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24 CORAZONES  242

Flor de Iris (8)



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Caminó junto a la empleada muda por las calles. Ya casi era hora de la cena, por lo que parecía haber más gente que hace un rato. Se cruzaban con muchos mercenarios y aventureros, pero también con caravanas de carretas cubiertas con telas que avanzaban en fila, señal de que algún grupo de comerciantes acababa de llegar.

'Asu, qué tal movimiento.'

La calle era un caos. Por momentos se hacía difícil caminar uno al lado del otro. A pesar de que era fácil chocar con cualquiera, la empleada muda se escurría entre la multitud con movimientos ligeros. Si te distraías un segundo, ya te sacaba una buena ventaja. Era una agilidad imposible de imitar por más que uno quisiera.

Definitivamente, no era una tipa común. Judah la siguió mientras revisaba su 〈Ventana de Estado〉




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「Ventana de Estado」


[Nombre: Iris Luna de Sangre]

[Título: Empleada Muda]

[Nombre Verdadero: La que camina entre las Sombras]

[Nivel: 70]

[Clase: Asesina _ Reina de las Sombras (Hidden_S)]

[Raza: Humana]

[Fuerza: 74(B) / Potencial A ]

[Resistencia: 83(A) / Potencial A ]

[Agilidad: 90(S) / Potencial SS]

[Poder Mágico: 81(A) / Potencial S ]

[Resistencia Mágica: 77(B) / Potencial A ]

[Carisma: 85(A) / Potencial S ]

[Encanto: 60(B) / Potencial B ] ◀ Especial

[Conocimiento: 65(B) / Potencial B ] ◀ Especial

[Suerte: 78(B) / Potencial A ] ◀ Especial

[Afinidad: 35 (Interés)]

[Confianza: 10 (Normal)]


「Talentos 10/10」

[El Anciano de la Montaña] - Rango: S

[Sombra de la Reina] - Rango: S

[Danzante bajo la Luz de la Luna] - Rango: A

[Parca de Almas] - Rango: S

[Extinción de Vida] - Rango: A

[Silencio] - Rango: B

[Sociabilidad] - Rango: B

[¿Qué es la Muerte?] - Rango: B

[Convicción] - Rango: B

[Enseñanzas del Reino de las Sombras] - Rango: A


「Habilidades 6/8」

[Manual de Combate del Reino de las Sombras - Asesinato] - Rango: A

[Manual de Combate del Reino de las Sombras - Veneno/Armas Ocultas/Trampas] - Rango: A

[Manual de Combate del Reino de las Sombras - Esgrima/Artes Marciales] - Rango: A 

[Secreto del Reino de las Sombras - Magia] - Rango: A

[La Sombra me sigue el paso] - Rango: S

[Muerte de un solo golpe] - Rango: B


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Al ver su ventana de estado, Judah no pudo ocultar su asombro. Aunque ya se lo esperaba, no imaginó que fuera tan brava.

Estadísticas, talentos, habilidades. No le faltaba nada. Todo lo que tenía era de primera. Quizás uno que otro talento era medio inútil en el juego, pero para vivir en este mundo real, seguro tenían una influencia única. Ver esto le dio muchísimas más ganas de jalarla para su equipo.



¡Paff!



Por estar siguiéndola sin mirar, terminó chocando con alguien. Al desviar la vista del holograma que flotaba frente a él, vio a un hombre de contextura gruesa que había retrocedido unos pasos y lo miraba con cara de desconcierto. Al parecer, no podía creer que lo hubiera empujado un tipo más flaco como Judah.


—¿Qué... qué fue?


'¿Qué va a ser? Pues la diferencia de Fuerza"

pensó Judah. Había invertido sus puntos sobrantes en Fuerza al subir de nivel. Gracias a eso, aunque originalmente su Agilidad era mucho más alta, ahora su Fuerza la superaba. No era tan debilucho como para caerse por un choque casual en la calle; es más, no sería raro que el otro terminara en el suelo.


—Disculpe. Estaba distraído pensando en algo y choqué con usted.


Como era cierto que estaba en las nubes, Judah agachó la cabeza de inmediato para pedir perdón. El hombre dudó un segundo en si aceptar las disculpas o no, pero finalmente le dijo que tuviera más cuidado la próxima y se fue.

'No habrá sido un piraña, ¿no?'

De todas formas, no llevaba nada encima que pudieran robarle. Todo estaba guardado en su 〈Inventario〉, así que por más que quisieran, no le podían cerrar con nada.


—Mmm.


¿A dónde se habrá ido? En un abrir y cerrar de ojos, la empleada muda se le había perdido de vista. Como todavía no era su compañera de equipo, no aparecía marcada en el 〈Mapa〉. Tener que buscarla entre semejante gentío...


—Qué piña, de verdad.


Soltó un suspiro y decidió simplemente seguir caminando de frente. Si no la encontraba antes de llegar a algún cruce, se pondría a tonear un rato por ahí y luego regresaría solo. Total, no es como si a ella la fueran a secuestrar o se fuera a perder. Al contrario, si alguien tenía papeletas para perderse o terminar secuestrado por estar caminando todo despistado mirando a todos lados, ese era Judah.

Después de caminar unos 10 o 20 minutos, pareció entrar a la zona del mercado. Como ya estaba atardeciendo, se veía a varios comerciantes levantando sus puestos. Vendían comida, cosas necesarias para aventuras... un mercado de todo un poco. Los que pensaban quedarse hasta tarde ya estaban encendiendo sus lámparas mágicas.

Entre ellos vio a un mercader ambulante que tenía una tela estirada en el suelo y vendía accesorios: desde anillos tallados en minerales brillantes de nombre desconocido, hasta collares y pulseras. Como los accesorios suelen subir los estados, chequeó un par, pero eran simples adornos.


—Míralos con calma y escoge uno.


Estaba ahí agachado mirando, cuando de pronto algo se asomó por su costado.

Lo encontré.

Sintió su presencia demasiado tarde. Casi salta del susto para retroceder, pero reconoció la libreta y la letra. Al leer la nota y voltear, vio que la empleada muda ya estaba ahí a su lado.

Ella lo jaló de la manga. Parece que no tenían tiempo para estar mirando chucherías; ante su insistencia por llevarlo a otro lado, Judah le dedicó una sonrisa rápida al comerciante.


—Vuelvo después.


El mercader asintió y le hizo un gesto de adiós con la mano.

¿Dónde estaba? Pensé que me estaba siguiendo bien.

Ella escribió la nota y se la enseñó caminando mucho más despacio que antes. "¿Que dónde estaba?". Eso mismo quería preguntarle él. Sabía que se había distraído un segundo, pero ¿quién iba a imaginar que desaparecería así de rápido?

Este es el mercado. Venden de todo un poco. No es muy grande, pero como vienen mercaderes de otros reinos a intercambiar productos, si tiene suerte a veces puede encontrar cosas raras.

Escribía bien rápido. Incluso caminando, su letra era bastante clara. Parece que llevaba tiempo viviendo aquí, porque algunos comerciantes la reconocían y la saludaban. Hasta le daban algo de comer. En esos momentos, ella, sin hacerse de rogar, escribía "Gracias" en su libreta para enseñarles. Claro, cuando tenía las manos ocupadas con comida, solo agachaba la cabeza ligeramente.

'Qué curioso.'

Se veía bien normal. Aparte de que no hablaba, parecía llevarse bien con todo el mundo y nadie sospechaba nada de ella. Quizás sea el poder de su talento 〈Sociabilidad〉. Lo guio hasta una pequeña tienda de artículos diversos.

La campana de la puerta sonó avisando que alguien entraba. Algunos clientes que ya estaban adentro los miraron, pero la empleada no les hizo caso y se fue directo a un rincón. Ahí había varios tipos de libretas. Escogió dos blancas, sin dibujos, de las que parece usar siempre, fue al mostrador a pagar.

¿Desea comprar algo?

Parecía ser la última hoja de su libreta, porque al reverso ya se veía la tapa gruesa. Después de mostrarle eso, guardó la libreta acabada en su bolsillo. Se quedó mirándolo fijo esperando una respuesta, pero Judah lo pensó un poco y decidió que no necesitaba nada. Era una tienda común con cosas que se encontraban en cualquier lado.


—No, no necesito nada.


Dejó lo que estaba curioseando y salió de la tienda tras ella.

Al ser una ciudad fronteriza, no hay mucho que pueda mostrarle.


—Está bien. Solo salí a caminar un rato.


De regreso le enseñaré dónde queda la herrería y el gremio.


—Se lo agradecería mucho.


Entre confirmar lo que escribía y responderle, la "conversación" se hacía larga. Pero se sentía como una experiencia distinta, así que no le resultó incómodo. En el camino de vuelta a la posada, ya no hablaron más. Como ya estaba oscureciendo, ella dejó de escribir en la libreta.

De regreso, Judah también ubicó un templo a lo lejos, además de la herrería y los gremios de aventureros, mercenarios y comerciantes. Bueno, es lógico; no hay ciudad que no tenga su templo. Ahora que lo pensaba, Arhil no había pasado por ninguno todavía.

'Tengo que pasarle la voz a Arhil.'

Cuando estuvieron en el bosque de los elfos, visitaron un rato el templo de Gabriel. Pero ese lugar no funcionaba bien y, como estaban apurados, salieron casi al toque. Siendo una sacerdotisa que sirve a un ángel, de hecho le gustaría ir a orar a un templo, así que seguro se pone feliz. Quién sabe, igual y hasta aprende una habilidad nueva.

La posada seguía llena de gente a pesar de la oscuridad; el negocio iba viento en popa. La empleada muda hizo una venia y se metió al local, lista para seguir chambeando.

'Mmm, ¿ahora qué hago?'

Iris de la Luna de Sangre. Para jalarla como compañera, tenía que cumplir una misión específica, pero no tenía ni idea de cómo activarla. En el juego solo bastaba con hablarle al NPC que tenía el signo de exclamación gigante en la cabeza, pero en este mundo no había visto nada de eso.

'Supongo que por ahora solo queda observar.'

Tras verla moverse por el salón tomando pedidos, regresó a su cuarto en el segundo piso. Abrió la puerta que estaba con llave y entró; escuchó el ruidito de la respiración de Arhil, que dormía a pierna suelta. Al oírla, Judah se subió despacito a su cama y se dispuso a dormir. No estaba cansado, pero apenas pensó en dormir, el sueño lo venció.


—...¿Judah?


Al oír que lo llamaban, abrió los ojos y vio a Arhil apoyada en su mano, mirándolo desde muy cerquita. Un aroma fresco le llegó a la nariz. ¿Olor a champú o a jabón? Al ver que el cabello de Arhil todavía estaba algo húmedo, debía ser el champú. Con la cabeza todavía media tonta por el sueño, se quedó mirándola mientras pensaba en esas tonterías.


—¿Durmió bien? ¡Ya es de mañana!


Dijo ella mientras le hincaba el cachete con la punta del dedo. Por su sonrisa y su voz llena de energía, se notaba que se había despertado hace rato. Judah aguantó un bostezo, se incorporó y estiró los brazos soltando un largo suspiro al aire.

Realmente había dormido como un tronco, sin defensas. No se sentía agotado ni nada, pero cayó en un sueño profundo. Se levantó y empezó a estirarse para despertar el cuerpo.


—El cuarto tiene un bañito, es chico pero cumple. ¡Y el agua calientita sale muy bien!

—¿Ah, sí...? Mmm, me gustaría dormir un poquito más.


Se rascó la cabeza y se dio cuenta de que tenía el pelo algo grasoso. Definitivamente, primero tenía que bañarse.



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