ayudó matando a la gente de la mansión al succionarles su energía vital. Aunque la verdad, no necesitaba su ayuda.
—Ya, está bien. ¿Qué quieres saber?
—¿Qué pasó allá arriba? Si has llegado hasta aquí, debes saberlo. Desapareció al toque, pero por un momento sentí una presencia demasiado poderosa... Tú lo viste, ¿verdad?
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