La actriz secundaria de la historia de amor ha renunciado 99
Traduccion: Asure
Cuando Nian Chaoxi abrazó a Yan Weixing, todo el reino ilusorio se desmoronó.
En el cielo, un par de gigantescos ojos carmesíes volvieron a emerger. Yan Weixing la estrechó con fuerza contra su pecho y levantó la cabeza, sosteniéndole la mirada a esa presencia malévola.
Había colapsado la ilusión con un solo tajo de espada, pero al bajar la vista, se dio cuenta de que su mano estaba vacía. Claro, al ser un mundo falso, la espada que empuñaba también era una proyección. Su verdadera arma la había dejado custodiando a Nian Chaoxi para protegerla.
A pesar de no tener su espada física, Yan Weixing sintió una paz absoluta. Todo era mentira. Aquel Yan Weixing que no pudo alcanzarla hace doscientos años y que solo pudo verla morir había sido finalmente desterrado al rincón más oscuro de su memoria.
La había resucitado. Ella estaba viva. Y esta vez, la tenía entre sus brazos.
Al sentir el calor real de Nian Chaoxi, su abrazo se volvió más posesivo y su mirada hacia los ojos del cielo se tornó gélida. Un dragón tiene escamas que nadie debe tocar; quien lo hace, muere. Nadie en este mundo sabía que el sacrificio de Nian Chaoxi se había convertido en su demonio interno (xinmo). Pero él tenía una misión inconclusa, y ni Dios ni los demonios podrían detenerlo.
La ilusión lo había atrapado en el cuerpo de aquel Yan Weixing débil de hace siglos... si ella no hubiera aparecido, habría tenido que verla morir otra vez.
Levantó la mano. Aunque no tenía metal, una energía de espada color sangre comenzó a condensarse en su puño, solidificándose por pura voluntad. Estaba listo para atacar.
Pero entonces, la mano de Nian Chaoxi se posó sobre la suya, sujetándola.
Él la miró, aturdido. Ella no le devolvió la mirada; mantenía los ojos clavados en el cielo y dijo con frialdad:
—Cuenta conmigo. Veamos de qué es capaz esta cosa.
Yan Weixing se quedó helado un segundo y luego soltó una risa involuntaria. Al ver sus manos entrelazadas, toda su hostilidad asesina se desvaneció, reemplazada por una determinación compartida.
—Entonces... juntos.
Ambas manos movieron la espada de energía. Al instante siguiente, un tajo carmesí envuelto en un resplandor plateado como la luz de la luna partió el cielo, golpeando directamente los ojos gigantes.
Nian Chaoxi creyó escuchar un alarido agudo. Mientras el grito resonaba, su cuerpo volvió a caer al vacío, pero esta vez Yan Weixing la sujetaba con fuerza, sin soltarla.
En medio de esa ingravidez incontrolable, ráfagas de imágenes desconocidas inundaron la mente de Nian Chaoxi.
Vio a un Yan Weixing joven, cubierto de sangre, tendido en la orilla del río Xuanshui sobre una montaña de cadáveres humanos. Vio al muchacho despertar y mirar a su alrededor con una confusión desgarradora. Era el Yan Weixing que acababa de sobrevivir a una masacre, arrojado a una fosa común como un prisionero destinado a morir, rodeado de lo que probablemente eran sus familiares y amigos.
Vio a Yan Weixing bajo la luna llena, consumido por el veneno demoníaco, sentado en un estanque helado soportando una agonía silenciosa mientras los sutras de Jing Wang resultaban inútiles a su lado.
Lo vio sentado frente a la tumba de ella durante días y noches después de su muerte. Lo vio abandonar su espada y a sus amigos para caminar solo hacia el Reino Demoníaco...
Nian Chaoxi comprendió entonces que su entrada en la ilusión de Yan Weixing no fue intencionada por el enemigo. Aquellas imágenes de dolor eran la ilusión que el Dragón Maligno había preparado para ella.
¿Entonces por qué terminó en la de él?
Se llevó la mano al pecho. El corazón latía con fuerza bajo su piel. Pensó que, tal vez, aquel "Lord Yan" que no le temía a nada, en ese momento sintió un miedo real. Y ella, que cargaba con la mitad de ese corazón, fue arrastrada hacia su pesadilla para consolar a la otra mitad.
Abrió los ojos de golpe. Su conciencia aún no estaba del todo clara; la luz era tenue y sus oídos captaron movimiento antes que sus ojos.
—Vaya... qué error. Realmente no esperaba que la pequeña señora no entrara en su propia ilusión, sino que cayera en la tuya.
Esa voz... era Jing Shi.
Nian Chaoxi se despejó al instante. Debido a la oscuridad, lo primero que vio fueron esos enormes ojos carmesíes acechando entre las sombras. Eran tan familiares que su instinto de alerta se disparó. Detrás de esos ojos, pudo ver la forma real de la criatura: una masa de niebla negra con forma de serpiente y dragón.
No era lo que ella esperaba. Se quedó atónita. La criatura notó que ella había despertado y la miró fijamente. Nian Chaoxi sostuvo la mirada y vio en ella un odio ancestral y profundo. Si al principio tuvo alguna duda, ese odio tangible se la disipó: conocía perfectamente esos ojos y esa mirada.
Apretó con fuerza la ropa de Yan Weixing. Él, notando su agitación, se movió sutilmente para interponerse entre ella y la bestia. Pero Nian Chaoxi, decidida, dio un paso al frente y encaró a la criatura.
A cien metros bajo tierra había un mundo aparte. Nunca habría imaginado encontrar a esta "bestia" fuera de la ciudad Yuejian, aunque fuera en esta forma espectral.
Mientras ella se enfrentaba a la niebla negra, el monje calvo a su lado seguía hablando solo, como si no le importara nada. Pero lo que dijo a continuación la dejó paralizada.
—Pero.....
continuó Jing Shi con calma
—Si no fuera por hoy, este humilde monje nunca habría imaginado que el mismísimo Soberano Demoníaco también tuviera un demonio interno, que lo escondiera tan profundamente.
Nian Chaoxi apretó los puños, haciendo un esfuerzo sobrehumano para no girarse a mirar a Yan Weixing.
¿Soberano Demoníaco?
El monje decía que lo que Yan Weixing había vivido en esa ilusión... ¿era su demonio interno?
A Nian Chaoxi se le hundió el corazón. Doscientos años después, al ser arrastrado a un reino ilusorio, lo primero que veía seguía siendo el momento de su muerte. Ella ya sospechaba que su partida lo había afectado profundamente, pero no imaginó que fuera a tal escala.
Un demonio interno... Su tío, por no poder superar el suyo, perdió todo su cultivo y pasó siglos vagando por el mundo mortal como un hombre común.
Nian Chaoxi apretó con fuerza la mano de Yan Weixing. Él le devolvió el apretón, dándole seguridad, y dijo con voz pausada:
—Un demonio interno solo es digno de ese nombre si logra someterte. Si no puede conmigo, no es más que basura.
Inclinó un poco la cabeza y añadió con calma.
—En cambio, maestro Jing Shi, ¿qué clase de demonio carga usted para haber engendrado a semejante cosa?
Jing Shi no se molestó. Miró a Nian Chaoxi y dijo:
—A la pequeña señora le debe resultar muy familiar, ¿verdad?
Se refería a la niebla negra que tenían delante. Nian Chaoxi se serenó, sujetó con firmeza la mano de Yan Weixing y clavó la vista en esos ojos carmesíes. Tras observarlos un momento, sonrió:
—Si por familiar se refiere a lo que estoy pensando, solo puedo decir que su gusto, maestro, deja mucho que desear.
Miró fijamente a la bestia y sentenció:
—Al fin y al cabo, este animalito nació para ser sellado. Haber rebajado un linaje antiguo a este estado... supongo que sus parientes que ya ascendieron deben estar avergonzados de él. ¿No es así, Malvada Serpiente?
Aquellas palabras parecieron enfurecer a la niebla negra. Soltó un alarido y se lanzó contra ella. Yan Weixing, con el rostro gélido, interpuso su espada y cortó de un tajo la masa oscura. La niebla se disipó para volver a unirse al cuerpo principal de la bestia. Intercambiaron un par de golpes de prueba; ninguno logró doblegar al otro.
Pero Nian Chaoxi no se sintió aliviada. La reacción de la criatura confirmaba sus sospechas: era el Dragón Maligno que debería estar sellado en el Abismo de la Prisión del Dragón. Aparecía ante ella sin cuerpo, bajo la forma de una energía de muerte pura.
No sabía cómo se había despojado de su carne ni cómo había escapado del abismo, pero si esa cosa era realmente el dragón, estaban en un problema mucho mayor de lo que imaginaban. Cuando esa bestia asoló el mundo del cultivo, ni miles de cultivadores juntos pudieron detenerla mientras devoraba ciudades enteras. Su padre, el Dios de la Guerra, solo pudo sellarla mediante un sacrificio de sangre.
Solo gracias a ese sello de linaje, Nian Chaoxi había podido mantenerla a raya año tras año. Al morir, ella usó su alma para arrebatarle el poder a la bestia, pero su cuerpo debilitado no pudo canalizarlo correctamente. Aun así, con ese poder incompleto, logró llevarse al Soberano Demoníaco a la tumba.
Nian Chaoxi sabía que la criatura parecía "débil" solo por el sello. Sin él, volvería a ser el monstruo que arrasó el mundo.
Espera... ¡Sin el sello!
Se le paró el corazón. Miró a la bestia actual: era solo energía de muerte, sin cuerpo ni sangre. Sin carne, el sello de linaje aplicado sobre su forma física era inexistente. Y sin esa base, el sello del alma que ella misma impuso no tenía dónde anclarse.
En un instante, comprendió por qué la bestia había renunciado a su cuerpo: ¡al dejar su carne, se había liberado de sus cadenas!
¡Maldición!
Nian Chaoxi tuvo unas ganas locas de insultar a Jing Shi. ¿Ese idiota sabía lo que había liberado? ¿Cómo pensaba controlar a un Dragón Maligno sin restricciones? ¿Y cómo pensaban ellos detenerlo?
En ese momento, Yan Weixing apretó su mano y habló con una calma imperturbable:
—Jing Shi, Xi Xi tiene razón: tienes muy mal gusto.
Soltó una risita burlona.
—Montaste todo este espectáculo y, al final, ni siquiera pudiste controlarme con una simple ilusión.
La sonrisa de Jing Shi se desvaneció por un segundo, pero luego volvió a suspirar con fingida tristeza:
—El único problema es que han llegado demasiado pronto.
—Si hubieran venido tan solo dos años después.......
suspiró él, dejando la frase en el aire con una ligera expresión de pesar en el rostro.
Nian Chaoxi no bajó la guardia ni un milímetro. Abrió la boca para preguntar algo, pero Jing Shi se le adelantó:
—¿Acaso la pequeña señora quiere saber cómo lo logré?
Nian Chaoxi mantuvo la cautela, pero no dejó que se notara en su rostro. Al ver que la Malvada Serpiente, por alguna razón, no tenía intención de atacar de inmediato, sonrió levemente y dijo:
—¿Estás dispuesto a contármelo?
Jing Shi rió entre dientes:
—Aunque yo no quisiera decírtelo, siempre puedes preguntarle al Caballero que tienes al lado. Después de todo, el método que usé para sacar a la serpiente de aquel cuerpo es el mismo que el Caballero Yan usó para resucitarte a ti.
Aquellas palabras cayeron como un rayo en medio de una tormenta. El monje añadió con una sonrisa plácida:
—La única diferencia es que el Caballero Yan tuvo el valor de entregar media parte de su corazón para darte un cuerpo indistinguible del de un vivo, y así pudo convocar tu alma. Yo, en cambio, no tuve tal audacia. Solo pude usar la energía vital de otros y el cadáver de una antigua serpiente dragón caída aquí en la Montaña Quya para intentar fabricar un recipiente nuevo, libre de sellos, para la Malvada Serpiente.
—Pero......
suspiró con tristeza.
—Parece que sin un corazón real no funciona. Acumulé energía vital durante cien años y reparé el cuerpo de la serpiente hasta que pareció que volvía a la vida. Al enterarme de que habías resucitado y de que el alma de la serpiente había regresado a su cuerpo original junto con la tuya, intenté con gran esperanza invocar su alma hacia este nuevo recipiente. No esperaba que, a pesar de ser un cuerpo tan perfecto, no pudiera soportar el poder de la serpiente. El cuerpo estalló, el alma de la serpiente devoró la carne y la sangre de ese estallido y, por accidente, obtuvo su libertad bajo esta forma etérea.
Al terminar de hablar, Nian Chaoxi pudo ver, tras ellos, la gigantesca estructura ósea que se erguía en la oscuridad. Tal como dijo Jing Shi: ni rastro de carne, solo un esqueleto colosal.
Nian Chaoxi sintió primero un frío punzante en el pecho, pero poco a poco se fue calmando. Empezó a repasar mentalmente las palabras de Jing Shi.
Es decir, desde hace doscientos años, justo después de su muerte, este hombre ya le había echado el ojo a la Malvada Serpiente. Quería liberarla de su sello con un propósito desconocido y diseñó este plan: crear un cuerpo sin restricciones y arrastrar el alma de la bestia hacia él. En teoría, la lógica era similar a la que usó Yan Weixing para traerla a ella de vuelta.
Pero el "envase" falló.
Tras la resurrección de Nian Chaoxi, el alma de la serpiente (que estaba sellada junto a la de ella) regresó. Jing Shi pensó que su plan sería un éxito, pero el cuerpo artificial no aguantó la potencia del alma original. El recipiente explotó, la serpiente devoró la energía liberada y se convirtió en esa masa de muerte pura.
¡Maldita sea! ¡De verdad se atrevió a hacerlo!
Oyó al monje preguntar con fingida curiosidad:
—Aunque deshacerse de la carga de la carne tiene sus ventajas, sin un cuerpo que genere energía vital, la serpiente es ahora pura muerte y necesita ser alimentada diariamente con vida ajena. Me pregunto qué hizo el Caballero Yan... ¿Cómo es que él logró resucitarte con éxito y yo solo obtuve esta masa de muerte? ¿Realmente la diferencia es solo ese corazón? Caballero Yan, si ahora robara sus dos corazones, ¿crees que...?
Nian Chaoxi soltó una risa ligera, interrumpiéndolo y atrayendo todas las miradas.
—Conque ese era tu plan. Haberlo dicho antes en lugar de dar tantos rodeos; pensé que tenías algún ideal grandioso. Pero......
sus labios se curvaron en una mueca afilada
—Me parece que a usted, maestro, le falta algo más que un corazón.
—¡A usted lo que le falta es una buena paliza!
Apenas terminó la frase, Nian Chaoxi cargó con su espada contra Jing Shi, mientras Yan Weixing bloqueaba el paso de la Malvada Serpiente. La coordinación fue absoluta. Desde que él mencionó que "hubieran llegado dos años tarde", ella supo que hoy era matar o morir; no podían darles ni un segundo de ventaja de cara al futuro.
En su estado actual, sin cuerpo y siendo pura muerte, la serpiente no podía generar su propia energía; quizá tenían una oportunidad. Pero si les daban tiempo para conseguir ese supuesto corazón... Nian Chaoxi no quería ni imaginar las consecuencias de un Dragón Maligno sin sellos caminando de nuevo por el mundo.
El metal chocó con estruendo. Nian Chaoxi sabía que no podía derrotar a la serpiente por sí misma, así que se centró en retener a Jing Shi mientras su mente buscaba desesperadamente una solución. Yan Weixing, por su parte, arrastró a la bestia lejos del epicentro del combate.
Mientras parte del espacio colapsaba por la magnitud del enfrentamiento, Nian Chaoxi preguntó entre estocadas:
—¿Para qué hiciste todo esto? ¿Por qué liberar a semejante monstruo?
Jing Shi guardó silencio un instante y respondió:
—Pequeña señora, por el poder, lógicamente.
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