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24 CORAZONES  247

Flor de Iris (13)



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¿Enamorados? Judah se quedó mirando lo que escribió ella mientras hacía girar el lápiz entre sus dedos.

'¿Seremos enamorados?'

Si se ponía a pensar en cómo se portaba Arhil, era obvio que ella sentía algo por él. No, eso era segurísimo. No había espacio para la duda, más aún cuando él podía chequear su nivel de afinidad y saber que sus sentimientos no eran floro. Incluso ahora que el efecto de la <Hipnosis> que le puso con el fragmento había desaparecido gracias a la purificación de Gabriel, dudar de ella sería una tontería. Sin embargo, nunca se habían dicho "te amo".

Aunque por las noches se entregaran al deseo y se besaran, y aunque tuvieran gestos de cariño mucho más intensos que los de cualquier pareja normal, todo eso se quedaba en la noche. Cuando salía el sol, a pesar de que se ponían rojos de la vergüenza al verse, nunca habían hablado de amor formalmente.

El amor.

Ahora que lo pensaba, la única vez que había dicho "te amo" fue a Gentia, su maestra y primer amor allá en el Castillo Serenia. Qué ironía. Debería estar agradecido y hasta arrodillarse por estar rodeado de bellezas que en su mundo original ni en sueños hubiera conocido, pero el muy ambicioso no quería a una, sino a varias. El corazón humano es bien traicionero, de verdad.

Si alguien le preguntara si todavía amaba a Tia, él diría que sí. Pero tampoco quería perder a Arhil. Se le vino a la mente la palabra "Casanova". Siempre pensó que ese término no tenía nada que ver con él, pero ahora... Judah soltó una risita burlona hacia sí mismo.

En este mundo no se ponían tan estrictos con eso de la monogamia. No era imposible tener varias esposas. Como todo tenía una ambientación tipo medieval, nadie veía raro que un noble tuviera sus movidas por lo bajo o incluso concubinas.

En algunos reinos hasta se permitía que una mujer tuviera varios esposos, y en Reizen, el reino de los mercenarios, si tenías el poder y la plata, podías tener las parejas que quisieras.


— ……




¡Fiu!




Como Judah solo se quedaba dándole vueltas al lápiz sin escribir nada, Iris le quitó la libreta y el lápiz de un tirón. Escribió algo rápido y se lo puso en la cara.


- Dígame la firme.


Le volvió a alcanzar el lápiz. Judah lo agarró y soltó un suspiro. Mientras tanto, el helado se iba derritiendo, marcando el paso del tiempo como si fuera un reloj de arena.


- Decir que somos solo amigos sería mentira. Pero para ser enamorados, todavía nos falta un poco.

- O sea que ya durmieron juntos, ¿no?


Fue directo al grano, sin pelos en la lengua y sin una gota de vergüenza. Más bien, el que se puso como un tomate fue Judah. Todavía le faltaba cancha para hablar de esas cosas así de frente y con tanta naturalidad. En vez de escribir, solo asintió lentamente con la cabeza.


- ¿Y si ella estuviera en peligro, qué haría? Incluso si usted pudiera morir en el intento.

- La salvaría de todas maneras.

- ¿Aunque sepa que puede morir?


Ante esa pregunta que parecía una prueba, Judah asintió con firmeza. Obvio que la salvaría. Si ella llegara a morir frente a sus ojos por una tontería, él sería capaz de retroceder el tiempo y empezar todo de nuevo con tal de traerla de vuelta.


— …….


Iris se quedó mirando fijamente los ojos de Judah mientras él escribía sin dudar ni un segundo. Sus ojos no vacilaban. No había ni rastro de duda en su mirada.


- Sí.


Era la respuesta que ella esperaba. Dicen que la letra refleja lo que uno lleva en el alma. No es que una letra bonita signifique que seas buena persona, ni que una letra garabateada signifique que seas un fosforito o un apurado. Pero ese "Sí", así de cortito, se sentía real, se sentía con peso.

Qué envidia.

Sintió envidia de esa sacerdotisa. Esa mujer se había ganado un compañero al que podía confiarle la vida. Había encontrado a un hombre que creería en ella pasara lo que pasara. Se notaba a leguas. Por eso, Iris no podía evitar sentir esa punzada de envidia.

'Yo también...'

Quiero.

'A mí también...'

Un hombre que confíe en mí. Un hombre que crea en mí pase lo que pase. Un hombre que esté dispuesto a jugarse la vida por salvarme en cualquier situación.

No es que estuviera buscando a alguien que muriera por ella. Eso ya era demasiado drama de cuento de hadas o de final de obra de teatro triste. Lo que ella quería era a alguien con quien superar las crisis y seguir caminando juntos. Y no es que no confiara en nadie.

Ella es la Reina de las Sombras. La jefa máxima del grupo de asesinos más bravo que existe, el Reino de las Sombras.

Todos los que están bajo su mando harían lo que fuera por ella. Se mueven a su orden y cumplen cualquier misión. Si llega el momento de morir, darían la vida por ella sin pensarlo. Para ellos, eso es devolver el favor que le deben al Reino de las Sombras y es su forma de mantener el honor.

Esos subordinados le son leales, confían en ella a muerte y lo dan todo por ella. En ellos sí podía confiar. A diferencia de otros grupos de asesinos, aquí no había miedo a una traición. Por un pacto antiguo que viene de años, ellos simplemente no pueden traicionarla.

Quizá por eso su deseo era más fuerte. Porque a veces sentía que ellos solo la obedecían y le eran fieles por culpa de ese pacto. Al final, ellos no se juntaron por ella, sino por los logros de los reyes de las sombras que estuvieron antes que ella.

Cualquier asesino que entra al Reino de las Sombras siente un orgullo tremendo de pertenecer ahí. Se sienten importantes. Les da pánico que los boten. Tienen un poder que nadie puede tocar; nadie se atreve a mirarlos por encima del hombro. Sea cual sea la misión, si les parece justa o si la paga es buena, tienen una tasa de éxito de más del 90%.

Encima, cuidan la información de sus clientes como oro y nunca traicionan al que los contrató primero.

Todo eso fue lo que hizo grande al Reino de las Sombras, pero no fue obra de Iris.


— …….


Por eso se hizo pasar por una empleada muda. Buscaba a alguien que, sin tener nada, la mirara solo a ella y confiara en ella por quien es. En verdad, no le importaba si no era un hombre; una amistad sincera también le servía. Pero aunque pensara eso, en el fondo, lo que su corazón pedía era un hombre.

Al final, ella también es una mujer.

Querer formar una familia feliz y común, como todos los demás, era un deseo sincero. Comer juntos, conversar, mirarse profundamente a los ojos, besarse, dormir tomados de la mano... quería susurrar palabras de amor.

Sin embargo, encontrar a un hombre así era difícil. Estaban aquellos que la ignoraban solo por ser muda, y otros que se acercaban solo por su apariencia, buscando algo de una noche. Por supuesto, no todos los hombres eran así.

Había algunos buenos y amables, pero ninguno pasaba sus pruebas.

Caminando por la calle frente a ellos, dejaba caer a propósito una bolsa con decenas de monedas de oro. Nadie se las devolvía. Cuando le pedía prestado dinero a un hombre que sabía que tenía oro, diciéndole que lo necesitaba con urgencia, mentían diciendo que no tenían nada.

Hubo un hombre que dijo que la amaba. Uno que aseguró que confiaría en ella sin importar la situación. Era un tipo común, pero inocente y de sonrisa fácil. Sin embargo, cuando vio que alguien se la llevaba a la fuerza, se quedó paralizado por el miedo. Incluso cuando ella fingió que le rompían la ropa, él no movió ni un dedo. Después de eso, él empezó a evitarla.

Iris sabía que lo que hacía era una estupidez. Quizás era porque no los amaba lo suficiente como para intimar de noche, o tal vez porque la relación no pasaba de un simple coqueteo. Es normal asustarse ante una situación repentina, pero fue la reacción posterior lo que siempre la decepcionaba.

Obviamente, cortaba por lo sano y se iba de esos lugares. Ella también era humana; las primeras veces pudo aguantarlo, pero a medida que los fracasos se acumulaban, era inevitable sentirse agotada.

Pero entonces, apareció este hombre llamado "Judah Arche". Solo han pasado dos días desde que se conocen. Sin embargo, curiosamente, se siente tranquila a su lado. Siente una afinidad sin motivo aparente.

Él la ayudó cuando los demás se quedaron mirando. La rescató cuando fue arrastrada a la oscuridad, donde nadie podía verla. La ayudó con el trabajo sin pedir nada a cambio. Y lo que más le impresionó fue que, quizás por consideración, él también le respondía por escrito.


— …….


Iris miró fijamente a Judah y esbozó una pequeña sonrisa. Tras ordenar sus pensamientos, llegó a una conclusión: no quería dejar ir a este hombre. Solo han sido dos días, e incluso en horas, no llega ni a un día completo. Pero esto es una conexión, un lazo. Así lo sintió. Tras pensarlo un poco, asintió y tomó el lápiz. Pasó la hoja de la libreta que ya no tenía espacio y escribió en una página en blanco:

- Gracias por ser sincero. El almuerzo estuvo riquísimo gracias a ti. Me gustaría que volviéramos a comer juntos la próxima vez.

Al levantarse, le hizo un gesto de adiós con la mano y caminó a paso ligero hacia la barra. Judah, que seguía sentado, notó que su helado ya se había derretido por completo. Ahora que estaba espeso, era mejor beberlo que usar la cuchara.

'Está bueno'

Imposible que el agua con azúcar sepa mal. Judah dejó el envase vacío y soltó un suspiro. Pensó en cómo acercarse más a ella, en cómo convencerla de que se uniera a su grupo. Pero de pronto, sintió un hincón en la conciencia; sentía que estaba pecando al jugar con alguien que buscaba esperanza en medio de mentiras y engaños.


— ... Algo saldrá.


Murmuró Judah mientras se levantaba. Recordó que Arhil le dijo que la comida del templo era fea y casi ni probó bocado, así que probablemente estaría con hambre. No sabía si era buena idea ir al templo así por así, pero verla un ratito no debería hacer daño.

Salió del local y se dirigió hacia el templo.



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Tip 25. Algunos efectos de ítems, títulos y habilidades se acumulan. Especialmente en el caso de la afinidad, a veces muestran una gran eficacia con ciertos NPCs. Esta es una de las razones por las que deberían ir tras los títulos.
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