24 CORAZONES 249
Flor de Iris (15)
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—¿Arándanos…?
Su mano, que ya se estiraba hacia la zona de los licores de fruta en el estante, se quedó congelada a mitad de camino. Ladeó la cabeza como diciendo: "¿habré escuchado bien?". Pero esto no era una coincidencia.
El dueño del local le había dictado el menú, pero el cliente, en lugar de preguntar si había algo más, pidió eso directamente. Su voz sonaba cargada de seguridad, como quien sabe que lo tienen. Un licor de arándanos. Él jamás imaginó que vendría un cliente a pedir exactamente eso. Sin embargo, controló sus emociones y volteó. Con una sonrisa fingida, habló de lo más formal:
—Caballero, me temo que en este local no vendemos licor de arándanos.
—Ah, caray. ¿Me habré equivocado?
Judah soltó una sonrisa de oreja a oreja.
—Un licor hecho de arándanos que a veces tienen un color más intenso que un zafiro, y otras veces son tan claros como un lago helado. ¿Con eso es suficiente?
—¡Ja!
Katern curvó los labios y achinó los ojos. ¿Qué traidor se lo había contado? Esto era un asunto serio. El código que Judah acababa de soltar era algo que, dentro de los "Sabuesos" del Reino de las Sombras, solo conocían aquellos con rango de "Lobo".
Judah pensaba que los rangos del Reino de las Sombras eran simplemente Corona, Sabueso y Mariposa, pero en realidad, entre la Corona y el Sabueso existía el rango de Lobo. Ellos son los comandantes generales que dirigen todas las sucursales repartidas por los reinos e imperios. Son los jefes máximos. Y el código que Judah usó era algo que solo los Lobos sabían y utilizaban únicamente en situaciones de emergencia. En resumen: era algo que Judah no tenía por qué saber.
—¿Es consciente... de lo que acaba de decir?
Movió un dedo ligeramente. Podía parecer un simple tic, pero era una señal. Los dos empleados que estaban trapeando el piso no perdieron de vista ese movimiento.
—He pedido un licor de fruta, ¿no?
Como si no tuviera idea de lo que había dicho, Judah respondió con una tranquilidad pasmosa. Elegir la botella ya no importaba. Katern, aunque sentía que esto era un absurdo, empezó a emanar sed de sangre. Su mirada afilada se clavó en él de forma aterradora.
—... Fiiiu.
Katern cerró los ojos. Al mismo tiempo, Judah hizo fluir su maná y activó su técnica.
─Técnica de Sombras, 9no Estilo ──Caballero Espectral Danzante
Apenas consumió el maná, detrás de la espalda de Judah brotó una especie de neblina que parecía fuego negro y se multiplicó de forma explosiva. De entre ese fuego oscuro aparecieron dos caballeros con armadura de placas. Fue en un abrir y cerrar de ojos. No se sentía rastro de ellos ni presencia alguna, parecían figuras salidas de una pintura. Estos caballeros espectrales invocados no poseían el alma del dueño de la espada espiritual.
Llevaban escudo y espada, como cualquier otro. Bueno, "cualquier otro" es un decir; su apariencia era imponente y metía una presión que daba miedo. Los dos caballeros, que soltaban una energía negra como neblina desde sus armaduras, se movieron apenas fueron invocados. En el momento en que adelantaron sus escudos y movieron sus espadas, su presencia oculta estalló de golpe y hasta se escuchó el chirrido metálico de las armaduras.
¡Clang! ¡Ping!
Unas dagas de un palmo de largo volaron hacia ellos, chocaron contra los escudos y salieron volando. De inmediato, los dos caballeros espectrales giraron y pusieron sus espadas exactamente en los cuellos de los dos empleados que habían aparecido por la espalda de Judah. Ante tal precisión quirúrgica para predecir el ataque, los empleados se quedaron tiesos, sujetando sus dagas con agarre invertido. Acto seguido, retrocedieron de un salto.
—Oye, oye. Qué mala gracia querer matarme así de la nada. ¿No se te pasó un poco la mano?
Él no respondió. Así como Judah soltó lo de los arándanos de la nada, él también lanzó una respuesta que no venía al caso:
—...... Garra Negra.
Vaya. Esta vez el sorprendido no fue el hombre de la barra, sino Judah. "Garra Negra". Ese era el nombre de la clase de Judah. Era la segunda vez que encontraba a alguien que lo sabía. Aparte de Caseun Sabnak, el abuelo de Cain en el Castillo de Serenia, no esperaba encontrar a alguien aquí que supiera eso.
Se produjo un tenso cara a cara. Katern se acercó a Judah. Estaba a una distancia donde, si estiraba el brazo, podía cortarle el cuello. La mano es más rápida que el ojo. Podía matar a este tipo sospechoso de identidad desconocida ahí mismo. Pero el pensar que, si mataba por cuenta propia al hombre en el que su reina, Iris, tenía puesto el ojo, se ganaría su odio, le puso un freno a sus impulsos.
—Qué sorpresa. Escuché que el linaje se había cortado por completo. Pero parece que no es así, ¿no?
Ante ese tono burlón, Judah soltó una risita. Parece que este tipo sabía a qué reino pertenecían los caballeros secretos de "Garra Negra" y cómo fueron aniquilados. Según la historia del juego, solo unos cuantos gatos sabían eso. Pero bueno, no es de extrañar. Si se trata del Reino de las Sombras, no es raro que alguien lo sepa.
—No sé si habrá otros "Garra Negra" aparte de mí, pero el linaje no se ha cortado del todo. Aquí me tienes. Cambiando de tema, ¿no piensan aceptar mi encargo? ¿O acaso el código que usé no era el correcto?
Puse una cara de "yo no fui", ladeando la cabeza con total inocencia. Si una mujer me hubiera visto, seguro le habría parecido una expresión encantadora, pero para un hombre, resultaba recontra espeso. A Katern se le desencajó la cara por completo.
—¿Dijo usted "encargo"? ¿Aquí?
En el "Velo de Luz", que es prácticamente la capital del Reino de las Sombras, no se aceptan encargos. ¿Acaso no sabe dónde queda la sucursal? ¿Cómo puede saber el código y que este lugar es la capital actual, pero no saber eso? Mientras más lo pensaba, más absurdo le parecía el tipo. Katern soltó un largo suspiro. Por ahora, aunque Judah ponía cara de no saber qué significaba ese código, parecía un cliente, así que valía la pena conversar.
—Por aquí, sígame.
Judah miró de reojo a los empleados, que todavía lo chequeaban con cara de pocos amigos, cortó el flujo de maná que mantenía a los caballeros espectrales. Apenas se cortó el suministro, los caballeros se convirtieron en fuego negro, consumiéndose hasta desaparecer. Ignorando a los empleados que seguían en guardia, Judah pasó al otro lado de la barra.
Había una puerta con un cartel de 'Prohibido el paso', que parecía la entrada al almacén. Al entrar, se veía como un depósito común y corriente, pero había unas escaleras que bajaban al sótano. Había lámparas mágicas en las paredes a una distancia regular, así que no estaba tan oscuro.
-¿Será que lo que dije estaba mal?
Por su reacción, no parecía que el código fuera errado. Y claro, si lo anoté cuando mejor memoria tenía. O capaz cambiaron la clave sin que me diera cuenta. Pero bueno, ya que aceptó hablar, me da igual.
-Con tal que el resultado sea bueno, todo bien.
Uno esperaría que huela a guardado, pero para nada. Al bajar al sótano, apareció un espacio tan amplio como el salón del primer piso. Tenía una iluminación tenue, muebles de lujo y hasta una alfombra bien acolchadita en el piso. Al ver que él se sacaba los zapatos para entrar, yo hice lo mismo sin que me dijera nada. Quién sabe qué trampa habrá debajo de esa alfombra. Como es un sitio de asesinos, por más acogedor que se vea, uno no puede dejar de estar mosca.
—Tome asiento aquí. ¿Gusta algo de tomar? Si quiere, le puedo dar el licor de fruta.
—No, gracias. Estoy bien.
A estas alturas, qué me va a ofrecer licor.
Judah se sentó observando con cuidado el sitio que le señalaron. Se sentó en la silla, pero con el miedo de que algo saltara de la nada y lo atravesara. No es que me dé miedo morir, pero eso de morir con algo hincado por atrás... como que no pasa nada. Aun así, para no dar muestras de debilidad, me senté como si nada, fingiendo seguridad. Para qué, estaba recontra cómoda.
—Mire, aunque sea un cliente, hay un par de cosas que quiero confirmar.
—Diga nomás. Si es algo que pueda responder, se lo diré.
—Primero. ¿De quién escuchó ese código? ¿Quién se lo sopló?
—¿Cree que tienen un soplón? No se preocupe. Nadie me lo dijo, nadie me lo sopló y no se lo he dicho a nadie. Usted sabe bien, ¿no? Que todos en el Reino de las Sombras están amarrados por un juramento.
Katern frunció el ceño.
—¿Y usted pretende que yo me crea ese cuento? Si se va a poner así de cerrado, la cosa se complica. Lo que usted me acaba de decir no es algo que un civil cualquiera sepa. ¿O es que me está diciendo que va a guardar el secreto? Qué maravilla.
"Lo máximo usted", dijo con un sarcasmo que me hizo suspirar. Bueno, era lógico que pensara así. Me quedé pensando cómo explicarle para que me entendiera.
—Si le digo la verdad, no me va a creer.
—Eso lo decido yo. Si no me dice la firme, no aceptaré ningún encargo. Hay demasiadas cosas sospechosas aquí.
—…….
Judah se rascó la nariz. Como se acababa de bañar, no sentía ni un poquito de grasa.
—Veo visiones y escucho voces.
—¿Perdón? ¿Qué clase de estupide...? Ah, disculpe. Continúe, por favor.
Me puso una cara de "a ver, cuéntame tu cuento". Y Judah empezó a soltarle todo el floro. Que le creyera o no, ya dependía de él.
—Vienen a mí visiones borrosas como la niebla, junto con voces. Eso es todo. El código que le dije lo escuché ahí.
—…….
—Ya sé que es difícil de creer. Si alguien me viniera con esas tonterías, yo también le diría que no hable piedras. Pero, como usted dijo hace un rato, el que decide si cree o no es usted, no yo.
—Ja.
Soltando un largo suspiro, él se recostó en el respaldo de la silla. Tenía una cara de incredulidad total.
—O sea que... ¿me está diciendo que usted puede ver el futuro?
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Tip 26: Cuando el autor publique algo, te recomiendo no leerlo al toque, sino esperar 5 minutos. ¡Es muy probable que haya correcciones o partes nuevas!
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