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24 CORAZONES  241

Flor de Iris (7)



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—Pero, ¿cómo no me voy a preocupar?


Es el Reino de las Sombras. No es un simple grupo de asesinos, es el Reino de las Sombras. ¡Ese lugar que es el sueño de todo asesino! Se dice que no aceptan encargos que no puedan cumplir y corre el rumor de que, si es necesario, son capaces de asesinar hasta al rey de una nación. ¿Y eso es todo? Su influencia es descomunal. Aunque no actúen directamente, es un secreto a voces que las organizaciones vinculadas a ellos tienen metidas las manos en todo: drogas, asesinatos, finanzas, apuestas, esclavitud...

Pero más que eso, lo que realmente da miedo es la habilidad de los asesinos que pertenecen al Reino de las Sombras. Nadie los ha visto de cerca y son solo historias sin pruebas, pero se dice que se mueven entre las sombras, usan armas hechas de pura oscuridad y que pueden fijar a su objetivo con precisión incluso en la penumbra más absoluta. Lime, honestamente, no se sentía capaz de ganar si llegara a encontrarse con un asesino así. Incluso si se protegiera con un escudo, mientras prepara su magia, podría salir volando un arma oculta con veneno o alguien podría atacarlo por la espalda. No es que no tuviera magia para esas situaciones, pero dudaba si le daría el tiempo para usarla.


—¿Por si acaso ha hecho algo malo?

—¿Eh?

—Bueno, por ejemplo... que haya sacado los pies del plato y se haya ganado el resentimiento de su esposa. ¿O que se haya escapado llevándose toda la plata de la casa?


Ante la pregunta de Judah, Lime negó con la cabeza de inmediato.


—Para nada. No se me pasaría por la mente hacer algo así, tampoco he cometido ningún delito.


Había mantenido buenas relaciones sociales y jamás le había hecho algo a nadie como para que lo quieran "dar de baja" o meterle un cuchillazo en la calle. Es más, se podría decir que ha vivido como una persona de bien.


—Entonces no tiene por qué tener miedo. Ellos no matan gente por puro hobby o sin razón alguna. Y lo más importante, ¿acaso no somos sus clientes?

—...Mmm. Ya veo. No, tiene razón.


Sin embargo, el corazón humano no siempre hace caso a la razón. Aunque era cierto que no debía temer, había escuchado tantas historias sobre su poder y sus hazañas que, inevitablemente, se puso cauteloso.


—Entonces, ¿cuál es el propósito de haber venido aquí?

—Para comer algo rico.


La verdad, no pensó que la comida fuera tan barata, rica y servida en buena cantidad; le habían dado unas ganas tremendas de volver. Se quedó con el gustito. Lime, al ver que el otro lo miraba como diciendo "no me florees", continuó hablando.


—¿Y qué más?

—Para averiguar la ubicación del laberinto. Y de paso, contratar a un compañero competente. Así como lo contraté a usted, señor Lime.

—...¿Un compañero? ¡Válgame Dios!


Al oír que pretendía contratar como compañero a un miembro del Reino de las Sombras, no a cualquier otro, Lime se cubrió la cara con las palmas de las manos y agachó la cabeza.

Ya, comprar información pase. La información que ellos manejan será cara, pero de hecho vale lo que cuesta. Pero jamás se imaginó que diría que se los llevaría como compañeros. Y es que nunca se ha escuchado de nadie que se haya ido de aventuras con un asesino del Reino de las Sombras. Claro, es verdad que un laberinto está lleno de trampas para que nadie rompa el sello del demonio así nomás, por lo que se necesita a alguien que sepa del tema y pueda desactivarlas. En ese sentido, un asesino del Reino de las Sombras cumpliría ese rol a la perfección.

'Ah, esto... ¿podré contarlo con orgullo cuando regrese?'

Estuvo con el poseedor de una espada espiritual y llegó hasta el laberinto junto a un miembro del Reino de las Sombras, los mejores entre los asesinos... No sabía hasta cuándo estarían juntos, pero solo esa anécdota ya era suficiente para contarla en un bar frente a unos tragos.

'......'

¿Qué pensará la señorita Arhil de esto? Levantó la cabeza y la miró de reojo, pero ella tenía una expresión de lo más tranquila. Cuando sus ojos se encontraron, ella le sonrió de forma dulce como preguntándole qué pasaba, a lo que él solo pudo suspirar. Al parecer, ella no le tomaba mucha importancia al asunto.

'Bueno, pensándolo bien, ella era una sacerdotisa de Jophiel.'

Yophiel es famosa por no discriminar ni por estatus ni por raza. Así que, mientras el asesino no cause problemas graves en el grupo, ella no se lo tomará de forma tan seria. Lime asintió con la cabeza.

Él jamás imaginó que Arhil fuera la santa elegida por Gabriel. Y tampoco sabía que las cosas que ellos le ocultaban no eran una ni dos.


—Mmm. Bueno, entonces ya entiendo por qué vinieron aquí. ¿Entonces piensan quedarse por un tiempo?


Judah asintió.


—Por un tiempo, supongo. A lo mucho...


¿Cuánto tardaría?

En convencer a Iris de la Luna de Sangre para que se una como compañera. Podría ser más rápido de lo esperado o demorar más. Siendo generoso con el tiempo, ¿quizás una semana...? No podía estar seguro. Esto no era como un juego donde sigues una misión y al final obtienes la recompensa sí o sí.


—Probablemente no pase de una semana.


Ya sea que tenga éxito o fracase. En una semana ya se podrá intuir el resultado.


—Si es así, entonces aprovecharé ese tiempo para aprender a cocinar en este local.

—¿A cocinar?


Lo que él preparaba ya era lo suficientemente rico; tanto que daba dudas de si realmente necesitaba aprender más cocina. Además, ¿el cocinero del local aceptaría enseñarle? Pero esa era decisión de Lime, no de Judah. Para no sonar metiche, Judah cambió de tema rápidamente antes de que el otro respondiera.


—...Me parece una buena idea. Ah, está bien que quiera aprender a cocinar y todo eso, pero... ¡ni se le ocurra usar su cargo de mago para armar algún chongo, o ir por ahí diciendo la sonsera de que este lugar es la base del Reino de las Sombras! Si se mete en problemas, yo no me hago responsable.


Lime soltó una carcajada.


—No se preocupe. ¿Acaso cree que tengo los años por las puras?

—Bueno, en eso tiene razón.

—Entonces, quedamos en que nos hospedaremos aquí por un tiempo. Yo ya me voy bajando; mientras más rápido pida que me enseñen, mejor.


No sería fácil que le enseñaran. Pero siendo alguien tan inteligente como para llegar a ser un mago de alto nivel, de seguro se las arreglaría solo. Judah miró a Arhil, que estaba sentada a su lado. Antes de que él pudiera decir pío, ella señaló con el dedo la cama del frente.


—Yo duermo aquí. Usted allá, señor Judah.


Apenas Judah se levantó, Arhil se tiró en la cama y se enrolló con la colcha como un tamal. Al verla con esa cara de felicidad absoluta, él también se sintió más relajado.


—¿Tienes sueño?

—Es que he comido tan bien que me ha dado el "almuerzo". La panza llena, el ambiente calientito y la cama así de suavecita... es el combo perfecto para quedarse seca.


Judah asintió al verla bostezar de forma tierna. No era solo por la comida; era el cansancio acumulado que por fin le pasaba la factura. Habían pasado días viajando en carruaje, durmiendo todos apretados, al llegar aquí ni siquiera habían descansado, sino que se pusieron a caminar de frente. Ella no se había quejado, pero era obvio que estaba muerta.


—Bueno, toma una siesta entonces. Voy a salir un ratito.

—¿A dónde va?

—A bajar la comida. Quiero dar una vuelta para ver qué hay por aquí.


Arhil hizo un gesto como si quisiera acompañarlo, pero el sueño le ganó; le dijo que le vaya bien y cerró los ojos. Sabía perfectamente que echarse justo después de comer engorda, pero no podía con esa flojera tan rica. Al poco rato de haberse echado, Arhil ya estaba roncando bajito, haciendo un ruidito como de "dororong". Judah salió del cuarto despacio y cerró la puerta con llave sin olvidarse de nada.

Caminó por el pasillo. En las escaleras se hizo a un lado para dejar pasar a un hombre que venía dando barquinazos de lo borracho que estaba, apenas sostenido por su amigo.


—¡Habla, causita! ¡Gracias, ah!


El hombre le hizo un gesto con la mano a Judah soltando una risita tonta, mientras su amigo volteaba para pedir disculpas: "Perdón, jefe". En realidad no había de qué disculparse. Judah bajó las escaleras mientras veía cómo se metían a su cuarto.


—…….


Justo en ese momento, vio a la empleada muda saliendo de la cocina. Ella miró de reojo al hombre que hablaba con Lime en el mostrador, se acercó y le escribió algo en su libreta para enseñárselo. Judah no sabía qué decía el mensaje, pero el hombre asintió. Cuando terminó de bajar la escalera, se cruzó con la chica, que ya había terminado su asunto en el mostrador. Ella se acercó rápido y empezó a escribir con su lápiz. El sonido característico del "shic-shic" del grafito se escuchaba clarito entre todo el escándalo del primer piso.

¿Necesita algo?

Judah leyó la nota y le dedicó una sonrisa. Aunque fuera puro teatro, no se podía negar que la chica estaba siendo muy amable.


—No, no necesito nada por ahora.


Ella hizo una pequeña reverencia y caminó hacia la puerta. Como Judah también pensaba salir un rato, terminó siguiéndole los pasos. Al salir del local, pasando entre los clientes que entraban, Judah miró a la chica que lo observaba desde un costado.


—¿Va a algún lado?


Como queriendo responder, ella sacó su libreta y volvió a escribir. Judah hasta se sintió mal pensando si no la estaría fastidiando con tanta pregunta.

Voy a comprar unas cosas y de paso a caminar un rato. Estar metida en el local todo el día me sofoca...


—Ah, qué bien. Yo también pensaba dar una vuelta para conocer la zona. Si no le molesta, ¿podría acompañarla?


No va a ser nada divertido. ¿Seguro que quiere venir?


—Claro. Más bien, yo debería preguntar si está bien. No quiero ser un estorbo.


Ella negó con la cabeza repetidas veces. Luego, dio un paso adelante como invitándolo a seguirla, miró atrás una vez y empezó a guiar el camino.



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