24 CORAZONES 245
Flor de Iris (11)
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La Corona Negra.
Era el tatuaje que simbolizaba al rey del Reino de las Sombras. No es que hubiera intentado fijarme a propósito, pero al estrecharle la mano, me saltó a la vista de forma natural. Me quedé mirándolo apenas un segundo y, de inmediato, le sostuve la mirada. Como fue un gesto tan fluido, ella no debió notar que me quedé chequeando la marca. Sacudí su mano un par de veces con suavidad y la solté.
—…….
Iris se quedó mirando su propia mano, la misma que acababa de estrechar la mía. La vi cerrar el puño y volverlo a abrir; por un momento pensé que quizá se había sentido incómoda, pero viendo su nivel de afinidad y su expresión, no parecía ser el caso. Tras el apretón, nos quedamos mirándonos las caras con algo de roche, y luego, sin decir ni una palabra más, seguimos camino hacia el templo. A pesar de ser de noche, el templo estaba lleno de gente. Por suerte, no llegamos tarde, ya que todavía no se veía rastro de Arhil por la entrada.
'¿Dónde estará?'
¿Seguirá adentro aprendiendo alguna habilidad?
—¿Subimos?
En lugar de responder, ella simplemente asintió con la cabeza. Aunque era un templo pequeño, igual había que subir las gradas. Pasamos por el costado de la gente que bajaba, terminamos de subir y entramos por la puerta principal. Justo en ese momento, vimos a Arhil despidiéndose del obispo. Tras saludar con mucha solemnidad, ella empezó a bajar las escaleras, pero al ver a Judah, se apoyó en la baranda con la mano izquierda, se puso de puntillas para verse más alta y agitó la mano con todas sus fuerzas. Parece que recordaba que estaba en un templo, porque no gritó.
Su apariencia mientras bajaba corriendo las gradas era un poco distinta a la de la mañana. El hábito de monja que usaba antes era una prenda sencilla, sin ningún diseño, que solo resaltaba su figura; en cambio, el de ahora tenía bordados en hilo de plata que lo hacían ver hermoso por sí solo. Sobre su escote pronunciado, llevaba el collar de cruz que Sara, la hija de Conde January, había hecho en Urun para repartir entre ella y Jeanne. Incluso se había puesto un velo que no solía usar, y sus ligueros, que antes eran blancos, ahora eran negros. La falda seguía siendo cortísima. El movimiento de sus pechos al moverse con tanto ímpetu era más que suficiente para hacerle dar un vuelco al corazón a cualquier hombre.
—... Wao.
Las miradas de la gente se desviaron hacia ella inevitablemente. Los hombres se quedaban boquiabiertos, tratando de grabarse esa imagen en la memoria, mientras que algunos más inocentes se ponían rojos y miraban hacia otro lado. Aunque por ahí pasaban otros con el mismo hábito sacerdotal, había una diferencia abismal entre ellos y Arhil; ella estaba en otro nivel.
'Mmm'
Esto es un problema. Me alegra mucho ser su compañero, y claro que me encanta poder verla así todos los días. Es una suerte. No solo tiene habilidades increíbles y una buena personalidad, sino que su cara y su cuerpo son perfectos; estar con ella es un auténtico golazo. Es más, hasta compartimos secretos que otros no saben y ya hemos pasado noches intensas juntos.
Quizá por eso, no me hacía mucha gracia que todo el mundo se le quedara mirando. Sus muslos lisos, apretados por las medias, atraían las miradas como un imán. Soltando un pequeño suspiro, abrí mi <Inventario> y saqué una túnica. No me importó que los demás estuvieran mirando. Era una túnica de tela fina y elegante. La había comprado en Urun cuando Conde January me mandó a hacer un traje formal, pensando que tal vez me serviría después; era carísima. No tenía nada que ver con las que venden en cualquier tienda de baratijas. Me acerqué a ella y le puse encima la túnica, que era de un negro mucho más intenso que su hábito.
—Estás muy linda. Aunque me molesta que te robes las miradas de todo el mundo.
Se lo dije con total sinceridad apenas la tuve cerca. Arhil, con la túnica sobre los hombros, abrió grandes los ojos y luego, soltando una risita, abrió la túnica de par en par frente a mí. Nunca he visto a un exhibicionista en la vida real, pero si viera a uno, seguro tendría esa misma pose. Aunque, con sus piernas bien juntas y esa sonrisa tímida, más que una exhibicionista parecía una modelo. Inclinando la cabeza hacia un lado y con una sonrisa pícara en los ojos, me preguntó:
—¿Y bien? ¿Cómo me veo? ¿Linda, verdad? Esto me aprieta un poquito el cuerpo... ¡pero es muy cómodo!
Tenerla tan cerca, hablándome con esa mirada, era complicado; se sentía como una provocación. Su voz, su mirada, sus gestos... tiene ese rasgo único de <Seducción Incontrolable>, y por más que pasen los días, no termino de acostumbrarme a su encanto. Obviamente, a la gente que estaba cerca también se le subieron los colores a la cara al verla.
—Estás hermosa. De verdad.
Ante mi respuesta, Arhil soltó una risita satisfecha. Tras reírse así, notó las miradas de los alrededores, se cerró la túnica y se pegó a mi lado. Recién ahí se dio cuenta de que había una mujer conocida detrás de mí.
—¿Eh? ¿Y ella?
Era la trabajadora de "El Velo de Luz". Aquella a la que la gente llamaba "la muda" porque no hablaba.
- Hola.
Iris sacó su libreta, escribió el saludo para mostrárselo y luego hizo una reverencia. Arhil, al recibir el saludo, le devolvió la cortesía. Parecía un poco confundida de verla ahí conmigo esperándola. Me miró con cara de querer una explicación.
—Viniendo para acá vi que alguien se la estaba llevando a la fuerza a un callejón y la ayudé. Fuimos a la guardia y, como ya venía para acá, la traje conmigo.
—Ah... ¿No te hicieron nada? ¿Estás bien?
Ante la pregunta de Arhil, Iris sonrió para indicar que estaba bien.
—Bueno, mejor vamos hablando mientras regresamos.
No es que estuviera mal seguir conversando en el templo, que era cálido y lleno de luz, pero la gente nos estaba clavando la mirada demasiado. Aunque las miradas disminuyeron un poco después de cubrir a Arhil con la túnica, todavía había varios curiosos sapeando. Me sentía incómodo. Parece que Arhil e Iris sentían lo mismo, porque me siguieron de inmediato hacia la salida.
Iris caminaba con mucha recato, con las manos juntas, pareciendo más una maid que una empleada de tienda. Por otro lado, Arhil estaba súper animada y me iba contando con su dulce voz todo lo que había pasado en el día. No había espacio para que Iris se metiera en la charla, ni para que yo dijera mucho. Solo me quedaba asentir y escucharla. Llegamos sanos y salvos al local e Iris se despidió con una venia y se retiró.
—No has cenado, ¿no?
—Nop. Me invitaron a almorzar, pero la verdad es que la comida del templo es bien fea, así que casi no comí nada.
Arhil sacó la lengua. No es que fuera una quejona, pero la comida que Judah y Lime habían estado preparando era demasiado rica. Incluso la comida de este hospedaje era increíblemente buena; comparada con eso, la del templo no pasaba ni con agua. Lo único que había hecho fue pasar a las justas un poco de sopa y pan. Viéndola tan tierna, llamé de inmediato a Iris, la empleada muda, y pedí algo de comer. Después de cenar, salimos a caminar un rato para bajar la comida y luego regresamos al cuarto a descansar.
Aunque estábamos en la misma habitación, el día terminó sin que pasara nada fuera de lo común.
Al día siguiente por la mañana, acompañé a Arhil al templo. Parece que esto se volvería parte de mi rutina por un tiempo. Al volver al local, vi a Iris que justo estaba por salir. Me acerqué y la saludé con gusto.
—¡Hola! ¿Vas a salir a algún lado?
Ya me había acostumbrado a esperar a que sacara su libreta.
- Sí, un momento. Tengo que ir a hacer las compras.
—Ah...
Tras leer lo que escribió, lo pensé un segundo y le pregunté si me podía prestar su libreta y su lápiz. ¿La libreta y el lápiz? Iris puso una cara de extrañeza, pero me los entregó sin darle muchas vueltas. Hacía tiempo que no agarraba un lápiz. Sujeté la libreta y escribí:
- ¿Te ayudo?
Al leerlo, Iris puso una expresión de diversión. Comunicación por escrito... hasta ahora ningún hombre había hecho algo así. No solo hombres, nadie se había tomado la molestia de responderle de la misma forma en que ella se comunicaba. Le pareció algo fresco. Iris sintió un interés un poco más fuerte por el hombre que tenía delante.
- ¿De verdad me vas a ayudar? No lo harás por lástima, ¿no?
Me devolvió la libreta. Agarré el lápiz y escribí debajo:
- Si es para cargar bultos, te ayudo en lo que sea. Y no es lástima. Es más bien una preocupación porque parece que siempre te metes en líos. Ya te he salvado dos veces; si te salvo una tercera, ya podríamos decir que es el destino. Coincidencia, conexión y destino.
Escribí un texto bastante largo, pero ella no se hizo problemas.
- ¿Eso no es lo que dicen de que la primera vez es coincidencia, la segunda es casualidad y la tercera es destino?
— ¿Ah, sí? Pero a mí me gusta más como suena: coincidencia, conexión y destino.
Al leer eso, Iris soltó una risita silenciosa. Se le veía con el semblante más alegre. Después de reírse un poco, volvió a escribir en su libreta para mostrármelo.
- Está bien. Entonces te tomo la palabra.
Me fui con Iris hacia el mercado. Tenía que comprar un montón de cosas. Parece que siempre sale a comprar sola, porque antes de entrar a cada puesto, ya tenía anotado en su libreta lo que iba a pedir. Al entrar a una tienda, el comerciante tardó un poco en reaccionar, pues parecía estar cerrando un trato con alguien más.
La empleada muda.
Ella le hizo una pequeña reverencia al comerciante. El hombre, tras despachar al cliente anterior, se acercó sonriendo y le tendió la mano. Se conocían; le preguntó cómo le había ido todo este tiempo, a modo de saludo. Iris asintió y arrancó una hoja de su libreta para entregársela.
— Hmm. Son bastantes cosas. Bueno, es que el negocio va bien, pues. Esto lo tengo. Esto también...
Iba murmurando mientras revisaba cada artículo de la lista. Después de un momento, se acercó con el papel y le mostró a Iris qué cosas no tenía en stock.
— El precio es el mismo de la vez pasada. Los productos te los puedo tener listos para hoy mismo, pero... los repartos están recontra saturados, así que recién te los podría mandar mañana por la tarde. ¿Te parece bien?
Iris puso cara de preocupación. El comerciante se rascó la cabeza, pues tampoco podía hacer mucho ante la situación. Yo, que me había quedado observando la escena, le di unos toquecitos en el hombro.
—?
Cuando se dio vuelta a mirarme, le pedí la libreta y escribí:
- Yo te ayudo.
- ¿Cómo?
- ¿No viste lo de ayer? No es por presumir, pero tengo un espacio dimensional.
Iris abrió los ojos de par en par. Parece que recién se acordaba. Le devolví la libreta y me acerqué al comerciante. Al vernos "conversar" por escrito, el hombre preguntó en voz baja:
— ¿Tú también eres... mudo? Digo, ¿no puedes hablar?
— No, yo sí hablo.
Al escuchar mi voz de inmediato, el comerciante soltó un "cof, cof" y carraspeó, algo avergonzado. Ignorando eso, le pedí que dejara las cosas listas y apiladas en un rincón, que volvería más tarde por ellas. Pensando que vendría un cargador, el hombre aceptó sin problemas. Hicimos lo mismo en los otros puestos. Pedíamos las cosas, pagábamos y les pedía que juntaran todo para recogerlo luego. Los comerciantes cumplieron y, cuando regresamos a la primera verdulería, empecé a guardar todo lo acumulado en mi <Inventario>.
— Oye, si te dedicaras al transporte, no te morirías de hambre, ah.
Uno de los comerciantes comentó impresionado al ver cómo las cosas desaparecían frente a sus ojos como si se las hubieran robado. El hecho de que pudiera meter tanto bulto en mi <Inventario> sin ningún esfuerzo también hizo que Iris aplaudiera emocionada y escribiera rápido en su libreta que era "increíble". Le respondí que no era para tanto y regresamos juntos al local para descargar todo.
- Gracias por la ayuda. Espéreme un ratito. Ya es hora de almuerzo, así que va a pedir algo, ¿no? No es mucho como recompensa, ¡pero le daré una cortesía de la casa!
Iris me tendió la libreta. Supuse que quería que escribiera mi respuesta. Me quedé mirando el lápiz y el papel un momento antes de recibirlos.
- No fue nada difícil, pero si es así, acepto con gusto. ¿Puedo pedir ahora?
- Sí.
Mientras escribía mi pedido en un espacio en blanco, me fijé en su letra. Escribía muy bonito. Comparada con la suya, mi letra era un desastre; hasta me daba un poco de vergüenza mostrársela. Sin embargo, a Iris no pareció importarle; verificó el pedido y me pidió que esperara un momento antes de retirarse.
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