LASDLHDAHR 100





La actriz secundaria de la historia de amor ha renunciado 100




Traduccion: Asure


Nian Chaoxi había conocido a muchas personas sedientas de poder en su vida.

Estaban los débiles, como Shen Tui, que tras probar la amargura de la miseria trepaban sin descanso, traicionando su propia alma con tal de alcanzar la cima, solo para terminar convirtiéndose en los mismos opresores que una vez los pisotearon. Y estaban los fuertes, como los doce soberanos del Reino Demoníaco de antaño, que ya tenían el poder pero eran adictos a él; personas cuya voluntad no era capaz de refrenar sus deseos, convirtiéndose en una catástrofe para el mundo entero.

Para ella, ninguno de ellos era un verdadero "fuerte". Alguien fuerte era como su padre: poseía el poder de volcar el mundo del cultivo, pero sabía contenerlo; habiendo visto los paisajes más vastos de la creación, aún era capaz de detenerse ante la vida más pequeña.

Habiendo conocido la inmensidad del universo, aún se compadece del verdor de la hierba.

Un alma poderosa debería ser el par de un cuerpo poderoso. Si un guerrero no puede controlar sus propios deseos, ¿él controla el poder o el poder lo controla a él? Para Nian Chaoxi, tales personas no eran más que marionetas de su propia fuerza.

Jing Shi no era el primero en confesarle su ansia de poder. Pero mientras que los otros, por atroces que fueran sus actos, conservaban cierta lógica humana, Jing Shi era, a sus ojos, un auténtico loco.

¿Quién en su sano juicio liberaría a la Malvada Serpiente solo por "poder"? Incluso el Soberano Demoníaco que hace doscientos años atacó la ciudad Yuejian por puro egoísmo, nunca se atrevió a liberar a la bestia. Él solo quería debilitar el sello para que los defensores se agotaran internamente, pero sabía perfectamente que si la serpiente quedaba libre de verdad, su propio reinado como soberano llegaría a su fin.

Incluso en la era de su padre, los demonios más fieros guardaban un pacto implícito: cuando el Dios de la Guerra se disponía a sellar a la serpiente, nadie lo atacaba por la espalda. Sabían que si la bestia no era contenida, después de devorar a los humanos, los siguientes en el menú serían ellos.

Pero este monje... ¿de verdad creía que una vez que la Malvada Serpiente recuperara su apogeo iba a obedecerlo dócilmente? ¿Qué iba a usar para controlarla? ¿Gratitud por haberla liberado? ¡Lo primero que haría la bestia sería merendárselo a él!

Nian Chaoxi intentó comprender la lógica del demente, pero se dio por vencida. ¡Era imposible!

En ese momento, el tanteo entre Yan Weixing y la bestia terminó. La Malvada Serpiente lanzó un ataque devastador, haciendo que la energía de muerte estallara y resonara con los rastros de oscuridad que ya infectaban el cuerpo de Yan Weixing.

Él ni siquiera se quejó. Levantó su espada y cortó la marea negra con una fuerza tal que el impacto atravesó los cien metros de tierra que tenían encima. Por el enorme boquete abierto, la fría luz de la luna se filtró en aquel abismo oscuro.

El espacio comenzó a colapsar al perder sus pilares. Nian Chaoxi reaccionó rápido; tras obligar a Jing Shi a retroceder con una estocada, corrió hacia la salida que se abría en el techo. Pero el camino se desmoronó frente a ella, enviando toneladas de roca y tierra pesada en su dirección. Incluso para un cultivador, ser sepultado por tal masa era una sentencia de muerte.

Retrocedió dos pasos, lista para abrirse paso con su espada, pero Yan Weixing fue más rápido. Un destello carmesí barrió el aire y la tierra que caía frente a ella simplemente desapareció, como si hubiera sido devorada por el vacío. La energía de la espada llegó hasta ella y se detuvo con una suavidad asombrosa.

Tras la estela de luz, Yan Weixing le tendió la mano:


—Xi Xi, ven.


Antes de que ella pudiera alcanzarlo, la Malvada Serpiente cargó furiosa por la espalda de él. Nian Chaoxi se alarmó y saltó hacia adelante para interceptar a la bestia, pero Yan Weixing, con un destello de ferocidad en la mirada, giró sobre sus talones y lanzó un tajo descendente que obligó al monstruo a retroceder por pura potencia bruta.

No persiguió a la bestia para rematarla. Volvió a girarse hacia ella, manteniendo su mano extendida, inmóvil, esperando.


—Ven, Xi Xi.


Nian Chaoxi vaciló un instante y puso su mano sobre la de él.

Yan Weixing tiró con fuerza, y ella terminó chocando contra su pecho. Él la rodeó con un brazo, sujetándola firmemente, mientras con la otra mano blandía su espada para apartar los escombros que no dejaban de caer, abriendo un camino a través del colapso.

Apoyada en el hombro de Yan Weixing, Nian Chaoxi miró hacia atrás. Vio que la Malvada Serpiente aún intentaba perseguirlos, pero desde el epicentro de las ruinas surgió de pronto la voz de Jing Shi:


—Sácame de aquí.


Le estaba hablando a la bestia. Al escuchar la orden, la serpiente mostró una expresión de furia absoluta; sus ojos carmesíes destellaban odio. Nian Chaoxi se había enfrentado a esa criatura miles de veces y sabía que, cuando estaba enfurecida, la serpiente no escuchaba a nadie ni se preocupaba por nada, ni siquiera por su propia integridad. Ella misma la había provocado en el pasado, y la bestia era capaz de desgarrarse la piel contra los sellos con tal de intentar devorarla.

Una criatura así jamás obedecería a un humano. Sin embargo, ocurrió lo increíble.

Ante las palabras planas del monje, la serpiente se tensó violentamente. Parecía luchar contra la orden de Jing Shi, pero como si su cuerpo no le perteneciera, se vio obligada a detenerse en seco. En sus ojos rojos se reflejó una lucha interna desesperada, hasta que, finalmente, pareció claudicar. Se dio la vuelta y se hundió de nuevo en los escombros para rescatar a Jing Shi.

Nian Chaoxi se quedó atónita. ¿Realmente la estaba obedeciendo? ¿Qué clase de truco había usado Jing Shi? ¿Acaso no bromeaba cuando decía que la había "controlado"?

Sintiendo su confusión, Yan Weixing la estrechó más contra sí. Nian Chaoxi volvió en sí y levantó la vista hacia él. El hombre frente a ella seguía teniendo ese aspecto juvenil, como si los doscientos años no hubieran pasado por él. Mantenía la vista al frente, sereno, con el pulso firme incluso mientras el mundo se hundía a sus pies.

Nian Chaoxi apoyó la palma de su mano sobre el pecho de él y soltó:


—Perder la mitad de tu corazón... esa es la razón de tu amnesia, ¿verdad?


La mano de Yan Weixing vaciló un segundo al mover la espada, provocando que un poco de tierra volviera a caer sobre ellos. Inmediatamente retomó el ritmo y respondió con voz plana:


—Sí.

—¿Cuándo lo recordaste?

—Hace un momento. Ya lo recuerdo casi todo.


Nian Chaoxi sintió un calor repentino quemándole los ojos. Contuvo la emoción y preguntó con voz quebrada:


—Entonces, ¿por qué si perdiste la memoria... aún me recordabas a mí?


¿Por qué? Yan Weixing se perdió en sus pensamientos por un instante.

Para un cultivador, el corazón es el núcleo de la vitalidad física, el anclaje del alma y del mar de la conciencia (shihai). Entregar la mitad era entregar la mitad de su vida. El daño no solo era físico; afectaba profundamente la mente. Al decidir fragmentar su corazón para reconstruir el cuerpo de Xi Xi, su mayor miedo no fue morir, sino que su memoria resultara dañada.

La mitad de sus siglos de existencia estaban ocupados por Nian Chaoxi. No podía tolerar perder ni un solo fragmento de ella.

Por eso, antes de entregar su corazón, utilizó una técnica prohibida de los demonios para grabar a fuego tres cosas en su propia alma: el nombre de Nian Chaoxi, su rostro, y el hecho de que ella era su prometida. El alma tiene un límite para lo que puede cargar, pero él fue lo suficientemente cruel consigo mismo para tatuarlo en su esencia, de modo que pasara lo que pasara, nunca la olvidaría.

Incluso si llegaba a olvidar quién era él mismo.

Recordó el momento en que despertó frente a la tumba de Xi Xi. Al verla por primera vez, su alma le gritó: "Esta es Nian Chaoxi, tu prometida, el amor de tu vida".

Yan Weixing hundió por un momento el rostro en el cabello de ella y luego volvió a levantar la vista.


—Xi Xi, cuando terminemos con lo que tenemos delante, te lo contaré todo, punto por punto. ¿Está bien?


Era una rara muestra de vulnerabilidad por su parte. Nian Chaoxi, conmovida, solo pudo responder:


—Está bien.


Apenas terminó de hablar, una ráfaga de viento negro estalló desde las ruinas: la Malvada Serpiente, cargando con Jing Shi, se elevó hacia el cielo como un rayo de oscuridad, pasando a escasos metros de ellos.

Yan Weixing entrecerró los ojos con frialdad. Su espada lanzó un tajo que pareció devorar el aire mismo, desintegrando cada piedra y terrón de tierra que bloqueaba su camino, impulsándolos fuera de aquel abismo de cien metros de profundidad.

Antes de abandonar el subsuelo, la mirada de Nian Chaoxi se posó por accidente en Mak Yunzhi y los otros tres. Estaban protegidos por una roca colosal que había evitado que fueran sepultados, pero seguían tendidos en el suelo, sumergidos en un coma profundo. Recordó entonces que el remolino se los había tragado junto a ella.

Parecía que no habían podido escapar del reino ilusorio del dragón; seguían atrapados en sus propios miedos. Sin embargo, aquella roca no aguantaría mucho más bajo el peso del colapso.

Nian Chaoxi vaciló apenas un segundo. Al final, antes de salir, hizo un gesto con la mano y lanzó un hechizo para arrastrarlos consigo. Personas como Zong Shu merecían morir, sí, pero su vida o su muerte debían ser un acto de justicia frente a sus víctimas, no un accidente en una cueva oscura.

Los cuatro cuerpos, flotando inconscientes, la siguieron hacia la superficie.

Yan Weixing empuñó su espada y cargó a través de la brecha abierta. Su velocidad era tal que no se quedaba atrás de la bestia. Al salir, la gélida luz de la luna los bañó de nuevo.

La serpiente negra se retorcía bajo el firmamento nocturno, rugiendo hacia ellos con una furia ancestral. Jing Shi estaba de pie sobre el terreno llano, con las manos unidas en posición de oración, luciendo tan sereno como un Buda viviente. A sus espaldas, el pico principal de la Montaña Quya había sido prácticamente borrado del mapa.

Nian Chaoxi soltó a los cuatro prisioneros en el suelo y barrió el lugar con la mirada. Al parecer, su tío se había dado cuenta de que algo iba mal en las profundidades y había evacuado la zona; a pesar del estruendo, no había ni un alma en el pico principal. Sin embargo, más allá de la cima, el ruido de la batalla y los gritos de guerra indicaban que la limpieza de la Montaña Quya aún no terminaba.

Al oír las voces humanas a lo lejos, la Malvada Serpiente se agitó con una excitación siniestra. Nian Chaoxi se puso en guardia: no olvidaba que esa cosa ahora se alimentaba de pura energía vital.

Para colmo, Jing Shi dijo con una sonrisa benevolente:


—Buen chico, debes de tener hambre.


Miró más allá de las ruinas hacia el campo de batalla:


—Todo eso de allá es tu comida.


Ante esas palabras, la bestia irguió la mitad superior de su cuerpo, lista para lanzarse sobre los soldados y cultivadores. En ese instante, sin necesidad de mediar palabra, Nian Chaoxi y Yan Weixing se dividieron el trabajo con una sincronía perfecta: uno lanzó un tajo carmesí para frenar a la serpiente, mientras la otra, con su espada resplandeciendo como la luna, bloqueaba el paso de Jing Shi.


—Maestro.


dijo ella bajo la luz lunar, con una sonrisa afilada.


—Nuestra cuenta aún no está saldada.

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