24 CORAZONES 263
MAZMORRA (12)
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Antes de bajar al segundo piso, decidieron recuperar las energías acumuladas durante el trayecto en el primero. Por suerte, la salida no parecía ser el lugar donde se abría el portal al mundo demoníaco, así que, aunque a lo lejos se escuchaba el estruendo de nuevos monstruos brotando, el lugar estaba tranquilo. La puerta que bajaba al segundo piso, afortunadamente, no estaba dañada y permanecía cerrada firmemente, evitando que subieran las criaturas o el calor del nivel inferior.
Antes de acomodarse para descansar, Judah no quiso abusar pidiéndole a Arhil que mantuviera sus esferas de luz todo el tiempo, así que sacó unas piedras de maná que emitían luz y las instaló como si fueran lámparas. No era una iluminación tan acogedora ni brillante como la de la magia divina, pero bastaba para espantar la oscuridad. Después de eso, comieron, hicieron sus necesidades y durmieron un buen rato de lo más relajados.
Tras despertar bien descansados, el grupo revisó sus armas una vez más antes de abrir la puerta hacia el segundo piso. La puerta de hierro estaba cerrada pero no tenía ningún seguro, así que se podía abrir a pura fuerza. Ante el empuje de Judah, la puerta cedió con un chirrido metálico, ¡grrr-ccc!, y se cerró sola apenas terminaron de bajar las escaleras.
Parecía que el aire circulaba por algún lado, porque en el momento en que pisaron el segundo piso, los recibió una ráfaga de viento caliente. El viento traía un olor extraño, nada agradable. No sé qué magia habrá usado, pero Lime recitó un conjuro y movió las manos, haciendo que el aire se sintiera un poco más fresco. Judah pensó en lo infinito que es el mundo de la magia mientras observaba el segundo piso.
Si en la superficie y en el primer piso las llamas eran negras, aquí el fuego se sentía como lava. Unas llamaradas rojo oscuro ardían lentamente, casi como si fueran humo.
¡Kraaaaaaa!
¡Clanc! ¡Clanc!
No muy lejos de allí, se escuchó el grito desgarrador de un monstruo seguido del sonido de cadenas.
—!?
Arhil, que venía detrás, dio un salto del susto por ese grito repentino. Como Judah justo había invocado de nuevo al Caballero Fantasma y la estaba mirando, pudo ver clarito cómo se asustó.
—No te preocupes. Mientras estemos juntos, te protegeré a muerte, como siempre lo he hecho.
—…Dice cosas vergonzosas como si nada, de verdad.
Y eso que lo dijo en serio. Pero bueno, al menos hubo reacción. Arhil se puso roja, miró de reojo a Lime e Iris y estiró los labios haciendo un puchero. Al verla así, Judah soltó una risita y se dio la vuelta.
—Avancemos. Según sé, en el segundo piso no hay trampas.
¡Toc, toc!
—?
-¿Entonces qué hay? ¿Qué viste en tus sueños?
-¿Que qué había?
-Ese grito de hace un momento ya lo estaba diciendo todo.
Al leer lo que Iris escribió en su libreta, Judah decidió responderle hablando en voz alta para que tanto Lime como Arhil también se enteraran.
—Hay monstruos. Son tipos más fuertes que los del primer piso. Tienen mucha resistencia al fuego, pero son bien débiles contra la magia o los atributos de hielo.
¿Y ese ruido de cadenas?
—Bueno… quién sabe. De eso sí no estoy seguro.
No sabía a qué se debía el sonido de cadenas que acompañó al grito. Tendría que verlo con sus propios ojos.
—Primero vamos a ver.
Con una sonrisa algo incómoda, Judah le pidió a Arhil que creara las esferas de luz. Aunque las llamas rojo oscuro en las paredes iluminaban algo, solo servían para que el ambiente se viera más tétrico. No le llegaban ni a los talones a la luz de Arhil.
Ella aceptó el pedido sin decir ni pío.
Caminaron por el pasillo bien iluminado. A diferencia del primero, este no era un laberinto confuso, sino un camino recto sin complicaciones. Solo que, para bajar al siguiente piso, tenían que atravesar varias habitaciones. Según recordaba, aquí no había trampas. Sin embargo, Iris, pensando que más vale prevenir que lamentar, se adelantó unos pasos a Judah y finalmente llegaron a la primera habitación.
Tras fijarse bien si había alguna trampa, Iris negó con la cabeza y empujó la puerta. Tal como la anterior, la enorme puerta de hierro se abrió suavemente.
¡Kraaaaaaaa!
Apenas la pesada puerta cedió con un gruñido, los monstruos que estaban adentro soltaron un rugido. Parecían celebrar que les llegara comida fresquita. Pero, para sorpresa de todos, cuando entraron y elevaron las esferas de luz, lo que vieron no tenía nada que ver con lo que imaginaban.
¡Clanc! ¡Clanc!
La habitación parecía una cárcel. Una cárcel para monstruos. En cada esquina del cuarto habían fabricado rejas de hierro, y dentro, los monstruos estaban encadenados como prisioneros, sin poder moverse más allá de cierto límite. A simple vista parecían cadenas y rejas normales, pero esos monstruos de aspecto horrendo y músculos de acero no podían soltarse. Parecía que llevaban tiempo ahí encerrados, porque alrededor de ellos había montones de huesos apilados. Al parecer, los monstruos que salían del portal al mundo demoníaco habían servido de alimento hasta ahora.
¡Grrrr!
Los cuatro monstruos tenían cuerpo de hombre, cabeza de toro y cola de serpiente. A Judah se le vino a la mente el Minotauro de la mitología griega, pero lo de la cola de serpiente era lo raro. Los bichos babeaban y hacían ruidos con la garganta mientras movían sus extremidades encadenadas para acercarse y sacudir los barrotes.
¡Clang!
Las rejas, que parecían que se iban a doblar en cualquier momento, aguantaban la fuerza sin problemas, impidiendo que escaparan. El único espacio que tenían permitido era el interior de esas celdas. Lanzaban latigazos con sus colas de serpiente, pero los espacios entre los barrotes eran tan estrechos que solo chocaban y rebotaban.
—¿Esto… siempre es así?
Preguntó Lime extrañado. Judah no supo qué responder. Él no recordaba haber creado rejas de hierro. Tampoco había encadenado monstruos nunca. O sea, era muy probable que los que entraron rompiendo paredes antes que ellos hubieran dejado todo así.
¿Pero para qué?
Si tenían el nivel para encerrar a esos monstruos, tranquilamente podrían haberlos matado. ¿Para qué tomarse la molestia de encadenarlos y dejarlos ahí?
‘¿Será un usuario de habilidades? ¿O magia?’
Pero, ¿cómo podía el sello mantenerse tan fuerte por tanto tiempo si el que lo conjuró ya no estaba? Era obvio que esos barrotes no habían estado ahí desde siempre. Se notaba a leguas que los pusieron mucho después de que se creara el laberinto; es más, tenían toda la pinta de ser recientes.
—Parece que no se pueden mover, así que mejor pasamos calladitos nomás.
dijo Lime, mirando fijo a las cuatro bestias que no les quitaban el ojo de encima.
No valía la pena buscarse problemas en vano. Así que eso hicieron. La salida estaba justo al frente, a unos 100 metros. Era un tramo largo, pero cuando estaban por la mitad, avanzando con cuidado por si los bichos se soltaban, los barrotes que no cedían ni aunque les brotaran venas en los brazos por el esfuerzo, de pronto se abollaron.
¿Kuoo?
Uno de los monstruos ladeó la cabeza. Los barrotes que no se movían por nada del mundo, ahora estaban todos doblados. Por si acaso, jaló la cadena que estaba empotrada en la pared. ¡Crac!, salió al toque, casi como si fuera de galleta. Fue tan fácil que daba hasta risa. ¿Cuánto tiempo habrían estado encerrados en esa jaula tan estrecha? Por fin eran libres. El monstruo golpeó el suelo con toda su fuerza y soltó un rugido de victoria.
¡Se soltaron!
Un calor intenso empezó a brotar de sus cuerpos. El monstruo clavó la mirada en los humanos que habían entrado. Ese otro humano que conocieron antes era absurdamente fuerte, alguien con quien no se podían meter, pero estos que caminaban de puntitas hacia la salida debían estar muriéndose de miedo.
¡Ya pues, a darse un banquete con los demás!
Con esa idea en mente, volteó la cabeza. Pero, ¡qué sorpresa! A pesar de ver que se habían soltado, los humanos no tenían ni un poquito de miedo. Más bien, sus caras de pocos amigos parecían decir que les acababan de arruinar el día.
—Ya me lo imaginaba.
Judah soltó un suspiro.
Detrás de él, Lime activó su magia al instante. En un abrir y cerrar de ojos, se formaron decenas de lanzas de hielo.
—La magia está lista. Yo me encargo del que está atrás a la izquierda.
—Entonces que la señorita Iris vaya por el de atrás a la derecha. Yo despacho a los dos de adelante.
Iris asintió.
Arhil, sin que nadie le dijera nada, ya les estaba lanzando bendiciones a todos. Judah corrió hacia el primer monstruo que saltó soltando un calor infernal, sacó a Yakal y lanzó un tajo ascendente. Ante el filo brutal del Fragmento, de nada servía el cuero duro ni el calor que emanaba ese cuerpo.
¡Chuaaaaak!
De un solo tajo le cortó el brazo y la sangre salió disparada como una pileta. La sangre que volaba por el aire, influenciada por Artemia, se juntó en el aire formando una lanza gigante de color carmesí, la cual salió disparada como una flecha hacia el otro monstruo que venía cargando contra Judah con todo y barrotes. El bicho frenó en seco y, con una agilidad que no cuadraba con su tamaño, esquivó el ataque; pero para cuando se dio cuenta, Judah ya estaba frente a él después de haber picado al primero.
Kuoo…
El monstruo no entendía qué diablos estaba pasando. Movió sus ojos inyectados en sangre para ver la habitación. Sus compañeros, que estuvieron encadenados tanto tiempo, ya eran cadáveres fríos tirados en el suelo. Todos estaban muertos o descuartizados. Solo quedaba él.
—Qué calor hace.
Diciendo eso, Judah le cortó el cuello al monstruo, que lo miraba sin poder creérselo. Yakal atravesó el cuero duro y los huesos como si fuera mantequilla, y luego regresó a la mochila. El cadáver seguía botando un calor fuerte. En un rato, con su propio calor, se iba a terminar de cocinar solito.
Al voltear, vio que Lime e Iris también habían despachado a sus objetivos y venían caminando junto a Arhil. Con un mago de alto nivel, una usuaria de espada espiritual que también tenía un Fragmento y un nivel más alto que el suyo, estos monstruos eran pan comido.
—¿Nos vamos? Hay que terminar con este piso hoy mismo.
Judah se encogió de hombros y señaló la salida. El Laberinto de Hierro estaba resultando ser mucho más monse de lo que pensaba.
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