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24 CORAZONES  261

MAZMORRA (10)



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Tal como Jeane había advertido, después de alejarse de ella y cruzar hacia lo profundo del bosque, empezaron a toparse con varios monstruos. Eran criaturas de nombres desconocidos que se acercaban con características grotescas, volviéndose una verdadera molestia. Aunque Judah los despachó a todos sin mucha dificultad, la frecuencia con la que aparecían se volvió estresante. Tras caminar varios días eliminando monstruos en el camino, finalmente llegaron al lugar conocido como la Tierra Negra.



¡Fuuuosh—!



Llamas que brotaban del suelo de forma intermitente, como si fueran aguas termales, tenían un extraño color negro; la tierra estaba tan chamuscada por el fuego que parecía pura ceniza. Era un lugar fascinante, pero que a la vez generaba rechazo. Quizás por su curiosidad como mago, Lime se acariciaba la barbilla mientras observaba la escena con rostro intrigado.


—Es un lugar increíble. Pensar que en el momento en que el maná sale al exterior, se convierte en llamas.

—... El señor Lime es un mago de pies a cabeza, de verdad. ¿En serio hay un laberinto en un sitio así?


Como si le costara creer que un laberinto existiera en una tierra donde incluso la vida parece imposible, Arhil preguntó mientras lanzaba un hechizo de bendición. Si le preguntaran por la ubicación exacta, Judah no podría responder con total seguridad. Sin embargo, si le preguntaban si estaba en esta tierra, sí podía decir que sí.


—Lo hay. Aunque yo tampoco sé qué habrá adentro. Confío porque es información que manejaban en el Reino de las Sombras.

—…….


Iris puso una expresión de complicación al ver a Judah mentir con tanta naturalidad. En el Reino de las Sombras nunca habían vendido ese tipo de información. Es más, para empezar, ellos ni sabían que había un laberinto aquí. Esta era información que solo él conocía. Como no podía soltarles de la nada a sus compañeros que había un laberinto en un lugar tan remoto y decirles de ir así por así, decidió fingir que había comprado los datos en el Reino de las Sombras. Como no era un tema de gran importancia, ella aceptó seguirle la corriente, pero le preocupaba que, si no encontraban nada, la credibilidad del Reino de las Sombras quedara por los suelos.


—Miren, hay monstruos allá donde sale el humo.


La prueba de que el laberinto existía estaba ahí mismo, moviéndose. Se veía a los monstruos esquivando las llamas sobre la tierra cenicienta. Al ser una llanura amplia y sin obstáculos como arbustos o árboles gracias al fuego, era fácil ubicarlos. Lime, que seguía observando el terreno, manifestó su magia al ver a las bestias corriendo hacia ellos con cara de haber encontrado una presa.

Como ya sabía que ese tipo de monstruos tenían baja resistencia a la magia, no dudó ni un segundo. Varias lanzas de hielo se formaron frente a él una tras otra, salieron disparadas hacia el cielo como misiles y cayeron sobre ellos como una lluvia torrencial.



¡Kua-kua-kua-kuak!



Cerca de cien lanzas de hielo se clavaron con precisión en los cuerpos de los monstruos. Justo en ese momento, las llamas que brotaban del suelo envolvieron los cadáveres. Se quemaron intensamente mientras se levantaba un humo negro. Al ver lo fácil que se encargó de ellos, Judah sacó de su 〈Bolsa〉 unas túnicas que tenían prefijos y sufijos mágicos para aumentar la resistencia al fuego y mantener el cuerpo a una temperatura constante, y se las repartió a Arhil, Iris y Lime. Tenían el emblema de la Torre Mágica de Langrisser; las había comprado a un precio bien alto cuando fue a buscar a Lime para contratarlo.


—¿Ah? ¡Esto está buenazo!


Dijo Arhil mientras se ponía la túnica de inmediato. Aunque se estaba protegiendo del calor intenso con bendiciones y magia, sentía que le faltaba algo. En el momento en que se puso la túnica, el calor desapareció por completo. No podía evitar que el aire que entraba por su nariz se sintiera caliente, pero con no sentir el bochorno en el cuerpo ya estaba más que satisfecha.


—¿Te gusta?

—Mucho. Aunque creo que se va a ensuciar rápido.


Como tenía un color parecido a la arena del desierto, parecía que las manchas se notarían rápido. Ante su respuesta, Judah esbozó una leve sonrisa. Arhil y Lime se acomodaron las túnicas con destreza y se las sujetaron al cuerpo con los botones. Judah también terminó de prepararse, pero Iris aún no se ponía la suya. Ella sostenía la túnica entre sus manos, palpándola suavemente.


—…….


Iris sintió una pequeña emoción. No pensó que habría una incluso para ella. La túnica que le dio diciéndole "póntela" tenía magia grabada, y solo con tenerla en sus manos ya sentía una frescura agradable.


—¿Qué pasa? ¿Te queda chica?


Ante la pregunta de Judah, ella movió la cabeza de lado a lado negando. Luego intentó sacar su libreta, pero como tenía la túnica en las manos, se le hacía incómodo escribir. Al recibir la túnica de vuelta, Iris sacó de inmediato su libreta y un lápiz.


-Graci


Mientras ella escribía, él le puso la túnica sobre los hombros. Ante el contacto repentino de la prenda rodeándola, ella abrió grandes los ojos y levantó la mirada. Tras quedarse mirando a Judah en silencio mientras él le abrochaba los botones, reaccionó, volvió a agachar la cabeza y terminó de escribir en su libreta.


-Gracias.


Al leer el mensaje, Judah sonrió y asintió. De inmediato, llamó a Lime.


—Lime, lánzanos también magia de resistencia al fuego. Hay que ir bien preparados.

—Entendido.


No era un pedido difícil. Para él, que usaba principalmente magia de atributo hielo, aumentar la resistencia al fuego era pan comido.


—Pero…, ¿qué pasa si al entrar al laberinto estas llamas se ponen peor? El fuego ardiendo en un lugar cerrado debe ser peligroso.


Judah, mientras comprobaba la resistencia al calor, negó con la cabeza. Si el laberinto tenía la misma estructura que en el juego, no había de qué preocuparse. Por lo que había experimentado, aunque el "Destino" tuviera sus alteraciones, la ubicación de los edificios o castillos no cambiaba, así que no hacía falta hacerse bolas por eso.

'Si no es así, ya fue'

Con ese pensamiento tan irresponsable, Judah miró a Lime con una sonrisa y soltó lo primero que se le vino a la mente, sin pensarlo ni un poquito.


—Quién sabe. ¿No habrá alguna forma? Y si vemos que la cosa no da para más, no quedará de otra que buscar otro laberinto.


'No tiene ni un plan'

Pero solo asintió, sin intención de llevarle la contra. A decir verdad, les había tomado muchísimos días llegar hasta aquí. Dar la vuelta a estas alturas no era una opción. Por si las moscas, Judah invocó a un Caballero Fantasma y lo puso en la retaguardia para proteger a Arhil y Lime. Aunque eso le consumía algo de maná, Arhil parecía más tranquila; miraba a su alrededor y le sacó conversación a Judah.


—¿Y cómo es la entrada del laberinto?

—Depende del lugar. Pero por lo general, son de esas que bajan al subterráneo. A menos que sea algo tipo una cueva.


Arhil asintió como quien entiende la jugada.


—Ahhh…, ¿y cómo lo encontramos?

—Viendo cómo están saliendo los monstruos de allí, me imagino que la puerta debe estar hecha trizas, ¿no?


Sin embargo, tras ese primer grupo de monstruos que vieron al inicio, no ha vuelto a aparecer ni uno solo, como si fuera una broma. Gracias a eso, han estado dando vueltas por todos lados. Cuando una llamarada saltó del suelo, Arhil dio un brinco y se hizo a un lado. Aunque llevaba puesta la túnica con encantamientos y la bendición encima, no podía evitar reaccionar así por puro instinto.

Lo encontré.

Iris se acercó a Judah, le jaló un poco la túnica y le mostró lo que había escrito en su libreta. No sé qué tan buena vista tendría, pero señaló con el dedo hacia un punto muy lejano. Judah achinó los ojos para intentar ver, pero no distinguía nada.


—La señorita Iris tiene razón. Hay unas escaleras que bajan al subterráneo. Qué increíble que haya podido verlo desde esta distancia... me quito el sombrero.

—Yo no veo ni michi.


Arhil respondió con voz desanimada, pero la verdad es que Judah estaba en las mismas. Lime podía verlo porque se ayudaba de la magia, pero con una vista normal, era casi imposible divisar una estructura a esa distancia. A medida que se acercaban a donde Iris indicó, efectivamente aparecieron las escaleras hacia el subsuelo. Los ladrillos de las paredes y los escalones estaban negros por el hollín, y la puerta estaba hecha pedazos por todos lados, seguramente destrozada por los monstruos al salir. Al bajar, esquivando los escombros, se notaba que el lugar estaba repleto de huellas de esas criaturas.


—Por fin entraremos a un laberinto.


Lime parecía entusiasmado, como si tuviera ganas de entrar en acción. Pero el momento no fue el mejor. Justo cuando iban a bajar, se escuchó un ruido que venía desde lo profundo del laberinto. Unos gritos espeluznantes junto a un retumbar que sacudía el suelo daban a entender que no eran pocos.


—Oigan…, no pensarán pelear contra todos esos, ¿verdad?


Parecía que eran un montón. Arhil, algo nerviosa, juntó sus manos y preguntó mientras se preparaba para usar magia divina. Si esto fuera el juego, Judah habría peleado sin dudarlo para subir de nivel. De hecho, con el poder del Fragmento que poseía, no tendría mayores problemas. Pero al ver que Lime y Arhil no tenían muchas ganas de arriesgarse, Judah no se puso terco.


—Está bien, entonces retrocedamos un poco.


Le daban ganas de ganar esa experiencia, pero igual, una vez adentro se iba a cansar de tanto cazar. Se escondieron al otro lado de las escaleras. Poco después, una cantidad impresionante de monstruos salió disparada por la puerta abierta del laberinto. Como si tuvieran un objetivo fijo, salieron todos juntos sin atacarse entre ellos y se dispersaron por la zona. El grupo de Judah, que se mantenía oculto gracias a la nueva magia divina de Arhil, observó todo en silencio hasta que la mayoría de los monstruos se fue. Recién ahí se movieron.

¿Kiiiak?

Unos monstruos que salían relajados por la entrada vieron al grupo de Judah; abrieron grandes los ojos y, sin pizca de miedo, se lanzaron al ataque. Pero antes de que Judah pudiera dar un paso al frente, Iris, que observaba desde atrás, creó unas dagas hechas de sombras y las lanzó.

Cada vez que movía la mano, seis cuchillas volaban y, en vez de quedarse clavadas, atravesaban los puntos vitales de las criaturas. Con el cuerpo perforado como si les hubieran metido un balazo, los monstruos se desplomaron en el sitio con los ojos desorbitados.



Clap, clap



Rompiendo un poco el ambiente tenso, Arhil, que miraba todo desde atrás, empezó a aplaudir sin darse cuenta.



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