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24 CORAZONES  262

MAZMORRA (11)



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El repentino sonido de los aplausos, que no venía para nada al caso, fue suficiente para atraer la mirada de todo el grupo. Ante tantas miradas encima, Arhil dejó de aplaudir y abrió grandes los ojos, para luego soltar una risita tonta y sacar la lengua.


—Hehe.


Al verla tan inocente, la tensión se disipó un poco. Bajaron las escaleras soltando algunas risitas, pero en el momento en que pasaron junto a los cadáveres perforados, el olor nauseabundo hizo que fruncieran el ceño por instinto. Judah se disponía a entrar primero por la puerta que estaba abierta de par en par, pero desde atrás, Iris le dio unos golpecitos en el hombro para detenerlo.


—¿Qué pas...?


Antes de que terminara de hablar, ella le puso la libreta al frente. Por las prisas de escribir en ese breve instante, su letra estaba un poco más desordenada de lo habitual.


-¿No sería mejor que yo vaya adelante a partir de aquí?


'¿Tendrá miedo de que haya trampas?'

Tras dudarlo un momento, le tendió la mano. Al recibir la libreta y el lápiz, Judah escribió la información que ella debía saber.


-En este laberinto, apenas aparezca un desvío, solo tienes que doblar hacia la izquierda. Siempre a la izquierda. No importa si parece un camino de espinas o si parece que no hay salida, tú dale a la izquierda.


Era un método de conquista demasiado simple. No es que el contenido fuera difícil de entender, pero Iris ladeó la cabeza confundida y volvió a escribir algo rápidamente con el lápiz.


-¿Y cómo sabe usted esas cosas? ¿Acaso las profecías le dicen hasta este tipo de detalles?


'Obviamente lo sé porque yo soy el que diseñó este laberinto'

Cuando creó el juego, hizo varios experimentos para que el concepto de "laberinto" se sintiera real. Cosas como tener que ir alternando entre izquierda y derecha cada vez que había un cruce, activar ciertos mecanismos, o responder acertijos... puras cosas innecesarias.

Al final no resultó tan divertido como pensó, y en los laberintos que eran demasiado largos, hasta llegaba a aburrir. Si solo fuera cuestión de buscar el camino, pues ya, pero se le pasó la mano creando trampas malvadas que te regresaban al inicio del mapa o que te hacían caer en lugares desconocidos, al punto que incluso él mismo, el creador, terminó perdiéndose. Qué piña.

A excepción de este lugar, llamado el Laberinto de Hierro, los otros laberintos eran justamente esos experimentos; pero cuando le tocó crear el de Hierro, ya se le habían acabado las ideas y estaba tan cansado mentalmente que lo hizo a la champa.


-Este laberinto de cuatro pisos tenía una estructura tal que, sin importar si había trampas o no, con solo doblar a la izquierda en cada desvío llegabas a la salida.


Además, a los monstruos que aparecían aquí se les podía ganar relativamente fácil si tenías un nivel de resistencia al fuego decente y atacabas con el atributo hielo.


-Hay cosas que me dicen y otras que no. Aunque, para mi mala suerte, fallan bastante seguido.

-¿También fallan? Entonces esta información también podría estar mal.

-El destino de las personas no es algo en lo que se deba confiar ciegamente, pero de la estructura de un edificio sí puedes fiarte.

-¿En serio?


Él asintió ante la mirada de duda que ella le lanzó. La conversación por escrito terminó ahí. Iris guardó su libreta y el lápiz en el bolsillo y entró primero al oscuro laberinto.


—¡Ugh!


Apenas entrar, Judah soltó un quejido por el hedor. Desde que el laberinto entró en estado de frenesí, muchos de los monstruos que intentaron salir terminaron pisoteados por otros, dejando un montón de cadáveres pudriéndose que escupían un líquido pegajoso. De ahí venía ese olor asqueroso. Tapándose la nariz, avanzaron.

El laberinto estaba mucho más oscuro de lo que imaginaban; no se veía ni rastro. Como se supone que era para evitar intrusos, no iban a dejar puestas piedras mágicas caras para iluminar. A lo lejos, unas llamas negras chisporroteaban a lo largo de las paredes, emitiendo algo de luz.

Sin embargo, caminar confiando solo en esa luz era una completa locura. Justo cuando Judah iba a sacar materiales para una antorcha de su 〈Bolsa〉, Arhil usó de inmediato su magia divina para crear esferas de luz que flotaban en el aire.

Una luz cálida y sagrada ahuyentó la oscuridad de los alrededores. Ella creó seis esferas generosamente: puso dos adelante, dos atrás y las otras dos las mandó a una distancia considerable para asegurar el campo de visión.


—¿Estarás bien con tu poder sagrado?

—Esto no es nada. Es más, ¡recupero más de lo que gasto!


Parecía que, al convertirse en Santa, su tasa de recuperación de poder sagrado había aumentado muchísimo, pues tenía una expresión de total confianza.


—Perfecto. Entonces, avancemos. Iris, te lo encargo.


Incluso para Judah esta era la primera vez que pisaba este laberinto, así que la atmósfera lúgubre, húmeda y con ese olor rancio lo tenía un poco tenso. Estaba listo para lanzar a Artemia al menor ruido, y mantenía al Caballero Fantasma en la retaguardia para evitar cualquier emboscada por la espalda. Estaba bien precavido.

Pero, contra todo pronóstico, el laberinto resultó ser una decepción. Los monstruos que aún vagaban por ahí sin poder salir ya habían activado todas las trampas; así que las flechas y lanzas que salían de las paredes, o los suelos que se hundían revelando camas de púas, habían quedado inutilizados. Todo ese trabajo al elegir las trampas se fue al agua.

Pensando en que, según la historia del juego, mucha gente fue sacrificada para construir este sitio, daba hasta pena.


—Señor Judah. Esto es realmente más de lo que imaginaba.


Arhil, que venía caminando detrás, habló con un tono de decepción. Parecía que ni siquiera Lime se esperaba que fuera tan fácil, pues asintió dándole la razón.

Tal como Judah les indicó, no tenían pierde: cada vez que aparecía un desvío, doblaban a la izquierda. A veces se daban un susto por unos seres tipo espectros que salían de las paredes, pero no hacía falta que Judah moviera un dedo; el Caballero Fantasma blandía su espada y los desaparecía entre gritos sin dejar rastro.


—Véanlo por el lado bueno. Imagínense si todas esas trampas estuvieran operativas.


Que de la nada uno de tus compañeros desaparezca entre las paredes o caiga por el suelo y muera de forma estrepitosa, sería algo muy feo.

En el juego, si una trampa se activaba de repente, lo único que pasaba era que te bajaba la vida y ya, pero en este mundo la cosa no es así. Si el suelo se abre y caes sobre unas púas, por más ágil que seas, si no tienes un talento o habilidad especial, terminarías hecho un anticucho.

En la sociedad moderna, este tipo de trampas son comunes en novelas, películas o dibujos, pero verlas en persona te hace pensar que son de lo más malvadas.

De vez en cuando encontraban alguna trampa que todavía funcionaba, pero Iris las resolvía al toque y pasaban sin problemas. Sin embargo, más allá de las trampas, el laberinto estaba diseñado de una forma tan compleja que, por más que caminaban, parecía no tener fin.

Pasaron junto a cadáveres de monstruos que eran puro hueso con lanzas y flechas clavadas; Judah cargaba a Arhil para saltar los huecos del suelo donde brillaban puntas de lanzas oxidadas; y a veces usaban magia para crear una zona segura que los aislara del exterior para cocinar algo tranquilos y descansar.

Así, tras unos dos días de haber entrado al laberinto, encontraron algo inusual.


—Han roto la pared. Y encima en línea recta…


Dijo Lime, como no pudiendo creerlo. Uno se pregunta qué tenían en la cabeza para hacer algo así sin saber qué habría al otro lado de la pared. Decir que una bestia gigante se amargó por lo confuso del laberinto y lo rompió todo a su paso no cuadraba, porque la dirección del camino abierto era constante y el tamaño del agujero era más chico de lo esperado.


—¿Habrá alguien más aquí aparte de nosotros?

—Quién sabe.


Judah se rascó la nariz, sintiéndose algo descolocado. Que el laberinto se volviera loco y se llenara de monstruos era comprensible, aunque no fuera igual al juego. Pero que las paredes tuvieran esos agujeros sí que no se lo esperaba. No quedaba de otra que pensar que alguien había entrado. Y por las huellas, parece que a ese alguien se le acabó la paciencia de buscar el camino y decidió avanzar atravesando paredes de un grosor considerable.


—…Por ahora no podemos asegurar que ese sea el camino correcto, así que sigamos por donde íbamos.


Sin embargo, ese hueco parecía llevar directo a la salida, porque cada vez que doblaban a la izquierda y encontraban el camino correcto, el agujero volvía a aparecer ante sus ojos. A estas alturas, ya daba la impresión de que si se metían por ahí, llegarían a la salida más rápido.


-¿Y si vamos por ahí?


Parece que hasta Iris, que casi no habla, se sintió tentada. Judah lo pensó un ratito y asintió. Como Lime y Arhil también estuvieron de acuerdo, siguieron el agujero que parecía un túnel. Y antes de que pasara un día, llegaron a la salida.


—No puede ser.


Judah soltó una risa irónica ante lo que veía. La salida apareció frente a ellos como si nada.


-Claro, ese también es un método. Las paredes no son indestructibles como en un juego, así que si tienes la fuerza suficiente, puedes romperlas para encontrar el camino. Pero nunca se imaginó que alguien lo haría en la vida real.


'¿Habré estado muy cerrado en mis ideas?'

Judah, para probar, imbuir su espada con maná y lanzó un tajo. Parece que con el paso de los años las paredes se habían debilitado, porque sin ponerle mucho poder, la pared se vino abajo. Era un hueco lo suficientemente ancho para que pase una persona.

'Pero si no supieras la dirección de la salida, ¿no sería una locura hacer esto?'


-Alguien pasó por aquí. De eso no había duda.

—¿No será que ya completaron el laberinto?

—Si fuera así, no aparecerían monstruos y los Caballeros de la Lanza Azul del Imperio no estarían buscando por los alrededores.

-Completar un laberinto significaba destruir el núcleo de maná que hay dentro. Si el núcleo es destruido, el portal que conecta con el mundo demoníaco debería cerrarse y los monstruos dejarían de aparecer. Eso sería lo lógico.

-Pero el portal seguía abierto y el Imperio ni siquiera sabía la ubicación exacta del laberinto. Y eso que si alguien avisa que lo completó, le dan una recompensa tremenda y, dependiendo del caso, hasta un título de noble honorario. Por más que un aventurero o mercenario no sea ambicioso, un título de noble no se puede comprar con plata, así que nadie dejaría pasar esa oportunidad.

—Bueno, tiene sentido…


Lime se acarició la barbilla, pensando que tal vez se había apresurado en su conclusión.


—¿Entonces fallaron?

—O puede que simplemente vayan un paso adelante de nosotros.

-Mmm.


¿Quién diablos habrá entrado a este laberinto?

Cain, que es quien debería buscar el laberinto, ya está muerto, no creo que haya alguien con tanto espíritu aventurero como para entrar aquí por pura casualidad. E incluso si entraran de chiripa, no podrían pasar el segundo o tercer piso sin estar bien preparados.

Incluso si lograran pasar, a menos que tuvieran un Fragmento, la protección del Rey Santo o un tesoro equivalente, no podrían soportar el maná altamente concentrado que Asmodeus ha estado soltando por años en el cuarto piso, que es el más profundo.


—Bueno, bajemos al segundo piso.

-¿A qué debemos tenerle cuidado en el segundo piso?


Iris sacó su libreta como si hubiera estado esperando el momento. El segundo piso, el segundo piso... veamos.


—A nada en especial. ¿Quizás a que el fuego brota del suelo a chorros?

-Eso suena horrible.

—Por eso nos preparamos bien. Lime, te va a tocar chambear duro. De todas formas, no es tan largo como el primer piso, así que podemos cruzarlo en un día.


A Lime se le escapó una sonrisa amarga, ya imaginándose el trote que se le venía.



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Tip 27. ¿Se perdió en el laberinto? ¡No se haga bolas! Si rompe las paredes y sigue avanzando, de seguro encuentra la salida. Ahora, si no tiene fuerza para romper muros... bueno, caballero nomás. ¡Le toca perder tiempo usando la regla de la mano izquierda para pasar!

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