INTENTA ROGAR 179
Volumen IX - El secreto de la Familia Everheart (1)
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La crisis, asà como habÃa llegado sin previo aviso, desapareció de la mañana a la noche. La sirvienta que sospechaba que Grace era la madre biológica de la "señorita" no se vio al dÃa siguiente. A la hora del almuerzo, al sentarse a la mesa en el comedor del personal y preguntar dónde estaba, le dijeron que estaba previsto que se fuera el dÃa anterior.
'Nunca dijo nada de eso'
En cualquier caso, fue bueno que una preocupación se desvaneciera por sà misma antes de tener que hacer algo al respecto. Respiró aliviada y comió con tranquilidad, luego, durante el resto de su tiempo libre, charló con las sirvientas mientras tomaban café. A Grace se le ocurrió algo que siempre le habÃa intrigado y les preguntó a las sirvientas:
—Por cierto, ¿la señorita no tiene un apodo?
"Bebé". Grace siempre habÃa llamado asà a su hija. QuerÃa llamarla por su nombre, pero "Elizabeth" le resultaba muy incómodo.
Era el nombre de la madre de ese hombre.
Cuando se le pone a un niño el nombre de un adulto de la familia, se hace con la bendición de que se parezca a esa persona. Pero en este caso, era una maldición. Grace detestaba la idea de que su hija creciera para ser una mujer tan vanidosa como su abuela paterna.
—¿Por qué un apodo?
—Elizabeth es demasiado largo. De repente me dio curiosidad cómo la abrevian el señor y la señora Everheart.
QuerÃa llamarla por un nombre que la niña conociera, pero incluso su hija se llamaba a sà misma "bebé". Sus padres adoptivos también la llamaban "bebé", Grace no recordaba haberla escuchado llamarla por su nombre hasta ahora.
—Si la niñera no lo sabe, ¿cómo lo sabrÃamos nosotras?
La sirvienta que habÃa preguntado se encogió de hombros. Las otras niñeras tenÃan el dÃa libre y la señora Foster se habÃa ausentado por un momento, asà que Grace era la única niñera presente.
'Será mejor que le pregunte a Señora Foster más tarde'
—Como todas han trabajado más tiempo que yo, pensé que lo sabrÃan y por eso pregunté.
—Aunque digas "mucho tiempo", todas empezamos solo dos o tres meses antes que Anna.
—Ahora que lo pienso…....
Una de las sirvientas, que habÃa estado pensando en silencio, frunció el ceño y comenzó a hablar.
—Nunca he oÃdo un apodo.
—¿No soy la única que no lo ha escuchado?
—¿Tampoco la han llamado Elizabeth, verdad?
—Yo tampoco lo he oÃdo.
—Qué raro.
—Parece que no tienen mucho interés en la niña.
—¿Verdad? No soy la única que lo sentÃa.
—La señora parece querer un poco a la niña, pero nunca he visto al señor Everheart cargarla.
—TodavÃa no hace ni medio año que la adoptaron, asà que es normal que sea un poco incómodo, pero para unos padres que cuidan a la niña sin niñera cada noche, son bastante torpes y distantes, ¿no crees?
—¿Será que soy la única a la que la relación de los esposos también le parece un poco frÃa?
Con eso como pie, todas comenzaron a hablar, como si hubieran estado conteniéndose. Los puntos sospechosos de la pareja Everheart. No pudo estar de acuerdo con la sirvienta que dijo que era extraño que no estuvieran en casa durante el dÃa, a pesar de no tener un lugar de trabajo al que ir, pero era definitivamente raro que los cosméticos o el jabón en el baño principal no disminuyeran.
—¿No será que duermen en un ataúd escondido en el sótano?
—¿Qué?
—Me refiero a que si no serán vampiros.
Todas estallaron en risas desganadas ante la descabellada conjetura de una sirvienta.
—Para eso, se les ve muy bien paseando de dÃa, ¿no?
—Más bien, sonarÃa plausible si fueran una familia de cazadores de vampiros, enemigos de los vampiros por generaciones. Mantienen todas las luces de la casa encendidas durante el dÃa y ponen espejos por todas partes, por si los vampiros se esconden en la casa.
—Eso tiene bastante sentido, ¿sabes?
La sospecha parecÃa desvanecerse, dando lugar solo a sueños descabellados, pero se reavivó en el momento en que una sirvienta, que habÃa estado observando en silencio, sacó a relucir una historia que nadie pudo tomar a broma.
—Pero el sábado pasado por la noche, vi a la señora Everheart en el club.
—¿En el club?
—Con un hombre que no era el señor Everheart.
—… ¿Qué?
—Se abrazaban, bailaban y hasta se besaban.
—P-pero, ¿estaba teniendo una aventura?
—El sábado pasado por la noche, la señora estaba en casa. Debes haberte confundido y visto a alguien parecido.
La dueña de la voz que de repente se interpuso, echando un jarro de agua frÃa sobre el tema en pleno apogeo, era Señora Foster, quien acababa de entrar a la habitación. Las sirvientas, al trabajar solo durante el dÃa, no pudieron refutar las palabras de Señora Foster, quien vigilaba a la familia Everheart también por la noche, y todas guardaron silencio.
'Por cierto, ¿acaso la señora escuchó todo lo que decÃan las sirvientas desde afuera?'
La expresión de la señora, que miraba fijamente a las sirvientas que cuchicheaban, no era muy agradable. ¿SerÃa alguien a quien no le gustaban los chismes sobre los dueños de casa? Justo cuando el ambiente estaba a punto de tensarse, Grace rápidamente cambió de tema.
—Señora Foster, ¿cuál es el apodo de la señorita?
—¿Apodo?
ParecÃa una pregunta inesperada. La señora respondió como si estuviera sorprendida.
—SÃ, un apodo.
—…....
'¿Por qué no responde? ¿Será que de verdad…....?'
—Ellie.
'Ah, sà lo tiene'
La afirmación de que no habÃa interés en la niña al punto de no tenerle un apodo era incorrecta. Eso fue un alivio.
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—Saluden a las sirvientas que comienzan a trabajar a partir de hoy. Espero que cumplan estrictamente con las reglas de trabajo para no desprestigiar a la familia Everheart.
Al dÃa siguiente, todas las sirvientas del turno diurno habÃan sido reemplazadas. Dadas las circunstancias, lo más probable era que hubieran sido despedidas.
¿Acaso las despidieron por estar cuchicheando sobre los dueños de la casa durante el almuerzo de ayer?
A Grace se le heló el corazón. Si no hubiera sido la niñera favorita de la niña, ella también habrÃa sido despedida.
—Ellie, por poco no te volvÃa a ver, ¿sabes? Duerme sueños felices, mi bebé más hermosa.
Grace, una vez que la niña se durmió, ajustó aún más el dosel que cubrÃa la cuna para que no se despertara por la luz.
'¿Por qué no nos dejan apagar las luces ni siquiera para dormir?'
Son personas realmente incomprensibles. La conversación de ayer fue excesiva, pero si te obligan a seguir reglas extrañas sin motivo, es inevitable que surjan comentarios. Parece que Señora Foster se lo comentó a los dueños, los señores Everheart despidieron a cuatro sirvientas a la vez sin inmutarse.
'Son gente implacable. De ahora en adelante, tendré que callarme y tener cuidado'
Mientras Ellie dormÃa, Grace comenzó a limpiar tranquilamente el suelo desordenado de la habitación. Recogió uno por uno los bloques amontonados frente a la pared y los metió en una caja. Al incorporarse, de repente sintió un mareo y la vista le dio vueltas.
—¡Ay!
Su cuerpo se tambaleó. Instintivamente, se apoyó en la pared.
Clic.
En ese instante, la moldura de madera que adornaba la pared cedió ante su mano. Grace, sorprendida y pensando que habÃa dañado el revestimiento de la pared, retiró la mano y giró la cabeza hacia la pared, entonces se quedó sin aliento.
La pared se habÃa abierto hacia adentro sin hacer ruido. No, era una puerta.
'¿Hay una puerta secreta? ¿En la habitación de la bebé?'
Mientras permanecÃa inmóvil por el shock, no se escuchó ningún sonido al otro lado de la puerta sumida en la oscuridad. Después de meditarlo y calcular rápidamente, Grace asomó la cabeza sigilosamente al otro lado de la puerta.
Aunque estaba oscuro y no estaba segura, al no parecer haber nadie, dio un paso. La habitación estaba casi vacÃa y su propósito era desconocido. Grace miró fijamente el sillón y la mesa auxiliar, los únicos muebles de la habitación, al levantar la cabeza, sus ojos se abrieron de par en par.
Eso es…...
'Es una ventana. Que da a la habitación de la bebé'
Un sillón frente a una extraña ventana que da hacia el interior de la casa. Como si alguien se sentara allà para observar la habitación de la bebé.
'¿Por qué? ¿Quién? ¿Por qué harÃan algo asÃ?'
—¡Mami, buaaah!
La niña se despertó y empezó a llorar, haciendo que Grace volviera rápidamente a la habitación del bebé. Al cerrar la puerta, la decoración que se habÃa deslizado hacia abajo volvió a su lugar y la puerta desapareció sin dejar rastro.
Pero no desapareció de la mente de Grace. Con la excusa de volver a dormir a Ellie, la abrazó y paseó a propósito frente al vidrio que simulaba ser un espejo.
'Una puerta secreta y una ventana en la habitación de la bebé. ¿Para qué se usarán, exactamente?'
Para ser una habitación que no se usaba, no habÃa ningún olor a polvo. Asà que lo correcto serÃa suponer que la pareja Everheart habÃa estado observando la habitación del bebé desde allà todo este tiempo. Es común que los padres vigilen porque no confÃan en la niñera, pero esa pareja no era normal.
'¿Quién vigila a la niñera de esta manera?'
Grace nunca habÃa oÃdo ni visto algo asÃ, asà que la persona que instaló un espejo falso, claramente costoso y raro, para vigilar, ¿podrÃa ser normal?
La idea de que alguien podrÃa estar observándolos a ella y a la niña desde detrás de ese cristal en ese mismo momento le provocó un escalofrÃo.
—…....Y ponen espejos por todas partes.
De repente, recordó las palabras de una de las sirvientas despedidas ayer. Quizás habÃa más espejos o puertas secretas como esta en la casa. Además, la habitación de la bebé estaba al final del pasillo, siendo la última habitación de este apartamento, entonces, ¿por qué habÃa otra habitación más? ¿Por dónde se entraba a esa habitación, exactamente? ¿Cómo es que habÃan hecho la casa tan extraña?
'En serio, ¿Qué clase de personas son?'
Grace no podÃa sacudirse la inquietante sospecha sobre los padres adoptivos de la niña. Deseaba volver a abrir esa puerta secreta y ver adónde conducÃa la habitación, pero existÃa la posibilidad de toparse con alguien que estuviera vigilando ese cuarto. Si eso pasaba, podrÃa ser despedida de inmediato.
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—Por favor, averigüen un poco sobre los señores Everheart.
Grace pidió ayuda a su tÃa Florence, una conocida magnate inmobiliaria de la misma ciudad. Su tÃa no pudo confirmarle quiénes eran los señores Everheart, ya que hacÃa poco que habÃan aparecido en la ciudad y no habÃa nadie que afirmara ser amigo de la pareja.
—Aquà tienes, el plano del apartamento del que hablabas.
Sin embargo, le consiguió fácilmente el plano de esa planta que la empresa constructora habÃa presentado al ayuntamiento cuando se edificó el edificio donde vivÃan los Everheart.
Grace no pudo contener la curiosidad y desdobló el plano allà mismo para echarle un vistazo. No habÃa puerta secreta ni ventana extraña en el plano. Pero habÃa algo que Señora Foster habÃa dicho que no existÃa.
'Esto es un pasadizo de servicio!'
El plano reveló más que eso. La habitación de la bebé, que pensaba que era la última, estaba situada en el centro del apartamento. Más allá de la pared, el espacio era tan grande como el apartamento actual y, además, era un apartamento dúplex, por lo que la parte trasera, a la que Grace no habÃa accedido, incluso se conectaba con el piso de arriba.
'Estas personas, ¿Cuál es su verdadera identidad?'
No tenÃa ni idea de qué significaba esta situación que desafiaba la lógica. Miraba el plano aturdida por la sorpresa cuando su tÃa Florence preguntó:
—Y esto, ¿para qué lo necesitas?
¿PodrÃan encontrar la respuesta si unieran varias mentes? Grace les contó a su tÃa, a su tÃo y a su prima que la casa donde trabajaba como niñera era extraña, relatándoles a grandes rasgos los pormenores.
—Es una casa realmente extraña.
Su tÃa y su tÃo compartieron la sospecha de Grace y se sumieron en profundos pensamientos. Por su parte, su prima, que cursaba un máster en la Universidad de Rochester, en lugar de intentar resolver el enigma, se puso a hablar de los conocimientos que poseÃa.
—Es un espejo de una sola dirección, ¿verdad? Del lado con las luces encendidas, se ve tu reflejo como un espejo, pero del lado oscuro, se ve como un cristal transparente, lo que permite observar el otro lado sin ser visto.
—Ah, por eso siempre decÃan que mantuviéramos las luces encendidas durante el dÃa. ¡Dios mÃo!
—Parece que intentan introducirlo en salas de interrogatorio de la policÃa, pero es caro y, además, una sala de interrogatorio ocuparÃa dos habitaciones, asà que no es muy práctico…
'Espera, ¿sala de interrogatorio?'
De repente, recordó el rostro del hombre que mejor encajaba con ese espeluznante espacio sin ventanas.
—¡Papá!
También recordó el dÃa en que Ellie, hace unos dÃas, llamó a su papá parada frente a la puerta secreta.
'¿Ese hombre está vivo?'
Pone una trampa, usa a la niña como cebo y hace que Grace caiga en ella por sà misma. Ese hombre serÃa capaz de hacer ese tipo de artimañas y luego sentarse en un sillón para observarlas a ella y a su hija.
'¿Tiene sentido?'
El rostro de Grace, que se habÃa iluminado por un momento, se oscureció gradualmente. Porque al profundizar, ya no tenÃa sentido.
En esa habitación no habÃa olor a su perfume. No, no percibió ningún olor a perfume de hombre.
Y tampoco a cigarro.
Quizás dejó de fumar.
¿Ese fumador empedernido que incluso cuando murió llevaba una cigarrera en el bolsillo?
Desear que ese hombre estuviera vivo ya es bastante patético, ahora también empieza a tener delirios. Realmente no estaba en sus cabales.
—Ah, este tipo de vidrio también se usa en laboratorios de psicologÃa. En una habitación, los sujetos de la prueba realizan el experimento sin saber que están siendo observados, mientras que en la otra habitación, detrás del vidrio, los investigadores los observan...… Espera. ¿Será esa casa el laboratorio de Profesor Rentner?
—¿Qué? ¿Qué quieres decir con eso?
Según su prima, un profesor del departamento de PsicologÃa de la Universidad de Rochester estaba llevando a cabo un proyecto de investigación a largo plazo en secreto, entre los estudiantes que habÃan oÃdo rumores, crecÃa la preocupación de si no era ético.
—Dicen que están investigando cómo las diferencias en los métodos de crianza afectan el desarrollo intelectual de los huérfanos, pero es un secreto absoluto dónde y cómo se está realizando el experimento. Tal vez la casa donde trabaja Grace es el laboratorio.
Los esposos no parecÃan una pareja. Los objetos personales de los esposos no se consumÃan. Los padres adoptivos no mostraban mucho interés por la niña y no se preocupaban por su inteligencia, incluso si llamaba "papá" o "mamá" a la niñera o al aire. Si las dos personas no fueran padres adoptivos, sino solo investigadores fingiendo serlo, todo tendrÃa sentido.
Ahora que lo pensaba, habÃa otra cosa extraña. Todas las sirvientas del turno diurno que habÃan sido despedidas la otra vez fueron contratadas casi al mismo tiempo. Nadie habÃa trabajado allà antes de que la niña fuera adoptada.
Las nuevas sirvientas también eran extrañas. Hablaban animadamente, pero tan pronto como Grace aparecÃa, se callaban y se dispersaban. ParecÃa que la estaban excluyendo, pero no sabÃa la razón. Si ellas también fueran investigadores, entonces habrÃa encontrado una razón.
—La otra mitad de esta casa podrÃa ser el espacio para los investigadores, podrÃa haber niños adoptados en el piso de arriba también.
Y el hecho de que se llevaran a la niña todas las noches para que nadie la viera también podrÃa ser parte del experimento.
—Alquilar un apartamento dúplex en un barrio rico para usarlo como laboratorio. Vaya que es una investigación cara.
—No sabÃa que la psicologÃa era una disciplina con tanto dinero.
Solo Grace pensó que las piezas encajaban bastante bien, mientras que su tÃa y su tÃo se burlaron. Era una hipótesis tan absurda que, si no se tratara de su hija, Grace se habrÃa reÃdo y lo habrÃa pasado por alto.
—De todos modos, no parecen ser personas comunes.
Todos estaban de acuerdo en que era una casa sospechosa y unos padres extraños.
HabÃa aguantado pensando que quizás serÃa mejor para la niña crecer con padres adoptivos adinerados y en un buen hogar, en lugar de ser criada solo por su madre biológica, quien ya la habÃa traicionado; pero si no era un buen hogar, entonces no habÃa razón para aguantar.
'Tengo que sacar a la niña de esa casa'
Grace, habiendo tomado una decisión, confesó:
—TÃa, en realidad, esa niña es mi hija. Por favor, ayúdame.
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—Ah, he traÃdo a la señorita.
Esa noche también, la actriz que interpretaba a Señora Everheart trajo a la niña. Y también hoy, antes de que Leon le hiciera un gesto para que se retirara, ella retrocedió rápidamente y desapareció con presteza.
Hasta hace poco, la actriz se esforzaba patéticamente por hacer contacto visual con él y cruzar algunas palabras en ese momento, pero últimamente se esforzaba por desaparecer rápidamente de su vista. Esto, después de que se descubriera que habÃa violado la cláusula del contrato que establecÃa que debÃa abstenerse de salir fuera del horario laboral, y luego de tener esa conversación tan anhelada con él.
—¡Papá! ¡Papá!
El conejo agitó sus largas orejas desde los brazos de la niña, que corrÃa por la puerta que la mujer habÃa dejado abierta. El rostro siempre frÃo de Leon se calentó ante la agradable escena.
—Hija mÃa, ¿hoy también te divertiste con mamá?
—SÃ.
Leon cargó a la niña y la sentó frente a la mesa del comedor. Su hija aún no comÃa como una señorita, pero al menos ya podÃa comer con sus propias manos.
Los ojos de la niña se abrieron de par en par mientras tomaba una gran cucharada de puré de papa con una cucharita de té. HabÃa notado las vieiras que Leon estaba cortando en su plato.
—¡Ah!
Le pedÃa a gritos que se lo metiera en la boca, como si le estuviera quitando las vieiras.
—A ti no te gusta eso.
La niña, que, como él, tenÃa un olfato sensible, no disfrutaba de los mariscos con olor a pescado. Los habÃa perfumado con orégano y romero y los habÃa asado en aceite de oliva, desprendiendo un aroma fragante y sabroso, asà que solo habÃa engañado a su nariz por un momento. Cuando, en lugar de dárselos, se los metió él en la boca, la niña se puso muy impaciente.
—¡Es de Ellie! ¡Es de Ellie!
Ver a su hija blandir la cuchara y el tenedor amenazadoramente hacia él le arrancó un suspiro. No era porque le preocupara que su hija acaparara también su porción. Esto solo le parecÃa adorable y motivo de orgullo.
—¡Ellie! ¡Mi muñeca!
Ellie. Este nombre era la causa del suspiro. El apodo que Señora Foster habÃa inventado improvisadamente en un momento de pánico se habÃa convertido en el nombre de la niña. El nombre "Elizabeth" era solo un disfraz que habÃa usado para que Grace no tuviera más remedio que creer que él habÃa muerto. Algún dÃa, cuando esta farsa terminara, pensaba ponerle el nombre a su hija consultándolo con Grace, pero ahora que la niña se conocÃa a sà misma como Ellie, se le estaba complicando la cabeza.
Aun asÃ, no podÃa dejarla como Elizabeth. Jamás.
'Tendré que pensar en otro nombre para Ellie como apodo. Al menos es un alivio que no sea Beth'
También era un alivio que esa mujer llamara a la niña por su nombre. Porque, al igual que la tristeza, el amor, una vez que se nombra, no se puede olvidar. Como Daisy lo fue para él.
'Ahora no huirá dejando a la niña, ¿verdad?'
Mientras no supiera que él estaba vivo.
Si lo supiera, se imaginaba varias reacciones, pero no estaba seguro de ninguna. Ya que esa mujer se habÃa encariñado completamente con la niña, deseaba terminar con esta molesta farsa, pero para eso necesitaba la seguridad de que Grace no huirÃa, incluso si supiera que Leon estaba vivo.
¿Cómo podrÃa confirmar los sentimientos de Grace?
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3 am.
A una hora en la que hasta la persona más nocturna ya estarÃa en la cama durmiendo, Grace salió de los aposentos del personal de servicio con una vestimenta discreta y ordinaria.
—Ah, mire… El baño de abajo se ha vuelto a atascar.
Subió por la escalera de incendios y le mintió al guardia que custodiaba la puerta de la familia Everheart. Al ser una empleada con permiso para entrar y salir de la casa, además con una necesidad urgente, los guardias le abrieron la puerta de buena gana.
Una vez dentro del apartamento, los pasos de Grace, por supuesto, no se dirigieron al baño, sino a la habitación de la niña. Al abrir la puerta, escuchó dos respiraciones, pero Grace no se sorprendió y entró, cerrando la puerta. Después de asegurarse de que Señora Foster estaba sentada dormida en la mecedora junto a la ventana, alzó a su hija dormida de la cama.
—Mmm….....
La niña emitió un sonido adormilado, pero Señora Foster no solo no abrió los ojos, sino que ni se inmutó. Estaba disfrutando de un sueño profundo gracias a un polvo especial que se habÃa añadido al té que Grace y ella habÃan compartido en los aposentos del personal antes de que comenzara el turno.
Grace, con su hija y la muñeca de conejo en brazos, miró fijamente el espejo negro que colgaba en la pared. Nadie abrió la puerta secreta y corrió hacia ellos. La suposición de Grace de que, quienquiera que fuera el observador de esa extraña habitación, no estarÃa vigilando a una niña dormida a esas horas de la noche, habÃa resultado ser correcta.
Su tÃa Florence y su tÃo habÃan investigado primero las vÃas legales para recuperar a la niña, pero eso tomarÃa demasiado tiempo y no habÃa garantÃa de que Grace ganara. ¿No era obvio que, en el momento en que presentara una demanda, serÃa despedida y no podrÃa volver a ver a la niña?
Para Grace, lo ilegal siempre estuvo más cerca que la ley. HabÃa vivido su vida confiando únicamente en sà misma, sin depender de abogados o jueces, gente en la que no se podÃa confiar.
—Ellie, a partir de hoy viviremos juntas.
Clic.
Abrió la puerta secreta y entró en la sala de observación vacÃa, luego cerró la puerta. A partir de entonces, siguió el plano y caminó por el pasillo hasta la zona de los empleados, tal como lo habÃa planeado.
Le preocupaba que el área donde vivÃa la niña hubiera sido modificada en su estructura, y que esta parte también pudiera ser asÃ, pero afortunadamente, el espacio oculto estaba tal como en el plano. Grace no se encontró con nadie mientras subÃa sin problemas hasta el piso de arriba, acercándose a la entrada exclusiva para el personal de servicio de ese piso.
'¿Quién en el mundo vigilarÃa hasta la entrada de los empleados?'
Sin embargo, el obstáculo estaba detrás de la entrada. Por si acaso, levantó con cuidado la tapa del agujero en el centro de la puerta y miró hacia afuera, solo para ver a un guardia parado justo en el vestÃbulo del ascensor de servicio.
El hombre parecÃa no haber visto que la tapa se levantó y bajó, pero no pasarÃa por alto que una mujer saliera por esa puerta con una niña en brazos y tomara el ascensor. Si él estaba vigilando aquÃ, era seguro asumir que todas las demás puertas estaban en la misma situación. Al menos aquà solo habÃa uno, asà que tenÃa una oportunidad.
'¿Cómo lo eludo y paso?'
—¡AchÃs!
La niña, que tenÃa la cabeza metida en el pecho de Grace, estornudó sin previo aviso. Lo hizo tan fuerte que no solo resonó en el pasillo del personal, sino también más allá de la puerta.
Pak, pak.
Se oyeron los pasos del guardia acercándose. Grace retrocedió rápidamente por el pasillo, abrió cualquier puerta y se escondió detrás de un armario dentro de la habitación. Mientras tanto, se escuchó el sonido de una puerta abriéndose al final del pasillo.
—¿Quién está ahÃ?
Pak, pak.
Los pasos se hicieron cada vez más claros. ParecÃa que estaba abriendo las puertas del pasillo, ya que el sonido se detenÃa y volvÃa a empezar de vez en cuando.
'Por favor, que pase de largo por aquÃ.'
¿HabrÃa servido de algo su ruego? El guardia pasó de largo sin abrir la habitación donde estaba Grace. Entonces, Grace, que habÃa estado abriendo la puerta sigilosamente para mirar por el resquicio, contó hasta cinco cuando el guardia dobló la esquina hacia las escaleras y salió al pasillo.
Corrió hacia el final del pasillo, procurando hacer el menor ruido posible. La niña, que se habÃa vuelto a dormir justo después de estornudar, comenzó a quejarse de nuevo al despertarse, pero no tuvo tiempo ni para taparle la boca.
Solo después de empujar la puerta de la entrada de servicio y salir, revisó detrás de ella. El guardia aún no era visible. Grace cerró la puerta en silencio, cruzó el vestÃbulo y empujó la puerta de la escalera de emergencia. De nuevo, cerró la puerta sin hacer ruido, y apenas pudo soltar un suspiro de alivio cuando el sonido de la puerta de entrada de servicio abriéndose resonó en el vestÃbulo.
'¡Maldita sea!'
Sin un momento para descansar, bajó las escaleras con la pesada niña en brazos. No se oÃa el sonido de la puerta de la escalera de emergencia abriéndose desde arriba, asà que parecÃa que no sabÃan que alguien se habÃa escapado.
Por ahora, bien. Por ahora.
'¿Será que la recepción del primer piso tampoco estará vigilada? Originalmente pensaba tomar el ascensor, pero lo descarté. Nada es tan efectivo como un ascensor para anunciar que alguien está bajando al primer piso'
Cuando llegó al primer piso desde el piso 30 con la pesada niña en brazos, su ropa estaba empapada en sudor. Apenas pudo secarse el sudor de la cara con la manga y se asomó por la puerta de la escalera de emergencia. El único guardia era el de seguridad del edificio, sentado dormido detrás del mostrador.
—Ellie, solo 5 segundos de silencio.
Arrulló a la niña, que se habÃa estado retorciendo incómoda mientras bajaban las escaleras, para volver a dormirla y luego caminó con decisión hacia la entrada del edificio. Abrió la puerta de cristal y salió al estacionamiento sin que nadie la detuviera.
—¿Por qué tardaste tanto?
En cuanto se subió al asiento trasero del coche que las esperaba en el estacionamiento, Joe se giró y preguntó:
—Bajé por las escaleras. Creo que nadie se dio cuenta todavÃa.
—Agáchate.
Eran hermanos que habÃan trabajado juntos hasta el hartazgo desde la adolescencia para evitar ser vistos. Grace se encogió y se escondió entre los asientos, Joe, siguiendo el criterio de su hermana de que no estaban siendo perseguidos, condujo el auto lenta y silenciosamente hacia la salida del estacionamiento. No habÃa necesidad de hacer ruido con el motor y huir precipitadamente, creando testigos.
—¿De verdad vas a ir a casa de la tÃa Florence?
Al salir a la carretera, vacÃa a diferencia del dÃa, Joe repitió la pregunta que ya habÃa hecho ayer, con un tono de desaprobación.
—¿No serÃa mejor huir lo más lejos posible antes de que los padres adoptivos se enteren?
—Solo crearÃamos más testigos.
Más aún por el color peculiar de la iris de madre e hija. La bebé no se pondrÃa gafas de sol de buena gana, y una bebé con gafas de sol solo atraerÃa más la atención.
Además, Grace, que ya habÃa pasado por todo tipo de penurias viajando largas distancias en tren con la niña cuando apenas habÃa dejado de ser un bebé, no se atrevÃa a viajar sola con una niña que, aunque mucho más grande y terca, seguÃa sin entender razones.
Mientras tanto, un penthouse con buena seguridad y completamente fuera del alcance de las miradas ajenas era el lugar más adecuado para esconderse y escapar de la búsqueda. Además, ¿quién en su sano juicio esperarÃa que una fugitiva se escondiera en una casa a solo cinco cuadras de distancia? El coche dio una vuelta por la ciudad durante unos 30 minutos a propósito antes de llegar al edificio donde vivÃa su tÃa.
—Gracias.
—Ten cuidado hasta que todo se calme.
—Lo sé.
—Llama cuando necesites algo.
Joe no pudo ocultar la amargura en sus ojos mientras miraba el rostro de la niña dormida en los brazos de su hermana, pero no reveló ningún otro pensamiento, aparte de ofrecer su ayuda. Aunque con la cabeza no podÃa entender a su hermana, que insistÃa en recuperar y criar al hijo de aquel sádico demente, con el corazón sà la comprendÃa.
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Esa mujer detestable.
Volvió a huir. Y se llevó a la niña.
Asà como lo hizo al hacer que él la amara y luego desaparecer cruelmente. Esta vez, hizo que él amara a la niña y se la arrebató.
'Tu venganza aún no ha terminado, ¿verdad?'
¿Acaso su intención fue hacer que él amara a quienes perdió para siempre, duplicando el dolor de la pérdida, no, multiplicándolo por cien, y por eso le habÃa dado a la niña por un tiempo? Fue completamente engañado y atacado sin poder hacer nada. Aunque con la razón sabÃa que no coincidÃan una ni dos cosas para que todo esto fuera un complot de esa mujer, desde que vio la cuna vacÃa al amanecer, el impacto habÃa sido tal que sus pensamientos estaban dominados por las emociones.
—Esa mujer se dio cuenta de que estoy vivo.
Como su mente se habÃa paralizado, no se le ocurrÃa otra razón por la que Grace hubiera huido.
—Más bien, parece que huyó porque no se dio cuenta de que usted está vivo.
Leon entrecerró los ojos ante la absurda afirmación de Campbell.
—¿No será que no querÃa entregar a la niña a sus padres adoptivos? Yo creo que si hubiera sabido que usted estaba vivo, no habrÃa huido.
—Sabes que decirme mentiras agradables en una situación como esta es veneno.
—SÃ, lo sé.
—¿Entonces no es una mentira? Supongo que tienes pruebas.
—Algunos de los objetos que ordenó recuperar de la casa anexa de la mansión Winston han desaparecido. El diario y la bufanda de Señorita Riddle, que estaban en la habitación de la bebé, parece que Señorita Riddle se los llevó.
—Son sus cosas, solo las recuperó. Campbell, me niego a convertirme en un idiota ciego por la esperanza vacÃa, asà que ten cuidado.
Sin embargo, a los ojos de Campbell, su superior no parecÃa alguien que hubiera despertado de una esperanza vana, sino alguien cuya desesperación se habÃa vuelto un hábito mientras perseguÃa a esa mujer.
—Entre los objetos desaparecidos de la casa anexa, hay cosas que no son ni de Señorita Riddle ni de la señorita.
Con la cabeza palpitándole, su superior, que tenÃa los dedos sobre las sienes y los ojos cerrados, los abrió lentamente y dio la respuesta correcta:
—…¿MÃas?
—SÃ, no estaba en la lista de recuperación, pero una botella de perfume que usted tenÃa en la recámara de la casa anexa, según la sirvienta, ha desaparecido.
'¿Se dignó a tomar mi olor corporal, que no querrÃa ni en sueños?'
Por más que intentara encajarlo, lo único que cuadraba era una interpretación esperanzadora. Los ojos de Leon se curvaron lentamente.
—Aunque es una mujer que disfruta actuando sola, huir con una niña pequeña en una tierra extraña debió serle una carga.
Con la esperanza como combustible, su mente comenzó a funcionar.
—Anoche, las actividades de Jonathan Riddle Jr., las recientes actividades y compras de Florence Austin. Quiero un informe. También, vigilen a cualquiera que entre y salga del edificio donde vive la familia Austin, a partir de ahora.
—SÃ, asà lo haré.
Solo esperaba que esta ardua persecución, que continuaba incluso en un nuevo hogar al otro lado del océano después de haber liquidado todos los vestigios del pasado, llegara a su fin esta vez.
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No confÃes en la buena fortuna que es difÃcil de creer.
Los esposos Austin no creÃan en el proverbio que dice que detrás de la excesiva fortuna siempre se esconde una trampa. Se habÃan librado de la pobreza que pensaron cargarÃan toda su vida en un abrir y cerrar de ojos, volviéndose ricos gracias a su participación en un negocio de desarrollo de minas de oro que todos consideraban una locura y se reÃan. Desde entonces, la pareja confiaba en que la fortuna siempre estarÃa de su lado.
El ambicioso proyecto de desarrollo inmobiliario, un distrito de viviendas de lujo en construcción en la región costera del noreste, estuvo a punto de quebrar cuando un huracán sin precedentes lo arrasó el verano pasado. Aunque tenÃan seguros, estos no cubrÃan los daños causados por el huracán. Las únicas opciones que les quedaban eran reconstruir o vender el terreno a precio de ganga. De cualquier manera, una pérdida astronómica era inevitable.
Justo cuando se habÃan resignado a que quizás la fortuna les habÃa dado la espalda, apareció un salvador, lo que demostraba que la fortuna aún estaba del lado de los Austin.
El salvador, encarnado en un joven y apuesto hombre rubio, se sentó frente a la pareja en la mesa, probó el primer plato y asintió como si le pareciera bastante bueno. Los esposos, que habÃan estado observando conteniendo la respiración, exhalaron al recibir una buena evaluación de la comida a la que habÃan dedicado todo el dÃa y su esmero. El joven era el dueño de una empresa de inversión emergente, cuyo nombre era conocido por cualquier inversionista inmobiliario del este.
Era natural que los esposos Austin también prestaran atención a esa monstruosa empresa de inversión que habÃa aparecido como un cometa hace unos años, engullendo propiedades y creciendo sin parar. Aunque nunca habÃan conocido al director directamente, el año pasado estuvieron a punto de colaborar brevemente con la empresa de inversión en otro proyecto. Esa vez se frustró en la etapa de revisión y pensaron que ahora no tendrÃan ningún interés en este asunto, pero hace apenas unos dÃas el propio presidente les habÃa llamado.
Pero, ¿por qué demonios le interesaba un proyecto de desarrollo de un distrito de viviendas que estaba al borde de la bancarrota? Según las prácticas de inversión del inversor, nunca hacÃa inversiones que supusieran pérdidas. ¿SignificarÃa que habÃa obtenido información sobre algo de enorme valor de inversión en ese terreno?
La pareja, ocultando la esperanza y la cautela tras una sonrisa, esperó ansiosamente a que el presidente revelara el propósito de su reunión de hoy.
El tal presidente era, en verdad, una persona completamente diferente a lo que habÃan imaginado. No solo su juventud o su belleza excepcional, digna de un actor, eran inesperadas. Cuando les propuso cenar juntos, intentaron invitarlo a un restaurante de renombre, pero el presidente se negó y dijo:
—Extraño el sabor de mi tierra natal. ¿PodrÃa pedirle un favor a la señora Austin?
El acento que se oÃa al otro lado del teléfono le resultaba familiar, y pensó que era una mera coincidencia, ¡pero resultó que también eran del mismo pueblo!
—¿Qué le parece? ¿No es el mismo sabor de su tierra natal?
—Señora, sus habilidades culinarias son bastante buenas. DirÃa que tiene el sabor peculiar de una comida aprendida para vivir, no como un pasatiempo.
Que era de origen aristocrático y despreciaba a los plebeyos fue algo que sintieron descaradamente por su acento de clase alta, incluso sin que él lo dijera directamente. Sin embargo, si eso significaba salvar su negocio, ¿qué humillación no podrÃan soportar?
—Qué alivio.
—Espero poder disfrutar de esta habilidad a menudo en el futuro.
—P-por supuesto. Más bien, es un honor.
—Entonces, entenderé que cooperará.
—¿Eh? ¿En qué dice que debemos cooperar?
—Les ayudaré a revivir el proyecto de desarrollo de New Kingstown o a retirarse de él, lo que prefieran.
Una fortuna increÃble habÃa vuelto a aparecer. Los esposos Austin estaban decididos a aferrarse a ella a toda costa, pero…....
—El precio son su sobrina y la niña.
Esta vez, debieron haber creÃdo en el proverbio. Porque detrás de la dulce propuesta acechaba una trampa espantosa.
'¿Que entregue a Grace y a su hija? ¿Por qué ese tipo? ¿Será que él es John Everheart?'
Pero el señor Everheart del que los esposos Austin habÃan oÃdo hablar por rumores era diferente en edad y apariencia a ese hombre.
'¿Cómo sabe que Grace es mi sobrina?'
Con su falsa identidad de "Anna Snyder", Grace no tenÃa ninguna relación documentada con ellos. El dÃa después de sacar a la niña, la familia Everheart habÃa llamado preguntando por el paradero de Anna, diciendo si no les habÃan dado una carta de recomendación.
Pero ellos no habÃan escrito tal cosa, no conocÃan a ninguna Anna Snyder y, sobre todo, les dijeron que en esa casa no habÃa niños, por lo que no habÃan contratado a ninguna niñera. Entonces, les habÃan colgado el teléfono diciendo que lo entendÃan. HabÃan pensado que todo habÃa terminado, pero…....
¿Qué demonios está pasando?
Si seguÃa callada y solo mostraba confusión, serÃa descubierta. Florence fue la primera en disimular.
—¿Mi sobrina y la niña? No entiendo de qué habla.
El hombre se mofó y, mientras seguÃa manipulando el tenedor y el cuchillo con una calma increÃble, comenzó a relatar una historia escalofriante.
—Viven una vida con riqueza pero sin enemigos, asà que solo tienen que preocuparse por ladrones y secuestradores. Si yo hubiera estado en su lugar, me habrÃa limitado a vigilar la puerta de mi casa, como ustedes. No esperarÃan que un inversor de renombre se convirtiera en un extorsionador, ¿verdad?
A la pareja, que se levantó de la mesa sorprendida por la palabra "extorsionador" e intentó huir, el hombre, que casualmente estaba sentado cerca de la salida, les apuntó con un cuchillo de carne.
—Sus guardias ya habrán sido sometidos por mis hombres, yo solo puedo encargarme de ustedes. Encargarme. No querrán saber lo que eso significa. Asà que, si fuera ustedes, tomarÃa una decisión inteligente y me dirÃa dónde se esconde Grace en este penthouse.
La forma en que blandÃa el cuchillo en el aire, enfatizando cada palabra, era amenazante. Florence no sabÃa cuál era la verdadera identidad de ese hombre ni cómo conocÃa a Grace, pero no podÃa entregar a la única hija de su difunta hermana a semejante rufián.
—No tengo la menor idea de lo que está diciendo. Por favor, váyase de inmediato. Si no lo hace, llamaré a la policÃa.
Afortunadamente, el teléfono estaba al alcance de la pareja, pero no pudieron levantarlo.
—Llame. Diga que vengan a arrestar a un secuestrador.
Si la policÃa comenzaba a registrar la casa, los dos se convertirÃan inevitablemente en cómplices de secuestro. Florence estaba dispuesta a proteger a su sobrina a toda costa, incluso si eso significaba meterse en problemas, pero su esposo comenzó a tener otras intenciones. Mientras la voluntad de la pareja se iba separando cada vez más, el hombre soltó una locura aún mayor.
—¿Acaso tengo que arrancarle las uñas para que entonces diga que sÃ? Ah, no se preocupe, no lo haré. Si torturo a su familia, la mujer a la que le importan todos los humanos, excepto yo y ella, jamás me perdonará. Y tampoco quiero crear una situación incómoda entre nosotros, que nos veremos a menudo en el futuro.
'¿Nos veremos a menudo en el futuro?'
El hombre se metió un trozo de carne en la boca que acababa de pronunciar palabras incomprensiblemente escalofriantes, y cerró los ojos para saborearla.
—Considerando mi primera impresión, tÃa, deberÃa esperar un milagro para que no escupas en mi plato.
El hombre, que acababa de tirar la servilleta sobre la mesa, se levantó. Ya le parecÃa un hombre enorme, pero bajo amenaza, parecÃa tan gigantesco que podrÃa alcanzar a la pareja pegada a la pared del comedor con un solo estiramiento de brazo para atraparlos. El hombre caminó tranquilamente hacia la pareja, que estaba pálida y pegada a la pared del comedor.
—Q-que…...
Cuando el esposo intentó entregar a Grace, Florence le tapó la boca de inmediato. El hombre se detuvo, los miró a ambos con ojos divertidos y luego le guiñó un ojo a Florence, haciendo que se le formaran arrugas alrededor de los ojos.
—Ah, ahora que lo pienso, me olvidé de decir lo más importante. Mucho gusto, señora Austin. Mi nombre es Leon y soy el primer amor de Grace. También soy el padre de la niña.
—…....¿Qué?
Asure: 😂😂😂😂😂
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La niña se adaptó admirablemente bien a la nueva casa y a su nueva familia, pero cada noche recorrÃa todo el penthouse buscando a alguien.
—¿Papá?
'¿A qué papá se referirá?'
Grace no conocÃa las costumbres nocturnas de su hija, pues nunca la habÃa cuidado por las noches. Esa noche, de nuevo, un suspiro se le escapó al ver a su hija pegada a la puerta de la habitación, llamando a su papá.
—No. No puedes salir. Ya es hora de dormir.
Estos últimos dÃas la habÃa dejado buscar por cada rincón de la casa hasta que, vencida por el sueño, se acurrucaba dócilmente en sus brazos, pero hoy no podÃa. HabÃa visitas en casa de su tÃa.
—Ellie, deja de buscar a papá y vamos a ver un libro de cuentos.
La niña no venÃa cuando la llamaba y ahora intentaba alcanzar el picaporte de la puerta del dormitorio. Era el momento de ir rápido y apartarla de la puerta.
—¿Mary? ¿Mary, dónde estás? ¡Tráeme las pastillas para el dolor de cabeza!
Su tÃa gritó desde algún lugar fuera de la puerta. No habÃa ninguna sirvienta llamada Mary en esa casa. Esa era la señal para huir.
—Ellie, shhh. ¿Me lo prometiste, verdad? Ahora, shhh.
Grace, al mismo tiempo que alzaba a la niña, se echó a la espalda la mochila que habÃa preparado para estas ocasiones y salió por la otra puerta de la habitación. Mientras corrÃa hacia la salida al final del pasillo del personal de servicio, de repente escuchó el sonido de una puerta abriéndose de golpe detrás de ella. Lo ignoró y aceleró el paso, pero la niña, que estaba en sus brazos y con los ojos fijos en la espalda de Grace, rompió su promesa y gritó:
—¡Papá!
'¿Por qué llama a papá ahora? ¿Será que el señor Everheart ha llegado?'
Sus pies, que daban pasos apresurados y rápidos, se detuvieron abruptamente.
—SÃ, soy papá.
En el instante en que escuchó esa voz inolvidable…
'¿Por qué está aquà ese hombre muerto?'
Giró los pies que huÃan. Se dirigió hacia la silueta familiar del hombre que, en el lado opuesto del oscuro pasillo, se acercaba a Grace a pasos agigantados en tan solo unas pocas zancadas.
El hombre se detuvo a solo tres pasos y abrió los brazos. Su hija se retorcÃa, queriendo ir con su papá. Grace, sin darse cuenta, la bajó y la niña corrió a toda prisa hacia el hombre que tenÃa delante.
—¡Papá!
El movimiento de alzar a la niña le resultaba tan natural como si lo tuviera grabado en el cuerpo. Él pegó su mejilla a la de la niña, cerró los ojos con fuerza y su expresión se contorsionó, como si estuviera conteniendo las lágrimas.
—Bebé, no pude dormir ni un segundo de lo mucho que te extrañaba tu papá.
El hombre frotó su mejilla contra la de la niña, luego hundió su nariz en su cabello húmedo, aspiró profundamente y exhaló como si estuviera asombrado.
—¿Te bañaste con mamá? Hueles bien. ¿Y el libro de cuentos? ¿Mamá te lo leyó? ¿TodavÃa no? Hoy, la tarea de dormirte es de papá.
El hombre besó la mejilla pálida de la niña. La mirada de sus ojos, pálidos como los de un fantasma, no estaba fija en la niña, sino en Grace, quien permanecÃa allà de pie como si estuviera atrapada.
—¿Por qué esa expresión como si hubieras visto a un muerto?
'Pues claro, porque eres un muerto'
Aunque lo veÃa, no podÃa creerlo. Todas las circunstancias, y todas las personas, decÃan que ese hombre habÃa muerto.
—No huiste porque supieras que estaba vivo.
No habÃa forma de que la emoción electrizante pudiera surgir en los ojos de un muerto. A sabiendas, Grace permanecÃa inmóvil con una expresión atónita, pero la preocupación comenzó a aparecer en los ojos del hombre, que la miraban fijamente.
—Grace, ¿estás bien?
Era la primera vez que Leon Winston la llamaba "Grace", pero lo hizo sin dudar, como si siempre la hubiera llamado asÃ. Grace se dio cuenta de que el hombre frente a ella no era una ilusión al encontrarse con un comportamiento que no cuadraba con el Leon Winston de sus recuerdos.
—… Maldito bastardo.
—Ah, estás bien.
Era una suerte que la niña aún no conociera las malas palabras.
Tan pronto como acostó a la niña y se quedaron a solas…....
¡SLAP!
Grace le soltó una bofetada en su descarado rostro.
—Vaya, de verdad estás vivo, ¿eh?
El hombre, como si lo hubiera esperado, la recibió sin inmutarse ni fruncir el ceño, luego le ofreció la otra mejilla. Incluso, esta vez, se inclinó para que su rostro quedara a la altura de la mano de Grace.
—Golpea. Hasta que se te pase el enojo.
—…....¿Quién te crees para decirme que te golpee como si me hicieras un favor, cuando tú eres el que tiene la culpa? ¿Crees que no te golpearé por eso?
Grace volvió a levantar la mano, pero no pudo golpearlo. El hombre que habÃa recibido el golpe parecÃa más aliviado que ella, la que lo habÃa golpeado.
'¿Acaso querÃa que lo golpeara?'
No tenÃa ninguna razón para hacerle un favor a ese hombre. Grace bajó la mano y, en su lugar, le lanzó palabras afiladas:
—Loco. SÃ, siempre juegas con la gente como si fueran juguetes. ¿Pero esta vez te atreves a usar a mi hija como cebo? Cuando Ellie crezca, le contaré todo sobre qué clase de loco es su padre.
El hombre, que habÃa estado escuchando las acusaciones sin pestañear descaradamente, entrecerró los ojos bruscamente al oÃr que ella le revelarÃa su verdadera identidad a su hija.
—¿Te pareció divertido jugar conmigo de nuevo?
—No jugué contigo. Solo querÃa devolverle una mamá a nuestra hija.
—Ah, sÃ. Qué genio. Hacer que yo mismo volviera a ti. Qué bien que todo te salga a tu antojo.
HabÃa sido completamente engañada. Grace se frotó el rostro con la palma de su mano, que todavÃa le dolÃa. Ja. Las risitas nerviosas no dejaban de escapársele.
—Hasta el diario era todo una novela…....
—Ah, ¿leÃste mi diario?
—¿Cómo te atreves a fingir que no sabes? Lo escribiste para que lo viera, ¿no?
—SÃ, querÃa que lo leyeras. Pero no es una novela. Es mi verdad.
—Jajaja. Qué gracioso. ¿Cuántas mentiras me has dicho ahora? ¿Y crees que voy a creer que solo el diario es la verdad?
—Lo sé. SabÃa que dudarÃas incluso de mi sinceridad y aun asà lo hice. Deseaba que de alguna manera volvieras a considerar mis verdaderos sentimientos. Ansiaba llegar a tu corazón, aunque fuera un poquito.
Extendió la mano como si también quisiera tocarla fÃsicamente. Grace la rechazó bruscamente.
—¿Crees que mi arrepentimiento y mis disculpas eran todas mentira? Si es asÃ, te pediré perdón hasta que sepas que soy sincero.
—¿Crees que podrás hacerlo hasta el dÃa de tu muerte?
Significaba que no aceptarÃa sus disculpas ni siquiera hasta el final.
—Solo déjame suplicarte. Con eso me basta.
'¿Asà es como me pide que me quede a su lado?'
—¿Y si no quiero? ¿Ahora me encerrarás en un apartamento de 30 pisos?
—Grace, admito que te torturé cruelmente. En ese entonces, era tan descarado que incluso a mà me parecÃa desvergonzado, pero ahora no estoy orgulloso de quien era. Sinceramente, me aterra que nuestra hija se entere algún dÃa.
'Espera, ¿entonces todo esto es solo una locura mÃa?'
—Me equivoqué. Nunca más te haré daño.
De la boca de Leon Winston, quien nunca se doblegaba ni ante el rey ni ante el comandante, salÃan disculpas. Grace no podÃa creer lo que veÃan sus ojos y oÃdos, y miró asombrada a un hombre que no parecÃa Leon Winston.
—ConfÃa en mÃ. Si te hubiera encerrado y vigilado, ¿crees que te habrÃa dejado escapar con la niña? No habrÃas podido dar ni un paso fuera de esa casa. He cambiado. No pido que lo admitas. Solo te pido, por favor, que me des la oportunidad de demostrártelo.
Las disculpas no la conmovÃan. No era porque le parecieran mentira. Tampoco era solo por la irrealidad de que ese hombre arrogante, que preferirÃa matar a su oponente antes que doblegarse, se disculpara, algo que nunca harÃa.
'¿Por qué no me echas la culpa? No es propio de ti'
Era como si ese hombre, que no deberÃa ser asÃ, se culpara solo a sà mismo.
Era extraño que el hombre, que no deberÃa ser asÃ, actuara como si solo él hubiera cometido un error y Grace fuera una vÃctima pura. Si se tratara de juzgar el grado de culpa, Grace creÃa que ese hombre habÃa cometido crÃmenes incomparablemente mayores que los suyos, pero si se trataba de determinar la existencia de culpa, ella también era una pecadora. La forma y el grado de su manifestación habÃan sido excesivos, pero ¿acaso no estaba justificado que ese hombre odiara a Grace?
Pero ahora, ¿ya no la odia?
—¿También debo disculparme?
—¿Por qué tú?
—¿Acaso no soy una criminal desvergonzada que se infiltró en una instalación militar para sacar a un prisionero y te humilló?
—Yo soy un criminal que, en lugar de entregarte a las autoridades para que te castigaran según el debido proceso, te encerré en mi casa y te utilicé para mi beneficio personal. ¿Quieres que veamos quién se equivocó más? Si eso te tranquiliza, hazlo.
—¿Quién quiere hacer algo tan infantil?
—Respondiendo a tu pregunta, no necesito tus disculpas. Porque ya no te guardo rencor. Por supuesto, puedes guardarme rencor todo el tiempo que quieras. Esa es tu libertad.
Realmente no parecÃa haber ni un rastro de resentimiento. Eso significaba que no estaba reprimiendo el odio que le hervÃa por dentro por su propio deseo o por el bien de su hija, y que no estaba aferrándose a Grace por la fuerza. Ahora empezaba a sentir que ese hombre era sincero, pero eso no significaba que pudiera confiar en él como persona.
—Grace, ya no somos enemigos. Y tampoco aspiro a ser tu amante. Al menos, déjame vivir como un compañero, como el padre de nuestra hija.
Ahora, ninguno de los dos podÃa vivir sin esa niña, la niña se habÃa encariñado tanto con su mamá como con su papá. ¿Qué debÃa hacer? La respuesta ya estaba decidida, pero no podÃa aceptarla, asà que cerró los ojos con fuerza.
—Sé honesta. ¿No es mejor asÃ?
Volvió a frotarse bruscamente la cara y escuchó algo increÃble.
—Me refiero a que, de todos modos, estoy vivo y te estoy suplicando, asà que ¿no es mejor que si estuviera muerto?
—Ha…....
Se rio, por lo absurdo de la situación. No del hombre que decÃa cosas tan descaradas, sino de sà misma, que hacÃa que esas palabras descaradas sonaran como la verdad. Porque cuando se enteró de que ese hombre estaba vivo, su primera emoción, increÃblemente, fue de alivio.
Siempre habÃa deseado que la muerte de Leon Winston fuera una mentira, que todo esto fuera un plan de ese hombre, tal como ahora. Grace habÃa logrado su deseo.
'Qué bien lo planeaste. Conseguiste que deseara que estuvieras vivo'
—SÃ, qué bien que estés vivo. Me enojó que otro te matara cuando yo querÃa matarte.
No habÃa razón para admitÃrselo a ese hombre y aumentar aún más su arrogancia.
—¿Entonces te llevaste mi perfume como consuelo?
—…....
—Dejé de usarlo a propósito pensando que recordarÃas mi olor, pero no sabÃa que no solo lo recordarÃas, sino que lo extrañarÃas.
Grace, sintiéndose aludida, soltó una mala palabra.
—¡Muérete de nuevo, por favor!
—Entonces mátame tú. Ahora mismo.
Grace miró fijamente el rostro que brillaba con descaro, como si quisiera apuñalarlo, pero no lo hizo.
'Está muerto'
Grace tuvo que admitirlo una vez más. Que cuando ese hombre habÃa matado a "Leon Winston", su propio deseo de venganza también habÃa muerto.
Asure: ¡¡Mujeres!!!
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