24 CORAZONES 243
Flor de Iris (9)
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Tal como dijo Arhil, el agua calientita salía a chorros en el baño. Judah se quedó un buen rato bajo el agua caliente sintiendo cómo el sueño se le iba quitando, luego se enjabonó bien con el jabón que había ahí.
Tras secarse con una toalla bien gruesa, salió del baño sintiéndose como nuevo y empezó a cambiarse.
—Vaya, veo que no tiene ni un poquito de vergüenza.
Arhil, que estaba echada en su cama bien tendida leyendo un libro, soltó el comentario mientras miraba fijamente el cuerpo medio calato de Judah. Tenía la cara un poquito roja. Trataba de ocultar su expresión tapándose la boca con el libro, pero sus ojos azules no se despegaban de él.
—…….
—…¿Qué, qué pasa?
Aunque sus miradas se cruzaron, ella lo miró con decisión, como si pensara que el primero que quitara la vista perdía. A Judah le incomodó un toque esa mirada, pero como estaba en calzoncillos, no le dio mucha palta.
—Si eres tú, Arhil, no hay problema con que mires.
—Mmm... ¿eso significa que me das permiso solo porque soy yo?
Arhil se incorporó de un salto para preguntar, a lo que Judah respondió con un simple "sí".
—Porque eres tú. Solo porque eres tú está bien, ¿ya? Jaja.
Él no lo dijo con ninguna intención rara, pero Arhil asintió con una cara de total satisfacción. Se le escapó una risita de lo más contenta. Judah, algo confundido, sacó de su 〈Inventario〉 su ropa hecha de cuero de lobo negro y el abrigo de cuero de Réquiem para ponérselos. La durabilidad estaba algo baja antes, pero con el tiempo se había restaurado sola gracias al poder del 〈Código〉 imbuido en la ropa, así que estaban como nuevos. Ya con el abrigo puesto, Judah volteó a verla.
—¿Tienes hambre?
—¡Claro que sí! ¡Estoy que me muero de hambre!
—¿Entonces bajamos a pedir el desayuno?
Arhil se quedó pensando un momento, moviendo sus ojitos de un lado a otro.
—¿Y si pedimos que nos lo traigan acá? No creo que sea necesario bajar, ¿no?
—¿No será que lo que no quieres es levantarte de la cama?
—Jeje. ¿Me ampayaste?
—A mí también me da flojera bajar para volver a subir, así que vamos de una vez.
Él le tendió la mano a una Arhil que ponía cara de "no quiero". Ella soltó un suspirito pero al final le agarró la mano. Judah tiró de ella para levantarla de la cama y salieron del cuarto. La habitación individual estaba justo al frente de la doble. Era el cuarto de Lime. Tocó la puerta y lo llamó por su nombre, pero no hubo respuesta.
'¿Seguirá jateando?'
La puerta estaba con llave. Tocó varias veces más, pero nada. Al encender el 〈Mapa〉, vio que no estaba en su cuarto en el segundo piso, sino en el primero. Le dijo a Arhil que bajaran de una vez y, al llegar al primer piso, buscó a Lime pero no estaba en el salón. No le quedó de otra que volver a prender el 〈Mapa〉 para ver su ubicación exacta.
La cocina.
Estaba ahí metido. Parece que de alguna forma consiguió que lo dejaran aprender cocina. Se sentaron en una mesa vacía y una mesera se acercó a preguntarles qué iban a pedir. Tras pensarlo un poco, pidió carne para quedar bien satisfecho y una ensalada de verduras frescas, pagó la cuenta. Poco después, para su sorpresa, quien trajo el carrito con la comida fue el mismísimo Lime. Él saludó alegremente con la mano.
—Buenos días. Se han despertado algo tarde, ¿no?
—Es que después de tiempo he podido dormir de corrido. Pero veo que de verdad se ha metido a aprender cocina.
Lime asintió como si fuera lo más lógico del mundo mientras ponía los platos en la mesa.
—Si dije que iba a aprender, pienso hacerlo con ganas. Solo tengo una semana, pero por suerte me dieron permiso. Aunque, bueno... me siento un poco mal haciendo estas cosas personales cuando estoy contratado por usted...
—No se preocupe. Ayer mismo le di permiso y, como igual nos vamos a quedar una semana aquí, me quedo más tranquilo si aprovecha bien su tiempo.
Lime sonrió con ligereza.
—Que me diga eso me quita un peso de encima. Gracias. Bueno, provecho con el desayuno, yo vuelvo a mis clases.
Lime soltó una carcajada y regresó a la cocina con el carrito vacío. Mientras terminaba de desayunar bien con Arhil, Judah se acordó del templo que vio ayer y se lo comentó cuando ya estaban acabando.
—¿Al templo?
No parecía tener muchas ganas. Bebió un sorbo de agua, se quedó callada un rato y soltó un suspiro con cara de pereza.
—Bueno, si quiero orarle a la señora Yophiel, supongo que tengo que ir a un templo. Ya ha pasado tiempo desde la última vez que pisé uno, eso que soy sacerdotisa.
—¿No necesitas ropa de sacerdotisa o algo así? ¿Qué tal si aprovechamos para comprarte un conjunto nuevo?
En este mundo que funcionaba como un RPG, una buena armadura, arma o accesorio tenían poderes especiales. A veces subían los estados del usuario y otras veces, en momentos de peligro, se activaba la magia del equipo para salvarte el pellejo. O sea, un buen equipo era como tener una vida extra.
—Mmm...
Arhil también lo sabía, así que se quedó pensando seriamente en la propuesta de Judah. Conseguir equipo nuevo era un tema vital incluso para una sacerdotisa que apoyaba desde la retaguardia.
Los magos usan báculos o varas con gemas para usar su maná de forma más eficiente. Con los sacerdotes es igual. Para usar magia divina con eficiencia, lo mejor es usar un rosario con un refinamiento especial. En el caso de Arhil, ella no tenía problemas para usar magia divina sin uno, pero eso era porque ella es especial; para un sacerdote común, el rosario es un artículo de primera necesidad.
'¿Debería comprarle uno...?'
Si ella usaba un rosario, la eficiencia de su magia divina aumentaría un montón.
'Además, su ropa de sacerdotisa ya está viejita.'
La tenía desde que salió del templo por primera vez, así que ya tocaba un cambio. Podían comprar el rosario, la ropa y, si hacía falta, hasta cosas como agua bendita. Pero ahora mismo, más que consumibles, lo que ella necesitaba era renovar su equipo.
Especialmente en el caso de los sacerdotes, cuando compran equipo en un templo, los artículos disponibles cambian según la cantidad de poder divino que posean. Al ser elegida como la santa de Gabriel, el poder divino de Arhil había aumentado considerablemente. Incluso antes no era poco comparado con otros de su mismo rango, pero ahora, tranquilamente, estaría al nivel de un obispo o un alto sacerdote.
—Es verdad. No sé cuándo volveré a pisar un templo después de esta... Tendré que ir a comprar, aunque sea para tener repuestos.
—¿Tan pesado te resulta?
—Para nada. Bueno, quizás un poquito. Si es un templo, de hecho habrá un obispo, así que para recibir sus enseñanzas sobre magia divina tendré que estar yendo y viniendo varios días.
Arhil suspiró y empezó a dar golpecitos con el tenedor al fondo del tazón de ensalada, que ya estaba casi vacío. Judah había pensado que ella simplemente aprendería las habilidades y ya, pero recordándolo bien, para alguien que no es un "jugador", aprender una habilidad requiere talento y, sobre todo, tiempo. Incluso si aprendía algo nuevo, le tomaría mucho esfuerzo usarlo con maestría. Judah se sintió un poco mal por haberle dado más chamba, pero como sabía que tarde o temprano le serviría, solo se limitó a mirarla con una sonrisa.
—Asu... Bueno, ya que tengo que ir, trataré de aprender lo más rápido posible. ¿Me puede acompañar hasta el templo?
Podía ir sola. No era nada del otro mundo encontrar el lugar. Pero Arhil quería caminar con Judah. Lo soltó sin pensarlo mucho, pero era algo que en el fondo su corazón deseaba.
—Claro que sí.
Judah no se dio cuenta de lo que ella sentía, pero tampoco tenía la más mínima intención de negarse. Los sacerdotes son pedidos; son los compañeros que todo aventurero o mercenario se pelea por tener, si la dejaba ir sola, fijo que se le iban a lanzar como pirañas a "marcar territorio". Y como ella es bien guapa, de hecho la buscarían con malas intenciones.
Terminaron de comer y salieron al toque hacia el templo. Judah estaba en duda de cuál sería, pero por suerte era uno dedicado al Santo Rey Yophiel. Era más chico que el que estaba en el Castillo de Serenia. Parece que el laberinto sí estaba cerca, porque vio a unos aventureros y mercenarios heridos llegando cargados en la espalda de sus compañeros; los sacerdotes salían apurados para meterlos a curar. Se veía que era cosa de todos los días, porque la gente que pasaba ni se inmutaba, solo miraban un toque y seguían en su nota.
Arhil detuvo a un sacerdote y le preguntó con toda la educación del mundo dónde estaba el obispo. El tipo fue muy amable, le respondió y hasta la llevó personalmente. La obispo resultó ser una mujer con una vibra muy maternal y tranquila. Judah solo saludó brevemente y se quedó esperando afuera. Al rato salió Arhil con una cara de "disculpa la molestia".
—¿Qué hacemos? Parece que esto va para largo...
—No te preocupes, vuelvo por ti en la noche. Ahí te recojo, ¿ya?
Ante las palabras de Judah, Arhil soltó una sonrisa medio amarga. Parecía que la estaba tratando como a una niñita que se podía perder si no la recogían. No es que le molestara, pero le dieron ganas de hacerle un berrinche.
—¡Oiga, yo sí sé ubicarme!
—Es que hay mucho lobo suelto que quiere aprovecharse de las ovejitas que andan buscando su camino.
Judah no lo decía por decir; ya había visto cómo varios tipos dentro del templo se quedaban con el ojo cuadrado mirándola con unas ganas medias turbias, así que no pensaba dejarla sola ni a balas.
—Jeje, ya está bien. Entonces nos vemos en la noche. Voy a darle con todo al entrenamiento.
—Ya, quedamos así.
Judah se quedó mirando cómo Arhil se alejaba siguiendo a la obispo y luego salió del templo. Con Lime aprendiendo cocina y Arhil ocupada con su equipo y habilidades nuevas, se quedó solo sin querer queriendo. Bajó las escaleras del templo y se puso a caminar, dándole vueltas a sus pensamientos.
Ahora, si lograba jalar a Iris de la Luna de Sangre, ya estaría casi listo con todo lo que tenía que hacer aquí. Originalmente, como ella se vuelve compañera de Judah (el personaje del juego), los jugadores no tenían chance de reclutarla. Pero como mucha gente se rayó con lo fuerte y guapa que era, pidieron a gritos que la incluyeran; al principio los desarrolladores dijeron que no, pero al final pusieron condiciones especiales para poder tenerla en el equipo.
'Pero yo no soy Kain, soy Judah.'
Seguro no necesitaba cumplir esas condiciones tan raras. Sabía que la oportunidad iba a llegar. Y si no llegaba, tendría que ir de frente a pedirle que se una. Aunque preferiría que no fuera así; quería que ella lo pusiera a prueba, pasar el examen, subir su nivel de confianza y así reclutarla de forma natural.
Con eso en mente, se puso a deambular por la ciudad como un alma en pena que no tiene nada que hacer. El sol ya se estaba ocultando y la oscuridad empezaba a bajar por las calles. Las lámparas mágicas que estaban en cada esquina todavía no se encendían.
'Mmm.'
Como había mucho bar, se veía a varios mercenarios con cara de pocos amigos caminando ya medios picados, el escándalo se escuchaba por todos lados. Parece que era una zona movida, porque de rato en rato pasaban patrullas de soldados vigilando.
En eso, Judah divisó a Iris. Ella caminaba con pasos que parecían flotar, pero Judah no era el único que la estaba chequeando. Un tipo bien pintón que estaba apoyado en una pared la agarró de la muñeca justo cuando ella pasaba por su delante.
—!
Por un instante, ella hizo el amago de zafarse del manotazo, pero al cruzarse con la mirada de Judah, se detuvo en seco. El hombre, sin encontrar resistencia, se la llevó rápido hacia un callejón oscuro. Parecía que Judah era el único que se había dado cuenta de que se la habían llevado en un segundo.
¿Sería coincidencia? Parece que la oportunidad llegó mucho más rápido de lo que pensaba.
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