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24 CORAZONES  271

LUJURIA (6)



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La sangre que brotó de la muñeca cortada por Artemia no se desparramó por el suelo. El líquido, de un rojo intenso y brillante, se agrupó por el poder del fragmento y empezó a orbitar alrededor de Judah como si fueran los anillos de un planeta. Cuando la lluvia de espadas y lanzas se acercó, la sangre se multiplicó y se hinchó en un instante, para luego estallar violentamente.



¡Puhahahaha-jak!



Como si fueran miles de minas Claymore estallando al unísono, las gotas de sangre interceptaron el armamento enemigo. Aunque el área de impacto de una lanza o espada es pequeña, la densidad de los proyectiles de sangre era tal que no dejó huecos: las armas de metal terminaron llenas de agujeros y cayeron inertes al suelo. Mientras los restos metálicos rodaban como chatarra, la sangre que teñía el piso se deslizó como serpientes de regreso hacia Judah.



¡Sssssss!



Organ, por su parte, activó la autoridad del Bulgasari. Los pedazos de metal desparramados se fundieron como si fueran líquido y se reformaron en armas recién forjadas y afiladas. Era una guerra de desgaste total, pero Judah no pensaba alargarla. La sangre acumulada a su lado cambió de forma, convirtiéndose en una lanza gigantesca que salió disparada directamente hacia Organ.


—!


Parece que la velocidad de la sangre superó la de la transmutación del metal, porque ella se sobresaltó por un segundo. Solo tenía dos opciones: lanzar su propia arma para interceptarla o esquivar. Pero conociéndola, esquivar no estaba en sus planes.

Aprovechando ese breve respiro en el que el asedio cesó, Judah activó su siguiente técnica. Necesitaba algo que lo cubriera mientras se lanzaba al ataque final.


─ Novena forma de la Técnica de Arquería de Sombra. Caballero Espectral Danzante.


A diferencia de los espectros comunes, estos albergaban las almas de antiguos poseedores de espadas espirituales y lucían un equipamiento distinto. El caballero que portaba el alma de Quake, el jefe de la tribu del Oso Rojo de Ligen, empuñaba un espadón pesado similar a Yakal. El otro, con el alma de Ort, el mercenario de la placa de platino derrotado en el bosque de los elfos, llevaba una espada larga y un escudo.

Con los dos caballeros espectrales flanqueándolo, Judah fijó la mirada en Organ justo cuando la lanza de sangre explotaba y un destello salía disparado desde el lado opuesto.

'¿Un lanzamiento?'

Fijo que sí.

Viendo la punta de la lanza acercarse envuelta en un brillo cegador, Judah tomó posición. La pelea no llevaba horas, pero el efecto de Yakal 〈Poder... más poder...〉 ya había acumulado suficiente potencia. Con el 〈Bono de Esgrima〉 y la 〈Frenesí〉 activos, podía desviar ese ataque.

Judah capturó con precisión la punta de Bulgasari con sus ojos y encadenó sus habilidades.


─ Tercera forma de la Técnica de Espada de Sombra 'Punto Único'. Octava forma de la Técnica de Arquería de Sombra 'Castigo: Perro de Ejecución'


Yakal fue envuelta por una maná negro y se transformó en una lanza cónica, igual al Bulgasari. En el juego el gasto de maná es fijo, pero en este mundo, mientras más le inyectas, más fuerte es el golpe. Tras activar las técnicas, Judah vertió todo su maná restante, dejando apenas un 3% o 4% de reserva. Sintiendo el peso abrumador en su mano derecha, lanzó la estocada.

Justo cuando estaba por chocar con el proyectil, una sombra emergió bajo los pies de Organ: la técnica de arquería invocó una mandíbula gigante que brotó del suelo.



¡KRUAAAAAAAAA!



La sombra, como si tuviera vida propia, abrió sus fauces con un grito gutural y se tragó a Organ. Casi al mismo tiempo, Judah no tuvo tiempo de mirar el resultado porque Yakal impactó contra el Bulgasari.


—¡Kgh!


Un estallido similar al de un cañón le dejó los oídos zumbando. Sintió que el hombro derecho se le desprendía; perdió toda la fuerza en el brazo por un segundo y casi suelta la espada, pero una energía mística fluyó por su extremidad, encajando el hombro dislocado a la fuerza. Se escuchó un crujido seco.



¡Kua!



Quiso lanzarse sobre ella de inmediato, pero Organ salió ilesa del monstruo de sombras, desgarrándolo desde adentro. Normalmente, esa mandíbula tiene otra hilera de dientes que tritura todo como una procesadora de carne, pero ella no tenía ni un rasguño. O mejor dicho, el ataque no pudo penetrar la armadura imbuida de poder divino que vestía.


—.......


Caminando con total calma, se sacudió los restos de sombra de la mano y atrajo de nuevo al Bulgasari, que había rebotado y rodaba por el suelo. No hubo palabras. Ella levantó la mano izquierda con un gesto místico y las armas esparcidas volvieron a volar. Judah avanzó hacia ella protegido por sus dos caballeros espectrales.

Los espectros, cuya prioridad absoluta era proteger a Judah, demostraron una habilidad asombrosa. No solo desviaban los proyectiles con un timing perfecto, sino que mantenían el ritmo del avance. Incluso se daban el lujo de volverse intangibles para dejar pasar ataques que no representaban peligro.


—¡Basura...!


A Organ todavía le sobraba munición. Por más que Judah destruyera las armas, mientras ella tuviera al Bulgasari y hubiera metal cerca, nada cambiaba. Organ agrupó parte de las armas restantes a sus costados; el metal se derritió de forma viscosa y se unió como si fuera arcilla. Bajo una presión invisible, la masa se comprimió hasta formar una lanza larguísima y afilada que salió disparada hacia Judah.

Eran decenas de espadas comprimidas en una sola masa. La densidad era tal que no hacía falta recibir el golpe para saber que sería fatal. Judah la esquivó. Detrás de él se escuchó una explosión que sacudió la cueva, pero no se molestó en voltear.


—¡Hup!


Tomó aire y preparó a Yakal. Organ, viendo a Judah ya a corta distancia, retrajo el Bulgasari hacia su pecho para preparar una estocada definitiva. La punta cónica de la lanza empezó a girar como un taladro de alta velocidad.



¡Wuuuuuuung!



Viendo cómo su barra de maná estaba en las últimas, Judah activó la habilidad 〈Suministro de Maná〉 de Valentine, recuperando su energía al instante. No solo eso, activó 〈Sobrecarga de Maná〉, amplificando aún más la potencia de sus técnicas. Justo cuando estaba a punto de chocar con ella, Judah usó la Séptima Forma de la Técnica de Sombra: Movimiento de Sombra.


—!


En un parpadeo, Judah desapareció de la vista de Organ. Para ella, el mundo giró y de pronto Judah estaba a su espalda. Pero Organ, curtida en mil batallas, reaccionó por puro instinto: plantó el pie derecho, giró el torso y lanzó una estocada brutal. La punta cónica de la lanza, girando a una velocidad aterradora, atravesó el cuerpo de Judah, que aún estaba en el aire.

Sin embargo, no hubo grito de dolor. No hubo resistencia de carne siendo desgarrada. La imagen de Judah siendo destrozado por el taladro se desvaneció como nieve bajo el sol. No hubo sangre, solo partículas que se disolvieron en la nada.

Una ilusión.

Al darse cuenta, los ojos de Organ bajo el casco se abrieron de par en par. Antes de que la ilusión desapareciera por completo, varias dagas de un rojo carmesí volaron hacia ella. Con la lanza aún extendida, Organ la dejó caer con toda su fuerza física, logrando desviar la mayoría de las dagas que buscaban sus puntos vitales, pero no pudo evitar que una se le clavara profundamente en el hombro izquierdo.



¡Pajak!



La armadura, forjada y reforzada con poder divino, fue perforada como si nada.

'¡Rayos!'

Recordó que esas dagas también eran fragmentos. Vio la imagen de Judah autolesionándose hace un momento y supo que tener ese metal en el cuerpo era una sentencia de muerte. Organ hizo una mueca de dolor; sentía cómo una maná extraña fluía desde la herida, succionando su sangre a la fuerza. Por suerte, pudo frenar el avance con su propio poder divino, pero la sensación fue aterradora. Si se hubiera quedado sin energía divina, esa daga no solo le habría robado la sangre, sino que la habría hecho explotar desde adentro.

Quiso arrancársela, pero Judah ya estaba encima. Acercándose agachado, Judah lanzó un tajo ascendente con su espadón envuelto en maná negro. Organ bloqueó con la lanza, pero la cantidad de energía que Judah le inyectó al golpe fue tan absurda que ella salió despedida por el aire, retrocediendo varios metros.


—...¡Kgh!


Soltó un quejido, viendo cómo Judah se le pegaba de nuevo para no dejarla respirar. La daga en el hombro le estorbaba horrores; sentía que el arma luchaba como un parásito vivo por devorar su vitalidad. Mientras retrocedía bloqueando los ataques, Organ quemó lo que le quedaba de poder divino.

Las armas que estaban por el suelo o atacando a los espectros se desintegraron en miles de pétalos de metal afilado, volando hacia Judah para obligarlo a retroceder.


—¡Tsk!


Judah chasqueó la lengua y dio un salto atrás. Las hojas de hierro giraban alrededor de Organ como un escudo protector, dándole un respiro. Ella aprovechó para sujetar la daga de su hombro y arrancarla, pero justo cuando iba a tirar, un sonido sordo salió de su armadura: ¡PUM!. Su brazo izquierdo explotó por dentro.


—......!


Aunque era una mujer de hierro para el dolor, no pudo evitar soltar un grito ahogado. No entendía qué había pasado. Parecía que hasta el hueso había desaparecido; una sangre espesa empezó a gotear por las rendijas de la armadura abollada. La daga roja, como burlándose de ella, se desvaneció.



¡Crunch!



Organ apretó los dientes, sintiendo el sabor metálico de la sangre subiendo por su garganta. Aunque su brazo izquierdo era ahora un guiñapo, sabía que podía recuperarlo. Con la bendición de Metatrón, una herida así solo necesitaba tiempo para sanar por completo.

Pero la situación era crítica. Había gastado demasiado poder divino trayendo al Rey Santo. Si no fuera por eso, ya le habría ganado a Judah hace rato. Miró a través de la tormenta de pétalos de hierro que la rodeaba; sabía que Judah no podía verla ni oírla en ese caos.


—Tener que retirarme dejando vivo a quien insultó al Rey Santo... es humillante. Pero volveré pronto.


Dicho esto, activó un hechizo de retorno. El poco poder divino que le quedaba la transformó en un haz de luz que salió disparado por el mismo agujero del techo por donde bajó Metatrón. Al irse ella, las hojas de metal perdieron su fuerza y cayeron al suelo con un tintineo metálico: clanc, clanc, clanc.

Judah se quedó mirando el techo con cara de haber sido estafado, como un perro que se queda mirando la nube después de que se le escapó la presa.


—¿Pero qué...? ¿Eso es todo?


La luz se extinguió y lo único que quedó en la enorme cueva fue el silencio y la oscuridad.



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