24 CORAZONES 267
LUJURIA (2)
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—¿Él?
Al escuchar el murmullo de Judah, ella se quedó quieta un momento como si estuviera pensando, ladeó la cabeza y luego asintió, respondiendo con total soltura:
—Así es. Me refiero a quien sirvo; aquel que es amado por Dios, quien ha recibido bendiciones incalculables y observa todo lo que existe con ojos que lo ven todo.
'Yo nunca le he dado ese tipo de amor'
Aunque Judah no mencionó el nombre de la persona a la que ella se refería, se dio cuenta de inmediato de quién estaba hablando.
—Es el Primer Rey Santo, su excelencia Metatrón.
Lo dijo con una voz cargada de seguridad, casi como si estuviera lanzando una proclama.
Rey Santo Metatrón.
Sí, ya me lo imaginaba. Desde que supo que Organ estaba aquí, y desde que ella grabó en la puerta de hierro que contaba con la protección del Rey Santo, Judah ya se esperaba algo relacionado con él.
Primero Gabriel y ahora Metatrón.
Pensó que había tenido suerte de no tener grandes roces con Gabriel después de haber matado a Caín, pero ahora aparecía una apóstol de Metatrón, alguien mucho más pesado de tratar. Parece que, por una u otra razón, no le va nada bien con los Reyes Santos. Pero Organ no había terminado de hablar:
—Y yo soy su apóstol y su lanza, la encargada de difundir su voluntad: la apóstol Organ. No veo la necesidad de decirte mi apellido, así que lo omitiré. ¿Te parece bien, Judah Arche?
—...Ya veo. ¿Y se puede saber por qué esa "apóstol" me tiene tantas ganas?
Ante su duda, Organ volvió a ladear la cabeza. El casco chocó contra la parte del hombro de su armadura, produciendo un sonido metálico.
—¿De verdad no lo sabes? ¿O te estás haciendo el loco? La llegada del Monarca, la recolección de los fragmentos... ¿no crees que eso es más que suficiente?
—Mmm. No sé de qué me hablas...
—Qué pena, pero el mismo Rey Santo me lo dijo en persona, así que no te va a servir de nada mentir para salir del apuro. Él me advirtió que eres un ser peligroso.
Judah afiló la mirada y activó todo el maná que dormitaba en su cuerpo. De él empezó a brotar un espíritu de lucha tan intenso como el que emanaba de ella.
—¿O sea que ahora piensas matarme?
—Por supuesto. Eso es lo que el Rey Santo desea.
—¡Ja! Qué fácil lo dices.
Judah soltó una risa irónica mientras ella, sosteniendo esa lanza pesada, simplemente se encogía de hombros.
—No tengo nada que ocultar. Total, saber esto no va a cambiar el resultado de las cosas...
No sabía qué tanto sabía ella exactamente, pero si el Rey Santo le había hablado directamente sobre la llegada del Monarca y la recolección de fragmentos, no parecía que hubiera forma de arreglar esto conversando. Judah exhaló un largo suspiro, sacó a Yakal e invocó a Artemia.
—Si lo sabes todo, entonces debes saber que no soy un rival cualquiera, ¿no?
No tenía uno, sino cinco fragmentos en su poder:
Carpe Diem de la Subordinación.
Valentine de la Gloria.
Yakal de la Ira.
Artemia, la que es una pero son diez.
Lycaon Ardahan, el Guardián.
En cambio, ella solo tenía el decimoséptimo fragmento: el Bulgasari. Aun así, se la veía muy relajada.
—Quién sabe. No será fácil, pero no creo que sea imposible. Más que la cantidad de fragmentos, si ponemos en la balanza la capacidad individual, el dominio de los fragmentos, la táctica, la fuerza mental y el entorno... creo que yo gano.
Ella movió la cabeza de izquierda a derecha, como invitándolo a mirar alrededor. En esa enorme cueva, todo estaba listo para maximizar el poder del Bulgasari.
Un cementerio de armas.
Lanzas, espadas, hachas, flechas y escudos. Todo tipo de arma que pudiera forjarse con hierro estaba clavada en el suelo. Y Judah ya empezaba a sospechar que esas armas contenían una cierta cantidad de poder divino.
Si en lugar de Judah... bueno, si Caín estuviera vivo y hubiera llegado aquí, ella habría usado todo ese poder divino en las armas para derrotar a Asmodeus en el último piso. Pero si Caín estuviera vivo, ella no estaría aquí. Tras pensar en lo enredada que estaba la situación, Judah tomó postura para soltar el primer tajo.
—¿Entonces qué? ¿Vemos quién gana?
—Me parece bien. Pero todo tiene su orden.
—...¿Su orden?
¿Acaso se necesitaba un "orden" para pelear? Sin embargo, Judah ya no tenía ganas de seguir charlando. Si ella no venía, él iría primero. Pero justo cuando estaba por impulsarse contra el suelo para arremeter, vio que el cuerpo de ella empezaba a emitir una luz divina cegadora.
'¿Qué demonios está haciendo?'
Sea lo que sea, no pensaba quedarse parado esperando, así que, al mismo tiempo que daba un paso firme, Judah lanzó con todas sus fuerzas la Artemia que sostenía en su mano izquierda.
¡PAANG!
En un abrir y cerrar de ojos, un rastro rojo cruzó el aire y la daga se dirigió directo al entrecejo de ella. Con el poder de ataque de Artemia, atravesar ese casco sería pan comido. Pero, obviamente, ella no se iba a quedar de brazos cruzados. Manejando su lanza cónica como si fuera un simple palo, la movió con una ligereza sorprendente.
¡Kaaang!
Los dos fragmentos chocaron soltando chispas. Artemia salió despedida y Judah aprovechó ese segundo para acortar la distancia.
—Jm.
Organ soltó una risita burlona al verlo tan cerca y dio un pisotón. Con un estruendo, su pie se hundió en el suelo sólido y una barrera de luz translúcida brotó de la nada. Apenas vio el muro levantarse a unos cinco pasos frente a él, Judah invocó a Artemia otra vez y la lanzó. La daga, cargada con una fuerza brutal, se clavó profundamente en la defensa, pero era tan resistente que no logró atravesarla.
¡Crak, crak, crak!
Grietas empezaron a correr desde el punto de impacto hasta que la barrera estalló. Aunque solo sirvió para un ataque, fue suficiente para frenar el avance de Judah por un instante; la barrera había cumplido su chamba. En esos escasos uno o dos segundos, el resplandor que emanaba del cuerpo de ella se volvió tan intenso que hería la vista. Y, como si resonaran con esa luz, las armas del cementerio empezaron a reaccionar. A Judah no le quedó de otra que detenerse, desconcertado.
'¿Qué diablos es esto?'
Bulgasari no tiene una habilidad así. Ni entre los rasgos ni en los skills que Judah recordaba de Organ figuraba algo parecido. El poder divino que parecía almacenado en las armas salió disparado hacia la cabeza de Organ y, al mismo tiempo, la luz que brotaba de ella se proyectó hacia el techo.
¡Kuaaaaaaaa!
Era una luz asesina. Judah soltó un pequeño quejido por el brillo cegador y se cubrió la cara con la manga. Revisó rápido el 〈Mapa〉 y su despliegue de sombras; Organ seguía ahí, sin moverse un milímetro. La luz empezó a bajar poco a poco. Hasta entonces, no hubo más ataques. Cuando sus ojos se acostumbraron, Judah bajó el brazo, pero Organ seguía en su sitio.
La columna de luz seguía disparada hacia arriba como un láser. Al alzar la vista, vio que el brillo había destrozado la barrera de la habitación y perforado el techo. Cuando la luz en el cuerpo de Organ se apagó por completo, la oscuridad volvió a inundar la cueva.
'¿Qué hizo?'
La columna de luz rompió el techo y desapareció, pero no parecía haber tenido ningún efecto inmediato. Mientras la miraba con duda, Organ clavó de pronto su lanza en el suelo y abrió los brazos de par en par.
—Alégrese.
Soltó esas palabras sin sentido.
—Y rinda culto.
—.......
—Agradezca que puede ver Su presencia con sus propios ojos. Porque el Rey Santo...
Judah estaba a punto de decirle que no hable sandeces mientras envolvía a Yakal en maná para lanzar un tajo, pero se detuvo en seco al oír sus últimas palabras.
'¿Rey Santo? ¿Se refiere a Metatrón?'
La voz de Organ, que hasta hace poco era bastante seca, ahora desbordaba éxtasis.
—¡Va a descender aquí mismo!
En cuanto terminó de hablar, una luz bajó por el agujero del techo e iluminó toda la cueva. Se sentía la misma presencia abrumadora de cuando Gabriel descendió en el templo abandonado del bosque de los elfos. Sin embargo, si la luz de Gabriel era acogedora y cálida, esta era todo lo contrario. Más que tibia, quemaba como el fuego; más que reconfortante, se sentía agresiva.
Podría ser el mismo tipo de luz, pero al menos así la sentía Judah.
Como no llegaba a cegarlo del todo, Judah solo frunció el ceño y observó. Dentro de la luz, una silueta oscura y densa empezó a manifestarse, imponiendo su presencia. Al mismo tiempo, una cantidad descomunal de poder divino llenó la cueva. Era tan denso que sentía que el cuerpo se le aplastaba.
Le vino una urgencia casi obsesiva de arrodillarse, bajar la cabeza y mostrar respeto, pero Judah aguantó el tirón con el ceño fruncido.
—Esta humilde servidora saluda al Rey Santo.
A diferencia de Judah, Organ bajó la cabeza con naturalidad en señal de respeto. Judah tragó saliva. La luz se concentró en el ser que estaba dentro y se transformó en alas que ondulaban como una aurora boreal.
El primer Rey Santo, Metatrón, se revelaba en persona ante Judah.
—¿Tú eres Judah Arche, correcto?
Pase lo de Gabriel, pero encontrarse cara a cara incluso con el primer Rey Santo era algo que no había podido ni imaginar. Judah se quedó mirando al Rey Santo mientras este le preguntaba el nombre para confirmar; de la pura indignación, la comisura de su boca empezó a temblar en una mueca cínica.
—No hay respuesta. Y esa mirada no me gusta. Arrodíllate.
—¡¿Kgh...?!
Judah apretó los dientes ante la fuerza que se le imponía. El poder divino a su alrededor se sentía como una mano gigante aplastándole los hombros. Tambaleó, pero no se arrodilló como él quería. Aun así, no pudo evitar que su cabeza se agachara. Con su fuerza actual, esto era su límite.
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