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MAZMORRA (13)



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En la puerta de hierro que daba al segundo cuarto había un mensaje grabado.


-Den media vuelta. Riqueza, gloria, honor. Nada de lo que buscan está aquí.


Pero, ¿habrá alguien que se rinda y se vaya solo porque se lo dicen? Judah negó con la cabeza, abrió la puerta y entró al segundo cuarto. Tal como en el primero, los monstruos estaban encadenados en celdas y, cuando llegaron a la mitad del salón, se soltaron de la misma forma. Tras despacharlos sin mayor esfuerzo, llegaron a la entrada del tercer cuarto. Como era de esperarse, la puerta de hierro también tenía algo escrito.


-Se arrepentirán. De haber descubierto este laberinto. De haber puesto un pie aquí. De no haberse largado de este cuarto.


En las puertas del tercero, cuarto y quinto cuarto también había mensajes grabados.


-Necios. ¿Acaso creen que pueden cargar con el destino que les aguarda?

-No se crean la gran cosa solo por haber vencido a unos monstruos.

-Su existencia es insignificante. Es lamentable que este laberinto, construido sobre miles de sacrificios, se haya revelado ante ustedes.


Judah leyó los mensajes de las puertas sin que le afectaran lo más mínimo mientras las abría. Era bien irónico que, a pesar de decirles que no entren, las puertas se abrieran con tanta facilidad.

'Qué fácil'

Judah volvió a pensar que esto estaba demasiado fácil. Originalmente, este laberinto no tenía un nivel tan bajo. La razón de que se sintiera sencillo era simple. Y no era porque sus compañeros fueran unos cracks o porque él se supiera los trucos del mapa. Al entrar al primer cuarto sintió que algo faltaba, pero al pasar por el segundo y el tercero lo confirmó: no estaban los "Named", esos monstruos con nombre propio.

Esos bichos, con patrones de ataque trancas y niveles altos, deberían estar cuidando el lugar como porteros renegados, pero no aparecían por ningún lado.

No había duda de que el que pasó antes se los había bajado.

Sin embargo, si uno se pone a pensar por qué encadenaron a los monstruos normales pero mataron a los Named, la cosa tiene sentido.

Seguro el que entró tenía el nivel para inmovilizar a los comunes, pero no podía hacer lo mismo con los Named. Con el nivel y los ataques que tienen esos jefes, era mucho más práctico eliminarlos que intentar encadenarlos y que la cosa salga mal.

A partir del quinto cuarto ya no aparecían monstruos, así que no había de qué preocuparse. Era una especie de zona segura donde no había trampas ni se abrían portales al mundo demoníaco. Eso sí, para pasar al siguiente cuarto, normalmente tenías que usar un mecanismo especial y seguir un patrón de colores; de lo contrario, la gruesa puerta de hierro no se abría. Pero cuando abrieron la puerta del quinto cuarto y las esferas de luz de Arhil iluminaron el lugar, lo que vieron los dejó fríos.


—Aquí no hay ninguna puerta.


dijo Arhil, después de entrar y mirar por todos lados.

Tampoco se escuchaban los rugidos de monstruos hambrientos que habían sonado en los cuartos anteriores. En el cuarto vacío, doce piedras de colores rodaban por el suelo sin orden ni concierto, y el lugar donde supuestamente debía estar el altar estaba hecho puré. Y la puerta de hierro, que debería estar bloqueando el paso para que nadie avance a la loca, había desaparecido como si se la hubieran llevado a la cachina. Era obvio que el que pasó antes le hizo algo a esa puerta.


—No es que no hubiera puerta desde el principio.


murmuró Lime, observando el lugar donde debía estar el marco.


—Quedan rastros de maná muy tenues... parece magia o alguna habilidad especial. Si hubieran usado transmutación para cambiarle la forma a la puerta, debería quedar algún residuo por aquí, pero nada. ¿Se la habrán llevado cargando?


Lime se acariciaba la barbilla, dándole vueltas al asunto ahí mismo. En el sexto cuarto pasó lo mismo: no había salida. Judah volteó a mirar el quinto cuarto.

'Si hicieron leña las paredes del laberinto, no me sorprende que no hayan dudado en destrozar ese altar'

Quienquiera que haya sido, pasó por aquí a lo bruto. Judah se quedó pensando seriamente en esta situación: las rejas y cadenas para inmovilizar monstruos, y las puertas gigantes desaparecidas. Sentía que la respuesta estaba en la punta de la lengua, pero no terminaba de salir.

'¿Se me está escapando algo?'

Incluso en sus 〈Notas〉, que escribió cuando su memoria estaba fresquita, no decía nada de esto. Entonces no es que se haya olvidado o se le haya pasado un detalle. Es que algo había cambiado.

'...Si fuera alguien que vino a romper el sello de Asmodeus, no se habría tomado la molestia de encadenar monstruos con rejas y esas cosas'.

O los mataba a todos o pasaba de largo. Y la puerta de hierro no se habría esfumado, sino que estaría tirada como los muros rotos. Entonces, era fijo que se trataba de un tercero.

Ah. Un toque.

Creo que ya sé quién es.

Hay alguien que puede manipular el metal.

Judah seguía avanzando por el quinto, sexto y séptimo cuarto como si tuviera pase libre mientras pensaba, hasta que de pronto se le vino alguien a la mente. Pero al instante frunció el ceño y ladeó la cabeza.

'Pero... Morgan, no hay forma de que ella esté aquí, ¿o sí?'

Rejas, cadenas, puertas desaparecidas.

Sacar una conclusión solo por esas tres cosas era muy apresurado. Pero al pensar en alguien que maneje el hierro, solo ella se le venía a la cabeza. "No, no creo", pensó. No tenía sentido que ella, a quien recién debería encontrar en el segundo continente y ya bien avanzado el juego, estuviera en este laberinto.


-¿Pasa algo malo?


Judah abrió grandes los ojos cuando, de la nada, se topó con la libreta casi pegada a su cara. Iris, que iba adelante, se había dado media vuelta y ahora caminaba de espaldas mientras le enseñaba sus notas. Sus ojos negros lo observaban fijamente.


—Ah.


Judah leyó el mensaje con un poco de retraso. "¿Algo malo?", pensó. Bueno, todavía no estaba 100% seguro, así que no podía decir que algo andaba mal realmente. Lime, que venía detrás, asomó la cabeza para leer la libreta de Iris y tomó la palabra.

—¿Cómo que no pasa nada? Claro que pasa. ¿Quién diablos será el que fue por delante? Ha destrozado los muros del laberinto sin importarle que todo se le venga encima. Y en los lugares donde se supone que uno debe usar la cabeza para pasar, no sé qué maña se habrá dado, pero se ha llevado las puertas de hierro completitas. Si ese sujeto sigue vivo, de verdad que me gustaría verle la cara.

Sin darse cuenta, ya habían pasado por el octavo cuarto. Tal como venía pasando, todos los mecanismos estaban hechos trizas y las puertas de hierro habían desaparecido por completo. Sin embargo, justo en la entrada al décimo cuarto —el último—, se encontraba una puerta de hierro que seguía en su sitio, a diferencia de las anteriores. Y ahí también había un mensaje grabado, de esos que no habían podido leer antes porque no había puertas.


-Esta es la última oportunidad. Den media vuelta. Su valor y destreza han sido probados. Pero lo que hay más adelante no es el tesoro que esperan, ni fama, ni gloria. Lo que yace abajo es un ser que debe permanecer sellado por siempre. Sean prudentes, sean valientes. Váyanse.


Eso decía el grabado original. Pero justo encima, había un mensaje nuevo que parecía haber sido tallado hace poco.


-Un demonio está sellado más adelante. Váyanse. Pero, si están dispuestos a matar a ese demonio junto a mí, que cuento con la bendición del Rey Santo, entonces derroten al guardián de este laberinto y bajen. Los estaré esperando. Sin embargo, si no tienen la fuerza suficiente o no son dignos, yo mismo los mandaré de regreso.


Al leer las nuevas palabras grabadas en el hierro, Judah se llevó la mano a la frente.

'¡Ala, qué estrés! No me digas que de verdad es Morgan'.

Morgan.

En esta línea temporal está muerta, pero originalmente era la mujer que se convertiría en compañera de Cain. Así como Iris se unió a Judah con el fragmento número veinte, Ginnungagap, Morgan se une a Cain con el fragmento diecisiete, 〈Bulgasari〉. En el juego, tenías la chance de reclutarla casi al final, y no es exagerado decir que tiene los stats más altos de todos los compañeros posibles.

Los jugadores solían decir que, si cumplías las condiciones trancas para que ella se una a tu equipo, el juego ya estaba prácticamente ganado. Tenía más vida y mejor defensa física y mágica que Jeanne Artrois —la Caballero de la Lanza Azul que obtenías en una misión oculta—, e incluso su ataque era superior. Sus pasivas y habilidades estaban diseñadas para que, aunque toda la party muriera, Morgan fuera la última en quedar en pie.

Eran habilidades y pasivas de oro.

Además, hacía una sinergia increíble con Cain. Porque así como Cain era el apóstol de Gabriel, Morgan era la apóstol del primer Rey Santo. Mientras Judah se hacía bolas pensando en esto, Lime era quien se había quedado analizando el mensaje con mucha seriedad. Iris y Arhil estaban bien tranquilas, pero él habló con tono preocupado.


—Pensé que este laberinto era papaya porque no nos había pasado nada, pero parece que es mucho más peligroso de lo que creía. Nadie grabaría algo así sobre la bendición del Rey Santo por las puras... ¿Qué piensa hacer, señor Judah?

—¿Usted se quiere ir?


Ante la pregunta de Judah, Lime se quedó callado. Aunque sentía que la cosa se podía poner fea, como buen mago, la curiosidad le ganaba. ¿Qué clase de demonio estará sellado para que construyan semejante laberinto y graben esas advertencias?

Si lo piensas bien, en todos los laberintos hay demonios sellados. Este no tenía por qué ser tan diferente. Lo único distinto era ese mensaje de alguien con la bendición del Rey Santo diciendo que los esperaba abajo. Lime sintió un poco de roche al darse cuenta de que se había asustado solo por leer un texto.


—No. Entremos nomás. A fin de cuentas, los laberintos se hicieron para sellar demonios. No podemos salir corriendo solo por miedo a uno, ¿verdad?



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