24 CORAZONES 266
LUJURIA (1)
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「Bulgasari, el monstruo que come hierro」
Hace mucho tiempo, cuando la dinastía de un reino estaba a punto de colapsar, apareció un monstruo en la capital. Lo llamaban Bulgasal (不可殺) o Bulgasari, y se decía que su dieta principal era el hierro. Esta criatura tenía una apariencia bizarra: la trompa y cara de un elefante, los ojos de un búfalo, el cuerpo de un oso lleno de músculos sólidos y la cola de un tigre.
Quizás porque se alimentaba de metal, era imposible matarlo con espadas, lanzas o flechas. Incluso las murallas del castillo, construidas con piedras altas y resistentes, se hacían trizas cuando el Bulgasari arremetía contra ellas. No era exagerado llamarlo, literalmente, un monstruo. No solo las armas blancas no le hacían ni cosquillas, sino que tenía la particularidad de crecer más y más a medida que devoraba hierro. La gente tuvo que pasar por mil penurias hasta que descubrieron que su debilidad era el fuego.
Existe una lanza que lleva exactamente el mismo nombre que ese monstruo. A pesar de ser una lanza, tiene el poder de absorber otros pedazos de hierro. Su potencia aumenta en la misma proporción a la cantidad que ha absorbido. Es también uno de los fragmentos creados por Pernern, y a diferencia de otros fragmentos, es famosa por ser una "arma demoníaca" (魔兵) verdaderamente codiciosa.
Al igual que la primera espada mágica gemela, parece tener voluntad propia, pero no puede manifestarse físicamente ni hablar; además, es un objeto que nadie, a excepción de Pernern, puede controlar adecuadamente. Esto quedó demostrado cuando, por un capricho de Pernern, el fragmento cayó al mundo intermedio.
El Bulgasari cayó por casualidad en un campo de cultivo y terminó en manos de un campesino. El arma demoníaca aplastó la conciencia del hombre, tomó posesión de su cuerpo y devastó toda la zona. A pesar de ser un campesino común y corriente sin ningún entrenamiento militar, su poder era descomunal. Por la magia del Bulgasari, el poseedor no perdía las fuerzas ni moría aunque estuviera hambriento. Sin embargo, como no existía un cuerpo capaz de soportar tal magia por mucho tiempo, el arma necesitaba constantemente un nuevo recipiente físico.
Ante los continuos reportes de daños, el reino finalmente envió al ejército.
No obstante, cuando los soldados y caballeros se enfrentaron por primera vez al poseedor del Bulgasari, no pudieron hacer absolutamente nada. Los filos de las lanzas, espadas y flechas salieron volando por los aires como pétalos o como pescado finamente laminado, y empezaron a girar en un torbellino que barrió con los soldados.
Si solo hubiera sido eso, habría sido una suerte. Las láminas de hierro que flotaban se aglomeraron entre sí, se forjaron en una nueva y gigantesca lanza en pleno aire, y cayeron como meteoritos sobre ellos. El ejército del reino, tras sufrir bajas masivas, se retiró; al final, decidieron que la mejor opción era enviar a una pequeña élite que incluyera caballeros y magos.
Pero incluso cuando intentaron atacar con magia a larga distancia, en el momento en que el Bulgasari era estirado hacia adelante, las láminas de hierro que flotaban alrededor creaban cadenas que arrastraban a los magos, dejando a todos sin saber qué hacer.
…La batalla terminó en una masacre unilateral y, al considerar que cualquier ataque posterior sería inútil, el comandante ordenó la retirada. No quedó de otra que esquivarlo como si fuera un desastre natural. Entonces, un día, apareció una caballero. Emanando un brillo sagrado pero a la vez escalofriante, se lanzó a mano limpia contra el Bulgasari, lo sometió y logró dominar al arma demoníaca que había convertido a tantos en títeres sin juicio. Sin embargo, así como apareció, se esfumó; nadie supo dónde estaba, qué hacía, ni siquiera cómo era su rostro.
—Sobre el decimoséptimo fragmento de Pernen, el Bulgasari.
Había algo extraño en todo esto.
Al ver tantas armas juntas, uno sentía que estaba en un museo, pero como todas eran de un solo color, daba la inquietante sensación de haber llegado a un cementerio de armamento.
Y sentado en el centro de una enorme cueva —de esas que no sabes si fueron excavadas por alguien o si ya estaban ahí—, se encontraba alguien que parecía el guardián de este cementerio, sentado frente a una fogata.
Tenía a sus espaldas el cadáver esquelético de un monstruo enorme y estaba sentado sobre un hueso tan grueso como el tronco de un árbol.
Llevaba una armadura, por lo que parecía un caballero, pero al tener el casco a un lado, se notaba que era una mujer. Tenía el cabello corto y un rostro que parecía el de una muñeca. Ella desvió la mirada desde la fogata, que parecía bailar solo para ella, hacia el grupo de Judah que acababa de cruzar la barrera. Tras observar lentamente a Judah, Iris, Arhil y Lime con mirada analítica, se puso el casco y se puso de pie.
'Parece una modelo'
Esa fue la impresión exacta al verla levantarse con el sonido metálico de sus cadenas. No era solo por su estatura, que la hacía ver imponente, sino por su silueta, que se podía adivinar a pesar de lo llamativa que era su armadura.
Normalmente, las armaduras de placas que usan los caballeros se hacen a medida, encajando perfectamente al cuerpo. Así como la ropa no te queda si subes de peso, muchas veces la armadura se vuelve imposible de usar. La armadura que ella llevaba parecía un vestido: si subía un poquito de peso, ya no le entraría.
Debajo de ese metal, probablemente había un cuerpo tan delgado como el de Iris. Mientras la observaba en silencio, ella estiró la mano hacia el cadáver esquelético del monstruo que tenía detrás y sacó una lanza mucho más grande que ella misma.
Era una lanza de caballería, una lanza de forma cónica.
La longitud superaba fácilmente los dos metros y parecía pesar una enormidad, pero ella la sostenía con una sola mano como si nada. Si tuviera un escudo y una capa, cualquiera creería que es un caballero de la orden de la lanza azul.
—Es increíble.
Lime soltó su impresión con sinceridad. Sin embargo, en el momento en que Judah vio a la caballero, sintió que un profundo suspiro subía desde el fondo de su pecho.
'Es Organ, no hay duda'
Sí, ya lo veía venir. Llevaba puesta la armadura y el casco, y cargaba con el fragmento Bulgasari; no había que pensarlo mucho para reconocerla. Judah pasó por delante de Iris y avanzó para darle el encuentro. Verla con el casco puesto y la lanza en mano no era precisamente la señal de una bienvenida cálida, pero como aún no sentía una hostilidad directa, se mantuvo en guardia, atento a cualquier movimiento.
—Sexo masculino, cabello y ojos negros, apariencia joven. …Lo que él dijo era cierto.
—?
Ella murmuró eso en voz muy baja mientras miraba fijamente a Judah. De pronto, mientras caminaba hacia él, estiró la mano izquierda. Ante la extrañeza de Judah por ese gesto, ella habló:
—Bueno, ¿qué tal si empezamos saludándonos? Bienvenidos. Por lo visto, se nota que se deshicieron del guardián del segundo piso sin mucho esfuerzo. Los felicito. Sin embargo...
Se podía ver a simple vista cómo el poder divino se concentraba en la palma de su mano. Su energía divina se sentía distinta a la de Arhil. Organ continuó hablando mientras acumulaba ese poder:
—Lamentablemente, me temo que a ustedes no les puedo dar la bienvenida.
—¿A qué te refieres con...?
No hubo respuesta. Ella activó su magia divina. Un círculo mágico apareció bajo sus pies y, antes de que pudieran reaccionar, algo parecido a una pared de cristal brotó del suelo. Atrapado en esa cortina de luz que surgió de la nada, Judah cargó su puño con maná y lanzó un golpe seco y potente.
¡BUM!
Aunque fue un golpe instintivo, tenía el poder de su fuerza rango B reforzada con magia. Aun así, la barrera apenas mostró una pequeña grieta.
—¡Judah!
Al escuchar la voz angustiada de Arhil llamándolo, él volteó. Arhil, Lime e Iris estaban atrapados en pilares de luz que se volvían cada vez más intensos.
—¡Maldita sea!
Lime soltó un insulto, con el rostro desencajado y acumulando maná en sus manos al ver que nada de lo que hacía funcionaba.
'¿No me digas que...?' ¡¿Magia de teletransportación?!
Judah, enfurecido por la arbitrariedad de Organ de querer llevarse a sus compañeros a la fuerza y sin decir palabra, invocó rápidamente a Artemia. Juzgó que sería más veloz que sacar a Yakal del 〈Inventario〉.
—No tengo interés en los demás, así que los mandaré fuera del laberinto. No quiero muertes innecesarias, y menos habiendo una santa de Gabriel entre ustedes.
Pero cuando logró romper la barrera y volteó, ya era tarde. La magia de teletransportación estaba a punto de activarse. Iris ya tenía en sus manos una guadaña envuelta en oscuridad, lista para destrozar la barrera de un solo tajo.
'¡Guardar!'
Judah guardó la partida en ese instante. No tenía tiempo ni de leer los mensajes del sistema que aparecían frente a él. Sin siquiera confirmar que se había guardado, le gritó a Iris:
—¡Iris! ¡Encárgate de Arhil y Lime, por favor!
Al escuchar su nombre, ella, que estaba a punto de descargar su guadaña contra la barrera, se detuvo en seco. Mientras Lime y Arhil eran teletransportados a la fuerza uno tras otro, e Iris comenzaba a desvanecerse envuelta en la luz, ella habló por primera vez:
—Tenga cuidado.
Y ella también desapareció con el resplandor. Si Iris se quedaba, pelear contra Organ sería más fácil, pero si lograba derrotarla, no había garantía de que Lime y Arhil estuvieran a salvo afuera tras ser teletransportados. En cambio, si Iris iba con ellos, su seguridad estaba garantizada. Tras verlos desaparecer, Judah encaró a Organ. Podía sentir cómo el espíritu de lucha empezaba a brotar de ella poco a poco.
—¿Se puede saber qué significa esto? Fuiste tú quien grabó en la puerta de hierro eso de derrotar juntos al demonio, ¿no?
—Por supuesto, fui yo quien escribió eso y, en efecto, estaba esperando a alguien valiente. Pero como te dije antes, ese alguien no eres tú, Judah Arche.
—...?!
Al escuchar su nombre, Judah abrió los ojos de par en par. ¿Cómo sabía quién era? La miró con total asombro. Aunque el casco ocultaba su rostro, pudo notar el leve gesto de ella asintiendo con la cabeza.
—Tal como pensé. No es que dudara de lo que él me dijo, pero por tu reacción, ya no me queda ninguna duda.
Ella blandió ligeramente su lanza, la cual tenía unos grabados hermosos y detallados. Se escuchó un zumbido pesado, un "fush", al cortar el aire. Al verla tomar una postura de ataque inminente, Judah frunció el ceño con fastidio.
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