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24 CORAZONES  250

Flor de Iris (16)



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—No, no es el futuro.

—¿Entonces?

—El pasado, el presente y el futuro. Se me aparece todo sin importar el momento exacto. Por lo general, esas visiones y voces me llegan en sueños cuando me quedo dormido, y apenas las veo, me doy cuenta de qué se trata. Sé si es el pasado, el presente o el futuro. Y sé exactamente qué está pasando.

—Increíble. ¿O sea que puede ver esas situaciones clarito y recordarlas después?


Ante su pregunta, Judah solo se encogió de hombros y negó con la cabeza.


—Qué le digo, pues. Creo que con lo que le he contado ya tiene suficiente para sacar sus propias conclusiones. Lo demás me lo guardo. No puedo soltarle toda mi información a un lugar que justamente se dedica a negociar con ella, ¿no le parece?


La cara de pocos amigos de Katern no parecía que fuera a cambiar pronto. Soltando un suspiro, terminó por asentir. Aunque lo que Judah decía no tenía ni pies ni cabeza, parece que decidió darle el beneficio de la duda por esta vez.


—Está bien. Entonces dígame: con ese ojo suyo que ve el futuro, ¿a qué ha venido a buscarnos?

—¿Para encontrar a alguien especial?

—¿Alguien especial?


"¿Y ahora este qué tiene?", habrá pensado. Este sitio no es una agencia de citas ni nada por el estilo. ¿A qué santo viene a buscar pareja acá? Mientras más hablaban, más loco le parecía todo. Estuvo a punto de soltarle un suspiro y decirle que no juegue con su tiempo, pero se quedó frío.

'No, un momento... ¿será que este tipo...?'

Katern se inclinó hacia adelante y miró fijo a los ojos de Judah. Esos ojos negros, tan puros como los de su reina Iris, lo estaban observando de vuelta.


—Caballero, eso de "encontrar a alguien especial"... ¿no se referirá a...?

—Exacto. Le diste en el clavo. Quiero contratar a un miembro de su organización.

—¿A un asesino?

—Busco a alguien de primer nivel que sea capaz de explorar el laberinto. No quiero decir que sea coincidencia, pero he dado con la ubicación de uno de esos lugares.

—...... O sea que. ¿Usted ha venido a buscarnos a nosotros, que somos asesinos, para contratar a alguien que sepa detectar y desarmar trampas como si fuera un cazatesoros?


Él soltó un suspiro largo. El Reino de las Sombras acepta todo tipo de encargos, pero nunca imaginó que vendría alguien queriendo "alquilar" a uno de sus miembros.


—¿Y esto también lo vio en sus visiones y sueños?

—¿Nuestra conversación? No, nada que ver. Pero sí soñé que iba camino al laberinto, después soñé que aquí conocería a quien será mi compañero.


"Qué manera de hablar piedras", murmuró Katern para sus adentros. Judah alcanzó a escuchar ese susurro, pero no tenía intención de negarlo. Tenía razón: todo lo que decía era puro floro, puras mentiras. Pero si le decía la verdad, tipo: "¡Yo soy el Dios que creó este mundo!", lo más probable era que no le creyera nada y, si le pedía pruebas, Judah se quedaría mudo. Si Katern le pedía que le contara su vida entera, Judah no podría decir ni media palabra.

A menos que fuera un NPC importante para la historia o el guion, Judah no recordaba el pasado de los personajes secundarios cuyo único papel era cuidar un sitio, por más que tuvieran una historia escrita. Por eso, era mucho más creíble decir que de vez en cuando veía el pasado o el futuro. Katern suspiró una y otra vez.


—... De verdad. Es una historia recontra difícil de creer. Si se la cuenta a cualquiera, van a pensar que está loco de remate. Pero bueno... ffuuu, ya está bien. No creo que sea yo quien deba decidir si aceptamos este trabajo o no. Me imagino que se quedará aquí por lo menos hasta mañana, ¿no?

—Me puedo quedar unos días más, no hay problema.

—Perfecto. Si tengo suerte, hoy mismo en la noche, y si no, mañana temprano le estaré dando una respuesta.


Judah asintió. Con eso terminó la charla. Se levantó y regresó al primer piso. Parece que habían colgado el cartel de que atendían recién en la tarde, porque el local seguía sin clientes. Judah salió del establecimiento echándole un ojo a los dos empleados que seguían trapeando el salón vacío. Robelia, una de las empleadas, se quedó mirando cómo se iba y corrió hacia la barra.


—¿Quién era?


Katern, que justo salía del almacén cerrando la puerta, volteó a verla. Miró a Robelia, que se moría de la curiosidad, con una cara de "qué pesada eres" y le respondió:


—Un cliente.


Como si no fuera obvio. Ante esa respuesta tan seca, ella frunció el ceño. Pero como él era su superior, se controló y volvió a preguntar con su voz más dulce.


—Ay, ya sé pues. Lo que quiero decir es cómo ese cliente sabía de este lugar. ¿Acaso ahora aceptamos encargos aquí? He estado al lado de la señora Iris por años como su escolta, pero nunca había visto algo así.


Katern estaba igual; para él también era la primera vez. Lo que más le desencajaba era cómo el tipo sabía el código que solo los Lobos conocían. Con la cabeza hecha un nudo, soltó un suspiro y le dijo, bien cortante:


—No es asunto tuyo. No te metas.


Robelia hizo un gesto de fastidio con la lengua y puso una cara de pocos amigos. "Ni que fuera tan difícil contarme", pensó. Y eso que ella tenía rango de jefa de sucursal. Se lavó bien las manos y, viendo cómo Katern sacaba brillo a los vasos, agarró su trapeador de nuevo. Limpiar siempre era un fastidio.

'Debo ser la única jefa de sucursal que se la pasa trapeando.

Qué vida tan triste. Si estuviera en otra sucursal, tendría gente a su mando para mandonear. De qué sirve ser un "Sabueso" si te tienen como empleada de limpieza agarrando el palo del trapeador. Robelia suspiraba y suspiraba, pensando en pedir que la manden a otro lado pronto, pero la verdad es que estar así de tranquila al lado de la Reina, ganando su plata sin tener que salir a misiones peligrosas, era mucho mejor. Le preocupaba que se le oxide el talento, pero bueno... para eso podía pedirle a Katern que le enseñe un par de trucos.

'No me queda otra. A seguir chambeando como una empleada más'

Robelia siguió trapeando mientras se quejaba entre dientes, y así, el día en el local empezó de verdad al mediodía. Entre que se pusieron a cocinar en serio y a recibir clientes, la noche se les vino encima en un abrir y cerrar de ojos. A diferencia de la mañana, el sitio estaba a reventar y ya casi era hora de cerrar. Katern, después de prepararle un cóctel al último cliente, llamó a Iris, que estaba en pleno ajetreo ordenando el local.


—¿Qué pasó?

—Vamos adentro un toque, quiero hablar contigo.

—Mejor en la sala de descanso de la cocina, no en el almacén.


Katern asintió y la siguió hasta la sala de descanso, que estaba muy bien arreglada. Apenas cruzaron la puerta, sus rangos se invirtieron. En el salón, él era el jefe y ella la empleada, pero en este lugar, lejos de las miradas de los demás, ella era la jefa y él su subordinado.

Al cerrar la puerta, el chongazo de la cocina desapareció por completo. En ese cuarto con un aislamiento acústico perfecto, Iris se sentó con total naturalidad y Katern se quedó parado a su lado, bajando la cabeza. Como ella aún no le daba permiso para hablar, se quedó callado esperando.


—Habla.


Iris abrió la boca con una voz que tenía un eco sumamente suave. Cualquiera que pensara que ella era muda se quedaría de una pieza al escucharla. Era una voz que te dejaba marcado, incluso tenía algo adictivo que te daban ganas de seguir escuchándola. Sin embargo, a pesar de tener una voz que parecía un regalo del cielo, casi nunca hablaba. Si no fuera por estos reportes de misión, ni siquiera él tendría la oportunidad de oírla.


—Hay alguien que usó el código de emergencia.

—Dame detalles.


Katern le reportó todo lo que pasó en la mañana, sin olvidarse de nada. Al escuchar lo del código, ella frunció un poco el ceño, pero cuando llegó a la parte de que él podía ver el pasado, presente y futuro a través de los sueños, soltó una risita.


—... Qué curioso.

—¡Esto no es cosa de si es curioso o no! ¡Ese tipo conoce el código!

—No te preocupes. Está bien.


Iris cortó las palabras de Katern con firmeza.


—¿De verdad le cree? ¿A ese tipo?


preguntó Katern, sintiéndose un poco frustrado.


—No.


Ella tampoco es que le creyera a ciegas.

Que supiera el código de emergencia y que encima viniera directamente a este local a pedir un encargo era recontra sospechoso. No era algo para tomarse a la ligera, porque podría hacer pensar que hay un traidor en el Reino y causar un laberinto interno.

Sin embargo, que ella supiera, el "Juramento" no tenía ni una sola grieta. Era perfecto. Esa era la base que había mantenido en pie al Reino de las Sombras y varios reyes lo habían comprobado una y otra vez. Aunque confiar ciegamente en el Juramento es de tontos, para saber el código de emergencia, ese hombre no había intentado nada raro. Así que no perdían nada dándole el beneficio de la duda.


—¿Entonces por qué?


Ella no respondió a esa pregunta. No tenía ganas de dar explicaciones largas. Solo se quedó mirando a Katern fijamente. Ante esa mirada, Katern soltó un suspiro corto y asintió.


—Entendido.


Si ella decía que no pasaba nada, pues no pasaba nada. La palabra de la Reina es la ley en el Reino, así que no tenía sentido ponerse a reclamar. No tenía ni la más mínima intención de cuestionar su autoridad. Mientras Katern volvía a bajar la cabeza, Iris continuó.


—Ah, acepta el encargo de ese hombre.

—... Sí. ¿Y a quién piensa mandar?


Katern por dentro estaba rogando que su presentimiento estuviera equivocado. Por alguna razón, sentía que ella iba a decir que iría personalmente. Parecía que ella sentía algo especial por ese tipo, y Katern sabía que para esas cosas tenía un buen ojo.

Nunca había visto a Iris mezclar sus sentimientos con el trabajo, pero esta vez sentía que la cosa era distinta. Le rezó a cualquier dios que anduviera por ahí, pero para su mala suerte, no le hicieron caso.


—Iré yo misma.


'Ay, carajo'

No se atrevió a soltar la lisura en voz alta. La voz de Iris era hermosa y adictiva como una droga, de eso no hay duda, pero en este momento no estaba para embobarse con ella. La cara de Katern se puso dura como una piedra y le empezó a temblar el ojo.


—Entendido... Así se lo haré saber a ese hombre.


Mientras Katern retrocedía para abrir la puerta e irse, Iris se cruzó de brazos y se recostó cómoda en la silla.

'¿Así que vino para "encontrar a alguien especial"?'

Iris soltó una risita suave. No podía parar de reír. Ni siquiera era algo tan gracioso, pero ¿por qué no podía parar? Eso de que vino a buscar a su "persona especial" le sonaba demasiado bien. Iris agarró un cojín de la silla de al lado y lo abrazó con todas sus fuerzas. Sentía un cosquilleo raro en el pecho y necesitaba abrazar algo para aguantar la emoción.

'Pero, ¿cómo se lo explico?'

Él piensa que solo soy una empleada muda. Iris ladeó la cabeza mientras seguía abrazada al cojín. Podría simplemente ir y decírselo, no debería ser tan difícil, pero Iris se quedó dándole vueltas al asunto mientras se cambiaba de ropa, se bañaba y hasta que se echó en la cama para dormir.



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