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24 CORAZONES  244

Flor de Iris (10)



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Iris no podía creer lo que estaba pasando. Era el colmo. ¿Quién se creía este tipo para atreverse a agarrarla a la fuerza y llevarla a un callejón oscuro, lejos de la mirada de la gente?

Claro, si el imbécil hubiera sabido quién era ella realmente, no se habría arriesgado a hacer semejante estupidez. Pero en esta ciudad, nadie conocía su verdadera identidad. Para todos, ella era simplemente la "empleada muda" que trabajaba en el local 'Velo de Luz'.

Aun así, forzar a una mujer indefensa a entrar en un callejón era una locura total dentro del Imperio de Byron.

Por el tufo a alcohol que emanaba, estaba claro que el trago le había quitado el miedo. Iris fingió que no tenía fuerza y dejó que la arrastrara, mientras que con su mano derecha, la que estaba libre, les hizo una señal a sus subordinados que estaban escondidos entre las sombras.

Quédense quietos.

Justo antes de que este borracho la metiera al callejón, sus ojos se cruzaron con los del hombre que la había ayudado en el local.

¿Su nombre era Judah, no? No es que él se lo hubiera dicho directamente; lo escuchó de su compañero, ese que quería aprender cocina. Como sea, el hecho de que sus miradas se cruzaran en ese preciso instante hizo que ella no reaccionara a tiempo.

¿Y si no se hubieran mirado? Ni qué hablar. Ahí mismo le habría agarrado la mano al tipo para rompérsela de un revés y se habría largado. Y luego, sus leales subordinados que la siguen a todos lados lo habrían matado o, al menos, le habrían dado la paliza de su vida antes de tirarlo en una esquina.

Ella se dejó llevar, caminando sin fuerzas mientras la jalaban de la muñeca, miró hacia atrás. Judah estaba parado en la entrada del callejón. Sacó las manos de los bolsillos de su abrigo y empezó a caminar hacia ellos con paso firme.

'…….'

Al ver eso, una sombra de sonrisa se dibujó en los labios de Iris. Si ella quería, podía zafarse del agarre de este tipo en un segundo. ¿Solo zafarse? Podía matarlo sin hacer ni un ruido. Pero no lo hizo.

Aunque fruncía el ceño por la molestia que sentía en la muñeca, Iris esperó pacientemente. Quizás, después de tanto tiempo, finalmente había encontrado al "príncipe" que tanto esperaba. Se había equivocado docenas de veces antes, pero esta vez sentía que era la correcta. Su instinto nunca antes había estado tan seguro.

De pronto, el borracho la empujó contra la pared. Iris, que seguía fingiendo debilidad, chocó de espaldas. Justo cuando iba a lanzarle una mirada de odio, el hombre plantó la palma de la mano contra la pared, al costado de su cabeza, haciendo un ruido seco: ¡Tack! Él se acercó y el olor a alcohol la golpeó de lleno. Tenía una cara que se podría decir que era "pinta", pero ese aliento de borracho y esos ojos brillantes de pura lujuria le daban asco.


—Seguro mi comportamiento la ha sorprendido, pero es que usted es tan hermo...

—Oye.

—¿...Oye?


Judah ya estaba ahí. Ni cuenta se dieron de cuándo se acercó tanto, pero apareció detrás del hombre y le puso una mano en el hombro. El tipo, que estaba susurrando sus tonterías, volteó todo fastidiado y frunció el ceño.


—¿Por qué la has traído a la fuerza a un lugar como este?

—Ja, miren a este chibolo... lárgate nomás, oye.


El tipo hizo un gesto con la mano como espantando a una mosca, todo asado. Pero cuando volvió a mirar a Iris, ya estaba sonriendo de nuevo.


—¿Seguimos con lo nuestro allá al fondo?


'Ni a balas me voy contigo'

pensó Iris, pero las palabras se quedaron en su garganta. No podía hablar ahora que Judah, quien cree que es muda, estaba parado justo detrás del tipo. Cuando el hombre intentó agarrarla de la muñeca otra vez, Iris retiró la mano y se las llevó al pecho como si estuviera rezando. Empezó a temblar como una hoja, el tipo la miró de arriba abajo con los ojos entrecerrados.


—¡¡¿Agggh?!!


En ese instante, Judah reaccionó. Le agarró la mano al hombre, se la dobló hacia atrás con fuerza y le empujó la pierna con la rodilla. Con un grito de dolor, el tipo se fue de cara contra el suelo por la presión que sentía en la espalda. Al sentir el contacto de la tierra fría y cochina en su cachete, se le pasó la borrachera de golpe.


—¡¡Aaaahhh!! ¡Oye, hijo de...! ¡Suéltameee!


El hombre gritaba por el dolor en el brazo. No era broma; Judah le estaba aplicando una fuerza tan despiadada que sentía que se le iba a salir el hombro. Es más, a este paso, se lo iba a romper en cualquier momento. Intentó zafarse como pudo, pero por más que hacía fuerza, era imposible. Al final, con lágrimas en los ojos, mandó su orgullo al desvío y empezó a suplicar que lo dejaran vivo.

'¿Le rompo el brazo de una vez?'

Judah se quedó mirando al tipo que tenía debajo, pensando seriamente qué hacer. Aplicó un poco más de fuerza, girando la mano hasta un ángulo antinatural. Se escuchó un "crack" medio feo y el grito del hombre se cortó por un segundo. Judah aprovechó para observar el dorso de su mano. No tenía la marca del Reino de las Sombras. No es que siempre se la tatúen ahí, pero es lo más común.

Todavía no podía estar seguro al cien por ciento, pero parecía que lo de este callejón había sido una coincidencia de verdad.

'Hace un rato ella iba a romperle la mano al tipo.'

Recordó que, justo antes de entrar al callejón, Iris iba a reaccionar cuando el hombre la chapó de la muñeca, pero se detuvo al cruzarse con su mirada. Se decía que cuando Iris encontraba a un hombre que le interesaba, le ponía varias pruebas para ver su carácter, pero parece que esta no era una de esas. Chequeó de reojo su nivel de afinidad.



[Afinidad: 50 (Interés)]

[Confianza: 20 (Normal)]



La confianza no era alta, lo cual era lógico porque todavía no había hecho nada para ganársela, pero la afinidad había subido volando. Hace apenas un día estaba en 35, parece que con lo de ahora subió 15 puntos de porrazo. Si ya está en nivel de "Interés"... significaba que las pruebas de verdad estaban por empezar.


—…….


Sintió que alguien le tiraba de la basta del abrigo por detrás. Volteó y vio a Iris negando con la cabeza de un lado a otro. Judah se le quedó mirando, tratando de descifrar qué quería decirle. El callejón estaba casi a oscuras porque el sol ya se había ido, pero no era difícil verle la cara. Ella bajó la mirada hacia el suelo.


—Ah.


El hombre se había quedado seco, tirado como un trapo; parece que se desmayó. Judah no le había aplicado tanta fuerza como para dejarlo inconsciente, ni tampoco le había metido un golpe en la mandíbula, pero lo cierto era que el tipo no reaccionaba. Soltó el brazo que tenía doblado a la fuerza y, en ese momento, se escucharon pasos. No era uno solo, eran varios.

'¿Serán los guardias?'

Estaban patrullando hace un rato. Judah miró al hombre que yacía en el suelo.


—Parece que vienen los soldados de la patrulla, ¿nos escapamos?

—…….


Al preguntarle con una sonrisa media amarga, ella negó con la cabeza. Sin soltarle la basta del abrigo, metió su mano derecha en el bolsillo. Hizo el ademán de sacar su libreta, pero parece que se dio cuenta de que estaba muy oscuro para leer lo que escribiera y sacó la mano vacía.


—¿Esperamos aquí entonces?


Iris asintió. Se quedaron ahí un ratito y, de pronto, los soldados entraron en mancha al callejón. Otros aparecieron por el lado contrario, bloqueando cualquier salida; se veía que los tenían bien entrenados. Les apuntaron con espadas y lanzas gritando que ni se muevan, pero Judah se quedó tranquilo. Iris le hizo un gesto con la cabeza como diciéndole "tranki, no pasa nada".

Mientras los soldados se acercaban con cuidado, chequeando a Judah y al tipo tirado, uno de ellos reconoció a Iris. Le informó al capitán de la patrulla que ella era la empleada del local 'Velo de Luz', salieron del callejón para hablar. En la calle ya habían encendido las lámparas mágicas, así que estaba clarito; se podía leer lo que escribía en su libreta sin problemas. El capitán leyó la nota, les dio unas órdenes a sus subordinados, dejó de mirar a Judah como si fuera un delincuente y más bien le dijo que había hecho un buen trabajo antes de irse.

Gracias.

Iris le enseñó la libreta y se inclinó casi en 90 grados para saludarlo. Luego, debajo de donde decía "Gracias", escribió algo nuevo:

¿A dónde se dirigía? ¿No se le hizo tarde por mi culpa?


—Iba camino al templo. Pero si veo que de la nada te meten a la fuerza a un callejón, ¿cómo voy a pasar de largo? Tenía que ayudarte.


Lo siento.


—No tienes por qué pedir disculpas. El que hizo mal fue ese tipo. Pero ya que te sientes mal, ¿me acompañas al templo? Tengo que recoger a Arhil para volver al local.


Iris, en lugar de escribir, simplemente asintió con la cabeza. Su sonrisa era distinta a la de Arhil, quien se reía a mandíbula batiente; la de Iris era más sutil, como si apenas se dibujara una línea suave en sus labios. No hablaron mientras caminaban hacia el templo. Solo caminaban en silencio, uno al lado del otro.

Cuando ya se veía el templo a lo lejos, Iris sacó su libreta.

Won y...

Iba a escribir su apellido, "Won-ya", pero se detuvo, tachó esa parte con el lápiz con fuerza y volvió a escribir más abajo.

Iris. Ese es mi nombre.

Al leer el nombre en la libreta, Judah recién se dio cuenta de que no se habían presentado formalmente.


—Es un nombre bien bonito. ¿El significado de la flor no era algo así como "buenas noticias"?

—¿Eh?


Iris abrió los ojos de par en par. Casi todo el mundo sabe que Iris es el nombre de una flor (flor de lis o lirio), pero muy pocos conocen su lenguaje o significado.

¿Cómo lo supo?


—¿Que es el nombre de una flor?


No, lo del significado.


—Lo leí en un libro. Me gusta bastante leer; de chiquito me la pasaba en la biblioteca cuando estaba aburrido.


Ante la mirada de asombro de ella, Judah sonrió, se señaló a sí mismo y continuó:


—Me olvidaba de presentarme. Mi nombre es Judah Arche. Un gusto conocerte.


Iris se quedó mirando la mano que él le tendía y, despacio, la estrechó. En la primera falange del dedo índice de su mano derecha, tenía tatuada una corona negra muy elegante.



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